EL EJE DE LA LIDIA

EL EJE DE LA LIDIA
"Normalmente, el primer puyazo lo toman bien los toros, y si ése fuera el único del tercio, todos parecerían bravos. En el segundo ya empiezan a dar síntomas de su categoría de bravura. Y es en el tercero donde se define de verdad si el toro es bravo o no. En el tercer puyazo casi todos los toros cantan la gallina, se suele decir". JOAQUÍN VIDAL : "El Toreo es Grandeza". Foto: "Jardinero" de la Ganadería los Maños, primera de cuatro entradas al caballo. VIC FEZENSAC 2017. Foto : Pocho Paccini Bustos.

viernes, febrero 28, 2014

DESAGRAVIO A JOAQUÍN VIDAL VIZCARRO Y A DOMINGO ORTEGA



Sirvan estas líneas, para desagraviar a don Joaquín Vidal Vizcarro y al Maestro Domingo Ortega, de los infundios vertidos en estos últimos días por parte de cierto grupúsculo de "iluminados", inventores de una tauromaquia que legitima la ventaja y el destoreo. Inventores de fórmulas como aquella que  reza que retrasando la pierna de salida se alarga y profundiza en el toreo. Como aquella fórmula que dice que "toreando de perfil" hay más riesgo que citar dando el medio pecho y tirar del toro para mandar en su embestida.
No, es muy complicado encontrar las razones de semejantes disparates, y creemos encontrarlas en hechos como por ejemplo juntar letras en páginas taurinas comerciales que viven de sangrar a las figuras y desorientar a los que se inician en el mundo de los toros. En otras palabras, se trata de gente que "vive de la fiesta" y no quiere matar a la gallina de los huevos de oro. 
Insinúan que somos unos borreguiles aficionados (como los que torean sus figuras actuales o los que creen torean en sus faenas camperas), que nos creemos sin ningún tipo de cuestionamiento lo suscrito por don Joaquín Vidal y lo sostenido por Domingo Ortega en el Ateneo de Madrid.
Pues tenemos la firme convicción que los suscrito por ambos, contiene la esencia del toreo puro, y no el de oropel que practican en la actualidad las figurillas y que parece da bien de comer a toreros y palmeros de ocasión. Que ellos sigan creyendo que torear con la pierna retrasada es cargar la suerte en el toreo en redondo, y que por contra sólo se carga la suerte en los términos orteguianos, cuando se torea en ochos.
Inventos infantiles que no sirven más que para legitimar la ventaja y el destoreo, y claro la pasta que fácilmente se llevan sin siquiera haberse despeinado.
   


LOS VIEJOS MAESTRO DE LA TAUROMAQUIA.
Publicado por Joaquín Vidal en El País el 23 de diciembre de 1985
     
A Domingo Ortega, el legendario maestro del pequeño pueblo toledano de Borox, 80 años a punto de cumplir, 30 que dejó la cátedra por jubilación voluntaria sin que, desde entonces, nadie haya hecho méritos bastantes para ocuparla, le duele la cadera, la que le operaron hace dos años ("en ésa no tenía ninguna cornada y en la otra sí; qué cosas"), y ni aun arrellanado en la butaca favorita deja de apoyarse en el bastón. Pero sólo con preguntarle a Domingo Ortega qué es para él torear, echa pie a tierra y, tirado el bastón, cita adelante la mano, templa su movimiento, carga la suerte sobre la pierna mala, que se le pone milagrosamente buena para el arte, y hace llegar hasta la consola de la estancia de su casa donde nos encontramos al imaginario toro negro, que entró fiero al pase y salió de él sumiso.

Uno le recuerda: "Cuando usted les andaba a los toros, maestro...". Se lo recuerda sin ánimo de ofender, ni nada; todo lo contrario. Pero el maestro se solivianta, menudo temperamento: "¿Cómo que les andaba a los toros, oiga? ¡Yo me quedaba quieto, para que te enteres!". El maestro no se pone de acuerdo con el tú y el usted, ni con el término andarles a los toros, y él mismo nos da la razón andándole al negro toro fiero, llevándole sometido, porque ése -proclama- es el fundamento deltoreo.
En los años treinta y cuarenta se decía Ortega y había que aclarar cuál: ¿el maestro o el filósofo? El maestro Domingo y el filósofo José fueron muy amigos; había entre ellos una admiración mutua. José Ortega y Gasset entendió la tauromaquia y Domingo le oyó lamentarse de no tener tiempo para estudiarla a fondo. Distinto es que los taurinos entendieran a José Ortega y Gasset. Cuando Rafael El Gallo preguntó, el día que se lo presentaron, "¿a qué se dedica ese chico tan agradable?", y le respondieron que era filósofo, sentenció aquella maravilla de "tIe qu'haber gente pa to".

"Ortega y Gasset era excepcional por muchos motivos", comenta el maestro; "su cultura y su sencillez me maravillaban. Ahora bien, ja, ja, no se le podía llevar la contraria. Yo no se la llevaba, claro, pero porque él siempre tenía razón. El año 1946 fuimos juntos a los carnavales de Hamburgo. Se vistió de romano, y a mí me hizo vestir el traje corto. Fue una fiesta enorme. Ortega y Gasset tenía gran prestancia y poseía una personalidad arrolladora. Las chicas jóvenes le adoraban. ¿Usted no le conoció? Pues se lo perdió. Cañabate también vino y se enamoró de una alemanita preciosa que le presentó Ortega. No vea cómo se enamoró; hasta el punto de que que la fiebre le duró meses. Pero ésas son cosas de la humanidad".

Usted también era un conquistador, no se lo calle (el maestro pone carilla de circunstancias cuando se lo decimos) pues hay referencias de ciertos lances. "No sé...". Se habla, por ejemplo, de que le alivió loscuidiaos a una famosa vedette, junto a un árbol del Grao de Valencia. "Esas cosas, mejor no recordarlas". Pero algo recuerda: "Precisamente me dijo Domingo Dominguín, que era mi apoderado: 'Mañana toreas y espero que no estarás como estuviste anoche con la chavala'. Le contesté: 'Tiene razón, y durante la temporada no me volveré a acostar con ninguna mujer'. Y lo cumplí. ¿Sabe usted lo que pasa? Que la cosa sexual hace que te importe tres pepinos todo. La cosa sexual influye más en la cosa cerebral que en la cosa física. El torero debe sobre todo concentrarse, o de lo contrario está más perdido que Carracuca. El toreo hay que vivirlo muy seriamente".

"Son mis formas"
Los intelectuales advirtieron de inmediato la personalidad torera y humana de Domingo Ortega y buscaron su amistad. El paleto de Borox, una inteligencia vivísima, aprendía de los intelectuales y los intelectuales intentaban entender su maestría. "José Ortega me pedía que le explicara mi toreo, y yo le respondía: 'Son mis formas". Con el doctor Jiménez Díaz y con Ignacio Zuloaga tuvo gran amistad. "Esa amistad fue total. Zuloaga venía a todos los tentaderos de mi ganadería. Cuando se sintió enfermo de muerte, me llamó y me dijo: 'Quiero dedicarle unos dibujos que tengo preparados sobre Cervantes'. Los firmó un día por la tarde, y a la mañana siguiente moría. Su hija me los hizo llegar, y aquí los conservo".

Pinturas y esculturas enriquecen el gran vestíbulo de la casa de Domingo Ortega. Hay obras de Benlliure, los dibujos cervantinos, pinturas de Zuloaga y Solana. "Falta el Solana grande", indica el maestro, señalando un amplio paño de pared, "pues se lo han llevado al sitio ese de aquel príncipe con gafas que se casó con la chiquita española, para que lo vean las gentes de allá, y espero que me lo devuelvan pronto". BruselasEuropalia admiten estos circunloquios, que da gloria oírlos. La casa de Domingo Ortega se encuentra en el barrio más señorial de Madrid. Su famoso retrato en jarras vestido de luces comparte con el Solana, a ver si lo devuelven, la presidencia del vestíbulo; y en una consola se alinean las gorras, sombreros y guantes que cada mañana elige el maestro para ir a su finca. En el saloncito donde celebramos la entrevista abundan fotos de familia y del torero, trofeos, diplomas, pinturas y un pequeño busto de arcilla realizado por Sebastián Miranda.

