EL EJE DE LA LIDIA

EL EJE DE LA LIDIA
"Normalmente, el primer puyazo lo toman bien los toros, y si ése fuera el único del tercio, todos parecerían bravos. En el segundo ya empiezan a dar síntomas de su categoría de bravura. Y es en el tercero donde se define de verdad si el toro es bravo o no. En el tercer puyazo casi todos los toros cantan la gallina, se suele decir". JOAQUÍN VIDAL : "El Toreo es Grandeza". Foto: "Jardinero" de la Ganadería los Maños, primera de cuatro entradas al caballo. Corrida Concurso VIC FEZENSAC 2017. Foto : Pocho Paccini Bustos.

viernes, noviembre 06, 2026

EL TOREO CLÁSICO : ANTONIO ORDÓÑEZ (CAPÍTULO III): El Toreo por Bajo y El Ayudado por Alto

"En las tardes que sentía el toreo tomaba a los toros, los encelaba, les cargaba la suerte y peleaba tan bravamente con ellos que, a la larga,  ganaba la pelea a todos, incluso a matadores con leyenda de toreros largos como de aquí a Lima. Y esto en tal medida que, por no encontrar competidor, acabó por no hallar acicate que espoleara su afición y se fue del toreo dejando en los aficionados una añoranza... como de Lima a aquí."

Con la unión de eficacia- y belleza se llega a ver una de las cimas de la tauromaquia.
   
EL TOREO POR BAJO 
HEMOS llegado al tercio final, el que, por evolución del sentido del toreo, es fundamento y compendio del mismo. La faena de muleta. Por ella se mide en la actualidad la valía real de un torero. Cuando he visto a Antonio a lo largo de muchas temporadas, hacer faena a más toros que sus compañeros, me ha asaltado muchas veces una pregunta que, lo confieso, peca de ingenuidad:

—Pero, si parece tan sencillo como él dice ¿por qué no lo hacen todos? 

Y la respuesta no puede ser más simple. Porque no tienen la dimensión torera de Antonio. Dicho en otras palabras; porque no saben. A veces estuve tentado a creer que el secreto estaba en la depuración y elegancia del estilo torero del diestro; pero toreros depurados y estilistas los hemos conocido y los conocemos en la actualidad; especialistas de un lance o de un pase determinado, que practican con tan rara perfección que se hallan a un paso del amaneramiento, y que, precisamente en esta exquisitez, tienen su mayor limitación. Lo que Antonio Ordóñez ha hecho —en las tardes que sentía el toreo— ha sido tomar los toros en tal terreno, encelarlos, cargarles la suerte y pelear tan bravamente con ellos que, a la larga, ha ganado la pelea a todos, incluso a matadores con leyenda de toreros largos como de aquí a Lima. Y esto en tal medida que, por no encontrar competidor, acabó por no hallar acicate que espoleara su afición y se fue del toreo dejando en los aficionados una añoranza... como de Lima a aquí.

Para estos aficionados —y para aquellos otros que opinan que el presente, sin el pasado, es agua en charco— traemos este pase de Antonio Ordóñez en una faena por bajo, cómo se deben tomar los toros broncos o huidos, fluencia en el río caudaloso, ancho y hondo del toreo eterno que representó hace cincuenta años Joselito.

A un toro áspero, de sentido defensivo, no se le puede torear más que de este modo, tomándolo muy cerca, flexionadas las piernas para que la del lado que torea recoja al toro, echando la muleta abajo para hacerle humillar, pero templando mucho y con dureza para obligar al toro a doblarse. Sacar despues la muleta por debajo de la cara y avanzar en flexión la pierna contraria —momento que recoge la foto— como metiéndose en el toro, como avanzando a buscar el centro del arco que forma el dominado animal. Y cuando éste se rehace y vuelve en busca de la muleta —cuya vista nunca ha acabado de perder, por arte del diestro—, erguir la figura y ligar el siguiente pase con el mismo dominio, con la misma poderosa gracia, con la misma invencible casta. Esa sí que es la emoción del toreo» que no es bonito —porque en toreo lo bonito es casi sinónimo de malo—, sino hermoso, plásticamente bello, dinámicamente esplendido.

