EL EJE DE LA LIDIA

EL EJE DE LA LIDIA
"Normalmente, el primer puyazo lo toman bien los toros, y si ése fuera el único del tercio, todos parecerían bravos. En el segundo ya empiezan a dar síntomas de su categoría de bravura. Y es en el tercero donde se define de verdad si el toro es bravo o no. En el tercer puyazo casi todos los toros cantan la gallina, se suele decir". JOAQUÍN VIDAL : "El Toreo es Grandeza". Foto: "Jardinero" de la Ganadería los Maños, primera de cuatro entradas al caballo. Corrida Concurso VIC FEZENSAC 2017. Foto : Pocho Paccini Bustos.

viernes, junio 17, 2022

ANDRÉS VÁZQUEZ : IN MEMORIAM

Descanse en paz, Maestro Andréz Vázquez, Torero de Toreros, custodio del toreo puro, clásico y eterno.

                                          

El Desjarrete de Acho, rinde  homenaje a Andrés Vásquez

Paladeaba el toreo y lo hacía paladear principalmente a la afición, interpretándolo con una hondura y una cadencia que ahora ya no vemos. Tomó y confirmó alternativa en Las ventas de Madrid. Caracterizado por hacer faenas de muleta sin solución de continuidad, ligando los pases, ligando las tandas de naturales, desgranando un amplísimo repertorio, desde el ayudado por alto, cargada la suerte, al trincherazo; desde el estatuario al pase de pecho.

Sacamos del baúl de los recuerdos, crónicas de faenas antológicas en Las Ventas de Madrid, publicadas en el semanario gráfico de los toros El Ruedo, que refrendan lo anteriormente señalado. Corresponden a la corrida del 10 de agosto de 1969 y a la Corrida de La Prensa del 03 de mayo de 1970.
 ( I )
«BARATERO», UN TORO PARA LA HISTORIA
ANDRÉS VÁZQUEZ (3 OREJAS) VUELVE A ENCONTRAR SU CAMINO DE FIGURA DEL TOREO - 10 DE AGOSTO DE 1969
Había expectación por ver los toros de Victorino Martin, con casta pura de Albaserrada. Porque la Feria del Toro —en contra de lo que se anuncia por ahí— se celebra en Madrid los meses de julio y agosto.
Los toros fueron tres y tres en cuanto a presencia. Tres y tres en cuanto a condiciones para la lidia. Pero hay que cantar las glorias de «Baratero», el quinto de la tarde, que fue insuperable, y al que se le dio la vuelta al ruedo.
Gracias a «Baratero» y a Andrés Vázquez disfrutamos de una suerte ya desconocida; la de varas. El público lo agradeció y llevó su entusiasmo hasta el frenesí. Era justo. 
Junto al éxito de «Baratero» está el de Andrés Vázquez. Lo lanceó de capa muy bien, con verónicas de calidad superadas en la media. Otra media soberbia en un quite, pero lo importante es ver cómo pone en suerte al toro, lejos, muy lejos, y así va el bravo animal cuatro veces al caballo, en la segunda puya se rompe la vara, pero en las otras ocasiones el de tanda hace la suerte a ley y con singular limpieza, y el entusiasmo multitudinario explota en cada arrancada de «Baratero». Este llega muy claro a la muleta con gran nobleza, y Vázquez inicia la faena ganando terreno al toro, yéndose para adelante con él. Cuando ya ha agotado la faena sobre la derecha —con pases largos y hondos— da con la izquierda cinco naturales, de los cuales hay dos extraordinarios. 

                                           Natural a "Baratero". Imagen (Tierras Taurinas)
Un pínchazo muy bien señalado y entrando con ganas, una estocada hasta la gamuza, desprendida. 
Se desata el delirio dando la vuelta al ruedo a «Baratero» y las dos orejas del bravo animal a su matador, que tiene que sacar a saludar al mayoral y a los compañeros de terna.
Estocada a "Baratero" Imagen (Tierras Taurinas)
Antonio Casero ilustra la muerte de «Baratero»
Estuvo, como digo, admirable Andrés Vázquez, 
pero aún me gustó más la faena al segundo, «Granadino», porque el toro era mucho más in
cierto, llegó a la faena muy fuerte y con peligroso punteo, y ahí Andrés le pegó diez muletazos de castigo —entendámonos, ¡de castigo¡— para dominarlo en absoluto y sacarle unos pases que nadie esperaba. Unos pases hondos que en si el toro, en si, no tenia. Al terminar con gran estocada, gana Andrés Vázquez la oreja que, para mi tuvo más mérito de las tres cosechadas en la tarde.
        Gesto de triunfo de Andrés Vázquez al matar de una colosal estocada al "Granadino" segundo toro de la corrida.
Y así fue esta corrida de la «Feria del Toro» de Madrid, en la que vimos uno —«Baratero» por nombre, de Vitorino Martín— que pasará a la historia de los Toros Bravos con letras mayúsculas fundidas en oro.                                                                                                                    DON ANTONIO.
Fuente: Semanario gráfico de los toros El Ruedo12 agosto de 1969. Año XXVI, Nº 1312. 
( II )
"Historia de una corrida de toros en que ganadero, matador, cuadrillas y público se portaron como aficionados.
AQUELLA TARDE DE ANDRÉS VÁZQUEZ….."CORRIDA DE LA PRENSA"  03 DE MAYO DE 1970.
CUADRILLAS. — Andrés Vázquez, con el sobresaliente, Juan Calleja,
y las cuadrillas
 antes de iniciar el paseíllo.

