EL EJE DE LA LIDIA

EL EJE DE LA LIDIA
"Normalmente, el primer puyazo lo toman bien los toros, y si ése fuera el único del tercio, todos parecerían bravos. En el segundo ya empiezan a dar síntomas de su categoría de bravura. Y es en el tercero donde se define de verdad si el toro es bravo o no. En el tercer puyazo casi todos los toros cantan la gallina, se suele decir". JOAQUÍN VIDAL : "El Toreo es Grandeza". Foto: "Jardinero" de la Ganadería los Maños, primera de cuatro entradas al caballo. Corrida Concurso VIC FEZENSAC 2017. Foto : Pocho Paccini Bustos.

miércoles, enero 17, 2018

LOS CONTRERAS DE MONDOÑEDO, PARA LA SANTAMARIA DE BOGOTA

"Creemos que nuestro toro, por su bravura y su seria presentación, es el toro que cuando sucede algo en el ruedo, es algo importante. Eso hace que la gente vuelva, porque se emociona y así se crea afición. Con toros de otras ganaderías se ve torear muy bonito, pero no queda nada de fondo"
"Emoción a tope con tan solo verlo en foto. Llega ya, domingo, que me quiero romper las manos aplaudiendo a este de salida." @Descabellos 
Unos "tíos" de Mondoñedo, para la tarde del 21 de enero, en "La Santamaria" de Bogota.

Pues, bien ya llega el día 21 de enero y El Desjarrete de Acho, viajará a Bogota a presenciar  la corrida de los Contreras de Mondoñedo, uno de los últimos reductos de bravura, casta y poder colombiana. Torearán el buen torero colombiano Ramsés y dos más.
MONDOÑEDO
"La ganadería ahora está en su mejor momento, y las empresas y toreros no las están teniendo en cuenta"

En estos tiempos en los que nos llega una lamentable imagen del toro de Sudamérica, entrevistamos a Gonzalo de Santamaría, ganadero de Mondoñedo. Un hombre íntegro, que defiende sus toros y su honor como ganadero. Hemos querido que hable y se le escuche.

Por Andrés Rivera Mejía
En estos tiempos, en los que nos llega una lamentable imagen del toro de Sudamérica, entrevistamos a Gonzalo de Santamaría, ganadero de Mondoñedo. Un hombre íntegro, que defiende sus toros y su honor como ganadero. Una ganadería que no cae en el sistema taurino y cría desde la afición. Esa filosofía le lleva a estar apartado del circuito y es como si no existiera. Por eso, en Purezayemocion.com hemos querido que hable y se le escuche, para que el aficionado sepa que en aquellas tierras sí hay ganaderías serias y gente que trabaja con seriedad.

- Gonzalo, Mondoñedo, es la primera ganadería colombiana. Cuéntanos su historia.

Fue la pionera. Desde 1918, se empiezan a criar vacas criollas de dos hatos: uno del páramo de Tilatá y otro de la Libertad. Empiezan a seleccionar vacas aquí con El Gallo, que se vino de España y estuvo 6 meses viviendo en la hacienda de la familia. Empezaron a torear de capote todas estas vacas criollas, y seleccionan como 260 vacas de las 1000 que podrían haber probado. En el año 23, llegan 5 sementales: toros de Santa Coloma, en la línea Ybarra. El Conde fue el que le dijo a mi padre que se fuera por esa línea. Caso diferente al de México, que se fue por la de Saltillo. Después trajo toros del Duque de Veragua, que lo trajo más bien por compromiso social, porque el Duque se le quejó de que por qué no llevaba sus toros, que eran los más bravos y espectaculares. Entonces mi abuelo, que era su amigo, le compró 3 toros. Pero lo que mejor ligó fue lo de Santa Coloma. Lo del Duque prácticamente se eliminó, excepto cuatro vacas. Y hasta antes de llegar a la ganadería la sangre Contreras, en el 79, todavía salían algunos toros berrendos, de las famosas 4 vacas que no se eliminaron porque sí fueron importantes. Así se inició la ganadería.

- Hablas del encaste Contreras, que hoy es muy escaso, ¿por qué llega ese encaste y cómo eliminas todo lo de Santa Coloma?

Porque hasta ahora estoy hablando de la primera generación, que fue mi bisabuelo, Ignacio. Después, mi abuelo, José, sobre el 43, buscando esa línea de Murube, se hace muy amigo de Eduardo Iturbide, ganadero de Pastejé, que era la ganadería de los grandes triunfos de Manolete en México, y decide traerse 2 sementales, porque también el Conde había vendido su ganadería a Joaquín Buendía, que no conserva las 2 líneas por separado, sino que las junta, y él se da cuenta que lo de Ybarra ya no es puro, que está cruzado con Saltillo. Y mi abuelo no quería. Así que le compra Iturbide esos 2 sementales y 15 vacas, para continuar con la línea Ybarra-Murube. Ya con mi padre, Fermín, la ganadería está muy bajita de tono. Los toros y las vacas le salen con muchos muletazos pero sin bravura en el caballo, salen con mucha clase, mucha bondad... Algunos incluso le saltaban el callejón. Le faltaba raza. Algo que le estaba pasando a todo el Murube en todo el mundo entero. Entonces, viaja a España, a donde los Urquijo, y se da cuenta de que ese problema también lo estaban teniendo allí. Con la llegada a Colombia de los Peralta, sobre el 76 o 77, y se instalan aquí en la Casa de la Blanca. Yo tenía 16 años y me pegué a Ángel, que me dijo que lo que ellos tenían era Contreras. Coincidía que en aquella época estaban de figuras de la campaña novilleril española, El Cali y Jorge Herrera, que hicieron grandes campañas de novilleros y vinieron aquí a tentar, y conversando con ellos me dijeron que lo de los Peralta estaba saliendo de lo mejor: con calidad, transmisión... Hablo con Ángel, me dice que eso viene de Murube y a mí me suena que mi padre había buscado Murube pero no le había convencido nada. Se dispone a viajar a España y le gustó lo bravísimo que salía eso de los Peralta, con las vacas arrancándose de lejos, con raza, calidad en la muleta, transmitiendo, humillando. Unos tentaderos espectaculares. Decide comprar 3 sementales y 14 vacas en el año 79. Desde ese año hemos ido purificando hacia Contreras, porque de esas 14 familias hemos sacado para cruzarlo con lo de Mondoñedo, y hoy en día lo que no es puro el mínimo que tiene es 7/8 o 14/16 de sangre, que eso es casi puro. Yo creo que hoy por hoy, lo más puro de Contreras es lo que está aquí en Mondoñedo.
- Ganadero, usted habla de algo que pocas personas conocen, y es lo que busca como ganadero. Alguno busca el toro espectáculo, las carreticas. Otros, como usted, todavía buscan la bravura. ¿qué busca en los tentaderos, tanto en sus vacas como en sus toros?
Nosotros buscamos el toro ideal, el toro perfecto, que es la combinación de ambos extremos. Que sean bravos pero que tengan calidad. Que se desplacen, que humillen. Y lo hemos logrado. Mejor dicho, hoy en día, la ganadería es corta, tenemos unas 100 vacas y estoy apuntando a dejar sólo 80, lo cual es muy difícil porque, ¿cómo mata uno vacas que son muy importantes? Son vacas completas en el caballo y en la muleta. Hay otros que buscan más el tema de la muleta, y nosotros esto lo tenemos por hobby, así que nos gusta ver el toro completo. Bravo de principio a fin.

