EL EJE DE LA LIDIA

EL EJE DE LA LIDIA
"Normalmente, el primer puyazo lo toman bien los toros, y si ése fuera el único del tercio, todos parecerían bravos. En el segundo ya empiezan a dar síntomas de su categoría de bravura. Y es en el tercero donde se define de verdad si el toro es bravo o no. En el tercer puyazo casi todos los toros cantan la gallina, se suele decir". JOAQUÍN VIDAL : "El Toreo es Grandeza". Foto: "Jardinero" de la Ganadería los Maños, primera de cuatro entradas al caballo. VIC FEZENSAC 2017. Foto : Pocho Paccini Bustos.

martes, junio 28, 2011

EL LIBRO ESCRITO POR ALEJANDRO PÉREZ LUGÍN "DON PIO" ( I )

EL LIBRO DE RAFAEL GÓMEZ "GALLITO"











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Fuente: Extraida de la Biblioteca de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

Continuará.....

lunes, junio 27, 2011

VA POR TÍ AMIGO PERICO

Un SEÑOR encerrador de toros de ACHO.
















Fuente: Sanchis Cortés Lirismo y Bravura, Lorenzo Berenguer Palau.Agualarga Editores,Madrid 2003.

¿QUE ES TOREAR?

Gregorio Corrocano
(Ilustraciones de Andrés Martínez de León)


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Fuente extraida de la Biblioteca de la Pontificia Universidad Católica del Perú 

miércoles, junio 22, 2011

"ASÍ ES LA FIESTA, ASÍ FUE SIEMPRE"