Hay más vida en la inmovilidad de esta foto que en cientos de faenas que hemos visto orejeadas a favor de la casualidad. Y , por encima de todo, lo que de ella se desprende es el dominio. Después de verla se comprende mejor aquella definición, que siempre tengo cierta, de que el toreo es el arte de dominar los toros.

ASÍ,de rodillas, sigue la faena por bajo. Mejor dicho, con una rodilla apenas ingrávidamente apoyada en tierra. Tiene muchos detractores este tipo de toreo, porque dicen que no se templa y no se manda con él. Estos se refieren a los lances con las dos rodillas, que ni son ni han sido toreo nunca. Pero hay veces en que apoyarse en las piernas flexionadas es necesario, no solo para matizar y enriquecer una faena, sino para hacerla más eficaz y artística. Para hacerla, también más emocionante, no con esa emoción sin clase que es el susto a palo seco, sino con la renuncia del diestro a la ventaja de estar de pie para aumentar el riesgo y aumentar también el arte que emplea para vencerlo. He aquí un lance perfecto, que viene a demostrar al gentío, que se agolpa en los tendidos, que la muleta no solamente tiene una misión ornamental y decorativa, sino que —por encima de esto— es instrumento de eficacia antes que de lucimiento. Cuando eficacia- y belleza se reúnen es que hemos llegado a ver una de las cimas de la tauromaquia.

INVITAMOS a estudiar con detenimiento esta serie de pases por bajo y detenernos en una observación tan elemental como difícil. Y es que —en todos ellos— el toro siempre tiene ante sus ojos la muleta desplegada como una bandera. ¿Por habilidad del fotógrafo? Evidentemente, no. No puede ser habilidad, ni casualidad, el que en todas las posiciones, desde todos los ángulos de encuadre, se registre este impecable acoplamiento del toro al engaño, esa holgura de movimientos qué indica a las claras el dominio, ese desahogo de terrenos —en que «el toro sería libre de ir y venir si no lo atenazase férreamente el poder torero del brazo que sostiene la muleta— en que está, más que en el tremendismo, el mayor peligro. Porque el toro «puede ver» si por falta de temple deja de perseguir el engaño. ¿Y por qué de rodillas?, vuelven a preguntar esos aficionados que en cuanto ven al torero en esa actitud creen que les escamotea el arte de verdad. Pues torea de rodillas, simplemente, porque en esa postura humilla más al toro bronco y huido; porque así puede dominar sin encorvarse, en una postura de magistral serenidad, más plástica, más bella. Pero ya vamos a complacer a los que tienen ideas fijas. Y podremos ver cómo, sin descomponer la línea, con temple, el torero se levanta al mismo ritmo que torea.


SIGUE el castigo por bajo. El toro —que ha empezado arrancando muy descompuesto —es un mar de áspera bravura, pero la pierna en él ángulo recto y la muleta son los diques que la técnica pone a ese oleaje. El castigo, sin embargo, no se puede prolongar. Antaño, sí. Cuentan los viejos aficionados—y no hay motivo serio que nos permita dudarlo—que la dureza del toro de ayer obligaba a darle leña desde que salía del chiquero. Pero con el toro disminuido de hoy, bastan tres o cuatro pases que lo doblen bien para que se entregue, jadeantes los ijares, la lengua fuera, el morro desbordante de espuma.

Y como castigar por castigar no tiene sentido, el torero busca, siempre ligando los pases, sin descomponerse, mandando, la línea vertical. El toro ha quedado mermado en su poderío y habrá ganado en igualdad la embestida; habrá aprendido —como se dice ahora— a embestir, por el milagro de una muleta bien templada.


