EL EJE DE LA LIDIA

EL EJE DE LA LIDIA
"Normalmente, el primer puyazo lo toman bien los toros, y si ése fuera el único del tercio, todos parecerían bravos. En el segundo ya empiezan a dar síntomas de su categoría de bravura. Y es en el tercero donde se define de verdad si el toro es bravo o no. En el tercer puyazo casi todos los toros cantan la gallina, se suele decir". JOAQUÍN VIDAL : "El Toreo es Grandeza". Foto: "Jardinero" de la Ganadería los Maños, primera de cuatro entradas al caballo. Corrida Concurso VIC FEZENSAC 2017. Foto : Pocho Paccini Bustos.

domingo, abril 10, 2022

EL HOMBRE QUE ESCRIBIÓ LOS TOROS. A 20 AÑOS DE LA PARTIDA DE DON JOAQUÍN VIDAL VIZCARRO.

"Con su permiso, don Joaquín"

“Sus lectores lo hemos sabido siempre: la figura de Joaquín Vidal trascendía el mundo taurino para adentrarse en el terreno de la creación literaria. La legión de seguidores, muchos de ellos ajenos a la Fiesta, que tenían sus escritos así lo atestigua. Una riqueza expresiva deslumbrante, el uso de la ironía, el manejo de un vocabulario a la vez ajeno e inventado son las características de la maestría y versatilidad de la obra de Joaquín Vidal.”
Joaquín Vidal, en su abono del tendido bajo del 10, en la fila 6, asiento 17, en Las Ventas

"Muere Joaquín Vidal, gran renovador de la crítica taurina y escritor deslumbrante
Creador de un gran español, fue un feroz defensor de la integridad de la fiesta"