El gran espectáculo

JOAQUIN  VIDAL 02/06/1982


 Plaza de Las Ventas. 1 de junio. Vigésima corrida de la Feria de San Isidro. Toros de Victorino Martín, de impresionante trapío, casta y nobleza excepcionales; al cuarto se le dio la vuelta al ruedo.
Ruiz Miguel: Estocada corta y descabello (oreja, dos vueltas al ruedo y aclamaciones de "¡torero!"). Dos pinchazos y estocada caída (oreja y clamorosa vuelta al ruedo). Luis Francisco Esplá: Dos pinchazos y estocada corta (aplausos y saludos). Media estocada recibiendo (dos orejas). José Luis Palomar: Estocada tendida perdiendo la muleta (oreja, dos vueltas al ruedo y aclamaciones de "¡torero!"). Estocada atravesada que asoma y descabello (oreja). El ganadero, el mayoral y los tres espadas dieron la vuelta al ruedo a la muerte del quinto toro y al acabar la corrida salieron a hombros por la puerta grande.
Los toros, con trapío y casta; los toreros, con oficio y valientes. Así es la fiesta, así fue siempre y por eso era, como lo fue ayer, ese espectáculo grandioso y único que arrebata multitudes.
A los lamentos de los empresarios cuando la gente no pasa por taquillas, conviene responder que lloran su propia estulticia, porque son ellos quienes echaron al público de las plazas con ese subproducto fraudulento y hortera que inventaron para que unas figuritas de mentira exhibieran su mediocridad con las borregas.
Al público le vuelve a meter en las plazas la corrida verdadera, la de ayer; la que tiene emoción en todos los tercios; aquella en cuya lidia lances y suertes se multiplican y cuanto sucede en la arena suspende el ánimo, pues hay fiereza en el toro y el torero la somete con valor, técnica y galanura.
La corrida que vimos no llegó a ser la mejor de las posibles; otras habrá con toros más bravos y faenas más completas. Fue, en cambio, un modelo de autenticidad, y gracias a ella la emoción se enseñoreó del espectáculo. El público, que abarrotó el coso, vibraba con un entusiasmo pleno, y se satisfacía del reencuentro con la fiesta de siempre, la que viene reclamando durante años con pasión y fe de iluminado.
Salieron los victorinos irrepochables de trapío, impresionantes de cornamenta, y bajo su capa cárdena lucían esa personalidad que los distingue de sus congéneres. Tenían la estampa de la agresividad encerrada en una lámina armoniosa, esbelta, pletórica de poder. Y además derramaron la más pura casta, nobleza, y algunos también bravura excepcional. Cada una de sus embestidas suponía un ¡ay! de angustia, aunque las dieran con boyantía, pues el toro de casta transmite en todos sus movimientos esa sensación de peligro. A excepción del tercero, que acusó mansedumbre, todos los demás fueron buenos. Sobre todo el primero, un toro de bandera, codicioso, bravo en varas y nobilísimo en la muleta; mucho más bravo y merecedor de premio que el cuarto, al que dieron la vuelta al ruedo.
Ruiz Miguel, en una de sus habituales tardes de pundonor y entrega, aureolada por el continuo homenaje popular a su torería y a cuanto significa, muleteó a ese primer toro, reposado, dominador e incluso con destellos de inspiración, que alcanzaron momentos de gran belleza cuando en el platillo ligó una impecable serie de redondos cerrados con el de pecho de pitón a rabo.
Al cuarto, que tenía genio y se revolvía en un palmo de terreno, lo sometió por la izquierda con tanto poderío que puso los tendidos en pie mientras en la plaza atronaban los gritos de "¡torero, torero!".
"¡Torero!" fue clamor durante toda la tarde. La afición se volcó con los lidiadores, lo mismo los de oro que los de plata, pues hasta los subalternos, pasados los primeros sustos que producían las fuertes embestidas y la leyenda de la divisa, tuvieron también una actuación importante. Destacó Martín Recio el. cual dio todo un curso magistral de valor y técnica en la brega al tercero.
Ese victorino fue manejable y Palomar lo recibió con unas verónicas embraguetado, cargando la suerte y ganando terreno; lo banderilleó con facilidad, y le hizo una faena de muleta valerosa, ajustada y de honda reciedumbre, que coronó con un soberbio volapié. En el sexto, aún más noble, el bravo diestro de Soria se gustó en un trasteo variadísimo en el que hubo ayudados por alto como prólogo y como culminación; naturales cargando la suerte, y de frente juntas las zapatillas; ayudados a dos manos, cambios, afarolados, molinetes y pases de pecho echándose todo el toro por delante.
Por su parte, Esplá, que lidió y muleteó con habilidad y entrega al segundo, armó un alboroto en el tercio de banderillas del quinto tras el cual hubo de dar la vuelta al ruedo. Le había hecho un quite por faroles, al que replicó Palomar con otro por tijerillas y delantales. Ambos gozaban de las mieles que estos victorinos de leyenda llevaban dentro. Llegó el toro al último tercio con una embestida de terciopelo, y lo aprovechó para cuajar una de las mejores faenas que haya hecho en su vida. Los pases en redondo, principalmente, salían ligados con el primor del encaje y, finalmente, se adornó, arrojó los trastos a la arena y anudó la pañoleta a uno de las tremendas y asticinas astas.
Victorino Martín, que fue aclamado en distintos pasajes del festejo, ofreció en Las Ventas un corridón de toros. El público estaba como enloquecido y con frecuencia coreaba frases para proclamar los valores esenciales de la fiesta verdadera, la qué exige con pasión y fe de iluminado, pues ella es la que ha jalonado la rica historia de este espectáculo centenario. Al final, después de dos horas y media de gran espectáculo vivido con emoción creciente, los tres matadores y el ganadero, entre aclamaciones de una multitud enfervorizada, salían a hombros por la puerta grande. Y el público, pegando pases por la calle Alcalá arriba.

domingo, junio 19, 2011

PEPE LUIS VÁZQUEZ GARCÉS (III) .......editándose

PEPE LUIS VÁZQUEZ " EL SÓCRATES DE SAN BERNARDO"


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Fuente: Semanario gráfico de los toros El Ruedo Año X nº 493.Madrid 03 de diciembre de 1953.
Colaboración de Germán Urrutia Campos.

