EL EJE DE LA LIDIA

EL EJE DE LA LIDIA
"Normalmente, el primer puyazo lo toman bien los toros, y si ése fuera el único del tercio, todos parecerían bravos. En el segundo ya empiezan a dar síntomas de su categoría de bravura. Y es en el tercero donde se define de verdad si el toro es bravo o no. En el tercer puyazo casi todos los toros cantan la gallina, se suele decir". JOAQUÍN VIDAL : "El Toreo es Grandeza". Foto: "Jardinero" de los Maños, primera de cuatro entradas al caballo. VIC FEZENSAC 2017

domingo, agosto 12, 2012

¿QUÉ HACEMOS CON EL CENCERRO?

ALFONSO NAVALÓN
El cencerro, insignia bucólica de la mansedumbre y candoroso lujo de los labradores rumbones es un instrumento sonoro y ligero, condiciones difíciles de reunir y en las que estriba el secreto artesano, transmitido de padres a hijos con singular celo.
¿Qué hacemos con los cencerros? Sonoridad para oírlo de lejos y ligereza para que no martirice al animal que lo lleva: Buen temple en el metal, longitud adecuada, collera segura y badajo de corazón de encina, asomando ligeramente por el redondel de la campana. ¡Eso es el cencerro! Orgullo de cabestreros, tranquilidad del vaquero y vanidad de gañanes en las noches de meter el muelo...
Llamado "zumbo" en Salamanca, "zumba" en la marisma y "esquilón" en otras partes, el cencerro ha cumplido un pacífico papel en la historia del toreo, en la heroica y humilde tarea de arrear corridas por las cañadas reales, en el aparato "orquestal", con el ganadero reuniendo a los íntimos para embarcar una Feria de postín y en la vergonzante compañía que devuelve al manso, al cojo o al tuerto a la tristeza de los corrales.
Nació como una necesidad de acabar con los malos instintos de las vacas "golosas" que "desatropaban" buscando el pasto o el sembrado prohibido. Siempre hay en cualquier vacada una "Molinera" o una "Rabicana" que "tira al monte" y enseña malas mañas al resto de la piara.
Yo me acuerdo, de chico, cuando llegaba de mal humor el tio Zambomba echando pestes de la hija de la "Naranja":"Me quedé "traspuesto" a la solana y cuando quise percatarme estaban todas en el nabal de Luis "Borro". Mañana, a punto día, le mangamos el "zumbo" más grande que "haiga" y si no basta el "zumbo", ¡un tranco de a metro "pa" que no salte las paredes!".
Y como las vacas holgonas, cuando están recién paridas o se sienten acosadas tienen muy malas pulgas, era de er el guirigay que se organizaba en el corral grande para mancornarla y colgarle el distintivo de "lamprecona"; como era de ver el "pique" de los criados al enganchar las novillas "domonas" en la trilla o en la ancada. Pero esto ya pertenece a esa pintoresca crónica rural que todavía no ha escrito nadie.
La "música" de los cencerros ha cumplido una importante tarea en las ganaderías de bravo con esas paradas de cabestros (ganado ligero y sosegado) poniendo paz entre erales traviesos, utreros fanfarrones y toros en celo. Las historias que cuentan los mayorales sólo son comparables a las de los cazadores: "El día que metí la parada de cabestros en el portal de mi señorito" "el día que Fulano entró al café con el caballo y dos bueyes al estribo"... Las cosas que consiguen en el campo, con horas y horas de paciente trabajo dedicados a enseñar a los mansos, parecen brujería para los señoritos de capital. Vaqueros serranos de Colmenar con la parada entera pendiente y sumisa a la voz. Vaqueros andaluces y de Salamanca rivalizando en escoger los bueyes parejos de tipo y de pelo, con la ilusión puesta en los famosos berrendos en colorao de Miura... Y, sobre todo, ¡campinos del Ribatejo! Maestros consumados en el arte de conseguir docilidad inverosímil hasta en los