VAMOS hacia el remate de la serie. Paso adelante con la pierna contraría —avanza ahora la izquierda, porque se torea por el lado derecho del toro— a fin de ganarle terreno, de doblarlo por última vez. El animal queda en tal forzada postura, que se ve forzado a levantar las patas traseras y girar sobre las manos para recobrar su posición normal. Un alarde de dominio del matador.

Pero al que vamos a poner reparos. Y es que, hasta ahora, la faena por bajo emocionante, dominadora, eficaz, torera— ha sido derechista. Yo no voy a negar la valía del toreo con la derecha — ¡líbreme Dios!—, pero creo que las suertes de muleta tienen su función lógica en la mano izquierda. El toreo con la derecha puede ser muy bello y hasta necesario  aunque «Paquiro» diga de él que es indicio de miedo, y el viejo Domínguez le llame «toreo de Mary Juye»—, pero no se puede basar en él una faena importante.
¡Esa izquierda, Antonio! ¡A ver esa izquierda!


UNA vuelta airosa, un cambio de mano y un remate sensacional... con la izquierda. ¿Es así?
Y el toro hecho un ovillo y siempre con la cara frente a la muleta que ahora —sin trampa ni cartón—torea a su caída natural.
El ciclón que el toro era al empezar la faena templa ahora sus acometidas. Que —como dicen los clásicos— el toro no se quebranta tanto porque pase, sino porque pasa obligado a pasar como quiere elmaestro y hasta donde quiere, que es el punto en que se marca el remate.
Lo demás, eso de que el toro vaya a su aire y el torero le acompañe, son retozos del animal que va suelto. Lo que realmente tiene fuerza y castiga es llevarlo toreado, es decir, mandado. Es no dejarle que huya, ni se vuelva por el lado contrario, ni enhebre la muleta, sino embarcarle en la franela, tirar de él  y obligarle a seguir y volverse en el sitio donde el matador —como aquí Antonio Ordóñez— quiere que siga y vuelva.


CINCO o seis pases han bastado para este principio de faena. Tras el remate no queda ya más que irse. No por enmienda, sino para buscar terreno propicio al cite y dejar que el jadeo del animal se serene un poco. Por muy duro que el toro sea, siempre hay que cuidarle; mejor dicho, cuidar la lidia para que no se desluzca y aplebeye.

Con Antonio Ordóñez no hay cuidado. Ha salido de la dureza de estos pases iniciarles —los más difíciles, porque son los que acoplan toro y torero y marcan rumbo a la faena— con la ropa intacta, con el gesto holgado, sin despeinarse, sin una mancha. En el garbo con que el matador se va del toro, en la sandunga con que le anda, en el aspecto dócil del animal que sigue claramente dominado a la muleta, está resumido ese acoplamiento de bravura y arte que hace posible la espléndida y milagrosa realidad del toreo.

El tendido estalla en júbilo. Antonio va a citar para una nueva y ligada serie, adentrado ya en la verdad de la faena. La muleta —compañía y arma, torera hasta en el adorno—siempre ante los ojos del toro, mientras una gran ovación estalla en la Plaza.


EL AYUDADO POR ALTO
OTRA de las formas clásicas de tomar los toros al principio de la faena es por medio de ayudados; es decir, pases en que los dos brazos torean conjuntamente. En la faena por bajo —que hemos visto hacer a Antonio Ordóñez únicamente sobre la mano derecha—se usaba antaño el ayudado; era la consecuencia lógica de ir al toro como se debe ir, con la muleta en la izquierda y la espada en la derecha; con el mayor poderío y menor extensión que impone el doble juego de los brazos, se doblaba con más fuerza al toro o se le recogía mejor si tenía tendencia a huir. Pero este estilo — emocionante y bello— ha sido postergado, y hoy se torea por bajo a una mano, con lo que si se gana en plástica se pierde en eficacia.