jueves, junio 16, 2011

EL CARÁCTER CULTURAL DE LA CORRIDA DE TOROS EN EL PERÚ

SOBRE EL CARÁCTER CULTURAL DE LOS ESPECTÁCULOS TAURINOS Y LA CONSTITUCIONALIDAD DE SU EXCLUSIÓN COMO SERVICIO EXONERADO DEL IMPUESTO GENERAL A LAS VENTAS

       A continuación trascribimos los fundamentos esbozados por el Tribunal Constitucional Peruano en relación al carácter cultural de los espectáculos taurinos en el territorio peruano, a propósito de la Acción de Inconstitucionalidad Expediente 017-2010-PI-TC planteada por el Colegio de Abogados de Lima Norte, contra el Artículo 2 de la Ley N.º 29168, en el extremo que modifica el artículo 54º de la Ley de Tributación Municipal, contraviene el principio-derecho de la igualdad porque el impuesto a los espectáculos públicos no deportivos considera únicamente como hecho imponible o hecho gravado, el consumo por presenciar o participar en espectáculos públicos no deportivos, pero no la presencia o participación en espectáculos públicos deportivos, como por ejemplo la asistencia al futbol profesional. Según el demandante, el legislador debió prever en única ley un impuesto que se limitara a gravar el consumo, sin distinguir de donde proviene éste, pues la naturaleza de las cosas no justifica la existencia de una ley excepcional que sólo grave los espectáculos públicos no deportivos.