añojos. Todos los años en la Feria de Santarem este hombre singular que todavía se cría en los campos portugueses da el espectáculo prodigioso de la doma del caballo y del buey, llevada a verdaderos alardes, como aquel mayoral de José Lico que después de realizar los ejercicios exigidos por el Jurado salta desde el caballo a los lomos del cabestro más viejo y se pasea con la mayor tranquilidad sobre la parada entera, para volver de otro salto a la montura. Todo esto me gustaría que lo pusieran en práctica los ganaderos españoles, tan entretenidos en hacerse la guerra entre ellos y el "caldo gordo" a los demás, en vez de ofrecer este orgullo de casta que ponen los portugueses en sus Ferias, donde las competencias entre las distintas casas nos brindan un inolvidable espectáculo de auténtico sabor campero... En España, el gran público no ve al ganadero y al mayoral más que de tarde en tarde en algún reportaje que hacemos los poquitos que escribimos ya de toros.
Pero nos estamos apartando un poco del "dolón-dolón" del cencerro, lujo -como decía- de labradores rumbones, que hasta hace diez años, cuando el trigo se sacaba de la era de carros, tenían a gala ponerle los "zumbos" a la yunta y marchar encima de los costales cantando coplas antiguas desde el "muelo" hasta el granero. "Picadilla" de ruido y poder entre los ricachos del pueblo, mientras el alguacil comentaba en la taberna "El "rico" ha "encerrao" esta noche doscientas fanegas... y "los de la viuda", con la "metá" de gente, le han "echao la pata" por cima..."
Alarde señorial de los ganaderos, con dos juegos de "zumbos", uno de trabajo y otro "de fiesta", con la collera de cuero blanco y el hierro de la casa en bronce dorado, haciendo, a veces, de hebilla caprichosa.
Desgraciadamente, el cencerro, como tantas tradiciones castizas y camperas, está ya en decadencia. Me gustaría que Luis Fernández Salcedo le dedicara uno de sus cuentos a modo de crónica de urgencia, de responso sentido y merecido, antes que pase a ser un silencioso recuerdo decorativo en los cortijos y alquerías.
Entre los tractores y la "bravura comercial" han acabado con la briosa y dulce cantinela de trabajo. Apenas quedan ya labradores a la antigua, ni mozos con salero para echar apuestas de fuerza subiendo el costal "a pecho" o la escalera del granero a la "pata coja", ni bueyes a los que colgar el "zumbo" sonoro para acarrear el grano. Ahora se hace ya todo con gas-oil, con tractores que aran y siembran, ahogando de explosiones la hermosa tonada del sembrador.
En el toro y en el toreo también ha llegado el tractor; la Fiesta y la Agricultura han entrado en la era de la "productividad". Ya no vale el gañán que ponía el mingo haciendo surcos como velas, ni el torero que con un quite inspirado dejaba puesta la bandera de artista y clamor de respeto en las gargantas.
Los toreros, los ganaderos y los gañanes se han subido en el tractor del "progreso". Ya no vale el que lo hace mejor, sino el que más hace. Ya no hay escuelas de estilos ni estilos de toros... Todos torean y embisten lo mismo ¡Como los surcos de los tractores!
El cencerro apaciguador de bravuras serranas o marismeñas es sólo un adorno de bueyes holgazanes. Cuando los toros han dejado de pelearse en las plazas-para someterse al "mando" de los toreros y quienes los administran-, ¡cómo se van a pelear en los campos..!
Los toros en el campo -como decía un ocurrente ganadero charro- ya no se pelean. ¡Lo más que hacen es discutir..!
EPÍLOGO FINAL, DONDE SE PROPONE UN RAZONABLE Y EJEMPLAR USO DEL CENCERRO, ESTABLECIENDOSE LAS CATEGORÍAS DE ORO, PLATA Y LATÓN, SEGÚN LOS MERECIMIENTOS DE QUIEN VAYA A LLEVARLO