Domingo Ortega ha perdido mucha memoria, así lo confiesa, pero la pérdida es selectiva y conserva nítido el recuerdo de lo que importa. Entre lo que importa está Cañabate, por quien sintió mucho afecto y admiración: "Fue una persona excelente. Decía que la crítica taurina da un trabajo enorme y le creo. Fui testigo de las angustias que pasaba para escribir aquellas crónicas tan bonitas. Luis Calvo le metió en eso y le hizo la puñeta. Jamás admitió ni un regalo El Caña. Prefería pasar hambre antes que pedir nada. Era de una honorabilidad total".

Había en los años treinta un plantel de matadores extraordinarios y posiblemente fue la época de mayor plenitud en la historia del toreo. Ortega parece estar en ello. ¿Y la actual? "El toro marca diferencias con el toreo de mi tiempo. El de ahora sale noblote, pues tiene menos movimiento intelectual. Antes había mayor número de toros complicados y es con ellos con los que se funde el arte de torear".

La biblia orteguiana
En 1940 Domingo Ortega dictó en el Ateneo de Madrid una conferencia sobre el arte de torear, que causó sensación, y es la biblia taurina. Fue a instancias de Pedro Rocamora y de Cañabate y hay quien supone que éste dio forma fiteraria a las ideas del maestro. Sin embargo, el propio Cañabate nos manifestó, poco antes de su muerte, que la escribió personalmente Ortega, de su puño y letra, a lápiz, en papel timbrado de un hotel. "El toro coge por error del torero" es uno de los teoremas de la biblia orteguiana. "El toro no ha de coger nunca", confirma el maestro. "En la lidia sólo hay dos verdades: o mandas tú o manda el toro". Esto quizá explique la convicción popular de que Ortega a un toro malo lo hacía bueno. "Sí, decían eso. Y significa que el buen torero corrige los defectos del toro. Si puntea el engaño, en cuanto le hagas creer que puede cogerlo -pero sin pemitir que lo alcance-, irá más largo, para atraparlo, y acabará por no tirar derrotes. Para el punteo, la regla fundamental es dar y alargar, ¿comprende?".

Geometría del toreo
Cuando les andaba a los toros, echándoles la muleta abajo, ¿notaba que se le entregaban? "Sí, echándoles la muleta abajo, se entregan. Pero ¿qué es eso de que yo les andaba? Hay que distinguir, joven". Y el maestro, por ahí el bastón, olvida la cadera, se pone de pie, y torea. "Se trata", explica, mientras carga la suerte, "de que la muleta, en vez de quedarla aquí, la quedo allí. Y el toro se obliga, y vuelve, y entonces yo estoy parado. Claro que luego me vengo allá". Hace la geometría del toreo con tal pureza que es un gozo. Igualito que en el festival homenaje a El Gallo, cuando estaba de espectador, acompañado de Gregorio Corrochano y Thomas, y el público pidió que bajara a matar el sobrero. Bajó, y toreó de locura. Quedando la muleta donde se debía, el novillo surcaba arabescos en torno, sin rozarle el traje de franela gris, que tras la monumental faena estaba tan impoluto como cuando lo mudó. Y el público daba saltos de entusiasmo, gritaba ,"¡maestro, maestro!".

A los cánones del toreo -parar, templar y mandar-, Domingo Ortega añadió "cargando la suerte". Y dice por qué: "Sin cargar la suerte, el toro entra y sale por donde quiere; y no, ha de ser por donde quiera el torero. Hoy, los muchachos, como no cargan la suerte, dejan al toro tan fresco después de 50 pases; ¡y eso no es torear! El toro, después de cargarle la suerte en 8 o 10 muletazos, ha de acabar hecho una birria. El toreo es también temple, que está en la palma de la mano. Que la quiera coger y no pueda. El diestro que se deja tropezar los engaños no torea de verdad, por muy en tipo que se ponga y aplauda el público". A juicio de Ortega, el mejor fue Curro Puya. Y entre los de la posguerra, Antonio Bienvenida: "Este muchacho tenía un gran sentido del toreo".

Se ha dicho que de Despeñaperros para abajo se torea y de Despeñaperros para arriba se trabaja, y ahí discrepa Domingo Ortega. "Hombre, le diré; yo, que me hice torero para no tener que trabajar...". De chiquillo vivía en mi pueblo, en Borox. "Nos manteníamos de unas tierras que poseía mi padre allá en el Tajo. Mi madre murió cuando yo tenía 15 años, y era el mayor de cinco hermanos. Así que dije: ahora corresponde que arrime el hombro. Y me hice torero. La afición me venía de la vecindad de la ganadería del duque de Veragua" (el maestro la compré años después).
"De manera que decidí probar suerte y me asesoré de Salvador García, un paisano novillero que, en cambio, él no había tenido la suerte que yo buscaba. Era el año 1927. Nos fuimos a la novillada de Almorox y uno de los torerillos sufrió una cornada tremenda. Cogí su muleta y su espada, y maté al toro. Ése fue mi debú. Luego, todo transcurrió rápido: ocho novilladas por los pueblos, dos en Tetuán de las Victorias y tres en Barcelona, al filo del invierno de 1930. Tuve tanto éxito que contraté la alternativa para el año siguiente en la rnisma plaza. Me la dio Curro Puya y ese día solemne también armé un alboroto. En Madrid me la confirmó Nicanor Villalta. Así que se puede decir fui figura nada más empezar"
.
De 'paleto' a maestro
Desde sus comienzos, Domingo Ortega mantuvo siempre el mismo estillo. "Salvador García", recuerda, "me había explicado lo que era la cosa del arte de torear. No obstante, en el primer festejo de Almoi ox, voy y le junto lo pies al novillo, y en ese momento oigo una voz que me insulta: '¿Qué haces, desgraciado?". Era Salvador, claro. Al acabar, dice: 'Me habrás oído. Le digo: ''Sí, y te prometo no volverle a juntar nunca más los pies, a un toro'. Tenía razón y se la dí: él no había visto nunca juntar los pies, toreando, ni a Gallito ni a Belmonte".

El paleto de Borox se transformó en el maestro de Borox, un hombre culto, al que admiraban intelectuales. Hizo ganadería, que aún posee, en el término de Segovia. Contrajo matrimonio con la marquesa de Amboage, que falleció al poco tiempo de casados, de una septicemia. Domingo Ortega se casó en segundas nupcias el año 1946 con María Victoria Fernández y López Valdemoro.

Ortega se retiró en plena gloria y volvió un año después porque se lo pidió el apoderado, para que le diera la alternativa, en Bogotá, a su hijo Luis Miguel Dominguín. "Me llamó desde allí y me dijo: 'Estoy aquí con la familia, sin nada; Domingo ven a salvarme'. Sin pensarlo dos veces cogí el avión, y le di la alternativa a Luis Miguel, que era un niño".

Domingo Ortega reapareció en España y siguió en el toreo activo hasta el año 1954. Después toreó en festivales y en los tentaderos, lo ha seguido haciendo, sin parar, hasta que ocurrió lo de la cadera. Cuando cumpla los 80 años, que será dentro de unos meses, el homenaje del mundo taurino le será debido a Domingo Ortega, el maestro de la ciencia de parar, templar y mandar, cuya cátedra continúa esperando sucesor.

miércoles, febrero 26, 2014

LA CLARIDAD Y DISTINCIÓN DE JUAN ANTONIO HERNÁNDEZ SÁNCHEZ

"DEBATE DE INTERES: CRUZARSE"
Nuestro amigo TONY, con claridad y distinción Cartesiana, nos explica los cánones del toreo de siempre, y a la luz de lo sucedido en la Isidrada del 2011, nos queda claro que contados lidiadores son los que interpretan el toreo de verdad, por contra la mayoria de las llamadas figuras practican el consabido y predecible destoreo, eso sí frente a borregitos domesticados e inválidos.
Desde luego, lo que sigue es aconsejable lectura para los palmeros de figuras del destoreo, inventores del "toreo en ochos y del toreo en redondo"
POCHO

ver video en el enlace


Jandro:
"Me chirrían las visagras al leer que "estos toros requieren que se les ataque menos, que se les espere con la muleta más retrasadita" cuando precisamente lo que requieren es distancia y adelantar la muleta cruzándose mucho para que no vea el hueco entre torero y trapo. "
Yo pienso que hay que "taparse", es decir, no retrasar la muleta. Pero quiero saber vuestras opiniones.