- ¿Por qué hoy en día las figuras o algunos toreros no lidian toros distintos al Domecq, como puede ser el suyo?

Porque lo de Domecq, y quizá si uno fuera torero haría lo mismo y cogería el camino más fácil, no pone problemas. Yo creo que no le huyen al toro bravo, creo que lo que ellos se aseguran es no enfrentarse al toro con problemas, al toro manso. En una ganadería como la nuestra, el toro que llega a ser manso, de todas maneras es encastado, y este encastado, en caso de un percance, hiere con más facilidad que un toro bobalicón y tonto y que va y viene. Si uno les asegurara que todos los toros fuesen a salir bravos, no tendrían problemas en torearlos. Pero para mí ellos se aseguran de que el toro no le ponga problemas. Por eso cogen Domecq, porque es mucho más tontico y que no les va a poner problemas. No es tan encastado como puede ser esto de Contreras.

- ¿Cuántas corridas podéis tener hoy con la situación como está? ¿Qué se puede hacer cuando no tenéis corridas aun habiendo triunfado en las pasadas temporadas?

En esta temporada, en la que tristemente no estamos ni en Cali, ni en Bogotá, ni en Manizales, nos toca cuidar la provincia, pero prácticamente acaba uno regalando los toros, porque un toro en provincia te lo pagan a una cuarta parte de lo que te pagan en una plaza de primera. Pero es triste, ahí es donde se pone a prueba tu afición. Porque otra persona se olvida del tema, pero aquí pesa mucho la historia, la tradición. Aguantamos. Porque esto no nos ha pasado esta temporada, esto nos ha pasado muchas veces. La situación no está fácil, pero el toro nuestro le llega al público y hace afición, y es muy triste ver a las empresas metiendo la pata, echando toritos que no les dan ninguna garantía y que no hacen afición. Al revés, matan a la afición. Creemos que nuestro toro, por su bravura y su seria presentación, es el toro que cuando sucede algo en el ruedo, es algo importante. Eso hace que la gente vuelva, porque se emociona y así se crea afición. Con toros de otras ganaderías se ve torear muy bonito, pero no queda nada de fondo.

- Su familia construyó la plaza de Bogotá. Ahora la ven cerrada, ¿qué siente la familia de Santamaría al ver esto?

Es muy triste porque mi bisabuelo dio la vida por la plaza de Bogotá. Él quería hacer una plaza digna para sus toros y para la capital. Lo agarró la crisis del 28 y 29 y quebró económicamente. Pierde la plaza y se la entrega al Distrito, a cambio de un pÇacto de retroventa, porque le querían tirar y urbanizar en el lugar. Murió a los 3 años y después mi abuelo es el que hizo el pacto con el Ayuntamiento de Bogotá. Les dijo “miren, este bien inmueble que costó una fortuna, cómprenlo al precio que nos costó a nosotros, que hoy en día vale mucho más, y quédensela para organizar ustedes los festejos, para seguir consolidando la fiesta brava”. En aquellos años, era el único espectáculo que había en Colombia. Ni siquiera el fútbol había llegado. Se habían consolidado varias temporadas y se había hecho afición, por lo que a la alcaldía le pareció un negocio y compró. Era un bien inmueble que valía 10 veces más. La familia le cedió el pacto de retroventa para que se quedaran con eso. Ahora, es muy triste ver como una persona sin tradición, por hacer política y demagogia, diga que la plaza hay que cerrarla sin tener en cuenta a tanta gente que se está perjudicando por el cierre. Para nosotros es muy duro.

- Por último, usted es la 4ª generación ganadera, ¿habrá una 5ª en Mondoñedo?

Mi segundo hijo, Gregorio, es muy aficionado. Podría continuar, el problema es que no sé si vale la pena. Es muy triste lo que se está viviendo. La ganadería ahora está en su mejor momento, y las empresas y toreros no las están teniendo en cuenta, simplemente por tener un toro encastado, que es como se deberían criar todos los toros. Entonces, te dices, ¿para qué le va a ceder uno los trastos a la siguiente generación para que sufra todas estas cosas? A mí me tocó, y quizá mi padre no fue consciente, pero yo que sí me he dado cuenta de la dureza que le dejo a mi hijo, no lo hago. Pero hay que pensar las cosas.
Plaza de Toros "La Santamaria de Bogota", paradigma de la Libertad

Fotos prestadas de @Descabellos y @SantamariaToros

domingo, enero 14, 2018

RAMÓN SÁNCHEZ RECIO Y SUS GRACILIANOS DE DON MANUEL ARRANZ

"....hay una cosa que es peor que el monoencaste y se llama monomentalidad, y es el pánico a que salga un toro bravo en una plaza y que diga un apoderado...de éste ni uno más, ese es el verdadero pánico que tiene un ganadero y esta ganadería es justamente lo contrario."