Claro es que la eficacia —con los toros que hoy se lidian— está en riesgo de ser demasiada en cuanto se pegue duro unas cuantas veces. Seguramente por eso Antonio Ordóñez no incorporó a su toreo, como norma general, el ayudado por bajo. Pero sí, como un bello preludio de faena, el ayudado por alto, en el que logra una plástica admirable.
MÁS el diestro no se conforma con esto. No se trata de dar un pase por el que digan: «¡Es Belmonte resucitado!», sino de torear, es decir, de marcar al toro una trayectoria pensada y obligarle a seguirla y a volverse para ligarle el siguiente pase. Es lo contrario del «parón», que muchos llaman despectivamente «poste». El ayudado, tal como lo Interpreta Antonio Ordóñez, marca con claridad la trayectoria curva de la embestida de la res, que sigue el viaje empapada en trapo. Obsérvese la actitud general del diestro: el cite se ha hecho de frente, adelantando la pierna contraria, en este caso la izquierda. Cuando el toro embiste, se gira, cargando la suerte sobre la pierna derecha, mientras los brazos, al unirse con dicho esfuerzo, realizan uno y otro inversa función, pues mientras el izquierdo torea como en el pase de pecho, el derecho marcha en su suerte natural; si la muleta estuviese en la mano derecha, el viaje del toro se podría prolongar mucho más, alejando el peligro; al estar en la izquierda, este brazo —que cruza torero por delante del pecho— acorta y ciñe la suerte, con la que esta resulta, cuando está bien rematada, mucho más emocionante, mucho más eficaz y mucho más arriesgada.

PERO hasta a la eficacia hay que poner un límite, ya que —como he dicho— son raros los toros que hoy aguantan mucho castigo sin aplomarse y quedar sin faena; por eso sigue Antonio Ordóñez esta bella serie de ayudados, pero con más suavidad, con menos dureza; la muleta ya no obliga al toro a seguir una trayectoria curva, impuesta, con imperio de temple y mando, sino que acompaña al viaje alegre y natural del toro para desahogarlo, para dejarle ver horizonte y probar su celo y bravura. Que en esto está el mérito de una gran faena; en alternar las suertes de tanteo, castigo y adorno en tal forma que —ofreciendo al espectador una obra sin fisura, ligada, continua y bella— se obtenga la máxima seguridad para el lidiador, no sólo en lo que se refiere al riesgo de ser cogido, sino a la posibilidad de continuar la perfección de su faena; por eso, la muleta, a la que antes hemos visto baja y ceñida, elevada apenas para barrer con su vuelo los lomos de la res, vuela más alegre aquí para animar al toro a que corra y ver si tiene pies y celo bastantes para el momento fundamental de la faena, que ya no admite espera.


EL toro de buena casta y bien templada por la muleta torera, ha vuelto. Y Antonio ha rematado su serie con un último pase de largura extraordinaria en todo el cual el animal ha ido prendido del engaño, se eleva en el momento final del espléndido remate, y los ojos del toro se vuelven atrás para buscar esa llama roja que le burla cuando él la creyó presa segura. La muleta, que una vez pasada la cabeza vuelve a descender para recobrar su posición natural saldrá limpiamente por la penca del rabo. Y cuando el toro se vuelva, codicioso, jadeante, tomándose un respiro para seguir la desigual pelea, encontrará al torero —menos fuerte, pero más rápido, más ágil, más inteligente— con la muleta en la izquierda para citar al toreo fundamental. He aquí la mejor demostración de que la faena debe ser un todo armónico sin parches ni enmiendas, sin movimientos inútiles ni cambios de mano caprichosos. En buena teoría, la muleta no debe moverse más que en función del toreo que realiza. Por eso es tan clásico este pase ayudado; no solamente por su emocionante plástica, sino porque, lógicamente, sin forzar nada, torero y toro quedan emplazados —cuando éste gira para buscar enemigo— para el pase natural.

ANTES de entrar en la glosa del natural —básico en el toreo, fundamental en toda faena de muleta digna de este nombre—, quiero detenerme ante otra versión que Antonio da del pase ayudado por alto, porque es totalmente diferente a las anteriores y tiene variedad de matices muy toreros. No me refiero con esto a que el diestro esté descalzo — necesidad impuesta, sin duda, por el estado resbaladizo del albero—, sino que torea, aunque de perfil, con los pies juntos y metidos en la montera.