Seguimos aprendiendo.

Nota: Estas cuestiones sólo nos planteamos cuando sale el Toro, bueno o malo, a la plaza.

Publicado por javier en 10:40 PM

J.Antonio dijo... 
Jandro totalmente de acuerdo contigo, si algo fue bueno en esa corrida, fue la lidia de Cháves. Estoy contigo que había que cruzarse echársela adelante y llevarlos muy toreados. Con el añadido de que consintiéndole al toro en esos terrenos comprometidos, se descubrieron los toros y se vio al torero, cosa contraria a lo que ocurrió con Jiménez. Es decir muy por encima de los toros.
Y lo de, torearlos en linea …
Es lo que pedían esos toros. Cuando vamos a entender, que de lo que se trata no es de lo que piden los toros, si no de lo que hay que hacer a los toros, es decir torearlos o en su caso lidiarlos. Lo que piden los toros es lo que hace el Ponce tarde tras tarde, haciendo de enfermero. Si el toro es un invalido, no valen trescientos mantazos, es un invalido a matarlo y punto.
Si los vitorinos no tienen un pase es intentarlo (lo que hizo Cháves ) y si no se puede a matarlos y punto, máxime cuando ya lo había intentado ver en el caballo.
4/5/07 11:20 PM

Antonio José dijo... 
He de puntualizar porque creo no haberme expresado correctamente, que cuando digo "muleta más retrasadita", no quiero decir que haya que retrasar la muleta en exceso, ni por detrás del cuerpo del torero, pero desde luego no adelantarla como es normal en otros encastes (aunque desgraciadamente no lo hacen los toreros tampoco).
Y por supuesto nunca voy a afirmar que tengo razón, esto es una opinión muy particular y desde luego que puedo haberme equivocado, estamos aprendiendo, sobre todo gracias a Javier que consigue aglutinar todas las visiones y opiniones relevantes de los aficionados en la red. Estas cuestiones técnicas son muy difíciles de analizar.
En lo que desde luego coincido con Javier es que estos toros, estas ganaderías y toreros como Cháves propician el debate y las opiniones, porque generan interés en el aficionado y eso es lo realmente importante.
Respecto a lo que comenta el amigo José Antonio, sobre lo que piden o no los toros, pues también discrepo, y no creo que se pueda comparar a Ponce con Chavés, Chavés dio una lección de valor rotundo que rara vez se la hemos visto a Ponce, pero lo que quiero decir es que ese debate es igual de complejo, por ejemplo, hay gente que ha comentado que Talavante el día de la puerta grande estuvo mal porque le toreó donde pedía el toro, en terrenos prácticamente de chiqueros. (Por poner un ejemplo).
5/5/07 12:22 AM

javier dijo... 
Creo que, como apuntas, nadie tiene la razón (la verdad) en estos casos. ¿Quién coño puede atreverse a poseer LA RAZÓN/VERDAD?. Lo que se trata es de ir compartiendo visiones, puntos de vista e ir formando, cada día, nuestro criterio (tan válido y tan equivocado como el de cualquier otro aficionado).¡Suerte en Lodosa!
5/5/07 12:37 AM

Jandro dijo... 
Hay que torear de arriba a abajo, de fuera a dentro y de alante atrás, y rematar la embestida con el juego de muñeca oportuno para que el toro se quede colocado para el siguiente pase sin que el torero tenga que perder pasos entre pases (véase El Cid), y lo demás son eufemismos y justificaciones.
Y si el toro no vale se le lidia y mata cuanto antes mejor y por derecho aunque algunos justifican puñaladas traperas en estos casos.
Pero yo creía que esto lo sabía todo el mundo, por lo menos todo el mundo que se relaciona conmigo taurinamente hablando.
5/5/07 12:03 PM

Niño Burbuja dijo...
Yo prefiero que se toree de adentro a adentro y de abajo a abajo, especialmente lo primero. Para torear de afuera a adentro hay que estar necesariamente mal colocado.
Que digo yo, eh.
5/5/07 1:45 PM

Juan Antonio dijo... 
Bueno pues a debatir que esto es sanísimo, esperemos que no venga nadie a tocar los costados:
Jandro y Javier el toreo que yo entiendo, si tiene verdad y no es cuestión de lo que cada uno pueda interpretar. Otra cosa distinta es que el toro, no todos lo veamos igual y por eso lo podamos interpretar equivocadamente o no. Pero en el toreo, lo que es, es y no tiene interpretación.
Me explico, lo de torear un toro en línea o lo de retrasarle la muleta, eso no se debiera de plantear jamás, para hacer el toreo. Otra cosa distinta es para cortar orejitas o para llegar a los tendidos y de ahí la comparación con el Ponce.
No es que yo compare el Ponce con Cháves, ya quisiera Ponce tener la mitad de los que tiene Cháves y haber matado en su vida la mitad de toros que Cháves, que Esplá, que el Fundi etc. Lo que quería decir es que el toreo del valenciano lo justifican mucho porque a todos los toros les hace faena. En la mayoría de los casos haciendo de enfermero y sin obligar al toro. Que es lo que consigue con esto, darle cuatrocientos mantazos, engañar a los públicos, cortar orejas, salvar los muebles al ganadero y al empresario, pero nunca torear.
Ahora resulta, sin animo de menospreciar el comentario de Antonio José, entiéndaseme, que para torear algunos toros debemos de pedirle la trampa. Pues no. Creo que López Cháves después de ver el toro en el caballo, no arrojo la toalla e intentó hacer el toreo. Yo digo que lo único que bebió hacer es lidiarlo, obligarlo con pases de castigo y matarlo. No vale el marear la perdiz y me da igual que lo haga Ponce o lo haga López Cháves, hombre siempre es más de agradecer que se le haga a un toro y no tanto a un borrego carretón in valido.
Lo de Talavante yo nunca he dicho que lo toreara mal por que lo hizo en donde el toro quiso. Lo toreo mal porque estuvo fuera cacho, metiendo pico, sacándoselo para fuera y además lo hizo en donde el toro quiso. Ahí están los videos. El toreo es hacerle las cosas donde no quiere el toro, o lo que no quiere el toro. Torear en línea manda el toro, no obligarlo manda el toro, torear un toro a favor de querencia, manda el toro. El merito está en que mande el matador. En definitiva tiene que mandar el torero no el toro. El lidiar los toros en su querencia, es un recurso, pero nunca será un merito del matador. Y efectivamente, se puede hacer un faenan en la querencia del toro. Pero nunca tendrá el mismo mérito si esa misma faena se la hacen en contra querencia o en los medios.
Para el niño burbuja, hay veces que uno no sabe si va de coña la cosa o le quieren tomar el pelo, o examinarte de diario. Mira chico, o señor, nos han transmitido por infinidad de medios, que el toreo es de fuera a dentro, cargando la suerte etc. etc. Nos lo han explicado desde los grandes maestros de la historia, hasta el maestro grande de la historia. Pero vayamos una vez más. Como yo interpreto el tema es de la manera siguiente. Haber si lo consigo para por lo menos un aprobado. Echo la muleta adelante al toro, plana y agarrada por el centro del estaquillador (Cite). Si va muy adelante tengo que levantar un poco el brazo para llegar más (arriba). Cargo la suerte, el toro se arranca. Bajo la mano.(Abajo) Voy mandando en le toro con la suerte cargada, lo obligo a ir para afuera(Fuera). Con el consiguiente riesgo que tengo que se me lleve la femoral. Giro cargando el peso sobre la pierna contraria y con la cintura partida me lo enrosco hacia adentro (Dentro). El toro protesta porque también tiene los riñones partidos (Mandar). Y con un leve giro de muñeca (es distinto a pegar un muñecazo) lo dejo o lo paro, (Distancia) donde puedo empezar otra vez el siguiente muletazo, (es decir ligar).En ese momento giro mi cuerpo sobre la pierna contraria y llevo la pierna de entrada al lado de la contraria e inicio otro muletazo. Todo ello suave, despacio, llevando al toro a la velocidad que yo quiero, no a la que quiere el toro (Temple). Así me lo han enseñado los maestros que he tenido. A lo mejor estoy anticuado o han cambiado las cosas, no lo sé.
Perdón por haberme alargado tanto, ha sido inevitable.
Saludos a todos.
5/5/07 5:41 PM