PALABRAS DE UN SEÑOR GANADERO
".....El gran problema o uno de los mayores problemas de la gandería brava es que las economías de los ganaderos cambiaron. Esto era una cosa que tenían una serie de señores que era un lujo y era una cosa perfecta, ahora hay que vivir de esto. Entonces esto es algo muy grave para una ganadería selecta, en la que hay que seleccionar mucho, matar mucho, gastarte mucho en cal, como decía los ganaderos antiguos y mire usted esto es así, pero lo que el público quiere y demanda es ver una cosa que no han visto y esto es una ganadería brava querámoslo o no, será rentable o no, usted podrá mantenerla o no ..."
"Antes, se trabajaba la ganadería brava sobre bravo, o sea salían cinco toros bravos para que saliesen ideal, y ahora se trabaja sobre manso para que salgan ideal; porque a mi no me molesta eso que llaman ahora monoencaste, porque fíjese usted monoencaste fue Vistahermosa; pero ahora lo que hay es una cosa que es peor y se llama monomentalidad, y es el pánico a que salga un toro bravo en una plaza y que diga un apoderado, que no son ya tales apoderados sino unos tratantes de esto, que diga de éste ni uno más, ese es el verdadero pánico que tiene un ganadero y esta ganadería es justamente lo contrario. Aquí hay que ser sui géneris, y tu tienes que criar lo que tienes en la cabeza..... Ahora lo que pasa es que tu vas a la plaza de toros y estás viendo todos los días salir un mismo tipo de  toro al cual se le ha quitado bravura en el caballo, en la suerte, porque el toro tiene que durar mucho y Yo el otro día decía en Madrid, pues mire usted las grandes faenas del toreo han sido faenas de veinte muletazos, que han permitido cortar las dos orejas. En cambio con trescientos muletazos se termina aburriendo hasta el torero. 

"Las grandes faenas han sido siempre las que han pasado a la historia, y eran faenas cortas y de una intensidad impresionante. Se ha cambiado la técnica por personalidad".

Hay que criar toreros con personalidad, y ahora prácticamente los toreros se parecen mucho..."
"Yo por lo menos lo que quiero criar y lo que crió don Manuel Arranz es el toro completo, para mi la bravura es importante. Aquí llegan muchas veces y como ven en los tentaderos de hoy, dicen que pongo a las vacas demasiado largas; mire usted yo las pongo larga y la que venga que venga y la que no va a parar al matadero, pero a mi me gusta ver a una vaca que se arranque desde lejos y que se estrelle, luego puede tener veinte muletazos o menos. Yo lo que quiero es que un torero con veinte muletazos o menos arme un lío gordo..."

"La fiesta está pasando por un problema grave que es que se está perdiendo mucho aficionado, aunque el público sea el mismo, el público que va a los sitios, unos porque quieran que los vean, otros que van porque tienen que ir, pero el aficionado de raíz es el que se está yendo de la plaza y esto es muy grave por que es el abuelo que enseñaba al nieto, es el que salía de la plaza e ir al bar a comentar con su compadre lo que había pasado."
"Yo por ejemplo siempre digo que hay dos plazas en Sevilla. Una la de La Maestranza y la otra de la Real para afuera. La de La Maestranza una plaza muy agradecida porque todo el mundo ha querido ser torero, aquello del Club Pineda en la que todos somos vecinos, todos nos conocemos, cómo van a pegar una bronca. Pero en cambio cuando salen de la Real para afuera ya le dice un compadre a otro, compadre mire usted vamos ya a dejarnos de tonterías eh yo he visto al toro de esta manera... Ese aficionado es el aficionado que se esta yendo y eso es grave para la fiesta, porque la fiesta esta compuesta por cosas sui generis, no puedes estar nunca estandarizada." 

"La ganadería de Manuel Arranz procede de la compra que hace don Antonio Pérez Tabernero a los herederos de don Vicente Martínez de Colmenar Viejo y le compra la ganadería completa y la parten en dos cachos. Una se lidia a nombre de Maria Montalvo la mujer de Antonio Pérez Tabernero y el otro a nombre de Arranz, ahí empieza lo que son las vacas. Estas vacas son oriundas del famoso toro Diano, que fue un toro muy famoso, un toro de Eduardo Ibarra, que fue un toro sensacional y que fijó muchos caracteres, pero hay que pensar ya en temas de sementales y hay una anécdota muy curiosa que es que el Conde de la Corte en la guerra civil pues se pasó a Portugal por una finca de Atanasio Fernández y lo pasó Manuel Arranz y Atanasio y cuando termina la guerra civil el Conde de la Corte en agradecimiento les regala a cada uno un semental; al toro de Atanasio liga fenomenalmente bien y en cambio al de don Manuel Arranz, un toro que se llamaba "abejorro", no liga. Y otra vez don Manuel Arranz se lleva unos pocos años sin saber qué hacer y hasta que al final se decide por una cosa que era lo que a él le encantaba y era lo de Graciliano Pérez Tabernero, una cosa oriunda de Santa Coloma de la rama Parladé de Santa Coloma, porque algunas veces ha habido discusiones y Yo siempre digo que don Manuel Arranz jamas tuvo un toro cárdeno, todo aquí ha sido negro, negro puro. Entonces alguna diferencia genética habría no?. Entonces se fija en lo de Gracialiano y compra un toro que se llamaba Filibustero, un toro que da unos genes sensacionales, pero en demasiado bravo, es más había una época que en Salamanca se les llamaba "Los Miuras de Salamanca" a la ganadería Arranz, una ganadería con muchos problemas, había muchas veces que tenían que suspenderse novilladas en el primer novillo por que a los tres los mandaban a la cama. Entonces ya había que empezar a templar un poquito. Cómo se templa?. 
Para entonces había en Salamanca un ganadero que era un fenómeno sensacional que era don Antonio Perez Tabernero, que entonces le dice: "Manolo si echamos dos toros míos de lo de Vasco de Gama, yo creo que te vendría fenomenal". Don Manuel lo piensa y es incapaz de decirle que no y los toros se los lleva Manolo Arranz. Pero una cosa que a mi me extrañó cuando Yo ya me fui a Salamanca el año 66 ó 67 a hacerme cargo de la ganadería, que lo nuestro era muy chico, un toro bajo, un toro muy bien hecho y en cambio el toro de Antonio Pérez Tabernero era un toro alto, un toro grande muy en Parladé y ya le digo Yo un buen día a don Manuel Arranz: "Vamos a ver don Manuel, yo no me entero que aquí lo de Antonio Pérez no haya fijado caracteres porque hay que ver lo chico que están en esta ganadería con lo grande que es lo de Antonio Pérez, y él empezó a reírse  y me dice mira Yo a Tí no te puedo engañar como vas a ver los libros vas a verlo todo, Yo me incliné mucho por la rama de Graciliano y es donde tengo fijada mi ganadería..."
(....)"
Transcripción del video a partir del minuto 9´15´.´

