EL EJE DE LA LIDIA

EL EJE DE LA LIDIA
"Normalmente, el primer puyazo lo toman bien los toros, y si ése fuera el único del tercio, todos parecerían bravos. En el segundo ya empiezan a dar síntomas de su categoría de bravura. Y es en el tercero donde se define de verdad si el toro es bravo o no. En el tercer puyazo casi todos los toros cantan la gallina, se suele decir". JOAQUÍN VIDAL : "El Toreo es Grandeza". Foto: "Jardinero" de la Ganadería los Maños, primera de cuatro entradas al caballo. Corrida Concurso VIC FEZENSAC 2017. Foto : Pocho Paccini Bustos.

sábado, enero 25, 2014

RODOLFO GAONA " EL PETRONIO DEL TOREO" CAPÍTULO III

Luagar de nacimiento "Del León de las Aldamas"

 "Bombita", cediendo a Gaona la muerte del toro "Sentimiento"


          Fuente: Semanario gráfico de los toros El Ruedo. Madrid, 12 de enero de 1950. Nº 290. AÑO VII

domingo, enero 19, 2014

RODOLFO GAONA " EL PETRONIO DEL TOREO" CAPÍTULO II

Gaona en la Plaza de la Puerta de Hierro, tanteando al segundo "torete"de don Féliz Sanz.
Semanario gráfico de los toros El Ruedo. Madrid, 05 de enero de 1950. Nº 289. AÑO VII

jueves, enero 16, 2014

RODOLFO GAONA " EL PETRONIO DEL TOREO" CAPÍTULO I


    
 El lance al que se llamó "Gaonera"


Semanario gráfico de los toros El Ruedo. Madrid, 29 de diciembre de 1949. Nº 288. AÑO VI

martes, enero 14, 2014

EL SUEÑO TRUNCO DE FÉLIX RODRÍGUEZ

Diestro español, cuyo arte era de quintaesencia; no alcanza la gloria por una fulminante enfermedad venérea, más letal que las astas de los toros .

El Universal martes 27 de marzo de 2007
La fiesta de los toros guarda muchas historias de tragedia, signadas con crueldad por el impredecible destino. Las astas de los toros, símbolo de la fiesta, han impedido que sólidas esperanzas se marchiten antes de alcanzar la gloria en la que, por sus innatas cualidades, podrían situarse esos artistas o toreros considerados como unos auténticos fuera de serie.

En ese grupo, señala la historia, está el diestro Félix Rodríguez Ruiz, poseedor de una inmensa sensibilidad; lleva dentro del cuerpo esa rara y anhelada cualidad por la que suspiran todos, que se clasifica como lo máximo: destilar arte.

Sí, Félix Rodríguez se considera como un estilista de puros procedimientos en ejercer las suertes en el arte de lidiar reses bravas. Da, por tanto, un sello a su trazo que lo distingue de los demás.

Uniforma el criterio de los eruditos del espectáculo y, sobre todo, de todo aquel que se "calza" el terno de luces y cuya opinión es válida en todos conceptos. Los toreros no suelen equivocarse. "es un fuera de serie" pregonan.
No es necesario ir muy lejos. A todas voces se expresa en esa bella época de principios del siglo XX, que el torero de Santander era, así de simple, el sucesor de José Gómez Joselito. Lo anterior da pábulo de calibrar las soberbias virtudes de nuestro héroe en esta rememoración de Martes de Pasión.

No fue el toro, ni las astas de éste, el que rompe esa ilusión. No, su tragedia estaba signada por el halo trágico de una asesina enfermedad, más letal que las defensas de los toros bravos: un mal venéreo se interpuso para que Félix Rodríguez alcanzara la cumbre, la gloria, y pasara a la leyenda como uno de los monstruos sagrados de todos los tiempos.
Da sus primeros pasos
Félix Rodríguez nace en Santander el 23 de junio de 1905. Sin embargo, su infancia la pasa en Valencia, donde sus padres se establecen. Ahí empieza lucubrar la idea de convertirse en todo un héroe de los ruedos.
Así, el 19 de abril de 1922, toma parte en una becerrada en Valencia con tan buenos destellos que de inmediato es incluido en una cuadrilla de niños toreros de esa ciudad naranjera y de la paella. El 23 de junio lo hace en un festival en que se recaudan fondos para una cripta del infortunado Manuel Granero, que lo mató un toro del duque de Veragua en la plaza de Madrid, el coso de la carretera de Aragón.

En los años siguientes, en los ciclos de 1923 y 1924, ya torea novilladas con picadores, lo que hace que, por su buenas maneras, en 1925 se presente en La Corte, el 5 de abril, con un rotundo éxito, mismo que le vale un abultado número de contratos para 1926, en plazas de responsabilidad.

