EL EJE DE LA LIDIA

EL EJE DE LA LIDIA
"Normalmente, el primer puyazo lo toman bien los toros, y si ése fuera el único del tercio, todos parecerían bravos. En el segundo ya empiezan a dar síntomas de su categoría de bravura. Y es en el tercero donde se define de verdad si el toro es bravo o no. En el tercer puyazo casi todos los toros cantan la gallina, se suele decir". JOAQUÍN VIDAL : "El Toreo es Grandeza". Foto: "Jardinero" de la Ganadería los Maños, primera de cuatro entradas al caballo. VIC FEZENSAC 2017. Foto : Pocho Paccini Bustos.

viernes, agosto 31, 2012

LA VIGENCIA DE DON LUIS FERNÁNDEZ SALCEDO


jueves, 30 de agosto de 2012RCB

"Prólogos de ayer que parecen para hoy"

"Esta pasada tarde, repasando algunos libros raros de toros, me he encontrado, con enorme placer –por cierto- con un prólogo olvidado del que siempre he considerado como mi mayor y mejor maestro en estas liudes taurómacas, don Luis Fernández Salcedo.  No voy a descubrirles ahora la figura del que puede ser considerado como uno de los mejores escritores taurinos de todos los tiempos, su perfecto manejo del castellano, su brillante aproximación al campo bravo de Colmenar, sus inigualables “Cuentos del Viejo Mayoral”, su amplia doctrina sobre el toro bravo como ¡esencia y elemento indispensable en la corrida, son de todos –creo- conocidos. Y si hay alguien que no lo conoce todavía, quizá esté perdiendo tiempo para hacerlo, ¡vaya y cómprese cualquiera de sus exquisitos libros!


Sorpresa, porque no recordaba en absoluto el prologuillo de marras, en libro del abogado portugués Dr. Saraiva Lima que a la par que al mundo del derecho nos dejó una ingente obra taurómaca y que hizo más que pinitos en la crítica taurina en su país. El libro, “Panorama del toreo en Portugal” es fruto de una conferencia que el autor pronunció en el Salón de Actos del Ateneo de Madrid, el día 11 de julio de 1949. Lleva un Preámbulo de Ricardo García K-Hito y un comentario, a modo de prólogo, de Luis Fernández Salcedo.
Don Luis, como cariñosamente le llamábamos aquellos jóvenes de entonces, escribe en el prólogo cosas verdaderamente admirables. Estamos en 1949 todavía, el libro vería la luz en los inicios del siguiente año. Escuchen… o lean:
Apenas estrechó mi mano, como consumado prestidigitador, sacó de la bocamanga un ejemplar de su obra “Da barreira” y abriéndolo por la página 185 me mostró un artículo titulado “A missao da critica”, al frente del cual había esos rengloncitos cortos, debajo de los cuales suele ponerse, entre paréntesis, Plinio el Viejo o La Rochefoucauld. Pero esta vez dicen solamente Fernández Salcedo.  Tuve curiosidad por leer la cita que decía así: “La crítica ha perdido totalmente su misión orientadora del público, la de contrariarle en sus gustos, que es la principal, aunque la meno grata”.
-¿Qué le parece?
-No está mal traído.
-¿Recuerda haberla escrito?
-En absoluto.
-Poes lo tomé de “Los viajeros para Diego de León”
-Me extraña que me atreviese a tanto…”.
Hasta aquí la cita. ¡Vaya frase! ¡Qué completa actualidad! Hoy que la crítica tanto acompaña a la mayoría, por no indisponerse con las empresas, con los toreros, con los ganaderos y con la masa del público, ¡cuánta falta hace que se la recuerden! Caramba, no estaría de más que la grabasen en letras de bronce en el frontispicio de las Facultades de Periodismo. Sé que es incómoda esa labor, ingrata tantas veces, pero a su vez tan necesaria… Pero claro, como dijo otro gran escritor, crítico y aficionado como Edmundo G. Acebal, para ser crítico se necesita saber, al menos, quién fue Valentín Martín… y eso hoy no lo saben más que cuatro aficionados, añado yo.
Don Luis Fernández Salcedo, tal y como le recordamos, pero sin bastón...
Sigamos… Don Luis añade que le sorprendió gratamente una comparación que a muchos puede resultar cuando menos curiosa, pero dejen que lo explique:
Fue para mí una nota de gran originalidad, y atrayente sentido crítico de altura, la comparación de Simao da Viega y Joäo Nuncio con “Gallito y Belmonte”. A primera vista parece fuera de lugar comparar a dos rejoneadores con dos espadas y, sin embargo, desde el primer momento prendió en nosotros el impecable razonamiento de Saraiva. En efecto, la lucha entre gallistas y belmontistas no fue más que la pugna de dos ideas eternas: la del clasicismo a ultranza y la de la renovación a fondo. Se comprende perfectamente que cada cual, según su temperamento opte por una u otra manera de reaccionar ante la realidad y por eso el choque, o mejor dicho, el entrelazamiento de las ideas básicas, a pleno sol y en la imparcial y abstracta redondez del ruedo, tiene que ser siempre un espectáculo maravilloso”.
Y añado yo, ¿no se sigue produciendo todavía en nuestros días ese choque? Los que gustan del clasicismo de Morante, ¿no enfrentan su pasión a la de los que gustan del revolucionario –y para mí sin fundamento plausible- paso atrás que tanto se `practica para ligar cediendo terreno al toro? Dos formas de ver el toreo…, ayer como hoy.
Pero don Luis nos recuerda que “Aquellos siete años [los del emparejamiento de José y Juan] –no nos cansaremos nunca de decirlo- fueron la edad de oro del toreo. Ni antes se llegó nunca a una síntesis tan perfecta, ni después se ha vuelto a alcanzar la meta, que cada vez se ha de ver más lejana. Por eso “Gallito” y Belmonte tienen la categoría de símbolos, y cualquier comparación, que razonadamente se proyecte sobre sus figuras, dará en el blanco y se quedará para siempre en nuestro recuerdo”.
Se queja Ferández Salcedo de aalgo que hoy es ley absoluta en el toro: “Aquí en España tenemos actualmente planteado el problema opuesto. Los toros son demasiado descorridos, es decir, exageradamente claros, nobles, pastueños, inocentes e ingenuos y en ese mar de dulzor se va `perdiendo la emoción, que es la base de la fiesta”. Parece como si lo hubiera escrito yo mismo antes de ayer, pero está escrito en 1949, ¿qué cambio habría visto el que fuera ganadero de Martínez en los ganados de esos últimos años? Y añade: “Pues bien, el ganado bravo, que en manos de los competentísimos ganaderos españoles se moldea como barro de escultor, en la actualidad se está pasando del punto de dulce. Y como la sensación de ser el toro temible ya apenas procede de la edad, de la corpulencia, de los pitones o de la bravura auténtica, si tampoco va a dimanar del lado de una pequeña dificultad… ¡estamos perdidos! Cuando el público dice: `Eso lo hago yo´, se acabaron las ovaciones”.  
Ahonda párrafos más adelante en la idea: “Los ganaderos han logrado un toro tan bueno, tan bueno para el espada que… dentro de muy poco va a virar a malo”. Parece que sentencia el actual camino del toro en pos de la toreabilidad; recuerden no obstante, que esto se escribió en la raya de la mitad del siglo anterior, cuando los toros aunque manejables ya, tenían bastante más casta que los actuales… pero el camino es idéntico.
Comenta, a continuación, la opinión de Saraiva defendiendo que en Portugal los toros deberían correrse en puntas, lo que fue contradicho por el Embajador portugués en el almuerzo subsiguiente. Y entonces, el bueno de don Luis, nos dice dos o tres cosas también francamente interesantes: “Hay quien opina que el toro, acostumbrado a manejar un cuerno de 40 centímetros cuando éste tiene 36 [fruto del afeitado en España] se detiene 6 centímetros antes de llegar al objeto. Esto es absurdo. Suponeos que un criminal apuñala a varias personas con un cuchillo de 30 cms de largo. Si un buen día lleva uno que solamente tiene 20, es imposible admitir que levante la mano y al dejarla caer sobre su víctima la detenga 10 cm antes de herirla, porque el brazo representa una fuerza en movimiento, que no se detiene hasta que encuentra un obstáculo; en este caso el pecho de la víctima. Otros aficionados sostienen que la razón de cortar las puntas es porque, no teniéndolas, es imposible que el toro puntee en la muleta, detalle que molesta hoy casi tanto a los diestros como la presencia de banderillas en el morrillo”. Y sigue apuntando: “Hay quien cree que la razón del afeitado es de orden puramente psicológico, ya que el espada, al saber que a su enemigo le han suprimido cuatro dedos de pitón, experimenta una satisfacción equivalente a la del caballero que logra pasar un encendedor de contrabando”.