Jandro dijo...
Así es Juan Antonio.
Podíamos dar un máster, que parece que hace falta.
5/5/07 9:17 PM
Anónimo dijo...
Tony me da que no solo no te has alargado sino que para mi has dicho lo justo y tan bien que se entiende de forma meridiana en base también a lo que modestamente he aprendido.
Pgmacias
6/5/07 9:16 AM

Raúl dijo... 
Juan Antonio, estoy de acuerdo contigo, pero claro después llega el toro y lo descompone todo. Resulta que después salen los toros con poco recorrido de forma que si le adelantas la muleta se te queda corto, que si le bajas la mano se te caen, que si te cruzas los obligas mucho y entonces es mejor llevarlos en línea, o resulta que te cruzas y lo echas para afuera.
Otra pregunta: ¿Porqué el cruzarse es más "puro" que el citar un poco más al hilo con la pierna adelantada y trayéndote al toro hacia los adentros?. Porque hay gente que dice que se corre mayor riesgo haciendo ésto último que cruzándote.
Mi opinión es que la clave está en la MUÑECA, es decir hacia donde llevas al toro.
Ahhh, y recordad todo lo que decía Gómez escorial con lo del cruzarse ( primer muletazo y los posteriores ), al alturas, los toques...ect,ect.
Sigo aprendiendo de ustedes....
6/5/07 10:46 AM

Niño Burbuja dijo...
Veo que alguno saca las uñas conmigo. Igual mi tono es demasiado socarrón, pero no pretendo molestar a nadie. Esta vez iba a decir que estar cruzado ES MÁS VENTAJISTA QUE COLOCARSE EN LA RECTITUD DEL TORO, es decir, entre los pitones y no en el pitón contrario, pero igual tengo que hacer el máster ese que decís.
Saludos para el que los quiera, que yo os quiero a todos.
6/5/07 12:11 PM

Jandro dijo... 
Porque cruzándote obligas al toro a realizar un semicírculo en torno al torero, le toreas tú (mandas), en línea pones la muleta por donde pasa el toro, torea el toro (manda él), y se queda sin torear.
6/5/07 12:13 PM

dealvaro dijo... 
Yo estoy con Israel en lo de torear de "adentro a adentro".
6/5/07 1:29 PM

Juan Antonio dijo... 
Raul hola, primero totalmente de acuerdo contigo que después de decir lo que para mi es el toreo, es decir lo ideal, la perfección y a ello debemos de aspirar los que pagamos una entrada, entre otras razones porque los euros que entregamos en taquilla van perfectos, incluido el sudor que nos ha costado a cada uno conseguirlos. Después, como decía de hablar del toreo, deberíamos hablar de los toros, aunque estarás conmigo que aquí viene lo difícil, porque cada toro es un mundo y dentro de ese mundo, el toro va cambiando también a medida que avanza la lidia, su condición. Y fíjate lo importante que es esto, porque aquí es donde podemos decir, que se acaba lo del pensamiento único, que los lameculos del taurineo insisten cada vez que hablamos de lo que es el toreo. El toreo es lo que es y punto, luego cada uno deberá aplicar su personalidad, y conocimientos en ejecutarlo, teniendo en cuenta las condiciones del toro. Debemos estar muy atentos a la lidia, porque aquí es donde siempre nos engañan, es decir: Si le baja la mano se le cae el toro. ¿Cuantas veces hemos oído en el tendido, que no le puede bajar la mano porque el toro se le cae? Precismante eso es lo que deberían hacer, bajarle la mano y que todo el mundo viera que es un inválido y que nos han defraudado. Como no se ve el fraude es cuando un torero que lleva 18 años en el escalafón lo lleva a media altura dando mantazos y cortando orejas, ahí está el fraude. No solo nos engañan, que encima nos dicen que es una figura de época, llevando como lleva toda la vida de enfermero. Y aquí vuelvo hacer otro inciso, el no bajar la mano es otro recurso para aburrir y engañar, al igual que torear al toro en querencia, el llevarlo en línea sin obligarlo etc. Y lo que antiguamente era un recurso, para salvar algunos toros, hoy se ha convertido en las trampas, tarde tras tarde. Es como lo de la carioca, lo que era un recurso para los toros mansos, hoy se lo hacen a todos los toros y sobre todo a los bravos para matarlos en el caballo.
Creo que lo de cruzarse ya lo ha contestado Jandro muy bien.
Con lo de la muñeca cuidado, una cosa es rematar con ese sutil toque de muñeca para adentro y otra distinta ser un palo y pegar al final del muletazo el muñecazo. El torero tiene que mandar fundamentalmente con la cintura, llevando al toro girando la cintura o las caderas, y luego como decía antes darle un sutil giro de muñeca, para terminar de dejar al toro en su sitio. Para mi imprescindible ver los videos de Paula.
Lo de Gómez Escorial ya lo comentamos Luis Picazo y yo en nuestros artículos, yo exijo en el primer cite, luego dependerá de las condiciones del toro, si va largo, si corta, si se acuesta por algún pitón, si tengo que perderle pasos etc. dependerá de muchas condiciones, lo ideal es dejarlo al toro en el sitio correcto, no quedándose el torero fuera cacho, pero insisto, esto es la perfección. Desde luego el primer cite no lo concibo sin estar cruzado. Y aquí te remito a la corrida de Victorino, fíjate en López Cháves ni una sola tanda, si se le pueden llamar tandas a las del quito toro, lo citó fuera de cacho siempre cruzado y echándole la muleta adelante.
Para terminar, no debemos caer en la trampa, que nos meten los escribidores vendidos, el toreo es lo que es y lo demás recursos convertidos en trampas, que estaría bien si se hicieran esporádicamente, pero es que ya es la norma desde que pisan los chavales una escuela. Si el toro es un inválido asqueroso que se caiga y a matarlo, no me vendas la moto. Que si el medio toro, que si en línea para no obligarlo, que si con la muleta por los cielos. Luego es que encima te cabreas. Fíjate en las monas que suele lidiar el Jiménez, carretones inválidos normalmente, que salen de los caballos medio muertos ya, bueno pues el tío se ha pasado un par de años empezando las faenas de rodillas, con la muleta por los suelos. Joder y luego cuidándolos y sin obligarlos. Lo malo que todo el mundo a tragar, es que si le baja la mano se cae. ¡Oiga señor que ha empezado la faena de muleta por los suelos! O me ha engañado antes o me engaña ahora. Es la leche esto.
Perdona Javier estas parrafadas pero es que no, puedo dar mi opinión a medias. Si crees que es muy largo no lo publiques.
Un saludo a todos.
6/5/07 6:57 PM