Se eslabonan los triunfos novilleriles y lo llevan al doctorado, ceremonia que se suscita el 27 de marzo de 1927, en la plaza de Barcelona, de manos de Victoriano Roger Valencia II, cortándole una oreja a su segundo enemigo.
Ese mismo año, el 24 de abril, confirma el título en Madrid, con astados de Aleas, y le cede los trastos Antonio Márquez, con el toro Comerciante. El público le ovaciona todo el festejo. Deja una grata impresión por su corte estilista, con un sello personal y de vehemente calidad interpretativa, en que había amalgama de sensibilidad y eso que se llama arte.

No es sólo La Corte, también durante ese calendario, caen a sus pies los entendidos aficionados de Bilbao, San Sebastian, Barcelona y Valencia. Sí, la tarde del 15 de mayo en la plaza de la calle de Xátiva obtiene un triunfo apoteósico. Es cuando se le empieza a comparar, sin ninguna irreverencia, con el fenómeno José Gómez Joselito.

Triunfos y broncas
Para el año siguiente, 1928, el panorama es halagador, invadido de promesas muy firmes para el artista. Toda una tragedia que en ese año aparece la letal enfermedad venérea, misma que trunca ese año que Félix alcance la gloria y pase a la leyenda como un torero de época. Su signo, marcado por el impredecible destino, dicta otro camino.

Todavía, en el año de 1929 suma 65 corridas de toros y hace aventura en México, donde suma seis actuaciones, muy lógicas por su corte de torero. Hubo triunfos que dejó ver el empaque, la esencia e inspiración de su trazo. También la cara de la sombra, de broncas épicas.

Se le tacha de ser un torero apático, que necesitaba estar de vena para perfumar los ruedos. No era así, se puede descartar que la enfermedad juega, en su ánimo, una función total y definitiva.

En México se presenta en la campaña 1929-30. Actúa en El Toreo de la Condesa, en seis tardes, 1, 15 y 22 de diciembre de 1929 y 12, 19 y 26 del año de 1930.

Su debut el día 1 de diciembre, con tan mala suerte que el mano a mano con Ricardo González y toros de San Mateo, se ofrece tras un tremendo aguacero que deja en pésimas condiciones el ruedo. Ni los toros ni los toreros se confiaron.

En su segunda comparecencia, el 15 de diciembre, con Heriberto García y Jesús Solórzano, que se le confiere el doctorado, y se corre un encierro de Piedras Negras.

Una tarde en que consigue Félix, bordar al toro Cafetero, le cuaja un faenón y torea con el capote y la muleta con gran inspiración. México disfruta de la exquisitez de su toreo e inmortaliza al bravo ejemplar del hierro tlaxcalteca.

Y el domingo siguiente, con Antonio Márquez y Ricardo González, ganado de San Mateo, provoca una bronca épica. Los contrastes de los toreros que la diosa inspiración los toca con una varita mágica. En las otras tres corridas la suerte también le voltea la espalda.

Regresa a España, la terrible enfermedad lo mina y en el año de 1932 ya se le considera retirado. Vive todavía más de una década, fallece el 21 de enero de 1943 en Madrid... ¡El destino le impide llegar a la gloria!