Ya he dicho en algún momento anterior que, como norma general, no soy partidario del toreo a pies juntos pero lo acepto y aplaudo cuando toda la suerte, desde el cite al remate, se hace con absoluta inmovilidad de pies; así no se manda, indudablemente, por falta de base de sustentación, pero se da muestra de gallardía; y en este caso concreto, se adereza el gesto gallardo con los granitos de sal que tiene ese gitano poner los pies en la montera, en demostración de inmobilidad absoluta. La muleta se eleva en un pase de telón. Deja libre paso al toro de pies ligeros; no es momento de dominio sino de adorno, pleno, graciosamente conseguido, acreedor de innúmeros «olés» flamencos.
Fuente: 
Semanario gráfico de los toros, El Ruedo. Madrid, 14 de febrero de 1963. Año XX, Nº 973.
Semanario gráfico de los toros, El Ruedo. Madrid, 21 de febrero de 1963. Año XX, Nº 974.

Continuará en las próximas entradas....

viernes, octubre 30, 2026

LA DIVERSIDAD DE ENCASTES SÍ FUNCIONA EN ACHO, PERO......


Afirmación a la que se llega, luego de constatar la gran acogida y los comentarios favorables que generó la tercera corrida del abono de Acho, en la que se corrieron "novillos-toros" de la Ganaderia de Victorino Martín, con la particularidad de que no se cortaron apéndices, lo que demuestra que el baremo del éxito de una corrida no está necesariamente ligado al número de trofeos concedidos, sino a la presencia del toro o novillo encastado y la emoción que su lidia genera, que en definitiva es lo que queda grabado en la retina de todo buen aficionado.

Pero, claro, no basta la presentación de ganado de encastes diversos al monoencaste Domecq, sino que hace falta además que los TOROS tengan el peso, la edad y el TRAPIO propios de los encastes a los que representan. 

Como estos dos ejemplares de soberbios trapios, en el tipo de sus respectivos encastes (Albaserrada y Santa Coloma) y propios de una PLAZA DE PRIMERA CATEGORIA, que todo AFICIONADO que se precie de serlo, debería EXIGIR que también salten al ruedo de ACHO.

"Director" de Victorino Martín, lidiado por Emilio de Justo en Las Ventas, el 4 de junio de 2023

"Navarro" de Valdellán, lidiado por Fernando Robleño en Las Ventas, el 9 de setiembre de 2018

 Fuente: Fotos tomadas prestadas de La Voz de la Afición, números 53 y 60 (Boletín de la Asociación El Toro de Madrid)

martes, octubre 27, 2026

ALBACERRA-TAS de VICTORINO MARTÍN en ACHO


Foto: Jorge González Angulo. Peña Taurina "El Clavel"

En Acho, como en la mayor parte de plazas del planeta taurino, los AFICIONADOS no somos los depositarios de los carteles que se confeccionan, dado que las empresas nos consideran prescindibles; no obstante, en esta ocasión parece que sí atendieron nuestros constantes requerimientos y apostaron por ofrecer una corrida, "sobre el papel" de corte TORISTA de la cuerda de los llamados encastes minoritarios, concretamente la A coronada de Victorino Martín (que debutaba en este bicentenario coso), y vaya que SÍ hubo respuesta en los tendidos logrando casí un poco más que 3/4 de entrada.   

Decíamos que "sobre el papel" era una corrida de corte TORISTA, ya que en los hechos nos colaron un encierro en escalera, con ejemplares que eran unas ratitas anovilladas, aunque 3 de ellas (2do, 4to y 5to) tuvieron comportamientos encastados y correosos, que nos recordaron a las alimañas a las que aludía en su tiempo Paco Ruiz Miguel, a las que se les tenía que poder por bajo y si fuera necesario con faenas breves de aliño. Pero, también confirmaron nuestras sospechas de la Domecq-sticación por la que transita esta vacada, logrando embestidas chochonas y en modo de los saltillos mexicanos, lo que parece será finalmente su derrotero. (ojalá nos equivoquemos).  