betialai dijo... 
Siento haber llegado tarde al debate pero suscribo punto por punto todo lo que han expuesto Tony y Jandro.
Isra, de verdad me has dejado flipando. ¿Puedes explicarnos cómo se puede torear, y digo torear no destorear, haciéndolo de adentro a adentro y de abajo a abajo?. De verdad que te lo agradecería, porque a lo mejor nos descubres un concepto que yo desconozco y resulta que me he estado perdiendo algo a lo largo de muchos años.
6/5/07 7:31 PM

dealvaro dijo... 
Creo que Isra, por lo menos yo lo he entendido así, se refiere a citar dando en medio pecho, y hacer describir al toro esa especie de interrogación que se finaliza rematando el pase detrás de la cadera.
De fuera a dentro podría interpretarse el coger el toro fuera de cacho... Lo de abajo a abajo no lo entiendo.
6/5/07 8:41 PM

betialai dijo... 
Claro, dealvaro, por eso creo que tiene que haber un malentendido. En las explicaciones de la tauromaquia de Domingo Ortega yo entiendo que, cuando se dice de fuera a adentro, no se refiere a la forma de citar. Es ya engendrado el muletazo cuando se carga la suerte y al girar se remata para adentro, como bien explica Tony.
Evidentemente, el citar fuera de cacho claro que es una ventaja que, precisamente, desvirtúa todo lo que se haga posteriormente y, entre otras cosas, puede propiciar que no se cargue la suerte y en consecuencia se descargue.
Cuando decimos que se debe torear de arriba a abajo, de fuera a adentro y de adelante a atrás, nos referimos a la fase que comprende desde una vez que se inicia el muletazo en sí (momento en que se engendra y en el que decimos que el toro llega a jurisdicción) hasta el momento del remate y no al tempo previo, que por supuesto también tiene sus normas y su importancia, que es el cite.
6/5/07 10:24 PM

Juan Antonio dijo... 
Dealvaro amigo si no hay que interpretar, suponte que citas de frente que es el toreo más puro, tendrás que sacarlo a fuera y después meterlo dentro, para hacer el signo de interrogación ¿no? Insito si cada uno interpretamos lo que nos parece… así ha degenerado el toreo. Vamos a ver. Tu estas cruzado con el toro, en frente de su trayectoria. Si no cargas la suerte y mandas en el muletazo, el toro te va ha arrollar. Te va ha llevar por delante. Más claro, fíjate en la foto de López Cháves si no saca para afuera al toro, se lo va ha llevará por delante, pero es que además en la foto que ilustra este pos, se ve claramente que el torero está cruzado y el siguiente paso es, cuando el toro envista, mandando afuera y luego a dentro. Mandando, citas, cargas la suerte y lo llevas hacia fuera para luego rematar el pase hacia dentro, es más cuando el toro llevado por la muleta del matador, va hacia afuera el matador cargando la suerte pone la femoral con el consiguiente peligro añadido. E insisto a mi me parece que algunos leen mucho a la lirio y sus compañeros, sobre todo cuando dicen que el toreo en línea es más peligrosos solo por el hecho de que lo hace su amor platónico Ponce. O mejor dicho para justificar el destoreo de la figura de época. Comprenderás Dealvaro que esto no lo digo por ti.
Por cierto y aprovechando, muchos pedimos el toro bravo y el toro sin domesticar, no por capricho, ni por que nos guste meternos con el taurineo reventador de la fiesta, pedimos el toro bravo e integro para que se vea torear y dominar a ese toro. Y sobre todo para que no se tengan que dar todas las trampas que antes mencionábamos. Que no hacen más que engañar y confundir a la gente.
Un saludo
6/5/07 10:46 PM

Juan Antonio dijo... 
Haber, perdonar que no había leído lo del niño burbuja que decía: Niño Burbuja dijo... Esta vez iba a decir que estar cruzado ES MÁS VENTAJISTA QUE COLOCARSE EN LA RECTITUD DEL TORO, es decir, entre los pitones y no en el pitón contrario, pero igual tengo que hacer el máster ese que decís.
O sea, si yo tengo que describir una interrogación al dar el muletazo, lógicamente tendré mucho mas riesgo cuanto más cruzado esté. O sigo sin entender nada.
Es que es una contradicción de la leche, tal y como yo te interpreto, es decir, reconoces que estando en la rectitud del toro tienes mas peligro que estando fuera de cacho. Pero sin embargo es menos peligroso estar más allá de la rectitud del toro que en la rectitud. Insisto o nos estas vacilando o no entiendo, con buen rollo, eh amigo niño burbuja.
Cuanto más haya que obligar al toro más peligro tendrás ¿o no?
Por cierto, yo si recojo tus saludos encantado.
6/5/07 10:59 PM

dealvaro dijo... 
Miguel, Juan Antonio, como no podía ser de otra manera, estamos hablando exactamente de lo mismo.
Son interpretaciones léxicas. Gracias a Dios lo tenemos todos muy clarito. La pena es que la gran mayoría no.
Un abrazo.
6/5/07 11:56 PM

betialai dijo... 
Y, ¡ojo!, que ese toreo en línea que lo comenzó poniendo de moda Manolete y luego han seguido haciendo todos los que han basado su toreo citando fuera de cacho y, no digamos ya, los que lo han hecho descaradamente al hilo del pitón (Manuel Benítez "El Cordobés", Manzanares, Ojeda, Jesulín, Tomás en su última época, y actualmente Talavante, entre otros muchos)deriva en lo que se ha venido en llamar el toreo paralelo o "para lelos", en el que el pase jamás llegará a ser completo y en el que, en resumidas cuentas y como aseveró también Domingo Ortega, no se torea sino que se destorea.
6/5/07 11:56 PM

Niño Burbuja dijo... 
Hola, gente,
Veo que voy a necesitar un rato grandote para poner todo esto en orden... Estoy en el curro, donde no me pagan por bloguear, así que a ver si saco un rato y nos vemos aquí o en mi blog, ya os aviso. Me alegra saber que estamos todos discutiendo de buen rollo.
Por cierto, estas cosas se discuten mejor en la barra del bar después de las corridas de San Isidro.
Hablamos,
P.D. Ni soy un perro verde ni soy del TOR.
7/5/07 9:08 AM

javier dijo... 
Israel, ahí te doy toda la razón del mundo. Esto de las teclas no está mal...¡Pero donde estén unas cañas después de una tarde de San Isidro!.
Nos vemos en esa barra.
7/5/07 9:56 AM

betialai dijo...
Hombre, Isra, a estas alturas de la peli doy por hecho que no eres del TOR y hasta admito que no seas un perro verde.
Totalmente de acuerdo con Javier y a ver si es verdad que, por fin, este San Isidro nos podemos tomar esas cañas y lo que haga falta, porque a mí eso de torear de abajo a abajo, algo que no dudo que viniendo de tí tendrá sus argumentos aunque yo siga sin verlo, me lo tienes que explicar con todo lujo de detalles.
7/5/07 12:20 PM

Niño Burbuja dijo... 
Betialai, si te quieres quedar en mi casa no hay problema ninguno, estoy solo. Además, es línea directa a Manuel Becerra, te pilla a media horilla de la plaza, na más.
Juanan, a falta del post tocho donde intentaré explicarlo con detalle sin morir en el intento, te puedo adelantar que eso de que estar cruzado es más ventajista que citar en la rectitud del toro es una cosa que decía un tal ALFONSO NAVALÓN GRANDE. Júrotelo.