Un toro de Luciano Cobaleda de 1979... sin manicura -creo...-
Pero no, en su opinión “el verdadero motivo es que como los toreros son, afortunadamente, cada día más cultos, dominan la electrotecnia y saben, por tanto, que la electricidad se escapa por las puntas, y por eso dicen `fuera las puntas´, para evitar esas manifestaciones eléctricas, que en un tiempo se llamaron nervio y hoy se llaman `jiribilla´.” Más claro que el agua, el autor defiende, como yo lo he dicho en más de una ocasión, que lo principal es el quebranto físico y psicológico del toro, que le resta fuerzas y temperamento…
Pero no termina en ello, sino que sigue diciendo: “En esto del afeitado, lo peor es que ya se practica el de 2º y aun el de 3º grado. Cuando empezó la moda inglesa de llevar el rostro limpio de pelo, se creía que bastaba con afeitarse por la mañana. Pero después se su`po que la máxima duración del rasurado para un gentleman era de seis horas, es decir, que un señor, absolutamente correcto, se podrá afeitar tres veces al día; p.e. a las 8, a la 1 ½ y a las 7. Y esto mismo es lo que, al parecer, se viene haciendo a los toros, con éxito, o sea: afeitar en el campo a principios de invierno; dar otra pasada al embarcar la corrida y apurar, si es preciso, en los propios corrales. `Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad´ como dentro de poco se cantará `por ser la Virgen de la Paloma´.”  De verdad ¿creen ustedes que en esto ha habido retroceso, o siguen adelantando las ciencias una barbaridad…? ¿No se han preguntado, como yo, cómo es que muchos ganaderos afeitadores han decidido ponerles fundas a los toros para –supuestamente- preservarles sus pitones? ¿No será para que no se los vea nadie? Ya sabemos que intentan también con ello preservar de cornadas –y de posibles bajas indeseadas- a la camada… pero ya que estamos y hay que quitarles las dichosas fundas… un repasito en el mismo mueco…
La solución de don Luis, con esa gracia serrana y severa que Dios le dio, no era otra que “el final previsto es el toro llevando en cada cuerno una bola como la que remata el pasamanos de las escaleras, pintada con los colores de la divisa, para que resulte más decorativo”… ¡Qué tarde tan grata me ha vuelto a hacer pasar Fernández Salcedo…! y entre tanto en Palencia se estarán lidiando reses de  Zalduendo..."

miércoles, agosto 29, 2012

SE TIRARON LA PLATA DEL MUERTO

LA IZQUIERDA NO ES SÓLO POBREZA Y MISERIA
Alfonso Navalón
Cuando ya arranca el mes de enero de un año bisiesto, repaso la montaña de mensajes y me sobrepongo a la pereza de agradeceros esa indignación que os produce mi ausencia de las páginas de Tribuna. Sólo por vuestra respuesta valía la pena volver a escribir porque ahora tengo la verdadera medida de que mi trabajo no caía en saco roto y disfrutabais leyendo tanto como yo escribiendo. No es lo malo que me cortaran la cabeza. Lo peor es que han roto el futuro. Los jóvenes cronistas están en la escuela pancista de Molés, Palabrero, Cáceres y demás golferas. Muy pocos se han atrevido a seguir mi camino. Por ejemplo Rosa se estaba abriendo un merecido prestigio y también la han dejado muda.