  1. Debe tenerse en cuenta que mientras hay quienes niegan el carácter cultural de los espectáculos taurinos, otra posición, como la del demandante, defiende que “el arte del toreo se fue afianzando en el pueblo, hasta que fue interiorizado en la sociedad como una manifestación propia de nuestra cultura”. Señala el demandante que si el Estado en 1822 prohibió las peleas de gallos y el juego de carnavales, sin embargo, en la actualidad, es un hecho indiscutible que éstos son considerados tradiciones culturales y no se encuentran prohibidos ni tipificados como faltas o delitos.
  1. …..
  2. A juicio de este Tribunal, la actividad taurina es en nuestro país una manifestación cultural, traída con la conquista española e incorporada a nuestro acervo cultural por una afición de siglos, que se manifiesta en fiestas conmemorativas en Lima y diversas provincias del Perú, como veremos más adelante. De este modo, puede decirse que, aunque española en su origen, la tauromaquia (el “arte” de lidiar toros, según la definición del Diccionario de la Real Academia) se ha incorporado a nuestra cultura mestiza y es una expresión artística que forma parte de la diversidad cultural del Perú.
  1. Al respecto, la Corte Constitucional de Colombia ha señalado que “como manifestación de la diversidad y pluralismo de la sociedad, la tauromaquia (…) ha sido reconocida a lo largo de la historia como una expresión artística y cultural de los pueblos iberoamericanos. Lo anterior ha sido registrado de diferentes maneras por artistas del mundo como Goya, Mariano Benlliure, José Ortega y Gasset, Pablo Picasso, García Lorca, Ernest Hemingway, Orson Welles y Vicente Blasco Ibáñez” (sentencia C-1192/05, consideración 12). 
  1. …..
  1. Desde la historia, Del Busto Duthurburu resalta que la Plaza de Acho de Lima, de 1776, es la más antigua de América, aventajada en vejez sólo por dos plazas en el mundo: Sevilla (1760) y Zaragoza (1764). Este historiador da cuenta del éxito en Madrid, a fines del siglo XVIII, del torero limeño Mariano Cevallos, inmortalizado por Francisco Goya como “El Indio Cevallos” o “El Indiano” [cfr. Del Busto Duthurburu, José Antonio, Plaza de Acho, Toreros Negros y Toros Bravos, en “Copé”, vol. 10, Nº 25 (dic. 2000), pp. 12-13]. (Sobre la tradición taurina del Perú, puede consultarse también la obra especializada de José María De Cossío, Los Toros. Tratado Técnico e Histórico, Madrid, Espasa-Calpe, 1961, t. IV, pp. 169-202).
  1. Por ello, a juicio de este Tribunal, no puede señalarse apriorísticamente que los espectáculos taurinos son, sin más, una simple y pura exhibición de tortura, tratos crueles y muerte de un animal; pues mientras hay quienes asumen esta postura, otros sostienen lo contrario, incluso en la jurisdicción constitucional, como es el caso de la Corte Constitucional de Colombia, para quien la tauromaquia puede ser considerada como un espectáculo, en el que “(a)un cuando en su desarrollo se pone en peligro la integridad del diestro o torero, se infringe dolor y se sacrifica el toro, dichas manifestaciones no corresponden a actos de violencia, crueldad, salvajismo o barbarie, sino a demostraciones artísticas, y si se quiere teatrales, de las disyuntivas constantes a las que se enfrenta el quehacer humano: fuerza y razón, arrojo y cobardía, vida y muerte” (sentencia C-1192/05, consideración 12).     
  2. ….
  1. Por supuesto, de la consideración de los espectáculos taurinos como culturales, no puede inferirse que se encuentre justificado causar sufrimientos innecesarios a los animales.  En primer término porque este Tribunal no aprecia –por todo lo dicho anteriormente aquí- que los espectáculos taurinos tengan meramente por finalidad el maltrato de un animal. En segundo lugar, porque producir sufrimientos innecesarios a los animales constituye una infracción al deber de respeto y protección al ambiente, que impone el artículo 2º, inciso 22, de la Constitución.
  1. Como es evidente, una persona que esté en desacuerdo con los espectáculos taurinos podrá no asistir a ellos, como también debe ser libre y voluntaria su  concurrencia, por ejercicio en ambos casos del derecho al libre desenvolvimiento de la personalidad, que, según ha reconocido este Tribunal, es un “derecho fundamental innominado o implícito que se deriva o funda en el principio fundamental de dignidad de la persona (arts. 1 y 3, Constitución)” (Exp. N.º 007-2006-PI/TC, fundamento 47). Por tanto, no podría alegarse la afectación a derecho constitucional alguno por la sola oferta de los espectáculos taurinos, mientras no se coaccione la asistencia a ellos.
  1. Por todo esto, a juicio de este Tribunal, los espectáculos taurinos son espectáculos culturales. Resta ahora analizar si es inconstitucional que el legislador los haya excluido de la lista de espectáculos públicos culturales exonerados del Impuesto General a las Ventas.
  1. Al respecto, este Tribunal considera que la decisión de gravar algunos espectáculos y otros no, forma parte, en principio, de la libertad de configuración del legislador en ejercicio de la potestad tributaria, por lo cual a él corresponde decidir qué hechos serán generadores de tributos, dentro de márgenes razonables de discrecionalidad, sin más límites que los impuestos por la Constitución.
  1. Desde esa perspectiva, este Tribunal considera que la exclusión hecha por la ley impugnada de los espectáculos taurinos como parte de los espectáculos públicos culturales exonerados del Impuesto General a las Ventas, no es inconstitucional, aun cuando los espectáculos taurinos tengan la condición de culturales, pues de autos no se observa que el legislador haya sobrepasado los márgenes de discrecionalidad que la Constitución le impone para ejercer la potestad tributaria.

miércoles, junio 15, 2011

PEPE LUIS VÁZQUEZ GARCÉS (II)

PEPE LUIS " EL TORERO DEL ÁNGEL"
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Fuente: Semanario gráfico de los toros El Ruedo Año X nº 492.Madrid 26 de noviembre de 1953.
Colaboración de Germán Urrutia Campos.