Juan Antonio dijo... 
Niño burbuja lo que decía Alfonso en cuanto a la colocación te invito a que leas en la forma de citar esta la verdad o la mentira, en concreto dice el maestro: “Si te colocas mal, el que manda es el toro y al terminar el pase quedas descolocado”. La forma correcta de citar es colocarte enfrente de la mitad del testuz y de la penca de rabo, de forma que haya una línea recta entre la cadera del torero (o el medio pecho) y el espinazo del toro.
Como verás si te colocas en la rectitud del espinazo del toro donde queda la muleta al iniciar el pase? en el pitón contrario. Esto querido amigo no es estar un la rectitud del toro como tu decías, eso en toda la tierra garbanzos es estar cruzado y más cuando inicias el pase que va al pitón contrario y al toro le obligas. Vuelvo a remitirte a la foto de López Cháves donde está colocado? donde tiene que poner la muleta? mejor ejemplo que esa foto, aunque no se vean los pies, no hay……
7/5/07 8:56 PM

betialai dijo...
Y qué gusto da, señores, debatir con cañas o sin cañas, cuando hay buen rollo y nadie da la nota y, a falta de otros argumentos, se dedica a faltar al respeto y trata de imponer sus criterios con insultos, descalificaciones, bravuconadas soeces y otras ridículas fantasmadas que nada tienen que ver con el tema y que son impropias de la gente de bien.
Otro abrazo para todos y espero que nos encontremos en Madrid.
7/5/07 9:53 PM

Anónimo dijo...
¡Que bueno cuando hay buen "rollito"!...el "autobús"...por supuesto Isra que no dudo que el día que nos veamos ya le habréis metido buena "mano" al barril entre los que estáis a pie de "obra" en Madrid, pero algo quedará "pá" compartir con los foráneos o si no abrimos otro, vale?, suscribo otros 30 cts...Un abrazo a todos los "cañistas" y a los que les gustaría y no puedan
Pgmacias
8/5/07 5:42 AM

martes, febrero 25, 2014

ALGUNOS PORQUÉS DE CARGAR LA SUERTE

Tauromaquia para postmodernistas.por Rafael Cabrera

Antonio Bienvenida   
Don Antonio Bienvenida, cargando la suerte. Ortodoxia, pureza, ética y estética del toreo

curro2bpuya
Curro Puya, “Gitanillo de Triana”, cargando la suerte en una verónica

38 Emilio Muñoz
Emilio Muñoz cargando la suerte en un soberbio derechazo
Algunos porqués de cargar la suerte”, por Rafael Cabrera. Artículo publicado en el blog “Recortes y galleos”:
“En un meditado estudio, titulado Elementos técnicos del arte de torear (en Tauromaquias vividas. Aula de Tauromaquia 8. Madrid, CEU Ediciones, 2011abordábamos el complejo asunto de cargar la suerte. Para ello, y con objeto de no centrarnos en nuestro propio parecer, traíamos a colación las palabras que diferentes tauromaquias y maestros han vertido sobre el tema. Así pues, no son ideas nuestras, sino de quienes -desde la práctica y la teoría- se han vestido de luces y han alcanzado el grado de Maestro. Critiquen pues, quienes de ustedes no estén de acuerdo con los asertos vertidos, a Paco Camino, Antonio Ordóñez, Rafael Ortega, Domingo Ortega, Marcial Lalanda, o Antoñete (cuyas palabras presiden este blog, por cierto), entre otros muchos a los que podríamos citar. No es pues una elucubración más de un aficionado más o menos práctico, sino las opiniones de quienes han alcanzado la maestría en el arte de torear, de forma indiscutible.
El estudio es mucho más amplio de lo que ahora les reproducimos, pero permítanme resumirles los siguientes párrafos: 
     Rafael Ortega. Imagen de su tauromaquia

Rafael Ortega, uno de los diestros que más cosas interesantes ha dicho en los últimos tiempos, es claro al respecto: “Todo toreo es bonito y bueno, lo mismo toreando de frente con los pies juntos que haciéndolo con el compás abierto. Sin embargo, en mi con­cepto lo más puro es dar medio pecho, con el compás abierto lo justo -ni mucho ni poco- para cargar la suerte apoyando el peso sobre la pierna con­traria” (José Luis RAMÓN,Todas las suertes por sus maestros, Espasa, Madrid, 1998, pág. 261). (…)
Pero el concepto sigue vigente en la tauromaquia actual, e incluso ha sido la base para el toreo de figuras como Paco Camino, que ha llegado a afirmar que “Hay una secuencia muy clara: cuanto más lejos se cogiese al toro, y cuanto más lejos se le dejase, mejor que mejor. La au­sencia de verticalidad implica que el torero, al ejecutar un natural, se en­cuentre vencido (incluso podríamos decir que un poquito echado hacia adelante) en la dirección en la que está embistiendo el toro. Es decir, su figura está levemente inclinada hacia el lado y sobre la pierna en la que se está cargando todo el peso de la suerte” (José Luis RAMÓN, Todas las suertes por sus maestros, Espasa, Madrid, 1998, pág. 256). (…)

Joselito el Gallo, cargando la suerte a la verónica al toro de Santa Coloma al que le cortó la primera oreja de la historia de la Maestranza
Cargar la suerte
Pero sigamos con otro de los aspectos verdaderamente importantes a la hora de valorar el mérito de un lance, o de subrayar ese componente ético que debiera estar presente en el mismo. Cargar la suerte. Cargar, no sólo supone adelantar la pierna correspondiente a la mano con la que se cita al toro –o moverla hacia el camino que ha de seguir éste-, obligándole así, al haber ganado terreno el diestro, a realizar una trayectoria todavía más forzada de lo que su embestida natural le obligaría, sino también a apoyar el peso del cuerpo sobre la misma. El notable escritor y crítico,Pepe Alameda, afirmaba al respecto de diestros que el viera cargar ortodoxamente la suerte: “Con el pie del cite adelantado se colocaba el portugués Manolo dos Santos y también en sus principios Paco Camino, que ligaba extraordinariamente el toreo en redondo, sobre todo con la izquierda, y Manuel Benítez «El Cordobés», y varios toreros mexica­nos, muy notoriamente Manuel Capetillo y Manolo Martínez” (El hilo del toreo, Espasa, Madrid, 1989, págs. 127 y ss.). (…)
Vayamos por partes. En primer lugar, al adelantar la pierna de la mano del cite, se le gana terreno al toro. La pierna pasa a ocupar un espacio por el que habría de transitar la res momentos después, y por ello, el diestro se obliga a sí mismo a forzar –de nuevo y todavía más- el recorrido que ha de llevar el toro durante el lance, desviándolo aún más de esa embestida recta, paralela, o con un amplio radio de curvatura, que seguiría si no fuera sometido a los vuelos de capote o muleta. Si, ya al citar con la muleta por delante, se obligaba al toro a describir una curva para evitar con ello el cuerpo del espada, ahora, al adelantar la pierna sobre el terreno del toro, se le obliga todavía más a recorrer una curva más pronunciada en torno al lidiador.
El momento en el que debiera adelantarse la pierna se discute en varias de las tauromaquias consultadas, o más que discutido, se apuntan diferentes momentos. Hay quien afirma que la pierna debiera adelantarse en el momento de realizar el cite, y, sin embargo, otros afirman que la pierna debiera adelantarse en el momento en que el toro resulte embarcado. ¡Qué duda cabe que, siendo el momento del embarque posterior al del cite, mayor mérito tiene adelantar la pierna y cargar la suerte cuando se embarca definitivamente al toro en el engaño! Al adelantar la pierna, en ese momento y no antes, el espada tiene menos tiempo y probablemente menos recursos para conseguir desviar la trayectoria del animal, mientras que, por el contrario, dispone de unos instantes preciosos para poder corregir y modificar la trayectoria del toro, mediante el movimiento de la muleta o del capote, si se cargó la suerte al provocar esa misma embestida.
Pero, como decíamos, cargar la suerte no estriba tan sólo en adelantar la pierna de la mano del cite sobre el terreno que ha de ocupar el toro a continuación, sino que también consiste en afianzar el peso del cuerpo del espada sobre esa misma pierna. Al apoyar el peso del cuerpo sobre ese pie, el espada queda, hasta cierto punto, inmovilizado y clavado en ese terreno donde residen las virtudes máximas del toreo. Se disminuye con ello la posibilidad de que pueda, fruto del temor, de las dudas, o incluso de una embestida destemplada o descompuesta del animal, rectificar el terreno “echando la pata atrás”, como suele decirse en el argot taurino.