Fuente: La Tierra del Toro Nº 38. RAMÓN SÁNCHEZ RECIO. 

miércoles, enero 10, 2018

LECTURAS DE INVIERNO. Cuentos del Viejo Mayoral: "EL GALLO se mete a picador"

"¡Hombre! ¡Eso es muy propio de «el Gallo»! Porque las cosas no son cómo son, sino como a nosotros nos gusta que sean..."
Como decía un profesor de tu Escuela —te lo he oído decir más de una vez y más de dos—, Rafael «se podrían escribir libros enteros»
Yo no sé si todo lo que se le achaca es verdad; pero, en fin de cuentas, tanto monta. Porque, si de una persona X se cuenta una cosa que es cierta, pero que no va bien con su carácter, los que lo escuchan se encogerán de hombros y pensarán, del que lo refiere, que no conoce a X. En cambio, si otro dice un sucedido referente a la misma persona, que no ha sucedido en realidad, pero que bien pudo suceder, los oyentes pensarán para sus adentros: «Este sí que conoce al señor X.». Luego entonces cabría preguntar: ¿Dónde acaba la verdad y donde empieza la mentira? Pero, en fin, esto son quisicosas que nos desvían de nuestro intento.

Yo pienso que «el Gallo» pasará a la Historia como un gran artista y un miedoso en grande; con una desigualdad que en él era enteramente igual a lo largo de todas las temporadas y de todas las tardes. Creo que en ninguna de las corridas por él toreadas, por mal que estuviese, faltaría la dedadita de miel de su arte puro, y a la viceversa, en sus mejores tardes, una espantailla, o al menos un conato, no dejaría de haber, para regocijo de los parroquianos. Siempre que se habla de estas cosas, sale a relucir el toro que le echaron al corral, aquí en Madrid, en un día que no recuerdo, de la primera quincena de mayo de 1912 (¡Ayer fue la víspera!) siendo así que con los toros «Peluquero» (de Bañuelos) y «Jerezano» (de Aleas) había conseguido dos triunfos tremendos el 2 y el 15 del susodicho mes.

¡El miedo al toro! Para explicar lo que es, decía Rafael en cierta ocasión: «Supóngase usted que tiene en brazos un niño de pocos meses y oye decir que hay fuego…, pues usted sale corriendo, después de apretar al crío contra su pecho. Si entra en la casa un ladrón y, encañonándole, le pide al chico, usted se lo mete debajo de la chaqueta y trata defenderse, pidiendo, socorro de paso. Pero si oye decir: ¡que viene un toro! entonces lo primero que hace es arrojar al suelo a la criatura, para poder correr con más desembarazo».

Me acuerdo de lo desastroso que estuvo una vez en Irún...… Le metieron preso, vestido de luces y todo. Por cierto que le fué a visitar «Machaquito» y le dijo  «Pero Rafael …. ¿Cómo te ves así? Y él le contestó: « figúrate cuál será mi estado de ánimo sin tener a mano la petaca». Creo que, a raíz de aquella tarde tan sonada, fué cuando contestó a un periodista que le preguntaba qué era lo que menos le gustaba de las corridas y él contestó muy serio: « ¡La fruta! ».

También tiene mucha miga lo que le dijo a un aficionao modernista, el cual le preguntaba: «¿Verdad Rafael que lo mismo coge el toro chico que el grande?» «Así es –contestó el Calvo-. Pero no es igual que te atropelle un camión que el carrito de los helaos
¿Te acuerdas cuando vino a Colmenar a torear en aquel festival que organizaron Cabello y «Curro»: «el Cochero», coincidiendo con las maniobras del año 1923? Creo que es la única vez que pisó nuestra Plaza. Hizo un largo viaje ex profeso entre dos fechas en que toreaba por el Sur. En el automóvil de unos amigos, venía con él la mar de gente. Alguien le dijo:    «¿Por qué no habéis buscado otro coche?»
—Ya le habemos buscao y le habernos encontrao...
Viene un poco detrás, con dos individuos al cuidao de un jamón.

En fin, relatar sucedidos de Rafael sería el cuento de nunca acabar, sobre ser casi todos muy conocidos. No sucede así con el que te voy a contar, según me lo refirió a mí en cierta ocasión su cuñado Ignacio, que fué testigo presencial del lance, que yo titularía «El Gallo» se mete a picador», y que es como sigue: Por aquella época, Rafael no andaba muy sobrado de contratas. Había toreado en Barcelona y por uno de esos caprichos que le asaltan de cuando en cuando, decidió quedarse allí unos pocos días como turista, licenciando a su gente hasta la próxima corrida, que era por allá abajo. En el interin, velay que José torea en la que llaman los revisteros la Ciudad Condal y bien fuera para sustituir a algún compañero lesionado, o porque conviniera reforzar un cartel endeble con el agrego de dos toros, o por la causa que fuese, el caso es que, de pronto, contratan al «Gallo» para dos días después y —cosa rara en él — se le ocurre la medida de buen gobierno de pedir a su hermano que le preste la cuadrilla, en lo cual «Joselito» consintió de buena gana... ¡Por menos de nada sería él quien le apuntase la idea! Y gracias a ello tuve yo noticias, como antes te dije, del suceso, pues me lo contó el propio Sánchez Megías, que salió aquel día con Rafael, a pesar de ir por entonces con José, por la causa referida.

Después de haber estado con su primero ni fú, ni fá, o más bien fú, en cuarto lugar le tocó un pavo, castaño oscuro, con su buen velamen, con edad, tamaño y ecetra. En el ecetra, puede entrar el hecho de haber sido fogueado, sin tomar una sola vara... Claro está que yo sé de la ganadería que era el toro, pero no te lo digo porque eres mal guardador de secretos, o sea que te vas del seguro fácilmente, y como lo mismo da que fuera de Juan que de Pedro... pues continúo. El susodicho animal, después del tuesten se había acuartelao en la mismísima puerta del toril. El gentío se relamia de satisfacción, pensando en el mitin que iba a dar el Calvarota, pues ya es sabido que, cuando cualquier torero está fatal, el público se incomoda, a menos que sea «el Gallo», en cuyo caso se ríe y acaba por pasar por carros y carretas.