Las cuadrillas tuvieron gran éxito como lidiadores.

SEIS TOROS CON HISTORIA.—El reportaje que EL RUEDO tituló «Siete cinqueños esperan» dio la vuelta al mundo taurino —en las dos orillas de la mar— y suscitó expectaciones y homenajes tanto para el ganadero que los criaba y exhibía ante los aficionados en el mirador de Galapagar, como al matador que, sin dar aparente importancia a la seriedad de los Victorinos, había decidido encerrarse en solitario con ellos en la plaza de Madrid como su corrida debut en la temporada. Toda una hazaña. 
Pero los toros tenian una historia o
 una anécdota. Y es que el año pasado
—a raíz del doble triunfo logrado por 
ganadero y matador en la crianza y lidia  del soberbio «Baratero» — esta corrida vino a Madrid para ser lidiada también con el concurso de Andrés Vázquez; y la autoridad, representada por don Pedro Torres, que por deliberada coincidencia presidió el festejo del domingo la rechazó, y no por falta de trapío —que las caras y astas del domingo no se hacen en unos meses—sino por falta de peso.
La corrida volvió al campo serrano, 
comió habas todo el invierno y fue visitada por cuanto aficionado con afición —pues los hay que no la tiene más que de boquilla— tuvo medio de asomarse al mirador de Galapagar. La 
corrida, pues, se lidió entre amigos a 
los toros, a los que
deseábamos el 
triunfo en la misma medida que al so
litario matador. Se lidió también, en comparación los toros con el re
cuerdo de «Baratero»; era inevitable; 
como era previsible que el citado recuerdo no quedase borrado en la tar
de del 3 de mayo.