Marcial, cargando la suerte en una gaonera
Así que, no sólo se gana terreno y con ello queda clara la posición dominante del valor, la inteligencia y la técnica del matador, sino que también existe menor capacidad para la rectificación, la retirada o la huida, y se obliga al astado a seguir una trayectoria mucho más forzada, y por ende mucho más toreada, en torno al cuerpo del espada. Ello obliga, en definitiva, a mandar mucho más sobre la embestida de su oponente, de ahí que el mérito y el valor que suponemos al diestro que lo ejecuta sea superior al de aquel de hurtar la pierna, esconderla o retrasarla, cuando llega el toro a su jurisdicción.
Y, sin embargo, es vicio corriente el que hoy retrase el matador esa pierna que debería adelantar y cargar, cediendo así su terreno al toro, cediendo así parte de la ética del lance, y permitiendo que el toro siga un recorrido mucho menos obligado y forzado que de otra manera, con el único objeto de ligar. Al retirar esa pierna el lidiador, es verdad que al toro se le obliga mucho menos, que va más cómodo y no tan forzado, porque sigue una trayectoria más rectilínea o en todo caso con un radio de curvatura superior, pero no lo es menos que en un arte como el de la tauromaquia, en el que un hombre se enfrenta a una fiera en arriesgada pero valerosa lid, el retroceder, como sucedería en cualquier batalla, es un hecho vergonzoso que sólo debería quedar relegado a casos de verdadero apuro, cuando el toro se venza o se ciña al espada en demasía. No obstante, parece práctica habitual en los tiempos que corren que, con objeto de ligar mejor los muletazos, el espada pierda ese terreno. Esto es, que no sólo no adelante la pierna ganando el mismo y cargando sobre ella la suerte y el cuerpo, sino que la retrase en práctica constante para ir cediendo terreno al toro y conseguir ligar así una serie de derechazos o naturales. Todo ello lo aplaude el público, es cierto, pero no es menos verdad que la ética y el riesgo que asume el lidiador es notablemente inferior al que se produce cuando se carga la suerte, adelantando la pierna de la mano del cite. Por otro lado, dado que el espada reconsidera su posición constantemente, casi nunca suele estar bien colocado en el siguiente lance y, una de dos, o bien cita absolutamente descolocado, o le deja la muleta en la cara, sin terminar de rematar el pase, para hacerlo girar en su derredor, sin pasarse nunca los pitones por la faja, cual de si de un eje de peonza se tratara.
Por el contrario, cuando se carga la suerte, el toro ha de describir todavía una curva más pronunciada que la que, de por sí, trazaría cuando la muleta le embarcase por delante del cuerpo del lidiador, al haberse producido el cite en las circunstancias más ortodoxas. Y al desviarlo todavía más de su trayectoria natural, ¿no tendrá más mérito el lance llevado a cabo? ¿No será aún más valeroso y técnico el pase? Y, sin embargo, cuántas veces se aplaude precisamente lo contrario, ¡vivir para ver!
Y como al principio de este epígrafe citábamos a Pepe Alameda, no nos resistimos ahora, tampoco, a traerlo a colación para que, en parte, se desdiga y ahonde en el concepto de la suerte cargada, mencionando la corrida de los siete toros de Martínez toreada por Joselito en Madrid, en 1914: “Cuál no sería mi asombro al ver de pronto que Gallito citaba con la muleta en la izquierda y, en vez de mandar al toro hacia afuera, lo hacía venir por su línea natural, sin «expulsarlo»; reunido hacia su pierna izquier­da, que permanecía fija sobre supunto de apoyo inicial. Luego, José llevaba la muleta atrás, para marcar el viaje en redondo. Y, una vez consumado el pase, sin quitar la muleta de la cara y sin mover de su sitio aquella pierna izquierda -la pierna «eje»-, volvía a tirar del toro y repetía la suerte, logran­do el toreo en redondo”(José ALAMEDA, op. cit., pág. 179). Con ello, no hace sino recalcar dos cosas: primero la importancia de la cargazón del peso del cuerpo sobre la pierna de entrada, fija en su terreno, inmóvil; y segundo que para ligar no es necesario atrasar la pierna cargada, sino que “la pierna eje” permanece en su lugar, afianzada sobre el terreno conseguido, para, al generar el lance siguiente volver a volcar el peso del cuerpo, como lo hizo en la primera ocasión, sobre la misma. (…)
Otros mucho más ortodoxos, como Rafael Ortega, han sido explícitos en sus comentarios: “Hay que colocarse a la distancia adecuada, y desde ahí traerle en­ganchado, citando con la voz y con la muleta, echar la pierna delante para cargar la suerte, muy despacio y prendido para, finalmente, rematar el pase detrás. No hay que llevarse la muleta al costado, porque entonces lo que le pegas es medio pase” (José Luis RAMÓN, Todas las suertes por sus maestros,Espasa, Madrid, 1998, pág. 261). (…)
El cargar la suerte pese a que muchos se lo atribuyen directamente a Juan Belmonte, también es un concepto que pasa más allá de los dos siglos de vida. Se encuentra perfectamente detallado en la tauromaquia de José Delgado publicada en 1796, y desde entonces se ha repetido de manera habitual en la mayor parte de las tauromaquias escritas. Es verdad que, una cosa es mencionarlo en un texto escrito, y otra, como siempre, llevarlo a la práctica. Probablemente con Juan Belmonte se pusiese, no ya de moda, sino en práctica habitual con aquellos toros que por aquel entonces lo permitían, y que tanto Domingo Ortega, como Rafael Ortega, o Marcial Lalanda, por citar tres de las más importantes tauromaquias contemporáneas, lo subrayan como componente imprescindible del lance, imponiéndolo como requisito imprescindible en el buen toreo. Otro de los defensores de la cargazón, entendiéndola en su doble acepción, de adelantar la pierna y volcar sobre ella el peso del cuerpo, ha sido el madrileño Antonio Chenel, Antoñete: “El natural, uno de los pases más puros y fundamentales, es un per­fecto resumen de mi manera de entender el toreo: en él hay que avanzar la pierna contraria, dar el pecho al toro, adelantar la muleta y, finalmente, lle­varle atrás lo más despacio posible”, y añade más adelante “No haría falta decir que al echar la pierna adelante te obligas a cargar el peso del cuerpo en el muslo izquierdo, produciéndose en este momento un cambio ya que antes, en el cite, todo el peso se había cargado sobre la derecha. Lógicamente, tienes que meter los riñones” (José Luis RAMÓN, Todas las suertes por sus maestros, Espasa, Madrid, 1998, pág. 252). (…)
Tauromaquia contemporánea: Domingo Ortega
Y así, fruto de una conferencia pronunciada en el Ateneo de Madrid, el 29 de marzo de 1950, surgirá El Arte del Toreo de Domingo Ortega (Madrid, Revista de Occidente1950; aunque para la ocasión hemos utilizado la edición de Valencia, Diputación Provincial de Valencia, 1985). (…)
Una buena parte de la culpa de no ver torear se encuentra, y es su opinión aunque yo la comparta en buena medida, en que “los aficionados… no han sido consecuentes en sus convicciones, probablemente porque han sido partidarios de las personalidades de los toreros, pero nunca, o casi nunca, conscientes de las buenas normas de practicar el arte” (pág. 13).