CONSIDERANDO que ya no hay razón para colgarle el cencerro a los bueyes, porque muchos toros salen más mansos que los propios cabestros, y como , a pesar de las declaraciones del Sr. Álvaro Domecq defendiendo que los toros de hoy son más bravos que nunca, el Jurado para premiar la bravura a lo largo de la interminable Feria de san Isidro pasa as moradas para encontrar un candidato "medio bravo", y está claro que el porcentaje de mansos (¡con el caballo1, señores aficionados "al torero" es infinitamente mayor que el de bravos, como lo demuestra el último fallo del Jurado de Bilbao de clarando desierto el premio en laúltima Feria "por considerar que ninguno de los toros lidiados reunía las condiciones mínimas exigibles"...
CONSIDERANDO (bis) que tampoco debe colocarse el cencerro a los llamados toros de lidia, porque cuando salen bravos se les retira de las grandes Ferias, como está ocurriendo con los portugueses de Assunçao de Coimbra, única ganadería brava en la pasada isidrada, con prestigio bien ganado para volver este año con máximos honores y que para evitar el mal lugar en que dejó a los "prestigiosos" criadores , la organización ha decidido postergar a estos toros a una corrida mañanera, que es tanto como prohibir que se lidien en san Isidro toros con cartel acreditado de bravura.
RESULTANDO ser más razonable establecer Jurados para seleccionar al toro más manso de una Feria, en vista de que si sale alguno bravo es contra la voluntad del ganadero de la Empresa y del matador,
PROPONEMOS:
1º Que se conceda el "CENCERRO DE ORO" al toro que guarde mayor semejanza con los bueyes. (Recuérdese que, contra todo lo dispuesto en el Reglamento, se han devuelto a los corrales muchos toros que cachazudamente se negaron a embestir.)
2º Que se conceda el "CENCERRO DE PLATA" al toro acochinado y con el peso reglamentario que toma una o dos varas doliéndose, escarbando y saliendo suelto, sacudiéndose las banderillas y necesitando que al final le de patadas en el hocico el diestro entre pase y pase, cayéndose dos o tres veces durante la faena y muriendo en la puerta de los chiqueros.
Que se conceda el "CENCERRO DE LATÓN" (que hasta ahora han llevado los bueyes) al uterillo que con la mínima edad haya alcanzado el máximo peso, tomando un puyazo "aceptable" y aguantando 62 muletazos "sin tirar una mala cornada" al fenómeno de turno.
NOTAS ADICIONALES.- La entrega de los cencerros se hará en la misma plaza durante ceremonia de gran brillantez, en la que cada divisa premiada traerá un nuevo ejemplar "a concurso", al que, por supuesto, se le perdonará la vida destinándolo a semental. Inmovilizado el toro por los mozos forcados de Santarem o mancornadores hispanos, (si resultara con síntomas de peligrosidad o "engatusado" por el mayoral (si era de "pacífica condición"), una relevante personalidad le colocaría la distinción.
Con parecida solemnidad, y en acto más íntimo durante un banquete-homenaje celebrado en "El batán", se prendería en el azulejo con el hierro del ganadero premiado... un cencerro (lo suficientemente grande para que se vea), comprometiéndose el galardonado a colocar reproducciones den las distintas dependencias de su finca hasta que en la próxima Feria salga un colega con méritos suficientes para ostentarlo.
Y ya con la conciencia tranquila, y convencido de que acabo de prestar un gran servicio al porvenir de la Fiesta, esperemos a que llegue la Feria de San Isidro". Algunos premios podíamos haber concedido ya en Sevilla; pero en mayo florido es cuando más claro y a más distancia se oyen los cencerros.
Demostrado ya que los cabestros no tienen por qué llevarlos y que los toros no tienen culpa ¿qué hacemos con el cencerro?