«Palomito» (para sus íntimos, «Carlitos»).— Cárdeno y muy desarrollado da cuerna; con el pitón derecho tocado —por añeja fractura de la bellota—, mas por el lado izquierdo parecía llegar lanza en ristre. Muy justo en el peso —462 kilos—, pero ovacionado en la salida; prueba de que en el ruedo también se prefieren los atletas cuajados a los niños gordos. 
Fue bien al capote de Andrés Vazquez y apretó mucho en la primera vara de Remache, que con el puyazo provocó gran borbotón de sangre. Escarbó un poco antes de tomar el segundo puyazo, en el que dobló con el caballo, giró para empujar hacia fuera y lo sacó casi a los medios. En la tercera vara Andrés lo dejó bastante abierto —quizá demasiado—, y el toro se distrae y marcha a terrenos del 6. Andrés repite la suerte en el 7 y el toro se arranca de largo, entre una gran ovación. No se entrega en la vara y se sale un poco, pero dando la cara. Hay palmas grandes para este tercio.
El toro deja ver su sentido de toro en banderillas y desconfía al rehiletero de tanda. Es poco
nronto. y cuando le traen los peones del 5 al 1 para la faena, les aprieta en tablas.
Durante la faena se mantuvo el amigo «Carlitos» reservón, observador y sabio. En el arrastre le tocaron palmitas.
«Curiosito». — Uno de los dos toros negros de la tarde. En el mirador de Galapagar muchos aficionados dijimos al ganadero que no nos gustaba que en una corrida de expectación como era ésta viniera un toro bizco. Pero Victorino Martin debía tener confianza en la reata de «Curiosito», porque le defendió contra viento y marea. Veamos qué hizo y si justificó esa confianza.
Salió abanto pero tomó bien el capote de Andrés Vázquez. Escarbó antes de tomar la primera vara, en la que empezó apretando bien, para querer salirse, y al final, hacer hilo, girar y derribar, con lo que permitió que se hiciera el quite en su auténtica acepción: salió persiguiendo a un peón.
No se le vio bien en la segunda vara porque se eternizaron los «monos» al levantar el caballo derribado; se perdió un tiempo precioso antes de hacer entrar en funciones al picador reserva y el tercio perdió unidad. Incluso estuvo a punto de arrancarse «Curiosito» al hormigueo de «monos» que rodeaban al caballo caido y hacer un desaguisado. Pero volvamos al toro:
Aprieta sin ganas en el segundo encuentro y sale pronto al quite que hace el sobresaliente. Juan Calleja. En la tercera vara sale suelto, y es entonces cuando provoca la desbandada de monosabios que quitan el peto al caballo caído para ponerle en pie. Escarba. En terrenos del 6 toma al relance otra vara, en cuya salida, en un recorte, dobla las manos. Aceptó dos pares de banderillas. 
En la faena no fue un toro claro. Junto a momentos en que acudió voluntarioso, hubo otros en que se reservó y hasta puso la marcha atrás. Fue de los menos lucidos de la corrida. 
«Violetero». — Cárdeno, cornicorto y un poco «apretao». Sale abanto y berrea un poco en 
los primeros momentos. Acude celoso —aunque no tiene buen estilo inicial— al capote. 
En la primera vara se arranca de largo, aprieta bien y a poco muge, se sale y vuelve espontáneamente para la segunda sangria, en la que tampoco se entrega, aunque mantiene el tipo.
En el tercer puyazo se vuelve a arrancar de largo y recibe de Isidro Alvarez una vara trasera. Las puyas cuarta y quinta fueron del mismo estilo: el toro fue colocado muy abierto, avanzó enterándose y frenó a poca distancia del caballo y acabó por aceptar espontáneamente los dos puyazos. Fue una suerte pictórica de interés y muy ovacionada.
Tomó bien dos pares y medio, de los que una banderilla en el cuello le descompuso un poco para la faena. Sin embargo, se mantuvo pronto, con buen temple en la embestida, salvo algún punteo provocado por el importuno palo. Fue al desolladero sin las orejas y ovacionado en el arrastre.


«Madanito». — Toro hondo, serio, bien puesto y tamnbién cárdeno. Sale enterándose y amagando antes de emplazarse. Pero en seguida toma bien el capote. Dobla las manos en un recorte final.
Aprieta mucho, se duerme en la primera vara, que no es tal, sino primer encuentro con el picador, que le infiere cuatro puyazos en uno. En la segunda ocasion le dejan muy abierto y no acude; se le cierra más y va pronto, para empujar en una vara delantera, y al salir, volver a doblar las manos en el quite. Vuelve a ir a otra puya en  terrenos del 4, pero esta vez en cite de cerca. Buena pelea.
Va bien y con facilidad en banderl
lias. En la faena queda con embestida 
poco alegre, sabe ver torero, y al final 
quiere irse de la muleta y pone la mar
cha atrás. Tampoco ha sido de los que 
más lucieron en la lidia
«Pocapena».— Negro y con nombre 
idéntico al veragüeño que dio muerte a 
Manolo Granero. Hace salida contraria. Bien puesto y con cuerna saltillera — como casi toda la corrida —, se frena en el capote y echa la mano por delante.
En la primera vara, en que es tomado de cerca, se deja pegar y sale al quite del 

sobresaliente. En el Segundo encuentro recibe dos picas, una trasera y otra en el tintero de sangre de la vara inicial. En el tercer encuentro con los montados entra de mala gana y después de bastante porfía; pero como sangra mucho, se señala el puyazo con el regatón de la pica.
En banderillas espera. En la faena es el que tiene más genio, más cosas de toro: se pone por delante, se queda en los pases y busca desde el primer muletazo. Un toro con mucho que lidiar.
«Pajarero».— Cárdeno claro, el de más peso de la corrida , con 561 kilos, cara seria, bien puesto, hondo y cuajado. También el más noble y claro de la tarde que, justamente, fue premiado con la vuelta al ruedo. El tuvo gran parte en que la corrida terminase en punta de éxito. Fue con celeridad a la primera vara, en la que romaneó con fuerza y entrega de toro muy bravo; pero Raimundo Rodríguez le había cogido en un soberano puyazo y fue aquél uno de los momentos más emocionantes de la corrida. También la segunda vara es muy buena, aunque el toro hace signos de dolerse. Pero fue cosa pasajera, pues acudió en forma extraordinaria a la tercera pica, que tomó con gran bravura.