JOAQUÍN RODRÍGUEZ "CAGANCHO"

«Si con las facultades de Plutarco hubiéramos de escribir unas nuevas Vidas Paralelas, pondríamos a Cagancho con Rafael el Gallo, salvando la distancia que existe entre las antiguas normas de ejecución de Rafael Gómez y las modernísimas de Joaquín Rodríguez.»
Se preguntará el lector por qué, a estas alturas, traigo a colación a Cagancho, el inolvidable torero gitano de los ojos verdes. Fácil me pones la respuesta, amigo. Barcelona fue testigo de sus triunfos y desigualdades apenas asomó las narices en nuestra plaza. Debutó el 4 de julio de 1926 en nuestra ciudad con una novillada de Sánchez Rico y tuvo por compañeros a Ricardo L. González y al caraqueño Julio Mendoza. Quienes le vieron -que ya quedan menos- aseguran que anduvo perdido toda la tarde sin rumbo que le diera luz. Cuando apareció el último novillo continuaba Cagancho siendo una perfecta incógnita, al punto que el público desilusionado, empezó a abandonar la plaza. Cogió muleta y estoque el gitano, ordenó que le dejaran solo y con extraña serenidad compaginó lo gracioso con la majestuosidad, la arrogancia con lo pinturero y brotaron, en efecto, de sus brazos las más puras esencias del toreo. Se le concedió la oreja.

Seguirá inquieto el que leyere, sin respuesta, estos mis razonamientos. No nos precipitemos. Volvió el gitano el día 25 con Mérida y Enrique Torres. Entusiasmó con su prosopopeya gitana y le cortó una oreja a un novillo de Villamarta. Y hubo contrapartida. El 1 de agosto volvió a torear con Lorenzo Franco y un tal Pozo Cueto y la cosa se dio medio bien. Y ahora, atento lector, que el parche retumba que da gusto. Azares decía: «....Cagancho es el torero de la actualidad, el que ha logrado enardecer las pasiones y llenar la Monumental hasta la bandera, sumando en su favor innúmeros admiradores.»

La respuesta sea pues ésta: El público no va a los toros porque los toreros, todos, se han puesto uniforme y son tan iguales como una gota de agua a otra gota de agua. Son honrados trabajadores, monótonos y rutinarios y pesados como una lona mojada. Lo dice Joaquín Rodríguez Cagancho dulce y sensible buscando disculpa a sus inapelables fracasos, con una sentencia injusta, inexacta, pero no exenta de cierto contenido: «En Andalucía se torea, de Despeñaperros arriba se trabaja

Y Curro Puya -gitanería de fragua, al fin- va más lejos, con mayor filosofía, también: «Sí, es desigual. Porque en la vida hay momentos de avanzar y momentos de retroceder

Pero todos los conceptos, con expresiones más o menos convincentes, se alejan, huyen, como alma que se lleva al diablo, de la más aplastante y feroz rutina.
¿Cagancho? Sí. Existían ya en su familia otros Caganchos, célebres como cantantes y que, a lo bien que cantaban debieron su mote, pues cagancho parece ser que es el mote de un pajarito excelente cantarín al que los andaluces bautizaron tan gráficamente, teniendo en cuenta alguna particularidad del animalito que en otras partes no han notado, sin duda.

Otra versión que también es válida, mantiene el criterio de que el padre de Joaquín era vendedor ambulante de colgadores de ropa. En su cotidiano que hacer callejero pregonaba su mercancía diciendo: « ¡A real cagancho ¡». Y el «ca» gancho (cada gancho) se convirtió por cacofonía en Cagancho, nombre con el cual pasó a la historia el singularísimo torero.

Gitano puro, alto, moreno, apuesto en quien el empaque, la elegancia, hasta la solemnidad de su toreo se conjugaban con llaneza, ajenos a toda pretensión. Le vi torear. Y lo recuerdo en una gran tarde suya en la Monumental de Barcelona. Fue el 7 de junio de 1942 cuando ya paseaba el ocaso de su vida en los ruedos.