La cuestión es que el diestro, muy jacarandoso y, al parecer, más animado que de costumbre, se fué a buscar al toro con la muleta plegada en la mano izquierda. De cuando en cuando se paraba, para citarle de muy lejos, como si le fuese a dar el pase cambiado. En el momento en que se convencía de que el castaño no hacía por él, daba dos o tres pasos más y repetía de nuevo la citación. Pero...¡Que si quieres, que te prenda los alfileres! El público se reía, como diciendo: «Rafael no sabe ni por donde le da el aire... ¡Miá que querer hacer florituras con un manso perdió!» Mientras tanto el diestro seguía dando pasos adelante para provocar la arrancada, cada vez más en corto, y como «pobre porfiado saca limosna», al fin el toro se le arrancó descompuesto y «el Gallo» largó una especie de pase cambiado, muy deslucido y fuera de cacho, con el detalle de que, al pasar, el toro se pinchó, casualmente, en los alrededores del codillo, con el estoque, que estaba sostenido en esta posición: tumbado, o séase horizontal, como dice la gente fina. El público no acabó de comprender lo que había pasado; el bicho se fué de estampía a otro lugar de la barrera y allá se dirigió Rafael para repetir la bonita suerte. Pero cuando, de nuevo, el toro se pinchó con el estoque, estalló la protesta del respetable, que se convirtió en bronca espantosa al ver que la ocurrencia tenía lugar por tercera vez... Me decía Ignacio que se creyó en el caso de advertirle: «Rafael, te van a matar... ¿Por qué haces eso?» Él le contestó: «Cállate ahora; ya te lo explicaré luego.»

El toro , harto ya de tanta pinchadura; en vez de acularse en las tablas, empezó a huir. «El. Gallo» corría muy a gusto detrás de él, para que no se parara. Con el ejercicio, cada vez sangraba más el castaño, hasta que de pronto, se paró en el tercio. Entonces Rafael le dió tres o cuatro pases de tanteo y en cuanto se convenció de que el toro ya no tenía ná dentro —"ni siquiera sangre— se lió a torearle por las buenas, haciendo mil florituras, hasta volver loco al público. Pases del Celeste Imperio, naturales, ayudados, molinetes (que por cierto él daba de una forma especial y con la gracia del mundo) y luego rodillazos, tocaduras de pitón, el estoque en la testuz parando al toro, ecetra... ¡El disloque! Matando estuvo la cosa regular, pero no se puso demasiado pesado y, lo que parecía que iba camino del desastre, acabó en un gran triunfo, con ovación y petición de oreja, que, al fin, no fué concedida.
—¿Te das ahora cuenta —le dijo a Sánchez Megías— de porqué hice aquéllo? Porque yo necesito que me piquen bien los toros y como a este no le habían partido un pelo, he tenido yo que hacer de picador para poderle torear a mi gusto.

De «el Gallo» se cuenta y no se acaba. Lances así como este se refieren a millares. Ya te dije antes que se podían escribir libros enteros, y no me explico yo como no haya quien se lance al ruedo de las librerías solamente para contarnos chascarrillos, sucedidos y chistes de todo género, referentes a este torero, aunque para mí tengo que a Rafael, como a Quevedo, les achacan cosas que nunca pasaron... ¡Qué más da! El caso es que la gente no solamente lo crea, sino que además diga:
¡Hombre! ¡Eso es muy propio de «el Gallo! Porque las cosas no son cómo son, sino como a nosotros nos gusta que sean...
                                                                                                 LUIS FERNÁNDEZ SALCEDO
Fuente: Semanario gráfico de los toros El Ruedo. Año XII - Madrid 10 de noviembre de 1955,  N° 594.

martes, enero 09, 2018

La Ruta de la Tartanilla : 09-01-2019

Primer programa del 2018 de La Ruta de la Tartanilla, conducido por Pedro García Macías y la valiosa colaboración de Juan Antonio Hernández Sánchez (Toni), altamente recomendable por la pertinencia de los temas abordados y el análisis de actualidad taurina. Feliz año Amigos.