                            Pajarero frente al picador Raimundo Rodríguez (Imagen: Tierras Taurinas)
Ovación al picador Raimundo Rodríguez, tras picar a "Pajarero"
El lápiz de Antonio Casero grafica el brindis de Andrés Vázquez a Raimundo 
En el primer tercio, en quites, dobló las manos tres veces y otra en banderillas, a las que fue con gran voluntad. 
Para la faena quedó con embestida pronta, noble, templada. Un toro de impresionante presencia y pastueño e ideal para el torero. Un toro de justa, unánimemente reclamada vuelta al ruedo. 
EL PUBLICO Y LA LIDIA.—Entre 
las cosas a destacar en la corrida — a 
mí es una de las que más me impresionó – quiero referirme especialmente al orden que en todo momento reinó en la lidia de los seis toros.

Esto es mérito imputable —en primer lugar— a Andrés Vázquez, que asi lo organizó, pero al mismo tiempo a los subalternos que se sintieron contagiados de afición, y si los de a pie manejaron los capotes con discreción suma y casi siempre capearon y corrieron los toros a una mano, los picadores no tuvieron ningún inconveniente en tomar a los toros de largo y hacer la suerte con arreglo a las más estéticas reglas del arte de picar
En este sentido, también la corrida del domingo tuvo una ejemplaridad dignificadora, depuradora del sentido de propia estimación artística de quienes formaron las cuadrillas, que —con el sobresaliente Juan Calleja— fueron: 
Picadores: Rafael Tafalla «Remache», Antonio Tafalla, Isidro Alvarez, Mateo Sánchez «Bocanegra», Antonio Díaz y Raimundo Rodríguez. 
Banderilleros: José Carbonell, José Martínez «Moncada», Antonio Briceño, Antonio Valle «Vallito», Julián Alvarez, Manuel Avila, Francisco M. Balbuena, Antonio Soto «Sotito» y Mariano Gómez. 
Para todos mi aplauso, por su buena lección como toreros y aficionados.
Del mismo modo que les dio su aplauso el publico, que estuvo también muy aficionado, haciendo honor a la gran tradición de la plaza de Madrid. La ovación de clamor con que se acogió la presencia de Andrés Vázquez al frente de las cuadrillas fue el refrendo del agrado con que se había acogido su gesto. Del mismo modo, la nutrida presencia de una formidable entrada muy cercana al lleno, dejó muchos temas para inmediata discusión. 
El público subrayó con sus ovaciones la resurrección de la suerte de varas —es decir, la resurrección del toro—, se emocionó con la majestuosa arrancada de los toros frente al caballo en los planteamientos del primer tercio, y demostró estar en vías de capacitación para comprender y aquilatar el toreo en todas sus dimensiones. Incluso la de pasar por taquilla. 
ANDRES VAZQUEZ.—He dejado para el final lo que es núcleo y nervio de la corrida. La presencia de Andrés Vázquez, único matador en una corrida de toros que no exageró nada al anunciarse asi. 
Hacer acto de presencia en la plaza era una hazaña. Despachar la corrida con corte de dos orejas y salida a hombros por la puerta de los éxitos, una hazaña mayor que muy contados toreros del momento presente podrían emular. 
Andrés Vázquez —que además era el primer día que se vestía de torero en la actual temporada— estuvo siempre en maestro dominador, en director de lidia, en conocedor profundo de las bellezas del toreo y las emociones que puede suscitar.
Variado con el capote — en él escuchó varias ovaciones grandes en el saludo de los toros primero, segundo, tercero y sexto —, dejó, sobre todo, el recuerdo de sus medias veronicas de inconfundible acento. Cinco de estos apretados y dramáticos lances le dio, nada menos, al tercero de la tarde. 
Su sentido del quite estuvo más cer
ca de la eficacia y funcionalidad 
que del adorno; los toros no son para  capearlos mucho, sino para dejarlos en su sitio. Por eso, aunque no faltaron las chicuelinas de adorno o las verónicas de hondura, ni el quite por navarras al quinto, ni las revoleras y recortes que añadian gracia, los capotazos buscaban siempre el emplazamiento del toro para su pelea, y los lances del delantal y el garbo de las largas apareció muchas veces.
Una pregunta: ¿ Por qué Andrés, que era buen banderillero, dejó de banderillear hace tiempo? ¿ Por qué no lo intentó en un par de toros?
La faena a su primero —el sabio «Palomito»— fue de piton a piton, de aliño, para esperar que saliera de los chiqueros major género, Y la refrendó con media estocada sin estrecharse y cinco golpes de verduguillo. El publico le aplaudió para reiterar su confianza.
Empezó muy bien, con ayudados por alto, su faena al Segundo, para seguir con una serie sobre la derecha muy bien templada. Al acabar esta serie, el toro marcha atrás y Andrés rectifica su cercanía, para citar de lejos y conseguir dos redondos muy buenos, un molinete y una serie de izquierda en que el natural del centro es magnífico. Dos pinchazos y una estocada refrendaron la faena rematada con adornos. 
En el tercero consiguió Andrés uno de sus momento estelares, desde la estallante  brillantez de su capote hasta la faena en que los pases por alto y la suavidad de los redondos cedieron paso a una serie de cinco naturales que arrancaron clamores en el tendido. Cada vez más ceñido y enterado el toro, cada vez más valeroso el torero sigue la faena ganando en emoción, hasta que una estocada a ley, entera y desprendida, desata la nube de pañuelos que piden las dos orejas de “ Violetero”, que el usía concede.
Entre los pases mejores que dió Vázquez en la tarde clasifico los cuatro ayudados por bajo con que inició la faena al cuarto, brindado a Gregorio Marañón, aunque el estilo reservón del toro, su venida a menos tras este tanteo inicial, dejasen la brega en una al viejo estilo, dominadora, con  pases de tirón, para buscar mejor terreno y dar tres naturales, uno de ellos, el tercero, y el de pecho, ovacionados. El acero queda un poco tendido y hay dos descabellos. Palmas.
El brindis del quinto a Serranito – que recibe una ovación clamorosa del publico – es prólogo brillante a una faena valiente y cercana a un toro que busca y con el que el problema es dominarle… Una estocada, exponiendo, y que produce vómito, termina la lidia.
Ya he dicho que el mejor toro de la tarde fue el sexto y Andrés estuvo a tono con él en todo momento, excepto 
en el final. Muy buenas verónicas cerradas con dos medias y airoso recorte fueron preludio a un ceñido quite
por chicuelinas y unas largas cordobesas dignas de las ovaciones que los subrayaron. 
La faena, relajada ya la tension de la tarde, encaramado Andrés en las nubes del aplauso, fue una Hermosa pieza de arte, entera, sin solución de continuidad. El toro era muy bueno, pero era toro, y en dos ocasiones demostró que tenía genio de tal al achuchar poderosamente, sin que Andrés perdiese ni su cara ni un milímetro de terreno; ahi estuvo su mérito, porque él toro acabó entregado al temple de una faena brillante... como la espada de San Femando, pongamos como piropo que le gustará al torero. Fue en la espada precisamente el fallo de Andrés. Pinchó una vez y aún - ¡ recuerdo la tarde de Chicuelo¡- ligó después una serie de naturales, varios de ellos perfectos. Otro pinchazo, media caidilla y tendida y nuevo pinchazo fueron el final triste de una faena alegre.  
Andrés, generoso con su colaborador más que enemigo, ovacionó a «Pajarero» - que brindó a Victorino Martín y a Raimundo, su picador- cuando a éste le daban la vuelta al ruedo, antes de que los entusiastas se llevaran a Andrés, en su tarde histórica, a hombros por la puerta grande.                            
                                                                                                                                                                                   DON ANTONIO
PREGUNTAS DEL REPORTERO Y CRITICO  VICENTE MARTINEZ ZURDO «NACHO» ANTES Y DESPUES DE LA CORRIDA.