Magistral faena al toro «Campesino», bravísimo y noble ejemplar de Domingo Ortega. «....El gitano -escribía Eduardo Palacio- hizo una faena preciosista y graciosa, llena de garbo y arte. Un pinchazo y un volapié clásico echaron a rodar sin puntilla al toro, otorgándose al espada que dio dos vueltas al ruedo y por otras dos veces salió a los medios, las orejas y el rabo de «Campesino», más un sinfín de cigarros puros, ramos de flores y hasta cajetillas de egipcios. Un aguafiestas comentó: «¡Que buen toro le ha tocado a este torero ¡». Y respondió rápidamente Pepe Berard, gran amigo de Cagancho: «¡Que buen torero le ha tocado a ese toro ¡» Y los dos tenían razón, añado yo ahora.»

Cagancho necesitaba toros lentos, suaves, pastueños y de buen estilo. Un toro, en ocasiones, muy raro.

Torearon con Cagancho Morenito de Talavera y Domingo González Dominguin que tomó la alternativa. Cagancho pudo decir parodiando la frase de un orador genial: «He venido a torear y me habéis obligado a tomar parte en una batalla de flores». ¿Qué hizo Cagancho? Difícil de explicar. Porque en sus manos todo tenía gracia y suavidad: El capote, la muleta, los pases y los desplantes. Todo se movía suavemente al soplo de la inspiración.

Fue su vida desde sus comienzos, una constante contradicción y tras verle por primera vez la afición de Madrid el 5 de agosto de 1926 y conmoverse con su arte, don Ventura Bagües al finalizar la temporada escribe de él: «Si con las facultades de Plutarco hubiéramos de escribir unas nuevas Vidas Paralelas, pondríamos a Cagancho junto a Rafael el Gallo salvando claro está, la distancia que existe entre las antiguas normas de ejecución de Rafael Gómez y las modernísimas de Joaquín Rodríguez

Días azarosos y triunfantes
Paradigmas. Retrocedamos a los días más azarosos y triunfantes del gitano de la tez bronceada. Torea en Toledo el 8 de mayo de 1927 con Marcial Lalanda y Antonio Márquez. La musa del genio le inspira. Corrochano le ha relacionado en su crónica con la talla de Montañés (Martín Montañés, Juan 1568-1849, escultor y arquitecto español nacido en Alcalá la Real, que murió en Sevilla). Escribe una de sus más bellas crónicas y dice: «....Se presenta a la multitud ese hombre seco como un cartujo, del color de la madera que eligiera para sus tallas el Montañés. Pasa el toro sin que el leño se mueva y hay en el tendido ruido de apoteosis. La izquierda mano, huesuda o leñosa asoma obscura por la manga blanca salpicada de oro....»

El 16 de junio de aquel 1927, festividad del Corpus obtiene Cagancho un clamoroso triunfo en la misma plaza de Toledo con un toro de Guadalest. En el cartel: Cañero, el Gallo, Rayito y Cagancho. El público ha llenado el ruedo de sombreros. Orejas, rabo y el delirio.

A Zaragoza va a las corridas del Pilar. El 17 de octubre torea con Antonio Marques y Gitanillo de Triana, toros de Concha y Sierra. Cagancho ha estado fatal. Y en el quinto oyó los avisos reglamentarios y el sonar de los cencerros. Anochecido, vestido de paisano, partió para Casetas para tomar el tren. La Voz de Aragón publicó una caricatura, original de Teixi que representaba a un ratón en la cárcel consultando un reloj y comentando con extrañeza:¡Las ocho, y Cagancho sin venir!

Cagancho murió el 1 de enero de 1984 en Méjico. Me sorprendió su arte. Para eso había que nacer gitano como él y tener su planta torera y su color cobrizo y estar tocado por el dedo de la gracia.
(El subrayado es nuestro)
Fotos incertas cortesía de Germán Urrutia Campos

TEXTO: ANTONIO SANTAINÉS CIRÉS