sábado, enero 11, 2014

MANDABA EL CABO ESPARTACO, COMO MUCHOS HOY

Feria de Abril

Manda el cabo


Domecq / Romero, Espartaco, Litri.
Toros de Juan Pedro Domecq, tres anovillados y nobles, tres bien presentados e inválidos. Curro Romero:pinchazo hondo delantero, rueda de peones y dos descabellos (silencio) pinchazo, metisaca, pinchazo hondo delantero descaradamente bajo y nueve descabellos (pitos). Espartaco: dos pinchazos y bajonazo (ovación y saludos); pinchazo hondo trasero tendido y rueda de peones (minoritaria petición y vuelta). Litri: bajonazo descarado y rueda de peones (ovación y saludos y media delantera atravesada y dos descabellos (palmas). Asistió a la corrida la condesa de Barcelona, a quien brindaron toros los espadas. Plaza de la Maestranza, 7 de abril. Segunda corrida de feria.
Cuando en un ejército no hay oficiales, ni suboficiales, o paran todos en la cantina, manda el cabo, si hay cabo que quiera mandar. Así ocurre en la torería, donde cada vez abundan más los militares sin graduación. La culpa no es del cabo, naturalmente, sino de la oficialidad, acomodaticia con lo que hay. A fin de cuentas el cabo hace lo que puede, y si a fuerza de tesón y pelea alcanza el generalato, ese es su mérito.
El cabo que manda hoy en la fiesta de los toros es Espartaco. Sale Espartaco a la arena y con su férrea voluntad de agradar, sólo con eso, se hace el amo. Pobre fiesta, sin generales ni capitanes, sin sargentos siquiera. Una fiesta que tuvo de todo, hasta papas; un Papa Negro y un Faraón también, en el colmo del lujo; había allí de todo, para dar y tomar: reyes, príncipes, dictadores, mariscales con mando en plaza, y a uno que destacaba por lo recio, le designaron soldado romano. Cada cual imponía su ley, que podía ser el valor, la técnica, el dominio, el arte o la genialidad. Cada cual según su ley, siempre sobre el fundamento de las tauromaquias clásicas, interpretándolas según capacidades y gustos, y con toros.
Ahora a la pobre fiesta ni siquiera le hacen falta toros. Unos por chicos, otros por inválidos, las corridas pueden celebrarse sin toros, ayer por ejemplo. Tampoco le hacen falta tauromaquias clásicas. Espartaco, mandón de la torería actual ayer de nuevo, tiró de un quinto toro aplomadísimo, le corrió la mano al boyante segundo, pegó muchos pases, y sin embargo las esencias de la tauromaquia se le quedaron olvidadas bajo el petate.
Espartaco no se cruzaba nunca con el toro, y aún fuera de cacho hacía la tijera de las piernas al revés, muy atrás y muy escondida la que debía estar delante; no presentaba la muleta plana sino oblicua; venía el pase, lo daba largo, y al remate no había surgido ni el más remoto destello de arte. Tampoco es que lo intentara. Espartaco, cabo de la torería, va a lo suyo, que es resolver por la vía expeditiva el compromiso, realizar la faena en producción seriada, comunicar con el público, contagiarle su entusiasmo. Si con estas virtudes resulta el mandón absoluto del toreo, la culpa es del propio toreo, que está así de mediocre y vacío.
Al puesto del cabo Espartaco aspira Litri (cabo segundo), que seguramente se cree con mejor derecho. Naturalmente tiene que demostrarlo. Lo intentó ayer, gran oportunidad en campo de justas tan singular como es la Maestranza en plena feria de Sevilla, aportando la mejor voluntad y el máximo valor que atesora. Realmente, poco más aportó., Pegaba codillero las verónicas -o las trapaceaba, como en el sexto-, citaba de costadillo, los pitones del toro le sacudían la muleta, reducía a la mitad o menos los tiempos de la suerte, y si había que rectificar la embestida ceñida, pues rectificaba también. Y no pasó nada. Puesto que si el toreo es ahora mediocre y vacío, la sola voluntad de destacar basta, y le aplaudieron mucho por ello.
Entre los cabos había un faraón, y se notó en que les miraba por encima del hombro a través de las lentillas. El faraón pisó solemne el albero, correteó delante de un primer toro que le quería embestir, abombó el pecho y adelantó la muleta delante de otro que no le quería embestir en absoluto. De ninguna manera le quería embestir ese toro, jamás entró en el universo de sus intenciones bovinas. Ahora bien, advirtiendo que el faraón insistía en sus propósitos toricidas, le dio la pataleta y se tiró de rodillas a sus faraónicos pies.
Desde la altura del tendido, a pesar de los prismáticos, era imposible saber qué pensaban el cabo primero y el cabo segundo, pero fue bueno comprobar que no les desmoralizó semejante ejemplo, sobre todo al cabo primero, que tomó el mando y se ganó las aclamaciones del pueblo. El faraón, en cambio, hubo de retirarse entre gritos a sus cuarteles de invierno, donde podrá distraer las largas horas que emplee en el merecido descanso por el esfuerzo realizado, contando batallitas.

Fuente: http://elpais.com/diario/1989/04/08/cultura/607989603_850215.html

(El subrayado es nuestro, sólo para destacar que el toreo de muchos "cabos" de hoy no ha cambiado mucho).