MIGUEL MORA - Madrid - 11/04/2002

“Ayer 10 de abril, murió en Madrid el maestro Joaquín Vidal. Había nacido en Santander en 1935, y desde muy joven volcó su vocación periodística en el mundo de los toros, su gran pasión. Como informador y crítico, se convirtió en una referencia de independencia, rigor y criterio para la afición y los lectores, incluso los no taurinos. Gente como José Bergamín o Eduardo Arroyo admiraron sus crónicas, marcadas por una honradez a prueba de amenazas, una escritura irónica y deslumbrante, la constante denuncia del fraude taurino y la búsqueda de la verdad de la fiesta. Trabajador incansable -escribió más de 5.000 artículos para EL PAÍS-, fue un compañero cabal y encantador, un auténtico caballero dotado de un colosal sentido del humor.
La Maestranza guardó ayer un minuto de silencio en memoria de Joaquín Vidal. El maestro que dignificó la crónica taurina y la convirtió en una de las bellas artes había caído enfermo el pasado mes de octubre. Los médicos le descubrieron un cáncer. Desde entonces no cesaron de llegar llamadas de sus lectores a la redacción de EL PAÍS interesándose por su salud y añorando los artículos que escribió generosamente desde el 4 de mayo de 1976, día de salida del diario a la calle, con la crónica (inserta en la sección de Deportes) de una novillada en Las Ventas titulada Sánchez Puerto, todo un torero.
Todo lo hacía siguiendo las tres reglas básicas del toreo puro: parar, templar y mandar
Vidal murió ayer a las 8.30 en la Fundación Jiménez Díaz, de Madrid, en la que ingresó reiteradas veces en los últimos meses. Su cuerpo fue llevado al tanatorio de la M-30, donde hoy habrá una misa a las 8.15. Después será enterrado en la Almudena.
Su brillante carrera periodística empezó en Hierro, de Bilbao. Luego fue colaborador de La Codorniz durante nueve años. "Aquel era un humor fetén", contaba el creador de la sección taurina Las vacas enviudan a las cinco: "Un humor muy distinto al de los caricatos de ahora: lo vulgar, lo chabacano, lo pornográfico, lo escatológico y los lugares comunes, todo eso estaba prohibido por una ley no escrita". Y ésa fue una de las máximas de su labor: no caer nunca en la vulgaridad ni en el topicazo.
En aquellos años sesenta Vidal cumplió el protocolo del pluriempleo: compaginaba La Codorniz con su puesto de funcionario en el Instituto Social de la Marina, las crónicas taurinas en Pueblo (con Navalón) y las colaboraciones en Radio Madrid y TVE. Después fue informador y crítico taurino de Informaciones. De ahí, a EL PAÍS, donde vivió 26 años de infatigable peregrinaje por las ferias.
Empezaba el año en Valdemorillo y, hasta la Feria de Otoño, pasaba por Valencia, Sevilla, San Isidro, San Fermín, Bilbao, San Sebastián, Guadalajara, Arganda del Rey y San Sebastián de los Reyes, pero encontraba tiempo para algunas actividades complementarias: sus jugosas entrevistas a escritores, la crónica anual desde el Salón de la Lotería Nacional (que hizo incluso este último año), el coleccionable de la Tauromaquia, su artículo semanal en la sección de Madrid y sus colaboraciones en la SER.
El pintor Eduardo Arroyo, gran aficionado a la fiesta, lamentó profundamente la pérdida de Vidal, "seguramente la pluma más brillante en el mundo de los toros". Destacó su independencia, su gran cultura, su ingenio -"su sentido del humor era prodigioso", dijo-, y recordó cómo cubrió una conferencia suya en el Museo del Prado. "Fue sorprendente, convirtió un acto sobre cuestiones artísticas en una apasionante crónica taurina, al estilo de las suyas".
Todo lo hacía con un entusiasmo, una puntualidad y una profesionalidad ejemplares. Durante sus viajes procuraba comer bien y alejarse todo lo posible de los hoteles taurinos. En una reciente entrevista concedida a la revista www.talavera-toros.org lo explicaba con su sorna habitual: "Hospedarse donde están los toreros, los ganaderos, los empresarios, los apoderados, los mozos de espadas, los ayudas de los mozos de espadas, los partidarios de las figuras, los aficionados de hotel, los aduladores, los gorrones y los trincones es una lata. Los taurinos han experimentado un enorme cambio. Aquellos taurinos que conocí en mis primeros años de informador y cronista, con quienes departí muchas horas hablando de toros, la mayoría de ellos imaginativos, ocurrentes, que conocían la fiesta y la amaban de veras, también han desaparecido. Los taurinos actuales son, sinceramente, bastante ineptos y aburridos. O sea, como los pegapases, pero en taurino".
Muchos de ellos, acostumbrados al éxito fácil, el toro inválido y las críticas halagadoras, no perdonaron su rectitud. Pero Vidal se crecía con el castigo. Contra la presión, más casta y más calidad; contra los insultos, más rigor y más ironía.
En su último artículo, publicado el 19 de marzo en la sección de Madrid y titulado Temporada (su última crónica, del 22 de octubre, se titulaba Un animado final), demostró que le resbalaban las cornadas: "Sabe un servidor que le llamarán derrotista y enemigo de la fiesta. En esta cuestión (y en otras, no se crea) tiene amplia experiencia. También dirán, por lo mismo, que no sabe escribir de toros. Sin embargo, tampoco conviene ser tan radical. Algunas veces sí sabe (más o menos). Dicho sea sin ánimo de ofender y mejorando lo presente".
Así fue haciéndose un hueco en el corazón de los lectores, a base de lenguaje, elegancia, humor y un dominio prodigioso del idioma. Mucha gente compraba sólo el periódico por leerle y otros muchos buscaban con avidez su página empapándosela antes que nada. Decenas de ellos mandaron ayer telegramas de condolencia y mensajes electrónicos al foro de elpais.es lamentando la desaparición del escritor torero.
Su diagnóstico del estado de la fiesta era radicalmente negativo. No por nostalgia, sino por una defensa feroz de la integridad del espectáculo. Por eso daba leña a los isidros, los figurones que torean con el pico de la muleta y a base de derechazos, los subalternos que dan consignas absurdas desde el burladero ("toca, toca"), los empresarios golfos, los picadores que tapan la salida y hacen la carioca, los ganaderos que crían toritos que caían yertos en el ruedo.
Lo cierto es que Vidal disfrutaba como un niño hablando y escribiendo de toros, sobre todo si eran buenos (lo cual sucedía poco). También le gustaba el café solo frío, el Ducados, el Atleti de Madrid, las mujeres, los amigos y la noche. Afrontaba la vida siguiendo las reglas básicas del toreo puro: parar, templar y mandar, cargando la suerte. Con una faena de arte a un toro con peligro y trapío se emocionaba hasta las lágrimas.
Escribía las crónicas de Las Ventas en condiciones lamentables, metido en el chiscón de un garaje cercano, con poca luz y menos tiempo, entre coches y humos. Decía "gajes del oficio", mandaba la ficha y luego un texto impecable y un pie de foto editorializante.Solía recordar una faena de Antonio Bienvenida en San Sebastián de los Reyes, años sesenta, como la mejor que había visto. Saboreaba el toreo clásico, hondo y breve ("la faena ideal no puede durar más de cuatro minutos"), de inspiración, pellizco y poder. En su corazón estaban Curro Romero y Rafael de Paula, a quienes dedicó memorables crónicas (a favor y en contra). Tuvo debilidad por los novilleros y los toreros modestos, como El Fundi, Víctor Puerto o Domingo Valderrama.
También por las dotes lidiadoras de Luis Francisco Esplá, que ayer dijo: "Joaquín tuvo la virtud de interesar a los intelectuales por el mundo del toro. Mucha gente a la que no le gustaban como espectáculo leía sus crónicas. Él creó esa complicidad de la que estaba huérfana el toreo. Aunque sólo coincidí con don Joaquín un par de veces, me sentía identificado con él por su escepticismo y recelo hacia el taurino profesional. Su sorna castiza me recordaba a Ramón Gómez de la Serna, incluso escribiendo. Esa pluma voraz captaba y resumía cualquier situación en un par de renglones. Me reí mucho con sus crónicas en las que, sin faltar nunca el respeto a los toreros, era capaz de convertir en jocoso lo que no tenía remedio. Añoraremos mucho su pluma, porque no aburría nunca", informa Daniel Gil.
Había heredado la afición de su padre, que se vino a Madrid cuando él tenía cuatro años. "Me empezó a llevar a la plaza y me aficioné enseguida", contaba. "Siempre he sido un elemento extraño y, cuando hacía novillos, en vez de irme al Retiro a ligar me iba a la biblioteca a leer el Cossío. Hace falta ser gilipollas".