De entre todos los mensajes me hace gracia la polémica entre Alberto y Montemayor sobre mi condición política. Montemayor me juzga por los hechos y creo que está clarísimo que desde niño he sido un republicano convencido. Incluso escribiendo de toros mi conducta no ha podido ser más de izquierdas. Cuando nadie se atrevía a escribir nada en contra de los empresarios opresores de los abusos de las figuras… Está claro que desde el principio estuve en defensa de la integridad del toro, de los derechos del público y de que se cumpla el reglamento caiga quien caiga. Cuando las familias terratenientes de los Domecq o los Pérez Tabernero gozaban de bula especial entre los críticos y tratamiento servil yo empecé desde El Ruedo y sobre todo en Informaciones a sacar todas sus vergüenzas a relucir. Tuve la suerte de estar a las órdenes de directores inteligentes que se dieron cuenta del cambio político y social que se avecinaba cuando ya el franquismo empezaba a ser una dictadura insostenible con los intelectuales y los estudiantes abiertamente en contra y las primeras huelgas de obreros en las calles.

Así Jesús de la Serna en “Informaciones” rechazó con decencia una visita de los cuatro grandes empresarios dispuestos a pagarle al periódico lo que hiciera falta para quitarme de en medio. El director los puso en la calle, sin dejarlos hablar de millones: “No hay dinero para comprar la independencia de este periódico”.

Pero era más difícil atacar a don Álvaro Domecq desde un periódico del movimiento, como Pueblo. Nadie se había atrevido a descubrir el origen de la fortuna de don Alvarísimo, poderoso fascista y militante del Opus. Don Alvarísimo era intocable. Yo conté desde Pueblo la falsa versión del supuesto incidente de Manolete en Méjico, cuando dicen que se negó a torear si no quitaban la bandera de la república.

Todo aquello fue una maniobra del franquismo para convertir a Manolete en torero del Régimen, como harían luego con El Cordobés. No hubo tal incidente de la bandera sino todo lo contrario. Ese día al terminar la corrida Manolete cenó en casa de un millonario catalán. Se llamaba Dalmau y vivía en la Avenida de Insurgentes. Cenó en compañía de Indalecio Prieto y brindaron por la caída del Franquismo cuando por aquellos días retiraron sus embajadores las naciones libres. Franco tuvo la suerte de tener el apoyo de Eisenhower a cambio de cederle territorio español para las bases americanas. Manolete y el ministro republicano Prieto brindaron aquel mes de diciembre: “Nos veremos en agosto en la feria de Bilbao”. ¡Se equivocaron en más de veinte años!

En Pueblo conté como Álvaro Domecq estaba sin un duro en los años cuarenta y como tenían una cuenta conjunta con Manolete. Camará y el jerezano, al morir Manolete, se quedaron con el dinero del muerto. Sólo lo sabía Lupe Sino, por eso Álvaro Domecq no la dejó entrar en la habitación del torero, cuando Manolete moribundo quería casarse con Lupe. Al año siguiente Don Alvarísimo compró “Los Alburejos”. Creo que para escribir esto en los años setenta desde un periódico del franquismo hay que tener unas convicciones republicanas muy arraigadas. Lo publiqué también en “El Correo Español” de Bilbao y la derechona vasca convenció al ganadero para que me pusiera una querella criminal. Fuimos a juicio y Álvaro Domecq no se presentó para “defender su honra” entre otras razones porque yo llevaba cuatro testigos y pruebas inapelables de lo que había escrito.

Cuando Luis Angel de la Viuda fue sucesor de Emilio Romero como director de Pueblo recibió la visita de Rodríguez Valcárcel, presidente de Las Cortes, llevaba el encargo de Álvaro Domecq de ponerme en la calle. Luis Angel dependía políticamente de Valcárcel. Pero antes de expulsarme me llamo a su despacho y cuando le conté todo lo de Manolete en Méjico y en el hospital de Linares, llamó al presidente y le dijo que no podía echarme.


  1. Creo que con estos detalles basta para saber muy claro por donde han ido mis ideologías desde muy niño. Me hace gracia que Alberto diga que he vivido siempre como un “señorito del pueblo” con todas las prevendas de la derecha de toda la vida… A mucha gente le pasa lo mismo que a Alberto: Piensan que para ser de izquierdas hay que ir en alpargatas y ser un muerto de hambre. Al menos esa es la idea que tienen los de la derechota de los “rojos”. Y como se me ha ido la mano escribiendo os contaré más cosas mañana. Al que me pasó con Fermín Bohórquez en el lujoso Hotel Cristina de San Sebastián: “Vosotros los comunistas no tenéis derecho a estar en un hotel de lujo, comer langostino y estar en barrera en los toros”… Os lo contaré.

lunes, agosto 27, 2012

La reacción del aficionado

La fiesta de los toros camina en la actualidad sin rumbo, con los entendidos despreciados y solo empeñada en satisfacer a sus protagonistas

AlvARO SUSO Bilbao 27 AGO 2012 - 00:44 CET

















La fiesta de los toros es un espectáculo singular. Es el único que no se preocupa por mantener satisfecha a su clientela y se basa en una endogámica estrategia para satisfacer los intereses de sus protagonistas, que marcan las pautas y se reparten un pastel cada vez más pequeño.
El aficionado es despreciado sistemáticamente porque debilita el sistema económico establecido para que los festejos sean rentables. La tesis de que si solamente acudiesen a los toros los denominados entendidos las entradas serían tan pobres que no se sostendría el espectáculo provoca que el aficionado quede arrinconado, y la importancia la cobre el público desconocedor de los valores de la fiesta.
Los protagonistas, toreros, empresarios y ganaderos, se encuentran inmersos en un sistema que funciona para recoger frutos de los festejos, pero lo cierto es que no hay ninguna estrategia para generar entre el público nuevos aficionados.
El aficionado es necesario. Es el que siempre está, quien se preocupa por la actualidad, por los detalles y por los valores que cada estamento representa. Pero es incómodo, porque conoce y tiene criterio, y si las cosas no se hacen bien, protesta.