sábado, enero 06, 2018

LECTURAS DE INVIERNO. Cuentos del Viejo Mayoral: Así era don Eduardo Miura

"El famosísimo ganadero me enseñó además sus ovejas y caballos...... me chocó ver que no llevaban la A con Asas, sino una de cruz de balanza. Le pregunté qué significaba este hierro y me dijo solamente se lo ponemos a....."
Conocí a Miura con ocasión de mi viaje a Sevilla hace años, cuando fui a llevar una corrida para la feria de San Miguel, que lidiaron José, “Varelito” y “Fortuna”. Más nos hubiera valido no acudir, pues por aquello de “la mancha en el mejor paño”, creo que no he sufrido yo nunca tanto como en aquel 29 de septiembre. Por mi gran amistad con el mayoral de la casa de Miura, con quien venía juntándome en muchísimas ferias, era obligada una visita al “Cortijo de Cuarto”, en donde coincidí con don Eduardo, lo cual pienso que no tuvo nada de particular, pues me calculo que se pasaba allí la vida. Era tal y como yo me lo había imaginado: de regular estatura, más bien delgado moreno, con la cara y las manos curtidas del sol y del levante, con un mirar expresivo que parecía querer arrancar los secretos a las cosas, y una chispita de burla bailándole en los ojos.
Don Eduardo me consoló con gracejo del mal resultado de la corrida y, aún reconociendo lo bien que había ligado el cruzamiento nuestras vacas antiguas con los toros de Ibarra, me dijo que él no era partidario de cruces, porque lo estimaba peligroso. Decía:
- Todo el que cruza no piensa más en que va a lograr una gran cosa uniendo buenas condiciones que están separadas. Por ejemplo, se lanza a obtener un perro que tenga la velocidad del galgo y el olfato del podenco: pero no se le ocurre que muy bien pude suceder que produzca ejemplares con olfato del galgo y la velocidad del podenco, en cuyo caso... ha hecho las diez de últimas ¡¡¡
Me sorprendió que no llevase garrocha para andar entre los toros, sino un quitasol, pero me dijo su mayoral que era porque se lo había mandado así el médico. Por cierto que, según me refirieron, era costumbre de la casa que las corridas se apartaran, en el momento de echar andar con ellas, por el amo en persona, a cuyo fin concentraban la piara en un rincón, y en cinco minutos don Eduardo, sin ayuda de nadie, con una maña especial, iba sacando los seis animalitos por él escogidos, valiéndose de la garrocha. Cuando dejó de usar ésta, no perdió la costumbre y hacía despuntar a los toros dándoles con el quitasol en la cabeza, como si tal cosa.
El famosísimo ganadero me enseñó además de sus toros, las ovejas y los caballos. Por cierto que enseguida me chocó ver que muchos de ellos no llevaban la A con asas, sino una especie de cruz de balanza. Le pregunté qué significaba este hierro y me dijo solamente se lo ponemos a los caballos cruzados.
Y al insistir yo en averiguar de dónde venía, noté claramente cómo desviaba la conversación. Cuando, al cabo de un cierto tiempo, me junté con el mayoral en una feria provinciana, le rogué que me explicase lo que él supiese de aquel hierro. Y su historia, poco más o menos, es como sigue:
Tenía don Eduardo un íntimo amigo que se llamaba don José Calcaño. Juntos habían jugado de pequeños; juntos se habían divertido de jóvenes; juntos habían acosado mil veces en las fiestas camperas. Calcaño tenía aún más afición a los caballos que a los toros y, al afecto, a costa de algunos sacrificios, logró reunir una pequeña ganadería caballar, de la que estaba ciertamente orgulloso. Mas como este pícaro mundo no cesa de dar vueltas, sopló para el buen hombre el viento contrario y, esfumándose su regular posición, vino a menos, a pesar de que, tragándose las lágrimas, como suele decirse, no se le oyó nunca la menor queja ni daba a entender su ruina por señales exteriores. Sus amigos no se atrevían a preguntarle nada y aceptaban aquel disimulo, como si no lo fuese. Don Eduardo, con gran delicadeza, le ofreció dinero en más de una ocasión; Calcaño rechazaba siempre la proposición, incluso asombrado que se la hicieran. Ni que decir tiene que la ganadería llevaba buen paso y, una a una, se iban yendo de sus manos las cabezas, con rumbo diverso.                                                                                                                                      
- Tengo demasiadas bocas, Eduardo...Me voy a concretar a conservar lo mejor...Yo busco con esto un entretenimiento...No trato de hacer negocio. Cuando le quedaban solamente dos yeguas, Miura le propuso, “para ahorrarle quebraderos de cabeza”, echarlas al campo con las suyas, que eran muy numerosas. No fue fácil convencerle, pero al fin cedió y el famoso ganadero de reses bravas, que tenía su plan, vio el cielo abierto.
- Tú no te preocupes de nada...yo venderé las crías, defendiendo tu dinero lo mejor que pueda.
- Pero deducirás un tanto por los pastos consumidos...
- Naturalmente ¡¡¡ No están los tiempos para desperdiciar el dinero.
Y todos los años en época oportuna...
- Toma: tantas pesetas que han valido los dos potros, para la Remonta, después de deducir gastos.
La cifra iba subiendo de una vez para otra exageradamente, pero Calcaño no parecía darse cuenta... Que necesitado debía de estar el pobre¡¡¡¡...Un día, al cabo de un largo silencio, le dijo a su amigo del alma:
- Sabes lo que estoy pensando? Que mis yeguas son las mejores del mundo: yo calculo que deben ya de tener treinta años y siguen pariendo todas las primaveras unas crías magníficas, a juzgar por lo que me pagan por ellas.
- Por algo no quisiste vendérmelas cuando las traté de comprar, enviándote a un corredor, para que resolvieras libremente.
Y un día que Calcaño tenía en el rostro una tristeza imposible de encubrir...
- Eduardo, presiento que mi vida se acabará pronto, y voy a hacer testamento.
Quiero dejarte como recuerdo una cosa que para mí vale muchísimo y para cualquier otra persona absolutamente nada...A que no lo adivinas?
- Quién habla de morirse, hombre? Y si el caso llegase, yo no necesito de ningún regalo para conservar de ti un excelente recuerdo.
- Ya lo sé, pero quiero darte una gran prueba de amistad cediéndote el derecho a usar para tus jacas...el hierro de mi ganadería!
Otra persona que no fuese don Eduardo quizá lo hubiese tomado poco menos que a broma. Miura, que se daba cuenta de lo que representaba para Calcaño aquel hierro, lleno de telarañas por falta de uso, se emocionó profundamente y le contestó:
- No puedes figurarte lo que te lo agradezco. Y cuando tú faltes (y ojalá no ocurra esto en mucho tiempo) mis caballos estarán orgullosos de llevar en su anca esa especie de balanza de la justicia con que marcabas a los tuyos.
Solamente los aficionados que estén un poco al tanto de lo que es una ganadería podrán dar el verdadero valor a este noble gesto de don Eduardo. De todos modos, cuantas personas no hayan tenido la dicha de conocerle, verán admirablemente retratado en este lance al ilustre ganadero, a quién el gobierno concedió el título de “Excelentísimo señor”... Y se quedó muy corto!
Lo que no sabía el viejo mayoral es que Alfonso XIII, para premiar los grandes méritos de este agricultor y ganadero, que llegó a regentar 14,000 fanegas, le dijo un día:
  - Te voy a hacer marqués de los Castellares.
  - Muchas gracias, señor, pero le ruego desista de esa idea...yo estoy muy conforme con llamarme Eduardo Miura...
Luis Fernández Salcedo
Fuente: Semanario gráfico de los toros El Ruedo.
Colaboración: Germán Urrutia Campos.

martes, enero 02, 2018

SI SE EVITA EL PELIGRO ¿EN QUÉ QUEDA LA FIESTA?

"La belleza de que el peligro sea vencido no por medios arteros, sino cara a cara, buscando dentro de la gallardía arrequives artísticos. En este juego del arte con el albur es donde se halla el ser y naturaleza de la fiesta de los toros."