domingo, febrero 13, 2022

FELIZ XI ANIVERSARIO, DESJARRETE DE ACHO

EL DESJARRETE DE ACHO considera un imperativo categórico recordar que la FIESTA carece de importancia sin la presencia del TORO ÍNTEGRO, ENCASTADO, con PODER y BRAVURA; y que  solo así se puede defender lo que todavía queda de la FIESTA

 No existe  otra vía  que la defensa de la INTEGRIDAD DE LA FIESTA , que supone el respeto al TORO y a las esencias que la  inspiraron (Rito, Verdad, Honestidad y Valentía) que dotan de contenido, sentido y justificación a todo el conjunto de artes y técnicas que engloban la TAUROMAQUIA, palabra griega que significa “LUCHA CON EL TORO”, y una de las artes más bellas y cultas del planeta. 

"Aritmético" de GARCIA ROMERO, N° 84, lidiado en VIC FEZENSAC en 1979, origen "Gamero Cívico"

Carlos Albarrán "El Buñolero", portando el desjarrete,
símbolo de este blog.

            
El Culto al TORO, sobre todas las cosas en el Club Taurin Vicois
     
Parte de la cuadrilla de El Chofre, sinónimo de coherencia e inspiradores de nuestra afición: Pedro García Macías, Toni Hernández, Pedrito Camout.

Nuestra filosofía: El TORO INTEGRO sobre todas las cosas
"Carafea III", de Dolores Aguirre, Vic Fezensac 2017 

"Tendero" de  Miura. Vic Fezensac 2017

TERCIO DE VARAS: EJE FUNDAMENTAL DE LA LIDIA Y MEDIDA DE LA BRAVURA DEL  TORO

Empujando con los riñones (Enrique Martín Muñoz)

"Tacholero" de Cuadri en la concurso de Vic Fezensac  2017

Impresionante tercio de varas en la Santa María de Bogotá
   
EL DESJARRETE DE ACHO, agradece a sus lectores por tan grata compañía en estos 11 años de brega por la blogósfera taurina. 
                         
Pocho Paccini Bustos.