Los aficionados solo lograrán hacerse fuertes si forman un bloque común
Por contra, el público es ocasional, carece de interés y solo busca divertirse sin capacidad crítica, pero se desmarcará cuando halle otro espectáculo que cuadre en su agenda o cartera.
Además, se trata al aficionado como un ser extraño, caprichoso y que no desea disfrutar en la plaza. Recibe ese estigma cuando la realidad es totalmente diferente, pues lo único que el aficionado hace es pelear contra el entramado instaurado por los profesionales que se aleja de los heroicos valores en los que se basa la fiesta.
Así, resulta cada vez más habitual que los aficionados se ausenten de los tendidos de Vista Alegre, por ejemplo. Algunos han optado por seleccionar sus entradas y no comprar todo el abono, con lo que evitaron los absurdos días de las figuras, en los que el espectáculo carecía de toros. Otros han optado por la televisión, como medio de respuesta a los excesos de unas ferias similares y carentes de novedades.
Esos que han sacrificado su tradicional peregrinación a Vista Alegre son los mismos capaces de recorrer 200 kilómetros para ver una novillada en un pueblo o reunirse en torno a un torero durante el invierno.
Ese aficionado es el que los protagonistas deberían cuidar, porque esa persona es fiel, mientras que atender al público supone lo que se ha empezado a ver este verano en las plazas vascas, donde la crisis y la variada oferta de espectáculos lleva a otras elecciones y el número de espectadores baja.
La fiesta se sostiene más en la tradición de cada pueblo o ciudad que en el interés que levantan sus protagonistas.
El aficionado a los toros es un ser independiente, que gusta de militar en sociedades con rango de peña o club, pero que se guarda sus gustos para elegir sus acciones, tanto sea para asistir a un festejo o para difundir entre sus amistades la afición que profesa.
Ahora, sin embargo, no es momento de posturas individuales, sino de que la afición se organice para defender la fiesta en bloque, igual que la atacan ciertos políticos y los antitaurinos.
Los aficionados son quienes deben hacerse fuertes y eso solo lo lograrán si forman un bloque común. Además, defenderán los valores de la fiesta, que son los verdaderos intereses que les unen y no el actual negocio endogámico que tienen tejido los protagonistas, con empresarios que son apoderados y ganaderos, en una triada que lesiona la verdad de la fiesta de los toros.
Donde los aficionados llevan las riendas, como sucede en Azpeitia, las cosas funcionan tanto artística como económicamente. Incluso en Bilbao, a pesar de que se necesita una actualización de su gestión, la fiesta tiene fuerza.
Lo malo es que el mundo de los toros siempre va con retraso y le cuesta innovar. Francia, con una afición más nueva, se mueve y busca nuevas formas que chocan con la tradicional forma de funcionar en la Península.
Los aficionados siempre han ido por libre, nunca han tomado la iniciativa y ahora es el momento de dar el paso antes de que los antitaurinos lo hagan en las instituciones, antes de que los protagonistas sigan engordando su endogámico sistema. Bizkaia tiene asociaciones importantes de aficionados y el futuro está en su mano, antes de que alguien se adelante para mal de la fiesta.

Fuente: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/08/26/paisvasco/1345995974_082745.html

domingo, agosto 26, 2012

Alfonso Navalón, la biografía comentada de uno de los grandes de la Crítica Taurina del siglo.