Fuente:http://www.alfonsonavalon.com/

8 comentarios:

  1. Buen artículo sobre el cencerro y el campo del gran Alfonso Navalón Grande.
    Actualmente al toro,al aficionado y a la fiesta le hace falta un crítico de toros con el conocimiento de Navalón. Respetado por su línea de independencia y denuncia de los muchos males que afectan a la fiesta y cuyas grandezas supo cantar.Sus verdades hasta ahora le duelen a muchos.
     
    Desde Surco.
     

    ResponderEliminar
  2. Esta crónica fue escrita en el semanario de los toros El Ruedo, allá por los años 60.

    Cobra vigencia en la actualidad, lo cual demuestra que el Maestro Navalón, llevaba mucha razón.

    Pocho.

    ResponderEliminar
  3. El objeto del siguiente comentario, no es molestar a nadie, sino todo lo contrario. ¿Sería posible mejorar o evitar el uso del cencerro (salvo en posibles situaciones imprescindibles), como ya se han cambiado otras cosas, si es que estudiado el tema se llega a la conclusión de que se puede llevarlo a cabo?.
    En el segundo párrafo del artículo dice: "sonoridad para oírlo de lejos y ligereza para que no martirice al animal que lo lleva.
    Pensando en el animal que lleva el cencerro, el considerar su ligereza está muy bien, pero y ¿el tema del sonido?. ¿Le gustará al animal? ¿Será bien tolerado? ¿Cómo será?
    Gracias

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si es posible me gustaría que se borrara el comentario del 17 de agosto (yo lo escribí, pero ahora preferiría no haberlo escrito). Si no es posible borrar todo el comentario, por lo menos borrar los 2 últimos párrafos y dejar sólo el primer párrafo.
      Gracias

      Eliminar
    2. Como todavía no se ha borrado el comentario del día 17 de agosto, comento que deseo que el uso del cencerro (mientras exista dicho uso) sea bien tolerado por el animal que lo lleva. Me gustaría (es una idea, un deseo, no una queja, ni pretendo decir a nadie lo que tiene que hacer) que el vivir del animal de ganadería fuera satisfactorio en la medida de lo posible. Y es lo mismo que deseará o pensará el dueño/a de los animales de los que hablamos.

      Eliminar
  4. Siguiendo el anterior comentario, que como dije no era para molestar a nadie, sino para que si pudiera ser, un grupo de expertos estudie el tema y si llega a la conclusión de que se pueden hacer mejoras,se recomienden dichas mejoras en la medida de lo posible y en las situaciones que fuera factible.
    Atentamente,

    ResponderEliminar
  5. De todas formas, como lo veo en este momento, es que si alguien lee el comentario del 17 de agosto y no puede hacer nada que sea satisfactorio (me centro ahora en la persona) al respecto (bien por que no esté en su mano, o si está en su mano, no sea su momento o le parezca que de momento no hay nada que cambiar en este tema), le recomiendo que no se preocupe y siga su vida. A mí me ha pasado que el tema me ha preocupado, pero hoy más claramente que otras veces he visto que al menos de momento el asunto del que hablo no está en mi mano. Hago propósito de no preocuparme de algo que en este momento al menos no está en mi mano, y no forma parte de mi camino

    ResponderEliminar
  6. Sugerencia: Si alguien se preocupa por este asunto y lo pasa mal y no sabe que hacer, me atrevería a decir que es muy posible que no esté preparada para ello porque no sea su tema y/o, su momento. Creo que es mejor que vaya a su ritmo y que se meta en las cosas que puede con ellas. Mi deseo es que tratemos de meternos en las cosas que podemos con ellas, y si vemos que nos hemos metido en algo que nos supera; pues que intentemos solucionarlo de la manera que podamos: por ejemplo si es posible saliendo de dicha situación. Si no es posible salir de la situación, pues aprendiendo algo, haciendo cambios en la situación, o de la manera que sea que nos aporte algo.

    ResponderEliminar