Lima, 13 de febrero de 2022.

sábado, enero 22, 2022

"QUIERO SER TORERO"

Un  Cómic en el que su protagonista, "Javi", cuenta la historia de aquellos días ya lejanos en los que en la calle jugaba a ser torero junto a los demás niños, imaginando que estaba en Madrid o Sevilla, viéndose vestido de luces en el centro del ruedo, como si fuera el centro del Universo.    

Personalmente, disfrutamos de las interesantes anécdotas que nos narran sus protagonistas; ilustradas  magistralmente por el lápiz de Enrique Martín Muñoz, quien con su arte, conocimiento y afición por esta  "nuestra pasión" como él llama, resultan siendo un compendio de cómo deben ejecutarse correctamente las suertes en los tres tercios de la lidia, ante TOROS con el trapío propio de sus encastes, íntegros, bravos y encastados.  

Como muestra, y con el perdón de Enrique, nos permitimos compartirles ilustraciones de la Suerte de Varas, el "Eje de la Lidia".
Citando al Toro 

Empujando con los riñones

Lo Fundamental 

Un detallazo con la firma de nuestro amigo,  Enrique Martín

  Fuente: Quiero ser Torero. Guión e ilustraciones Enrique Martín Muñoz. Madrid, febrero de 2020.

jueves, enero 13, 2022

LA ESTOCADA DE LA TARDE

 Machaquito metió el estoque a "Barbero" de Miura, hasta la cintas en la misma cruz. El toro se llevó en el pitón las chorreras de la camisa. "Barbero", rodó como una pelota y en la plaza estalló una ovación imponente, indescriptible, trepidante...

 

El Liberal, Madrid, mayo de 1907.

 OCHO MIURAS 

 Fuentes, Bombita, Machaquito, Cocherito

Hombre prevenido...
Por lo que pueda tronar, yo ya me he adelantado a los acontecimientos.Les diré a ustedes cómo fue y confío en la benevolencia del público. Pero no me gusta dejar enfriar los entusiasmos y, como buen español, amo y admiro las sentencias populares y procuro observar sus saludables enseñanzas.
El llanto sobre el difunto. Lloremos, pues.
Salí de la plaza con el corazón palpitante de emoción. Creí que el picarillo quería saltárseme del pecho. La multitud por la calle de Alcalá abajo, llevaba también retratada la alegría del buen vivir.
Entré en el primer café  que "me salió al paso". Pedí una "chica" de cerveza y recado de escribir y en cinco minutos enjareté la carta que voy a tener el honor de "colocar" a ustedes:
"Para MARIANO BENLLIURE. Escultor.
Prepárate ilustre "alfarero". ¡Ha llegado la hora! Afila tu cincel de oro y mete mano a ese barro "divino", que conviertes luego en obras inmortales, porque ya no es posible esperar ni un momento más.
La afición reclama tu concurso para la obra magna que proyecta. Tú, aficionado de pura sangre, que en el lienzo y en el mármol tantas preciosidades taurinas tiene hechas, no te puedes negar a tan justa demanda.
Las circunstancias lo imponen y, ante su fuerza arrolladora, no hay más que bajar la cabeza y ceder.
Pon en remojo esa brillante fantasía que en sitio tan preeminente ha colocado la escultura española, y lánzate a la pelea.
Es necesario, absolutamente necesario, que hagas una estatua a Machaquito.
El inmenso valor de este cordobés ilustre debe perpetuarse en mármoles y bronces. Otros que no tuvieron en otros momentos de la vida su asombrosa serenidad y su incontrastable bravura, se ofrecen en estatuas a la admiración de las gentes.
¿Por qué no hemos de levantar una estatua a Machaquito?
La figura del toreo, con su traje de luces y sus pantorrillas a la intemperie, calvez no conseguiría inflamar tu imaginación para que, como siempre en tus empresas, te resultase una obra definitiva.
Ahí va, para este caso, una modesta idea. 
Un toro herido de muerte por una estocada monumental, hasta el puño, se tambalea como un beodo.
En el pitón derecho lleva prendido un trozo de la pechera de la camisa del matador… 
Nadie vacilará al pronunciar el nombre del diestro.
¡Machaquito! 
¿Quién puede haber dado esa gran estocada, dejándose en los cuernos las chorreras de la camisa?
- Sólo... ¡¡MACHAQUITO
¿Qué te parece, artista insigne, esta mi modesta idea?
¿Te parece bien? Pues manos a la obra.
Como conozco tu soberana generosidad y me sé de memoria tu proverbial esplendidez, nada te hablo de precio. Hay cosas en el mundo que con todo el oro que existe no podrían pagarse. Tu firma es una de ellas.
Empieza a modelar. Inspírate en aquella soberbia faena de Machaquito con "Barbero", el tercer miura de la tarde.... Sigue modelando.
Y ya conocida la obra, cuando esa preciosidad artística salga terminada de tus manos.., ¿qué hacer con ella? Pues...me la reglas a mí.