Homenaje al Maestro tras  7 años de su partida el 27 de agosto de 2005 
ALFONSO NAVALÓN (in memoriam)
"Alfonso Navalón, la biografía comentada de uno de los grandes de la Crítica Taurina del siglo.
Antes de empezar, quiero advertir al lector que la siguiente biografía, está escrita por un admirador incondicional. Ahora bien, no hay ni un solo dato falso. Es apasionada, pero tratando de hacer justicia, a la persona que, seguramente, más y mejor ha defendido la integridad de la fiesta en toda su historia. Tampoco la he escrito para los enemigos, o mejor dicho para los que no quieren ver, la he escrito para los aficionados honrados y honestos, que quieren saber algo más de Alfonso. De todas formas la mejor forma de conocerlo es leyendo sus artículos. Y por adelantado, sirva como un pequeño homenaje, para el mejor crítico taurino de la historia del toreo, con sus defectos y sus virtudes, como no puede ser de otra forma.
Alfonso Navalón Grande, nació en Huelva por circunstancias del trabajo de su padre, un 5 de Abril de 1933, en el seno de una familia acomodada. Al año de nacer, la familia se trasladó a Fuentes de Oñoro, de donde procedían, pueblo fronterizo con Portugal, al Oeste de la provincia de Salamanca. Es el mayor de tres hermanos.
Todo en la vida de Alfonso Navalón ha sido duro, incluso en los inicios, ya que cuando faltaban solo tres años, para que se alzaran en armas los traidores a la legalidad vigente en España, este gran crítico vino al mundo. Su familia republicana fue represaliada y perseguida. Su padre, tuvo que emigrar a Portugal la misma noche que su madre traía al mundo al segundo hermano.
En este ambiente de guerra y represalias se crio Alfonso, como tantos otros niños de España en general y del Campo Charro en particular, mientras unos traidores montaban el cuartel general en una de las fincas ganaderas de Salamanca, los demás morían en las cunetas o pasaban hambre y calamidades, a pocos kilómetros del poder fascista.
No cabe duda que en este marco Alfonso se crio en la lucha contra la dictadura y la injusticia, eso por supuesto hizo que cuando eres bravo y con casta, se creciera al castigo, nunca ha hincado la rodilla, por mucho que lo han intentado desde todos los estamentos y de todas las maneras, incluso la económica.
Muchos datos nos faltan de su juventud, ya que siempre ha tenido tantas cosas que decir, del mundo de los toros, que su vida siempre la ha contado de pasada, y siempre por necesidades del guión, nunca alegremente ni para dárselas de nada.
Sabemos que estudió Derecho en la Real Universidad de El Escorial y en la de Salamanca. No llegó a buen puerto como Jurista, ya que también le gustaba estudiar torcido en las distintas cátedras que tenía en esa época las calles de Salamanca, data de esta época su afición a tocar la pandereta en la tuna, seguramente también más por “"ligar"” que por su afición a la música.
Gran intelectual, conocedor de la Historia, así como del Arte, siendo un experto en todos los estilos, es un goce verlo ensimismado ante cualquier monumento del plateresco, gótico o románico. Defensor desde sus artículos de las bestialidades, que las distintas instituciones comenten contra cualquier monumento, aunque sea en el pueblo más recóndito.
La primera vez que se puso delante de una becerra fue a los nueve años, a los catorce ya mató su primer novillo, clase y técnica eran sus cualidades, por supuesto tres fincas ganaderas con más de mil hectáreas pertenecientes a la familia como eran, “El Aguila”, “Las Carboneras” y “El Berrocal” le habían hecho conocer lo que era un toro desde que nacía.
No sabemos porque no continuo con su pasión, ni cuando decidió pasarse a ser el mejor torero aficionado de su época. No es difícil suponer que en aquella Salamanca de la posguerra, de amos y señoritos, también en esto no tuviera ninguna ayuda. Lo cierto es que como decíamos antes, como torero aficionado lidió en festivales benéficos al lado de Domingo Ortega, Ordoñez, El Viti, Manolo Vázquez, El Capea, Robles, Manzanares etc. Sin mencionar que acudía a las mejores ganaderías para hacer los tentadores, cuando esto era un privilegio, no como ahora que va cualquiera. Se retiró en 1984 con novillos de su ganadería formando cartel con Antoñete y Roberto Domínguez, cortando las orejas y el rabo.
Ni que decir tiene que todavía hoy, se le puede ver alguna vez en su finca con alguna erala, matando el gusanillo, pero claro de eso, solo pueden dar fe sus mimados toros y vacas de su ganadería, los pajarillos de la finca y posiblemente las estrellas del cielo de Salamanca.
Como ganadero, ha cosechado grandes éxitos: El toro “Caminero” fue indultado en un mano a mano entre Espla y El yiyo. Tampoco aquí ha tenido la oportunidad de seguir indultando toros, ya que una vez más las mafias que mueven este mundo, nunca le han permitido lidiar más de dos o tres novilladas y demostrar lo que es un ganadero que lo ha mamado desde niño y ya de mayor hablando y pasando horas con los mejores ganaderos de la historia.
Lo importante, Navalón crítico taurino y columnista.
Alfonso comienza su andadura de crítico taurino en “El Ruedo” en 1964. Ni que decir tiene que era la revista taurina más importante de la época y desde los primeros momentos sus crónicas atrajeron la curiosidad de los profesionales y de los aficionados. Pronto empezó a denunciar los fraudes de los toreros en el albero, así como los “sobres” de los cronistas vendidos de la época.
También empezó a denunciar el afeitado y el fraude de la edad. Fijaros que estos temas venían sobre todo de la época de Manolete, más de treinta años de crónicas de cientos de críticos sin dar la cara y sin denunciar dos de los mayores males de la fiesta. Además, les tenían comida la cabeza a los aficionados con la edad de los toros, con el tema que en el campo se habían quedado sin toros por la guerra ¡después de treinta años!
En el año 1965 recibe el “Premio a la honestidad en el ejercicio de la crítica”.
En el año 1967, empieza en el diario “Informaciones”. Siempre con la honradez y la verdad por bandera, Alfonso se ratifica como uno de los grandes de la crítica taurina, sus crónicas son sinceras y sin tapujos, llegando a doblar sus honorarios muchos toreros debido a los artículos de Navalón, también encumbró a más de un ganadero. El periódico en un año pasa de una tirada de 7.000 ejemplares hasta los 53.000, nunca antes ningún medio de comunicación había ocurrido tal cosa.