Y es que, en su opinión, “Los aficionados tienen mucha culpa por no haber seguido fieles a las normas clásicas: Parar, Templar y Mandar. A mi modo de ver, estos términos debieron completarse de esta forma: Parar, templar, Cargar, y mandar; pues posiblemente, si la palabra cargar hubiese ido unida a las otras tres desde el momento en que nacieron como normas, no se hubiese desviado tanto el toreo” (pág. 15). Véase como Domingo Ortega, por caminos diferentes, llega a postular los elementos del toreo tal y como se hiciese antes en tantas ocasiones, desconociendo, eso sí, que el cargar la suerte estaba ya postulado casi desde sus mismos inicios, desde la tauromaquia de Pepe-Hillo. “Sin cargarla suerte, no se puede mandar, y, por lo tanto, en este término iban incluidos los dos”, añadirá a continuación en detalle muy apreciable. Y explicará su significado en las siguientes palabras: “Cargar la suerte no es abrir el compás, porque con el compás abierto el torero alarga, pero no se profundiza; la profundidad la toma el torero cuando la pierna avanza hacia el frente, no hacia el costado” (pág. 15). Cargar la suerte, por tanto, es adelantar la pierna de la mano del cite ganando terreno al toro, poniendo sobre ella el peso del cuerpo de manera que impida retroceder, que el mérito del lance sea mayor porque hay que desviar aun más la trayectoria del toro. En estos tiempos que tan frecuente es el toreo de perfil, con el compás muy abierto en ocasiones, y donde la pierna de la mano del cite se separa hacia atrás para alargar el pase, pero en definitiva retrocediendo, ¡cómo resuenan las palabras de Domingo Ortega en la conciencia del buen aficionado! (…)
De un Ortega a otro, Rafael, el tesoro de la Isla
Años más tarde, y fruto de la meditada actividad de otro diestro singular, Rafael Ortega, uno de los más grandes lidiadores y estoqueadores del siglo XX, vería la luz otra obra imprescindible en el panorama de las tauromaquias contemporáneas. Se trata de El Toreo Puro, una sentida y espontánea charla en torno a la autenticidad y las bases del arte de la tauromaquia (utilizo la edición de Valencia, Diputación Provincial de Valencia, 1986)… Se trata, por tanto, de una obra nacida y concebida en las dos últimas décadas del siglo XX, y por ello con el telón de fondo de la más palpitante actualidad del toreo, algunos de cuyos diestros siguen placeándose por los cosos de este mundo. (…)
Su concepto del toreo, en buena medida, está ligado al del maestro de Borox: “Citar, parar y mandar. Se le echa al toro el capote o la muleta para adelante, y es el cite. Luego, usted para al toro. Y luego, usted lo manda, lo lleva y lo despide. Yo sé que en la tauromaquia de Belmonte se dice: parar, templar y mandar, y también sé que Domingo Ortega añadió: parar, templar, cargar y mandar, que es lo que da mayor pureza al toreo. Pero para mí es importante algo previo, citar, o sea, echarle el trapo para adelante al toro. Llamarlo con la muleta quieta no es citar. También es malo llamarlo con la zapatilla. El torero que lo da no es buen torero porque eso es robar el pase, es la muleta la que tiene que adelantarse y citar. Así que lo que yo veo, para hacer el toreo puro, es esta continuidad: citar, parar, templar y mandar, y a ser posible cargando la suerte” (págs. 39-40). (…)
Y sin embargo vean que claramente explica la importancia de un lance como la gaonera: “Por el contrario, sí “he sentido” el echarme el capote a la espalda, que ahora no lo hace nadie [escribe en 1986, cuando el lance era excepcional]; ese es un toreo también muy puro, porque yo me echaba el capote a la espalda,citabaechaba la pierna para adelante y cargaba la suerte, así que era un toreo de más exposición, pues tiraba del toro con medio capote como si estuviese toreando con la muleta [pero con el toro vivito y coleando]” (pág. 43).
Y dentro de su concepción artística de los lances no podía faltar la descripción de la verónica: “La verónica pura, la que rompe y domina al toro, es la que se da con las manos bajascargando la suerte y ganándole terreno al toro. El toro tiene más fuerza que tú, y si no comienzas a dominarlo con el capote, como digo, se te impone, y el torero va a la deriva… Así que a los toros yo procurabaligarles la verónica honda, con el capote recogido, cargando la suerte y arrastrándolo, para que el toro humillara” (págs. 43-44). (…)
“Como ya he dicho antes, el torero tiene que dominar siempre al toro, pero llevándolo largo; el torero que se va a la oreja del toro, para castigarlo, no torea” (pág. 47). Y añade: “El pase debe darse,cuanto más largo mejor, pero con cite y con remate, y quedándose uno colocado para ligar el siguiente. El toro tiene que venir humillado, metido en la panza de la muleta y con la suerte cargada. La mayor parte de los toreros lo que hacen es descargar: tú citas por un lado o por otro y, en vez de echar para adelante la pierna contraria, lo que haces es echar la otra para atrás; y eso no es cargar, es descargar. El toreo bueno es aquel en que cargas la suerte y apoyas el peso sobre la pierna contraria; y la última parte del pase ha de permitir que el toro te deje colocarte de nuevo sin modificar el terreno, pues lo más clásico y lo más puro es que, en la faena, cuanto menos andes, mejor” (pág. 47). (…)
Marcial Lalanda, dictando, también era el más grande
Contemporánea a ésta, aunque nacida de una más prolongada trayectoria vital, es otra tauromaquia escrita –más bien dictada- por otro matador de toros universal: Marcial Lalanda del Pino. Marcial se la dictó a nuestro buen amigo Andrés Amorós, que supo darle la forma literaria adecuada. Conste que en el proceso previo, Marcial mantenía con nosotros, cuando éramos jóvenes aficionados, largas charlas sobre el toreo, donde pudimos escucharle muchas de las cosas que resumiría en su tauromaquia, incluso invitándonos a ayudarle en la labor de redacción. (…) La Tauromaquia de Marcial Lalanda vería la luz en1987, en la editorial Espasa Calpe (manejamos la de Madrid, Espasa Calpe,1988; Colección La Tauromaquia nº 11).
Para Lalanda un concepto básico de la tauromaquia en esa pequeña recta final del siglo XX, es el de ligar. Pero, aclarará “No hay que confundir ligar los muletazos con dejar el engaño, tapando la cara al toro. Ligar una suerte con otra supone terminarla, de una a otra. Mucha gente lo confunde, pero no es lo mismo” (pág. 75). Y añade nuevos conceptos: “Cada lance tiene su distancia justa, para que el toro tenga su acometida. A partir de ahí el torero ha de parar,templarmandar y cargar la suerte. Incluso una serie de pases no debe confundirse con esa noria en la que el toro no ve lo que embiste y el torero ha citado y está situado en la pala del pitón. Debe estar de frente o un poco oblicuo, pero a la distancia precisa” (pág. 75). Comentarios muy interesantes para evaluar el mérito de los espadas modernos, como el que añade a poco: “Con frecuencia vemos ahora cómo el toro da un paso o dos, nada más, y se queda en la misma tripa del torero, con el pitón a tres dedos de él, pero fijo en la muleta, que tiene a treinta o cuarenta centímetros. Y es a la muleta a la que embiste, claro. El toro acude al movimiento o al ruido” (pág. 76), en clara crítica a arrimones absurdos. Y es que, a su juicio, “este toreo encimista es uno de los grandes males de la forma actual de interpretar el toreo, sin duda, porque desvirtúa la pureza de la Fiesta. Quizá ese ha sido uno de los secretos del éxito de Antoñete, aparte de su gran calidad: muchos espectadores han descubierto la emoción que supone llamar al toro de lejosdarle su distanciaverle venir,aguantarledarle la salida adecuadamente. Para muchos nuevos aficionados, resultaba, por desgracia, algo insólito” (pág. 76). E insiste: “el encimismo suele ir unido al parón, a torear en la pala del pitón, al toreo paralelo” (pág. 78). Y junto a ello defiende, junto a su gran amigo Domingo Ortega, el cargar la suerte, “absolutamente fundamental”, nos dirá, y se lamentará de lo contrario: “Hoy, por desgracia, lo habitual es lo contrario: descargar la suerte, echar la pierna atrás” (pág. 76).
Mucho más se podría traer a colación, pero con lo expuesto en ese trabajoElementos técnicos del arte de torear, creo que por el momento es más que suficiente. Muchas gracias.”
Magistral lección de tauromaquia. Muchas gracias a usted, Don Rafael.
Fuente : http://malagatoro.blogspot.com/2012/05/tauromaquia-para-postmodernistas.html