PANORAMA DEL TOREO HASTA 1979
Por : Antonio Díaz - Cañabate
EL AFEITADO DE LOS TOROS
No dudo en afirmar que el hecho de haberse llegado a cortarle los pitones al toro y de que haya cundido esta mutilación fundamental en nuestra fiesta, es el acontecimiento más importante que ha saltado a los ruedos desde el siglo XVIII; es decir, desde que la fiesta de los toros inició su época clásica de mayor esplendor y emoción en la forma en que todavía la conocimos los hoy ya viejos aficionados a ella. Asimismo no dudo de que la entrada y generalización de la trampa ha herido de muerte a la fiesta, pues sus efectos resultan muy difícilmente reversibles. En todo caso, la trampa ha transformado radicalmente nuestras corridas, pues la emoción que las sustentaba iba intrínsecamente unida al peligro. Al disminuir sustancialmente el peligro, ¿ en que se transforma?
Repito lo que siempre he dicho: en los espectáculos públicos que alguna vez han atraído y aficionado  a las masas, cuando en ellos se ha introducido la trampa, o mueren o pasa a llevar una vida lánguida y mortecina. A principios de siglo, en Madrid había diecisiete frontones donde se jugaba a pelota, casi siempre llenos de gente y de entusiasmo. Porque se jugaba y claro está, también la gente se jugaba el dinero con la emoción que produce el riesgo de perder o ganar. Como en tantas otras actividades, se introdujo el tongo por diversos intereses creados, hasta llegar a verdaderos abusos con el dinero del público. Lógicamente éste se fue dando cuenta, y hoy ya en Madrid solamente queda frontón, en el que preferentemente suelen jugar señoritas raquetistas.... Otro tanto está pasando con el boxeo y es la amenaza que pende sobre el mismo fútbol, según indican los expertos.   
Los Toros. T. V.-6.
Últimamente he estado haciendo algunas indagaciones en las hemerotecas, sin resultados demasiado precisos en temas tan turbios, y la primera vez que se habla de mutilación de pitones es en una corrida de despedida de Marcial Lalanda en Valencia, en 1942. La organiza Cristobal Becerra, torero en sus mocedades y luego apoderado, quien por cierto y por otra parte me honró personalmente con su amistad de persona excelente. la verdad es que aquella noche el bueno de Marcial duerme en la cárcel por decisión del gobernador civil, uno de aquellos de armas tomar todavía recién terminada la guerra.
Existe ya un precedente en el cortijo de Los Merinales vecino a Sevilla, en el hueco donde se corregían los pitones defectuosos de los astados que allá se encerraban: un pitón torcido, un pitón más largo que otro, un pitón excesivamente veleto. Hablamos todavía de corregir, no de cortar. Pero el paso era fácil de dar, hacia lo menos arriesgado del toreo en la nueva sensibilidad de los años cuarenta. Se intenta y se lleva a cabo con éxito, hasta constituirse en auténtica plaga de la que solamente se ven libres unos cuantos ganaderos de prestigio, que se niegan al juego.
El afeitado comienza siendo promoción y exigencia de los apoderados, que han pasado ya al primer plano en la organización de la fiesta, desde su puesto anterior simplemente subsidiario del maestro. Lógicamente quienes más influencia ejercen en él son los apoderados que mayor número de corridas contratan y que apoderan a los primeros espadas del momento. Es, entre otros, el gran momento de Camará. Entre otras razones, el riesgo de las cogidas disminuye las posibilidades de torear sin solución de continuidad. En definitiva, hay que ganar dinero. 
Cuando ya el afeitado de los toros es un hecho generalizado entre los toreros de postín - no tanto para los desvalidos-, el público lo conoce y la trampa ya ha aguado la fiesta. Son los años cincuenta y el periódico ABC de Madrid promueve una campaña meritoria por la integridad del toro de lidia y la pureza del toreo. Sus inspirador es ese torero fino, muy elegante y de buen gusto, que se llama Antonio Bienvenida, portaestandarte de una larga tradición torera familiar. Su impulsor y redactor, el valiente periodista Luis de Armiñán. La campaña obtiene sus frutos de concienciación del público en favor del toro limpio. En todo caso hubiera resultado mucho más definitiva si Bienvenida afronta decididamente la corrida inaugural de la campaña de Madrid, con toros de Conde de la Corte, uno de los pocos ganaderos con prestigio que se había negado terminantemente a cortar los pitones de sus toros. Hubiera sido el amo de la torería, pero le faltó decisión.
Al comenzar 1969, las cosas no han cambiado radicalmente, ni mucho menos. En la última Feria de  San Isidro el diestro Miguelín había protagonizado el incidente más espectacular de la temporada, con su desplante poco elegante hacia el Cordobés de saltar de mero espectador a enfrentarse con el torete minusválido sobre el que Manuel Benítez se encumbra. Los hechos han vuelto a desenmascarar ante el aficionado al toro pequeño, sin casta y sin peligro. Hay que cumplir el Reglamento, porque la fiesta es una irrisión. A las puertas de una nueva temporada lo denuncio en mi artículo "Continúa el afeitado de los toros" en "Los domingos de ABC" que tuvo cierta resonancia. En 1968 la Dirección General de Seguridad había multado a veinticuatro ganaderías españolas "por manipulación fraudulenta en las defensas de las reses de lidia". Entonces yo decía que el serrucho seguía funcionando. Y, si bien las cosas se han ido subsanando un tanto, la escena que aquí reflejo sigue de actualidad. 
Al caserío de una cortijada llega un automóvil. Descienden de él tres hombres con aire de personas importantes, que penetran en una fresca estancia, donde les recibe el dueño de la finca, ganadero de reses bravas, acompañado del mayoral y de un vaquero. Media la mañana de un día de agosto. Se chancea, se bebe un vinillo helado para aplacar el calor y el ganadero propone:
- Cuando queráis. Los caballos están listos.
Y a poco los seis montan a caballo. En lo alto de un cerrillo están agrupados hasta catorce toros. Hacia ellos se dirigen los caballistas y los toros los acogen con absoluta indiferencia. Todos los caballistas contemplan a los toros con ojos de mercader que examina una mercancía. Los toros ignoran que son toros comerciales. El silencio persiste. Al fin el ganadero pregunta:
-¿Qué os parece el veintisiete?