Pasa posteriormente al diario “Pueblo” y a “Diario 16”. Posiblemente sea en este último diario donde Alfonso reciba la más grande humillación de su impecable recorrido profesional. En 1984 el Director del periódico (Diario16) supuestamente, vende su cabeza a las mafias taurinas por los abusos de Paco Ojeda. En esta supuesta maniobra estaban implicados dos políticos, que supuestamente debían de ser de los suyos por “republicanos y socialistas” , y que eran Ignacio Borrel y Enrique Mujica, pasando el tiempo cada uno esta donde debe estar, uno defenestrado de la política por sus propios compañeros y otro de Defensor del Pueblo por el PP “casi na”. Lo triste es que las mafias siguen intactas. Navalón, con más crédito entre aquellos que son lo importante de la fiesta, los aficionados.
En pleno franquismo, consiguió la destitución del presidente Pangua en la plaza de las Ventas por el fraude del rabo de Palomo. Acordaros que entonces los presidentes eran comisarios políticos del régimen (algunos los llamaban comisarios de policía ¡qué ilusos!).
Su único libro “Viaje a los toros del Sol” fue declarado texto oficial del idioma castellano en la Universidad de París, prueba irrefutable de su calidad literaria. Aunque sinceramente, este dato vale para los junta palabras y estómagos agradecidos que van exhibiendo títulos.
Como periodista y compañero, a sus órdenes han trabajado un gran número de profesionales, que después a la postre, se han convertido en grandes críticos taurinos, mencionar como ejemplo más destacado a Joaquín Vidal, recientemente desaparecido.
Creador de los coloquios taurinos al final de las corridas, con una capacidad de audiencia jamás igualada por ningún cronista. Ha pronunciado conferencias por todo el mundo taurino, siendo estas lecciones de tauromaquia. Hoy es el día que todavía asustan, ya que hay empresarios que se molestan en llamar a los hoteles donde se celebran, para vetarlo y que no se puedan celebrar. Gracias a la tenacidad de algunos aficionados, sigue llenando los locales donde se celebran.
Es el único crítico taurino de la historia que los aficionados de Madrid han sacado en hombros ¡dos veces!.
El único crítico taurino que ha saltado la barrera de una plaza, para intentar salvar a un espontaneo de la muerte, sin importarle nada la suya (cosa que no consiguió por desgracia) demostrando su calidad humana, hecho que ocurrió en Albacete, ante miles de personas.
Después de haber sido vendido por su director (por cierto, desde que se fue Navalón, el periódico fue en picado, a pesar de haber contratado al Molés para escribir de toros, ya no existe) deja de escribir durante cinco años dedicados a su ganadería.
Reaparece en el Adelanto de Salamanca, después, cuando se funda Tribuna, le ofrecen un sustancioso contrato, pasando a este periódico. Sus crónicas vuelven a tener resonancia, hasta el punto que sus más acérrimos enemigos (los de la mafia taurina) no fallan un miércoles, en leer el suplemento “La Glorieta”, donde Alfonso vuelve a sentar cátedra hablando de toros. Con la llegada de Internet, sus artículos llegan a todas las partes del mundo, siendo por estadísticas, el más leído de este nuevo sistema de comunicación. Sus crónicas tienen resonancia mundial, como por ejemplo “Fábula del torero triste, secuestrado por la señora gorda” ha tenido resonancia en todos los rincones del taurineo.
Reaparece también en los coloquios, donde logra superar los mil espectadores por noche, celebrándose en los más grandes locales de las ciudades donde los da, por ejemplo, soy testigo del casino de Salamanca a rebosar a las doce de la noche, en la pasada feria, fue televisado en una emisora local, desbancando en audiencia a todas las cadenas nacionales.
Datos fríos pero hay están, un Alfonso Navalón que han intentado sobornar, como aquella ocasión en 1980, donde le ofrecieron un talón de catorce millones de pesetas por temporada, para "cuidar a cuatro figuras del toreo, por parte de su apoderado y que eran ni más ni menos, Paquirri, Dámaso González, Capea, y Manzanares, Navalón siguió viviendo de las cincuentamil pesetas mensuales, de las de entonces, que recibía en el diario Pueblo.
Con sus denuncias consiguió, que en un año se sancionaran 126 toros por estar afeitados, así como la legalización de la edad de los toros , acabando con el fraude del utrero, Por todo ello ha sido perseguido por figuras empresarios y apoderados, tanto para sobornarle como para intimidarle con 27 agresiones la ultima en Ciudad Rodrigo por la espalda y a traición, por parte del padre de una seudo periodista local (Fijaros que hombres, que se atreven con una persona por la espalda, cuando esta orinando, con setenta años). Otra de ellas fue por el mal llamado V Califa y su cuadrilla, derribando la puerta del hotel Carlton de Bilbao, al negarse a ser sobornado con un cheque en blanco.
Su profesionalidad y su decencia, llegan al punto de denunciar públicamente en un programa de televisión que para vender sus toros, hasta él tiene que afeitar. Lo que pasa es que las mentes enfermas y traumatizadas por la ignorancia, no entienden que hay que tenerlos bien puestos para decir esto, cosa que muchos por su cobardía se lo reprochan, claro está que seguramente no tienen ni pajolera idea de lo que es la honradez y la honestidad, pobres enfermos.
Otros enfermos sin mas aspiraciones en la vida que seguir a la borregada, aceptan que es el mejor critico taurino de la historia, cosa que por los datos aportado es evidente, pero.... que si no insultara ...." Mierda", como si no fuera un insulto para el pueblo, todas las mentiras fraudes y demás trapicheos que envuelven este bendito arte, al que algunos se han empeñado en convertir en un circo. No os canséis en poner peros. Alfonso Navalón es el mejor crítico taurino de la historia, os guste o no, que podría no insultar ni meterse en la vida privada de las personas, decidme entonces ¿porque me insultan a mi todas las tardes que me siento en un tendido con sus engaños y sus fraudes?, ¿porque se meten en mi vida privada políticos traidores y politiquillos que se sirven de la fiesta, solo por sus intereses?.
¿Cómo se le puede pedir, al mejor crítico taurino, insisto, reconocido hasta por sus enemigos, después de haber sido, apaleado, insultado, injuriado y habiendole quitado hasta el pan de sus hijos, sin contar sus primeros años de infancia con una dictadura fascista, que no insulte?¿Cómo se puede hablar de los defectos del más grande (si los tuviera, que me imagino que si, por que es humano) cuando ha dado su vida por la libertad, tanto social, como la de expresión, y sobre todo por el toro, sin pedir nada a cambio?.