Tercera corrida del abono, celebrada el domingo 25 de octubre de 2026, en la que comparecieron los matadores Morenito de Aranda, Román Collado y Joaquín Galdós, a la que nos abocamos en corto y por derecho: 

Morenito de Aranda, se topó con el lote más potable. En su primero montó el numerito del tio vivo con un "toreo" mayormente al hilo del piton, abusando del pico y sacando mucho culo. Lidia vistosa, con pases de castigo antes de entrar a matar equivocándose en la suerte contraria y pinchando, para luego ejecutar una buena estocada, en la suerte natural, lo que corrobora que se equivocó en el primer intento. Vuelta al ruedo dividida. 

El ruedo, prácticamente convertido en un herradero

Morenito, tomando muchas precauciones 

Despidiendo al toro hacia el rio Rimac

Codilleando, sacando pompis y escondiendo la pierna


Entrando a matar en la suerte contraria, tapando la cara a un toro entero y nada aplomado

Otro telonazo, en la suerte natural y espada caída   
                 

El su segundo (4to de la tarde), toma 2 varas con prontitud y descubre a un pica escaso de recursos, constatándose una vez más que la suerte de varas es un mero trámite. Inicio de faena en los medios con el mismo libreto poncista (al hilo del pitón), desarmes que callan la música, algunos naturales aceptables corriendo la mano tras los cuales es prendido por el encastado gris. Entra a matar en la suerte natural, pinchando en tres oportunidades...
 
Vamos despacio, que las prisas son para los malhechores 

Rematando por delante de la cadera sin trazar un arco

Natural al hilo del pitón, en modo poncista.

Toreando con la panza de la muleta, pero al hilo del pitón, lo que le obliga a sacar el poto



Inicio de tanda de naturales con el pico, que terminan en un tarantatán



Desplante, que es jaleado por el respetable


Extenuado, tras sufrir la voltereta y pinchar 3 veces 

A Morenito, ultimamente lo hemos visto en 2 oportunidades en VIC FEZENSAC frente a los de Baltasar Iban, y la verdad nos dejó satisfechos con su toreo  pundonoroso y honesto. En Acho, parece que esta vez vino de vacaciones y nos quiso vender la moto.

Román Collado, su primero (2do de la tarde), un toro con dificultades, pero no por ello NO lidiable, al que no lo quiso ver ni en pintura. Tercio de varas desastrozo en el que se pica hasta en la paletilla. La lidia que hubiera correspondido, es una faena de aliño, torearlo de pitón a pitón con macheteo incluido, pero se nos privó de ese espectaculo, que también es lidia y no solo exigir pases imposibles y monótonos. Lo cazó con un sablazo que salió por el costillar opuesto. 

Asesinado en varas y aún así cundió el pánico
                                   
Su segundo (5to de la tarde), el más encastado de la tarde (no de esos con nobleza bobalicona y carente de riesgo), típico Victorino pronto y repetidor con el que la emoción llegó a los tendidos, llevándolo por la calle de la amargura y al que sólo pudo pegarle pases con el pico de la muleta, toreándolo en línea, perdiéndole los pasos y sacando mucho poto. Aunque siendo honestos, no sabría qué torero del escalafón le habría podido a este bichito. Se perfila en la suerte natural y casi se clava en el albero. Vuelve a intentar y pincha y así varias veces, una escabechina. 