De los tres personajes que llegaron en el automóvil uno de ellos es el apoderado de un famoso torero y otro el experto, cargo éste novísimo en la torería, especie de oráculo definidor de las posibilidades comerciales de un animal, que tiene que representar el papel de toro sin que en ningún momento asome la oreja de su fiereza. El experto responde a la pregunta del ganadero:
-No me gusta. Es largo de cuello.
La selección sigue su tiempo, porque se discuten los menores detalles. Al cabo se eligen seis.
-Los seis dijes - concluye el ganadero. Y el apoderado dice tajante:
- Hay que arreglar por lo menos a cuatro. (Débil resistencia).   
-Tú verás -arguye el apoderado-. Si no quieres, te puedes quedar con los seis dijes y los metes en un estuche...
-¿Cuándo quiere usted que hagamos la faena? - pregunta el tercer personaje importante, nada menos que el hombre que afeita los pitones. Sin él, ¿qué sería de tanto torero famoso?
Se acuerda que la faena se realice la mañana del día en que se embarque la corrida.
El barbero está dispuesto. La barbería también. ¡Tremenda barbería, potro de tortura más bien, imaginado por un verdugo refinado! Allí entra el toro engañado por un juego de puertas.
 Queda amarrado fuertemente.
He presenciado varias veces el tan dramático como impotente forcejeo del toro. Pocos espectáculos he visto tan deprimentes. Se puede objetar -y es uno de los puntos de vista esgrimidos por los enemigos de la fiesta- la crueldad que se ejerce con los toros durante su lidia. Pero ésta es muy relativa y casi nula, si la idea se lleva a cabo conforme al Reglamento. Es indudable que el torero y el toro luchan noblemente. La victoria del hombre sobre el animal se debe a la inteligencia de aquél. Precisamente en esta pugna -no tan desequilibrada como aseguran sus detractores- se encuentra la singularidad de la fiesta, y con la singularidad su belleza. La belleza de que el peligro sea vencido no por medios arteros, sino cara a cara, buscando dentro de la gallardía arrequives artísticos. En este juego del arte con el albur es donde se halla el ser y naturaleza de la fiesta de los toros.
Pero volvamos al potro del tormento. El toro no se resigna. Se estremece la barbería, pero es sólida, no la desbaratan los empellones de la furia enmaromada. Los ojos es lo único que tiene libre. La última vez que vi un afeitado me situé frente a los ojos del infeliz torturado. Estaban sanguinolentos. Terrible y patética su mirada, mezcla de ira y tristeza. De pronto los cerró. En aquel momento el barbero mutilaba con el serrucho su pitón derecho. ¿En los ojos de los toros pueden nacer lágrimas? Sin embargo, creo que aquel toro lloraba. Se oía a continuación un chirrido desagradable. Era la lima que actuaba para disimular la mutilación.
El mayoral masculla:
-¡En buena hora me iba a imponer un chisgaravis de ésos este desaguisado!
-¿Qué ibas a hacer? - replica el barbero- ¿Comértelos con patatas? Aquí el que quiera parné tiene que contar conmigo. ¿No creéis que me merezco yo las dos orejas y el rabo, más que el mamaracho de Fulanito, que probablemente se los va a cortar gracias a estas manitas que hacen milagros?
El toro torturado, el toro cercenado en lo más noble del poderío de sus astas, parece contestar con un mugido débil y desesperado, al que acompaña una sacudida violentísima de su cuerpo aprisionado, con tal ímpetu que los tablones de la barbería amenazan con convertirse en astillas.
Como la misma fiesta que este toro minusválido va a protagonizar a los pocos días, habiendo perdido por completo el sentido de la distancia en su embestidas; con la sangrante hipersensibilidad de sus mejores defensas, que ya son solamente un muñón herido por acicalado que esté. Quienes entienden de ganado bravo de lidia nos dicen que ya definitivamente el toro queda postrado tras esta operación. Por otro lado su peligrosidad, salvo algún accidente en cualquier caso posible, no es ya mayor que la de un cómodo viaje en automóvil.
Un toro con los pitones afeitados es menos que un boxeador con muñones por puños, o que un futbolista cojitranco.
La fiesta sigue porque en algunas corridas se siguen viendo toros de verdad y la verdad del toro mantiene la mentira del torito con apariencia de fiera. Durante los años setenta -todo hay que decirlo- se ha subsanado en buena parte la situación anterior, pero todavía continua sucediendo algo y aun algos de todo ello. Salvo honrosas excepciones que no ha dejado de haber en unas cuantas ganaderías intactas -fomentadas incluso en su casta de siempre por ganaderos con ética y por los organismos competentes, que valoran en cuanto se debe esta raza brava, única en el mundo-, el toro que se cría y salta comúnmente a los ruedos es el toro cómodo, sin dificultad, que ha ido dejando su casta lenta pero irreversiblemente por las dehesas. Manipulando de una u otra forma, para poderlo comercializar. Es el toro que lógicamente nuestros diestros prefieren, pues es muy difícil -casi imposible- retrotraerse de una situación admitida a la anterior. De lo fácil a lo difícil, del menor al mayor peligro.
Cuando en la lidia de un pobre animal fofo, lleno de grasa y carente de nervio, ante las pamemas aclamadas por un público sugestionado por los espejismos propagandísticos, me acordaba de la degradante y terrible escena de la mutilación de los cuernos, no podía menos de compararla con aquella fiesta fundamentalmente viril y gallarda, basada en un sabio peligro y en una emoción incontenible. Entonces y después no he podido menos de ser pesimista. 
Por lo visto, las trampas son inevitables y ni la autoridad ni las multas las erradican por completo. Pero lo que más nos debe sublevar es que constituyan un privilegio de unos cuantos que mandan en la fiesta. Si ésta se tiene que transformar definitivamente en un toreo más edulcorado y sin peligro, por ejemplo a la portuguesa, que caigan los privilegios como las puntas todas de los toros "preparados" . Entonces muchos toreros modestos se podrán equipara con "los mejores", en vez de sentirse solos ante el peligro de los astifinos.

Fuente: Los Toros.Tratado Técnico e Histórico. Tomo V. José Maria de Cossio. Espasa_ Calpe.  Madrid, 1981. Tercera Edición. Pp 68-76.
(El resaltado y subrayado son nuestros)
Transcripción in extenso : Citlalli Pérez Flores