PATIO:
ME CONSIDERO UN ROMÁNTICO. ME DARÉ POR SATISFECHO SI LO DE HOY HA DE SERVIR PARA ENALTECER LA FIESTA.
Animación en el patio de cuadrillas. El único matador del cartel llega con el tiempo reglamentario. Quince minutos antes. No ha de pasar por los trámites que le certifiquen el ignominioso estoque simulado. Andrés Vázquez su faena la hará con la espada de verdad. Aunque la tenga que usar en seis faenas. Nada más llegar a este vestíbulo limitado, al otro lado, por el portón de la fama le pregunto:
-       ¿ Cuál es el objetivo de este gesto?
-       Demostrar que mi intención en aquella corrida del Montepio no fue una baladronada. Ahora, dos horas después veremos si hubo gesta.
-       ¿Qué es más difícil, triunfar con seis toros o el éxitos con dos?
Bueno…, lo de hoy, referido a mi, es dar a la afición esta corrida. Y precisamente con albaserradas, porque nadie ignora la dificultad de matar seis toros con la raza que tíenen éstos, y es el homenaje que la afición merece y yo quiero deparar. Hoy no persigo nada en lo económico. Intentaré por todos los medios que la afición salga contenta. 
—Hoy la presidencia corresponde a la misma autoridad que desecho estos mismos toros el 10 de agosto. ¿Le preocupa esta cuestión? 
—¡Qué suerte! Porque da la casualidad que ese señor presidente es el que presidió la corrida de mi alternativa, y también las dos tardes del año pasado en las que triunfé. Así que, consciente de su seriedad y recta justicia, ningún juez mejor me puede corresponder. Por ello me considero hombre de suerte. 
—Esta tarde, hasta que se arrastre el sexto toro, ¿de quién estará más pendiente, aparte det toro, naturalmente? 
—Aparte del toro..., del toro otra vez. 
—Si hoy salen seis «Barateros», ¿los desorejaría a todos? 
—¡Que salgan y luego usted lo escribe! 
—Su gesto y su gesta de hoy, ¿le sirve de algo? 
—Me considero un romántico. Me daré por satisfecho que lo que yo haga hoy sirva para enaltecer la Fiesta nacional, esa Fiesta que es nuestra y no puede decaer. Que siga hacia arriba y la autoridad siga siendo tan justa como lo fue en aquella otra corrida en la que a mi justamente me echaron los toros para atrás. 
VESTUARIOS:
“VALE LA PENA ESTOS GESTOS: LA PLAZA SE HA LLENADO Y EL PUBLICO HA APRECIADO EL VALOR DEL TORERO ANTE EL TORO”
El hogar del torero está abarrotado de amigos. Se brinda por lo que sucedió en el ruedo y por las futuras glorias que, sin duda, están rubricadas desde hoy. Está marcado por TVE, que se lo van a llevar a los estudios de Prado del Rey. No obstante, antes accede a darnos su opinión personal de su «solo de toreo». De su «aria» taurómaca. En fin que sea él mismo el que se haga la autocrítica. 
Estas son sus particulares apreciaciones vistas desde cerca. Desde muy cerca: 
«Estoy satisfecho de haber cumplido mi promesa con la afición. Me he enfrentado con una auténtica corrida de toros y he intentado deparar a aquélla todo cuanto estuvo en mi mano hacer, sin retroceder un solo paso. Es más, la faena realizada al sexto de la tarde, en mi fuero interno, la considero como una de las mejores de mi vida. 
Nosotros los toreros hacemos en la arena lo que nos permiten los toros. Y a éstos, cuando son adultos, no se les puede tratar con un formulario prefabricado, sino dándoles en cada momento el toreo o la lidia que el torero tiene obligación de saber.
Esta tarde, dadas las circunstancias de cada toro he tratado de lidiar como corresponde a toros con seis años. Cuando un toro tiene edad no se le puede confiar un pase o un lance a la casualidad. 
La de este domingo ha sido una corrida brava. Ha llegado con mucho sentido. Unos, de bravura noble, reconocible, y otros que se pegaron mucho al caballo. 
El público ha estado justo. Siempre sabe lo que quiere. Naturalmente que me queda el resquemor de haber dejado algo por hacer, pues el artista que piensa que lo hizo todo es un artista muerto. 
Sí, vale la pena tener estos gestos. A las pruebas me remito: se ha llenado la plaza, lo que quiere decir que el público aprecia el valor del torero y desea verle frente al TORO.»
De mi parte, sólo una pregunta:

—Y ahora, ¿qué?

—Sigo siendo un romántico de esto. Me gusta horrores y soy feliz viendo disfrutar a esas masas y a esos grandes aficionados sentados en sus localidades mientras yo me juego la vida en el ruedo.
Pase por alto a Cordonito
Fuente: El Ruedo. Semanario gráfico de los toros. Madrid, 5 de mayo de 1970, Año XXVII. Nº 1,350.

Andrés Vázquez, TORERO de TODOS los tiempos.

También se puede ver : "Andrés Vázquez y Baratero "Un momento de espiritualidad

domingo, abril 10, 2022

EL HOMBRE QUE ESCRIBIÓ LOS TOROS. A 20 AÑOS DE LA PARTIDA DE DON JOAQUÍN VIDAL VIZCARRO.

"Con su permiso, don Joaquín"

“Sus lectores lo hemos sabido siempre: la figura de Joaquín Vidal trascendía el mundo taurino para adentrarse en el terreno de la creación literaria. La legión de seguidores, muchos de ellos ajenos a la Fiesta, que tenían sus escritos así lo atestigua. Una riqueza expresiva deslumbrante, el uso de la ironía, el manejo de un vocabulario a la vez ajeno e inventado son las características de la maestría y versatilidad de la obra de Joaquín Vidal.”
Joaquín Vidal, en su abono del tendido bajo del 10, en la fila 6, asiento 17, en Las Ventas

"Muere Joaquín Vidal, gran renovador de la crítica taurina y escritor deslumbrante
Creador de un gran español, fue un feroz defensor de la integridad de la fiesta"