Este es a grandes rasgos D. Alfonso Navalón Grande. Un hombre que levanta pasiones a favor y en contra, hasta el punto de tener pendientes a sus enemigos, para que el día de su cumpleaños, en los primeros minutos del día 5 de Abril le “feliciten” por teléfono.
Alfonso Navalon Grande, Critico Taurino, Ganadero y Persona (“casi na”) la afición esta en deuda con Él, yo por mi parte, te digo en voz alta y clara “Olé Maestro y muchas gracias.
Esta biografía se termina de escribir un cinco de Abril de 2003."
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Juan Antonio Hernandez Sánchez

A las sentidas palabras que en su momento "Toni" le dedicó al Maestro, sólo me queda agregar que en efecto la afición está en deuda con don Alfonso, quien se merece en reconocimiento a su labor de defensor del TORO y del AFICIONADO, un Azulejo en la Plaza de Madrid, de donde fue sacado en hombros hasta en dos oportunidades ("casi na").

Pocho Paccini Bustos

Recordando lo que fue la suerte de banderillas

Homenajeando al Maestro
Alfonso Navalón
A media mañana sonó una voz en el teléfono que se hacía familiar a pesar de los veinte años que llevamos sin vernos. Estuve dejándolo hablar hasta que soltó el: «¡Mi arma! ¿Pero ya no te acuerdas de tu amigo ‘Vito’?». Y de pronto saltaron un montón de recuerdos, de los muchos días que vivimos en entrañable armonía nuestra pasión por el toreo. Los que me siguen saben de sobra la profunda admiración que siento hacia este personaje singular, al que pongo siempre como ejemplo del más completo banderillero que he conocido. En la distancia, Julio ‘El Vito’ va recogiendo las crónicas que le mandan sus amigos o las que le pasaba un pariente que maneja Internet. El hombre ya no pudo aguantarse más y me llamó para contar lo feliz que se sentía con este reconocimiento, cuando los aficionados de ahora no saben lo que significó en la historia del segundo tercio. «¡Mi arma! ¡Guardo tus crónicas de ahora con más cariño que las que me hacía Corrochano en el ‘Abc’!». En mi larga historia de aficionado práctico no he disfrutado con nadie haciendo tentaderos como con este andaluz que derrocha gracejo y talento en sus chispeantes charlas. Para Julio es un vicio hablar de toros. No se parece a José Tomás ni a los toreros de ahora que se quitan el traje de luces y se convierten en ciudadanos anodinos, la gente que nos conoce dirá que estuve también muchos inviernos andaluces tentando al lado de Pepe Luis Vázquez y que no voy a comparar a un genio del toreo con un simple banderillero. Ya lo sé, pero Pepe Luis es más tímido y más reservado. Pepe Luis da muchas largas cambiadas porque no quiere complicarse la vida. A Pepe Luis hay que oírle después de las doce de la noche, cuando ya tiene encima media docena de güisquis. Como aquella madrugada en ‘El Toruño’ de los Guardiola, cuando andaba escribiendo ‘Los Toros del Sol’ y Don Salvador me reservó una sorpresa emocionante: «Usted habrá toreado cientos de vacas, pero seguramente no se habrá puesto delante de un cinqueño». Así que tragué paquete y afronté la prueba. Era un toro que no se podía lidiar porque tenía un bulto en el costado. Y allí estaba Julio ‘Vito’ con el capote pronto por si pasaba alguna ‘esaborisión’, y Pepe Luis con su discreción de siempre. Esa noche nos dieron las tantas hablando de toros. Los hijos de Pepe Luis (todavía unos niños) dormían en los divanes mientras el maestro de San Bernardo, sabiéndose entre los cabales, derrochaba sabiduría. Domingo Ortega siendo también seco en palabras, era más abierto cuando sabía que tenía auditorio digno de su sabiduría. Una noche después de tentar en su finca de Segovia nos quedamos de sobremesa con Antonio Bienvenida, el escultor Sebastián Miranda y Luis ‘El Estudiante’. Faltó Cañabate, que por entonces ya estaba muy malito, mientras el trepa de Zabala rezaba para que le dejara cuanto antes la tribuna de las hipocresías del ‘Abc’. Fue una de esas noches inolvidables donde el viejo filósofo de toros sentó cátedra de lo que debe ser un buen torero. El toreo por dentro Pero lo del ‘Vito’ era distinto a todo. Conocía el toreo por dentro y desde abajo, había sido figura de los novilleros, matador a la sombra de su padrino Carlos Arruza, luego el mejor banderillero de esta época y después también maestro en el arte de escoger en el campo la corrida que mejor le iba a cada torero, a cada plaza y a cada empresario. Entre Domingo Ortega y ‘El Vito’ hay la misma diferencia que entre una conferencia de Don Miguel de Unamuno y la vida del Lazarillo de Tormes. Por mucha gloria que alcance Unamuno, las aventuras de Lázaro quedarán para siempre en el alma del pueblo. Una hora me tuvo al teléfono. Un torrente de recuerdos. Entre lo mucho que habla Julio y lo poco que me gusta estar callado, había que recuperar el tiempo perdido. Lo conocí un invierno a principios de los sesenta cuando yo acababa de entrar en ‘El Ruedo’ y paramos a comer en el Parador de Bailén con Luis Miguel, Jaime Ostos y Luis Segura. Lo más curioso de aquella reunión fueron las ocurrencias de Lucía Bosé (todavía bellísima) traduciendo al idioma casero los tecnicismos de Luis Miguel. Su conclusión fue gloriosa: «O sea, que según Luis Miguel, el secreto del toreo está en la altura y la distancia que debe llevar la muleta durante la faena». Eso es lo que nos había querido explicar su marido en media hora de pontificar. De pronto, nos quedamos sorprendidos ante dos hombrones que estaban pegando carreras y saltando los setos del jardín. Eran ‘El Vito’ y Luis González que entonces iban de ‘pareja-espectáculo’ en la cuadrilla de Ostos. Iban a torear un festival en Andújar y aquella tarde Luis Miguel dijo que me fijara en un muchachote fornido de Zaragoza: «Ése acabará cuajando en un gran banderillero». Y no se equivocó. Aquel mañico era Pepito Gracia, hijo del conserje de la plaza de Zaragoza y padre de ‘El Tato’, el inesperado nuevo ‘manager’ de El Juli, que de pronto ha olvidado todo el cariño que siempre me ha tenido su familia y de la sorprendente memoria de su padre que se sabía algunas de mis crónicas y las soltaba de golpe en las muchas noches de juerga que pasamos juntos. Aquellos tentaderos No puedo reflejar en esta crónica la historia de esa hora telefónica anotando cuando íbamos a los tentaderos de Urquijo en el Cortijo de ‘Juan Gómez’. Allí se tentaba después de la feria de Sevilla cuando ya el sol achicharra. Empezábamos al amanecer y tentábamos diez vacas hasta que empezaba a calentar. Luego volvíamos a las siete hasta que se hacía de noche. Entonces probamos aquel semental ‘Dominó’, un prototipo de Murube que salió extraordinario. Se lo compró Litri en un millón de los de entonces (cuando las corridas valían sesenta mil duros) y fue un desastre de semental porque no ligó con ninguna vaca. Otro día fui a tentar a lo de Joaquín Buendía, cuando aquellos santacoloma salían rabiosos de casta y los toreros decían que tenían ojos de locos cuando los miraban. Mi sorpresa es que al empezar en la placita de la ‘Hacienda Bucare’ se presentó de improviso ‘El Vito’: «Mi arma, m’enterao de cazualidá que venías a lo de Buendía en la Venta de Antequera y m’a fartao tiempo pa’vení. No te vayas a equivocá que ezto no lo conoces, que aquí una vaca te pué rajá encuantito te encantilles...». «¡Julio!, si yo estuve ya en los de Isaías y Tulio Vázquez, en lo de Albaserrada y en los gracilianos de Arranz. Pero Julio seguía en sus trece: «Y que no te vayas a equivocar, que aquí te puede pasar de todo cuando más descuidado estés». No pasó nada. Las vacas salieron muy picantes pero manejables si se les tapaba bien la cara con la muleta. Mi amigo ‘Vito’ no respiró tranquilo hasta que no le dimos puerta a la última. Entonces comprendí el gran respeto que les tenían los toreros a los torillos terciaditos de Santa Coloma. Y por qué las figuras de ahora no han descansado hasta quitarlos de todos los carteles. Prefieren los borregos de Domecq porque ¡Dios te libre de un Santa Coloma listo! Amigo leal Julio defendió siempre mi amistad. Cuando el taurinismo empezó a odiarme por ‘derrotista’ siempre sacaba la cara por mí. Una noche en los premios de ‘Río Grande’ en Sevilla un grupo de cronistas andaluces empezaron a despotricar contra mí. Julio pegó un puñetazo en la mesa y los cortó en seco: «A los buenos toreros le hacen falta muchos críticos como Navalón, que sabe de esto y no cuenta mentiras como todos ustedes». Y desde entonces, cuando está él delante nadie se atreve a soltar una guasa contra mi persona. Algo parecido ocurrió años después con Antonio Ordóñez, también en los premios de ‘Río Grande’ cortó en seco a los difamadores y se extrañaron que siendo enemigos de muchos años sin hablarnos, el rondeño se pusiera de mi parte: «Entre todos vosotros no le llegáis a la suela del zapato». Seguimos otro par de años sin hablarnos hasta que un día hicimos las paces en la feria de Albacete, cuando Danielico Ruiz era solo el corralero de los Choperitas. Dios te guarde Julio’Vito’, flor de los banderilleros, rumbo y señorío de los toreros viejos, de los pocos que vivieron enamorados del traje de luces como la ilusión suprema de su vida. Y que sirva de ejemplo cómo un crítico maldito y un grandioso torero pueden ser amigos hasta la muerte.