BENLLIURE - MACHAQUITO. El  rey de la escultura junto al rey de los matadores de toros.
Te admira y te quiere y no sabe si es más grande la admiración que el cariño o viceversa, Don Modesto."

Salí del café y deposité la carta en el buzón de un estanco. 
A estas horas ya obrará en poder del ilustre artista. Pero si un extravío o un error de dirección impide que el escultor insigne se entere de mis propósitos, lea en esta columna lo que para él escribí en aquel café "que me salió al paso". 
¿Qué opinan ustedes de mi carta? ¿He hecho bien o mal en adelantarme a los acontecimientos?
Hombre prevenido vale por dos, y como veo llegar a pasos agigantados el solemne momento en que las multitudes pidan a grito herido la "estatuación" del grana Machaquito, me parece oportuno ocuparme de los preliminares, para que los sucesos no nos sorprendan, aturullen e inutilicen.
Hombre prevenido...." 

La faena de la tarde

Lo fue por lo extraordinariamente bella y magnífica la faena, no superada ni igualada por nadie, de Machaquito al estoquear el tercer toro.
Sobre la mano izquierda- !ah, señores toreros, sobre la mano izquierda!- tomó el cordobés a "Barbero". El pase natural resultó precioso por lo ceñido. Siguió toreando con la misma mano-¿se fijan ustedes?-, citando con la pierna contraria metida entre los pitones, alargando el brazo sin mover los pies y recogiendo al cornúpeta entre los vuelos de la bandera.
Solo en los tercios del 1. 
Muy en corto, arrancando derecho y adelantando el engaño, como mandan los cánones, metió el estoque hasta la cintas en la misma cruz.
El toro se llevó en el pitón las chorreras de la camisa. Rodó "Barbero" como una pelota y en la plaza estalló una ovación imponente, indescriptible, trepidante...
El cordobés sonreía y saludaba.
Un verdadero asombro de pundonor, de valentía y vergüenza torera.
Señores..., ¿les parece a ustedes que ha llegado el momento de levantar una estatua a Machaquito?."
Fuente: Antología de Crónicas Taurinas. Taurus Ediciones, S.A. Madrid, 1965. P. 113-116.

"La Estocada de la tarde" escultura de Mariano Benlliure

         La estocada de la tarde, publicada en The Kon Leche

viernes, enero 07, 2022

LA MAYOR PESADUMBRE DE MIURA

"Cuando por primera vez en la historia de los Miuras, Juan Belmonte cogió el cuerno a un toro de la trágica divisa". 

Belmonte cogiendo el cuerno del Miura, por el pitón, por la pala y por la mazorca
  
Miuras para Belmonte, Gallito y Gaona

Corría el mes de abril de 1914. Sevilla ardía en fiestas, conmemorando su clásica y renombrada feria primaveral, y la bella capital andaluza, de San Telmo a la Alameda, de Triana a la Macarena, esa alegre pandereta en la que un hervidero de gente forastera se mueve dificultosamente bajo el toldo azul purísimo de su cielo sevillano y entre aromosos efluvios de albahaca y de jazmines. 

Es precisamente el día 21 cuando, a la caída de la tarde, un venerable anciano —tez morena, curtida por los vientos marismeños, largas y nevadas patillas, traje campero y clásico sombrero de ala ancha— pasea inquieto, nervioso, pero todavía con aire gallardo y majestuosa altivez, por su despacho de la plaza de la Encarnación. 

Hace tiempo que don Eduardo Miura no asiste a las corridas; mas su tradición ganadera, su conciencia y escrupulosidad, su afición ilimitada a la cría de reses bravas permanecen intactas, exhibiéndose a plena luz, cual airosos blasones —de íntimo orgullo, manifiesto desinterés y elevado señorío— que caracterizan y enaltecen, aún más si cabe, su persona y su divisa. 