MIGUEL MORA - Madrid - 11/04/2002

“Ayer 10 de abril, murió en Madrid el maestro Joaquín Vidal. Había nacido en Santander en 1935, y desde muy joven volcó su vocación periodística en el mundo de los toros, su gran pasión. Como informador y crítico, se convirtió en una referencia de independencia, rigor y criterio para la afición y los lectores, incluso los no taurinos. Gente como José Bergamín o Eduardo Arroyo admiraron sus crónicas, marcadas por una honradez a prueba de amenazas, una escritura irónica y deslumbrante, la constante denuncia del fraude taurino y la búsqueda de la verdad de la fiesta. Trabajador incansable -escribió más de 5.000 artículos para EL PAÍS-, fue un compañero cabal y encantador, un auténtico caballero dotado de un colosal sentido del humor.
La Maestranza guardó ayer un minuto de silencio en memoria de Joaquín Vidal. El maestro que dignificó la crónica taurina y la convirtió en una de las bellas artes había caído enfermo el pasado mes de octubre. Los médicos le descubrieron un cáncer. Desde entonces no cesaron de llegar llamadas de sus lectores a la redacción de EL PAÍS interesándose por su salud y añorando los artículos que escribió generosamente desde el 4 de mayo de 1976, día de salida del diario a la calle, con la crónica (inserta en la sección de Deportes) de una novillada en Las Ventas titulada Sánchez Puerto, todo un torero.
Todo lo hacía siguiendo las tres reglas básicas del toreo puro: parar, templar y mandar
Vidal murió ayer a las 8.30 en la Fundación Jiménez Díaz, de Madrid, en la que ingresó reiteradas veces en los últimos meses. Su cuerpo fue llevado al tanatorio de la M-30, donde hoy habrá una misa a las 8.15. Después será enterrado en la Almudena.
Su brillante carrera periodística empezó en Hierro, de Bilbao. Luego fue colaborador de La Codorniz durante nueve años. "Aquel era un humor fetén", contaba el creador de la sección taurina Las vacas enviudan a las cinco: "Un humor muy distinto al de los caricatos de ahora: lo vulgar, lo chabacano, lo pornográfico, lo escatológico y los lugares comunes, todo eso estaba prohibido por una ley no escrita". Y ésa fue una de las máximas de su labor: no caer nunca en la vulgaridad ni en el topicazo.
En aquellos años sesenta Vidal cumplió el protocolo del pluriempleo: compaginaba La Codorniz con su puesto de funcionario en el Instituto Social de la Marina, las crónicas taurinas en Pueblo (con Navalón) y las colaboraciones en Radio Madrid y TVE. Después fue informador y crítico taurino de Informaciones. De ahí, a EL PAÍS, donde vivió 26 años de infatigable peregrinaje por las ferias.
Empezaba el año en Valdemorillo y, hasta la Feria de Otoño, pasaba por Valencia, Sevilla, San Isidro, San Fermín, Bilbao, San Sebastián, Guadalajara, Arganda del Rey y San Sebastián de los Reyes, pero encontraba tiempo para algunas actividades complementarias: sus jugosas entrevistas a escritores, la crónica anual desde el Salón de la Lotería Nacional (que hizo incluso este último año), el coleccionable de la Tauromaquia, su artículo semanal en la sección de Madrid y sus colaboraciones en la SER.
El pintor Eduardo Arroyo, gran aficionado a la fiesta, lamentó profundamente la pérdida de Vidal, "seguramente la pluma más brillante en el mundo de los toros". Destacó su independencia, su gran cultura, su ingenio -"su sentido del humor era prodigioso", dijo-, y recordó cómo cubrió una conferencia suya en el Museo del Prado. "Fue sorprendente, convirtió un acto sobre cuestiones artísticas en una apasionante crónica taurina, al estilo de las suyas".
Todo lo hacía con un entusiasmo, una puntualidad y una profesionalidad ejemplares. Durante sus viajes procuraba comer bien y alejarse todo lo posible de los hoteles taurinos. En una reciente entrevista concedida a la revista www.talavera-toros.org lo explicaba con su sorna habitual: "Hospedarse donde están los toreros, los ganaderos, los empresarios, los apoderados, los mozos de espadas, los ayudas de los mozos de espadas, los partidarios de las figuras, los aficionados de hotel, los aduladores, los gorrones y los trincones es una lata. Los taurinos han experimentado un enorme cambio. Aquellos taurinos que conocí en mis primeros años de informador y cronista, con quienes departí muchas horas hablando de toros, la mayoría de ellos imaginativos, ocurrentes, que conocían la fiesta y la amaban de veras, también han desaparecido. Los taurinos actuales son, sinceramente, bastante ineptos y aburridos. O sea, como los pegapases, pero en taurino".