Maromas de un pica en aprietos, acostumbrado al monopuyazo o los picotazos

Encastado y pronto, al que Román no termina de ganarle la pelea

Contorsiones y fatiguillas del colorado

Toreo retorcido y de expulsión, donde el toro se va sin ser sometido


El toro le hace un extraño, que lo hace trastabillar saliendo bién librado


Joaquín Galdós, por ahora el único torero peruano que podrá ufanarse de haber estado presente en la terna de matadores que se enfrentó a los Victorinos en Acho, y en presencia (aunque sólo sea en los tendidos) del Número 1 del Escalafón de figurines actual y también de los despachos, el tal Roca Rey. Su primero (3ro de la tarde), un toro bién presentado pero falto de fuerzas, pastueño y más parecido al saltillo mexicano. Se dobla en los muletazos de tanteo, de ahi para adelante practica un toreo perfilero, pico a destajo, sin mando, y aprovechando las embestidas, un recital de aburrimiento. Entra a matar en la suerte natural, sus alucinaciones le hacen pensar que podría obtener algún premio, pero el puntillero revive al Saltillo Mexicano, perdón al Albecerra-ta. En su segundo y último de la tarde, nada que comentar, un toreo sin planteamientos, desbordado, sin poder pararse, practicamente se la pasó caminando y tentando al toro, que dicho sea de paso, no se comía a nadie.

Preferible estos pases de tanteo, que los pases cambiados del paisa number one del escalafón 


Toreo de alivio, "gustándose"  (Natural, desnaturalizado). Véase de dónde coge el estaquillador

También por la derecha, aliviándose con el pico. 

No está demás llamar la atención por la mala ubicación y actuación de los subalternos durante la lidia, en las que el ruedo parece un herradero, lo cual debería ser supervisado por el director de la lidia (roll que en esta ocasión recaía en Morenito de Aranda), pero al parecer se olvidan que están en la plaza de más abolengo de América e importante del Perú (aunque eso sea nada más que un alagador recuerdo) y creen que están por los ruedos de Dios del interior del pais, donde los espectáculos taurinos no son reglados y todo es una pachanga (lo cual no tiene nada de malo, pues responde a su idiosincracia).

Otro aspecto, que debe señalarse es la necesidad de rescatar el Tercio de Varas, Eje Fundamental de la Lidia y que el taurineo predominantemente bodeguero nos quiere robar por completo para convertirlo en un mero trámite (ya que los toros del encaste mayoritario, no necesitan que se los pique porque "ya salen picados al ruedo". En Acho, plaza que se precia ser de primera categoria, el reglamento obliga como mínimo 2 puyazos, cosa que en esta corrida solo se cumplió en el 4to toro. Por ello, nos parece loable la iniciativa del Centro Taurino de Lima, que en su misión de docencia taurina, repartió afiches que grafican y explican la importancia del primer tercio de la lidia, oleeé por ellos. 

                                            

Esperemos, que la apuesta por la diversidad de encastes se siga dando en Acho, (auque una sola golondrina no hace verano), puesto que es la única manera de evitar su extinción y que la fiesta perviva; seguir apostando solo por el monoencaste, es privar a otro tipo de aficionados, que como este servidor, gustan de la diversidad de encastes y si además salen bravos y encastados, miel sobre hojuelas, como diría don Joaquín Vidal Vizcarro.

Dos ejemplares con soberbio trapio, propios de sus respectivos encastes (Albaserrada y Santa Coloma), que todo AFICIONADO que se precie de serlo, debería aspirar a que se presenten en ACHO:

"Director" de la ganadería de Victorino Martín 

"Navarro" de la ganadería de Valdellán

Las cosas bonitas de la fiesta, como lo es el reencuentro con amigos aficionados al TORO TORO, en esta ocasión con Roberto "Yayo" Cerdeña, miembro del Club Taurino 3 Puyazos de España, a quien Dios mediante esperamos verlo el próximo año en la Feria del Aficionado del 2027, que próximamente anunciará sus carteles.

En el cartel, Roberto Cedeña, Pocho Paccini y Freddy Sagástegui. 


Pocho Paccini Bustos, abonado resucitado de Acho, gracias al mini abono.

ACRÓNIMOS:
ALBASERRADAS : Toros de Victorino padre.
ALBASERRA-TAS : Novillos Toros de Victorino hijo.