Don Eduardo no acude ya a ninguna Plaza, pero conoce todas las reses tde la temida vacada de que es propietario, siguiendo con creciente interés las faenas camperas, y estando, al propio tiempo, exactamente informado del resultado y pelea de los toros en las arenas de los circos. 

Aquel 21 de abril, a que nos venimos refiriendo, don Eduardo mostraba una impaciencia extraordinaria por saber lo ocurrido en el ruedo de la Maestranza. ¡Menuda expectación había aquella tarde! Una buena moza de Miura para Gaona, Gallito y Belmonte. El interés y la pasión se desbordaban por la Plaza y fuera de ella, pues el trianero, herido por un veragüeño el día 15 en Murcia, y habiendo perdido por tal causa las dos corridas del 18 y 20 de la citada, feria sevillana, se pre- sentaba ante sus paisanos nada menos que con la miurada. 

La noble ancianidad del hidalgo andaluz —garbosa y recia— va y viene de un extremo a otro, consultando varias veces el reloj de la estancia. 

—Son las seis y la fiesta debe de andar por el último toro—dice para sus adentros. 

Y en tan agobiante espera acuden a la mente del veterano ganadero multitud de recuerdos, gloriosos unos, trágicos otros, que dieron fama a sus toros. 

Como en visión cinematográfica desfilan por la mente desasosegada de don Eduardo fechas, personas y hechos que compendian la historia de la vacada. Y aparece su padre, don Juan, fundador de aquélla en 1842 con doscientas veinte vacas de Gil Herrera, a las que en 1849 adiciona otras tantas de Albareda, y ciento sesenta y ocho becerros de igual procedencia. Viene luego nueva adquisición, en 1850, de machos y hembras de Cabrera, y en 1854, de dos senientales de Arias de Saavedra, oriundos de Vistahermosa, de cuya cruza surge el tipo de toro agalgueñado, ágil, flexible, duro, bravo y «de sentido». Recuerda el fallecimiento de don Juan y el paso de la ganadería a su hermano don Antonio, que la posee desde 1863 hasta 1893, y de aquí en adelante su disfrute como único dueño. 

Con tristeza medita el viejo ganadero sobre amargos recuerdos que dieron máxima celebridad a la divisa, mas también se enorgullece de seguir criando toros con seriedad y trapío, fortaleza y romana, bravura y ligerera, aptos tan sólo para diestros que sepan lidiarlos. 

—El auténtico toro no se deja hacer caricias en los pitones—masculla por lo bajo ante el hecho cierto de que ningún torero se haya atrevido a coger los cuernos a sus toros. 

Hundido en estos rápidos pensamientos, y quizá con un extraño presentimiento, el patriarcal ganadero se asoma al balconcillo de la habitación. Por la calle, grupos de personas discurren comentando acaloradamente la corrida, y por sus gestos comprende don Eduardo que algo anormal ha ocurrido. 

Y los segundos que el tic-tac del reloj va marcando le parecen meses. 

—¿Da «usté» su permiso?—balbucea, respetuosa y tímidamente Antonio, el mayoral. 

Don Eduardo clava su mirada anhelante en el vaquero, como esperando una contrariedad. 

—¿Qué ha pasado? 
 
—Una «esaborisión», señor. ¡Lo que nunca ha sucedido con nuestros toros! Yo estoy «abochornao». 

—¿Pero qué nueva tragedía ha ocurrido? —gritó, impaciente, don Eduardo? 

—Pues «na», señor. ¡Belmonte ha cogido al toro berrendo el cuerno derecho por el pitón, por la pala y por la mazorca! 

—¡No es verdad! ¡Completamente Imposible! ¡A mis toros nadie les ha cogido los cuernos! ¿Estás seguro de haberlo visto? —Tan cierto como que en estos momentos todavía alumbra el sol. Los señoritos don Antonio y don José lo han presenciado como yo. 

—¿Un torero cogiendo el cuerno a un toro mío?... 

Fuente:Semanario gráfico de los toros El Ruedo. Año III. Madrid, 26 de diciembre de 1946. N° 131.