Fuente: http://www.alfonsonavalon.com/paginas/ultimas%20cronicas/29.htm

viernes, agosto 24, 2012

EL TOREO ES COMO UN SUEÑO



Homenajeando al Maestro
Alfonso Navalón, Pueblo, mayo de 1981.
El cuarto había salido huyendo de los capotes, y le dio abundantes coces al peto las cuatro veces que salió huyendo del picador. Descompuesto en banderillas, cuando Antoñete toma la muleta con el público en contra, el toro está emplazado en los medios y reculando al ver al torero. Antoñete se va a los medios, se dobla con él con torerísimoempaque y, sin más, se va lejos, dejándose ver, y cita al natural. El manso va pegando oleadas y el viejo torero, serio y sobrio, lo embarca en soberbios naturales, sin ceder ni un palmo de terreno. No lo entendían, era todo demasiado sencillo y demasiado grandioso. De pronto estalla el primer olé cerrado y rotundo. Antoñete ha rematado el último natural abanicando el costillar, y le ha dejado la muleta en el hocico y la pierna adelantada para echárselo a la hombrera en un pase de pecho antológico. Ya es suya la plaza. Los ignorantes no protestan. Los aficionados se mueren de gusto viéndolo. El toro escarba y recula. Otra tanda de naturales con el medio pecho por delante y la muleta mecida y limpia. Cambia de mano y abre el compás de los derechazos, y luego el regusto de los recortes, de las trincheras a dos manos, del desmayo del remate dejando la muleta muerta debajo del belfo y saliendo airoso sin mirar al toro, seguro que había quedado allí, fijo y dominado. Estábamos soñando el toreo sentido y desgranado con pasmosa naturalidad. Yo que Antoñete no hubiera recibido aquella oreja. Estas cosas no se pueden medir por un pañuelo de más o de menos que saque el funcionario del palco. Estas faenas sólo se pueden medir por la huella que dejan en el recuerdo, y la recompensa justa hubiera sido una flor nada más. Perdona, lector, que después de ver esto no empuerque la crónica hablando del segundo espada. No sería elegante mezclar la grandeza de unos muletazos cargados de solemnidad con la vulgaridad de unos trapazos que hacían reír a la gente.

ADIOS A UN TORERO DE CRISTAL. 
Con su marcha se han cerrado las páginas de una torería inolvidable
Antonio Chenel, genio bohemio del toreo, se ha ido de una forma patética, con un cigarro entre los dedos y arrastrando dolorosamente una decadencia física que no podía sobreponerse a su exquisito sentido del toreo. Ha sido el último artista que me ha emocionado en la plaza, y luego Curro Vázquez, hasta caer en el desierto de funcionarios y mecánicos del traje de luces. Antonio, golfo donde los haya y al mismo tiempo ingenuo como un niño, me ha brindado momentos irrepetibles. Hemos sido dos biografías disparatadas y sin provecho, mientras se hacían millonarios los chupones mediocres que nos rodeaban. Hemos toreado juntos un montón de festivales y tentaderos, y nos ha llegado el amanecer entre el humo y las copas. Y lo he visto gozar y luego llorar una noche en mi casa cuando se marchaba a América sin saber lo que iba a liquidarse esa temporada el dictador Chopera, después de salvarle su gran negocio de Las Ventas. Mientras Curro se 'ponía' millonario haciendo el paseo y poco más en La Maestranza. Antonio, al final de su vida cayó en manos de un proxeneta que lo embarcó en la crueldad de vestirlo de luces cuando ya no tenía ni salud. Antes lo estrelló Chopera en aquella despedida despiadada con seis moruchos destemplados. Luego ese falso cronista explotador paseó la ruina de su gloria para exprimir el respeto a su recuerdo con una ignorancia temeraria de lo que es ponerse delante de un toro. Todos sabíamos que cualquier tarde se le podía parar el corazón en esa locura senil de arañar unas pesetillas muy amargas. Nos dolía verlo hundido en ese disparate sin gozar de una mujer que lo adora y de un hijo-nieto que es el mayor tesoro de su vida. Y así, su gloria de artista acabó burdamente en el balón de oxígeno de una ambulancia cuando ya no tenía ni resuello para sostener la muleta. Mientras su explotador decía en los micrófonos que Antonio era el ser que más adoraba. Y todos sabíamos que estaba haciendo de sanguijuela y de puntillero. Se nos ha ido un torero de cristal y con él se han cerrado las páginas de una torería inolvidable