Muchos de ellos, acostumbrados al éxito fácil, el toro inválido y las críticas halagadoras, no perdonaron su rectitud. Pero Vidal se crecía con el castigo. Contra la presión, más casta y más calidad; contra los insultos, más rigor y más ironía.
En su último artículo, publicado el 19 de marzo en la sección de Madrid y titulado Temporada (su última crónica, del 22 de octubre, se titulaba Un animado final), demostró que le resbalaban las cornadas: "Sabe un servidor que le llamarán derrotista y enemigo de la fiesta. En esta cuestión (y en otras, no se crea) tiene amplia experiencia. También dirán, por lo mismo, que no sabe escribir de toros. Sin embargo, tampoco conviene ser tan radical. Algunas veces sí sabe (más o menos). Dicho sea sin ánimo de ofender y mejorando lo presente".
Así fue haciéndose un hueco en el corazón de los lectores, a base de lenguaje, elegancia, humor y un dominio prodigioso del idioma. Mucha gente compraba sólo el periódico por leerle y otros muchos buscaban con avidez su página empapándosela antes que nada. Decenas de ellos mandaron ayer telegramas de condolencia y mensajes electrónicos al foro de elpais.es lamentando la desaparición del escritor torero.
Su diagnóstico del estado de la fiesta era radicalmente negativo. No por nostalgia, sino por una defensa feroz de la integridad del espectáculo. Por eso daba leña a los isidros, los figurones que torean con el pico de la muleta y a base de derechazos, los subalternos que dan consignas absurdas desde el burladero ("toca, toca"), los empresarios golfos, los picadores que tapan la salida y hacen la carioca, los ganaderos que crían toritos que caían yertos en el ruedo.
Lo cierto es que Vidal disfrutaba como un niño hablando y escribiendo de toros, sobre todo si eran buenos (lo cual sucedía poco). También le gustaba el café solo frío, el Ducados, el Atleti de Madrid, las mujeres, los amigos y la noche. Afrontaba la vida siguiendo las reglas básicas del toreo puro: parar, templar y mandar, cargando la suerte. Con una faena de arte a un toro con peligro y trapío se emocionaba hasta las lágrimas.
Escribía las crónicas de Las Ventas en condiciones lamentables, metido en el chiscón de un garaje cercano, con poca luz y menos tiempo, entre coches y humos. Decía "gajes del oficio", mandaba la ficha y luego un texto impecable y un pie de foto editorializante.Solía recordar una faena de Antonio Bienvenida en San Sebastián de los Reyes, años sesenta, como la mejor que había visto. Saboreaba el toreo clásico, hondo y breve ("la faena ideal no puede durar más de cuatro minutos"), de inspiración, pellizco y poder. En su corazón estaban Curro Romero y Rafael de Paula, a quienes dedicó memorables crónicas (a favor y en contra). Tuvo debilidad por los novilleros y los toreros modestos, como El Fundi, Víctor Puerto o Domingo Valderrama.
También por las dotes lidiadoras de Luis Francisco Esplá, que ayer dijo: "Joaquín tuvo la virtud de interesar a los intelectuales por el mundo del toro. Mucha gente a la que no le gustaban como espectáculo leía sus crónicas. Él creó esa complicidad de la que estaba huérfana el toreo. Aunque sólo coincidí con don Joaquín un par de veces, me sentía identificado con él por su escepticismo y recelo hacia el taurino profesional. Su sorna castiza me recordaba a Ramón Gómez de la Serna, incluso escribiendo. Esa pluma voraz captaba y resumía cualquier situación en un par de renglones. Me reí mucho con sus crónicas en las que, sin faltar nunca el respeto a los toreros, era capaz de convertir en jocoso lo que no tenía remedio. Añoraremos mucho su pluma, porque no aburría nunca", informa Daniel Gil.
Había heredado la afición de su padre, que se vino a Madrid cuando él tenía cuatro años. "Me empezó a llevar a la plaza y me aficioné enseguida", contaba. "Siempre he sido un elemento extraño y, cuando hacía novillos, en vez de irme al Retiro a ligar me iba a la biblioteca a leer el Cossío. Hace falta ser gilipollas".