domingo, enero 05, 2014

UNA ENCINA EN LA MAESTRANZA

   S.M. EL VITI

Sólida faena de El Viti, Cortés con muchas ganas  y las "cosas  de Paula"
Una mansada sin clase de MARTÍN BERROCAL
Tarde nublada, con lluvia en los últimos toros. Casi lleno. Presidió bien el señor Toribio, que denegó una segunda oreja a El Viti por haber pinchado dos veces. El público reaccionó con sensatez cuando unos partidarios de El Viti dieron la nota de mal gusto al final de la corrida. Seis toros de Martín Berrocal, todos con el hierro de Núñez Hermanos, desiguales los tres primeros y cuajados los otros tres.
Todos con los pitones discretamente romos, y ni uno solo astifino. Solo el primero cumplió discretamente en varas y llegó a la muleta con temple y bondad. Los demás fueron mansos, y algunos con verdadero descaro, escarbando, berreando, doliéndose al paso y saliendo huidos. El segundo tuvo mucho peligro, tirando derrotes a la pechera de El Viti. El tercero, manso y escarbón, llegó a la muleta tardo y pegando oleadas, aunque mejoró un poco al final. Se acostó en los medios al doblar, pero se levanto buscando las tablas para morir como corresponde a un  manso. El cuarto fue bronco y corto. El quinto salió frenándose en los capotes. Fue el más manso con los caballos, volviendo ancas cuando lo ponían en suerte. Cambió  totalmente en la muleta, quedándose manejable. El sexto romaneó en los caballos, para salir luego escandalosamente rebotando. En la muleta escarbó, fue tardo y bronco. Rafael de Paula, aseado de capa, faena sin confiarse, con pases armoniosos, aislados y excelentes derechazos. Media a la espera. Vuelta. En el cuarto, grandes precauciones. Media atravesada, y se cortó en una mano al descabellar, pasando a la enfermería. Descabelló El Viti a la tercera.
Manolo Cortés lances de capa recreándose, y anduvo con mucho celo en los quites. Faena entregada al tercero, poniéndolo todo el torero. Pinchazo y estocada. Oreja. En el sexto se puso pesado, porfiando sin resultado. Media y dos descabellos. Palmas.
Bregó bien Peñalver. Clavó dos pares lucidos Guillermo de Alba, y picó con acierto Eduardo Cid.
Sí no fuera por las ganas de triunfo que sacaron El Viti y Manolo Cortés, esta corrida hubiera sido un verdadero desastre artístico, porque el único toro bueno le tocó a Rafael da Paula, y los demás fueron una colección desesperante de mansos sin clase que hicieron todas las cosas malas que se le exigen a las becerras en las tientas para mandarlas al matadero. Algunos, nada más pisar el ruedo, se pusieron a escarbar. Otros se frenaban en los capotes, cortando el viaje a los banderilleros; los cinco fueron rematadamente mansos en el caballo, con la curiosa travesura del sexto, que entraba al caballo con empuje y hasta romaneaba, pero inmediatamente salía rebotado y huyendo. Para colmo, hubo hasta un toro peligrosísimo, que fue el segundo, al que El Viti no pudo meter en la muleta, a pesar de su maestría y su tesón. Mala corrida de Núñez Hermanos; porque, a u n q u e   s e   a n u n c i a r a n   a  nombre de Martín Berrocal, ninguna responsabilidad corresponde a esta señor, porque los compró cuando ya estaban criados por los Núñez.
El señor Berrocal todavía no ha tenido tiempo de mejorarlos o de estropearlos (más, si cabe) y el juego de estos toros sólo le afecta de una manera pecuniaria, por el dinero que puso para el cambio de nombre. Fue pues, una mala corrida de los Núñez, donde Berrocal solo puso el nombre en los carteles. Ante el único toro bueno vimos a un Rafael de Paula muy en su línea quebradiza,  con muletazos primorosos y una espantá a carrera tendida, tirando los avíos. El público paladeó sus destellos de artista singular y dio la vuelta al ruedo. Luego, en el cuarto no cabía pedir  milagros. Paula estuvo delante con las naturales precauciones, y  luego se cortó una mano descabellando...
Cortés estaba embalado, No se parece en nada al  torero vacilante de otras temporadas, que dejaba escapar toros sin  hacerles la  faena adecuada. Ayer revalidó esa impresión de celo que apuntábamos en la crónica pasada. Toreó con verdadero gusto y aplomo de capa al sexto, y con el tercero puso todo de su parte para aguantar, consentir y encarrilar la descompuesta embestida del manso; una faena gallarda con pases de verdadera emoción, soportando las oleadas de un enemigo que tardeaba y escarbaba, echando la cara al suelo antes de pegar la brusca arrancada. Sevilla, que sabe medir a los toreros por el material que tienen delante, se dio cuenta del mérito de la faena y le otorgó la oreja. En el sexto le perdieron las ganas de sacar pases a un toro cobardón y retrancado que echaba la cara arriba, derrotando, y en la porfía se pasó de rosca. Pero es que los toreros abúlicos si sacan ganas de arrimarse es bueno.
 EL VITI: PUNTO Y APARTE
Lo que ha hecho El Viti ayer es un compendio do madurez artística, sentido de la responsabilidad y ganas de convencer. Ya con las dificultadas del segundo le echó enjundia a unos muletazos por bajo qua jalearon justamente la cátedra, y hubo una ovación a pesar que no hubo ni un natural.
Sería en el quinto donde el seco mozo castellano llegó profundamente a  la cascabelera afición del Sur. Es muy difícil que un hombre tan adusto como el señor presidente de la Cámara Agraria de Salamanca logre conmover a un público pendiente de los adornos de Paula o de las pinceladas de Curro Romero. Pero la faena del castellano tuvo tal carga de hombría, dominio y seguridad técnica que Sevilla se quedó de una pieza jaleando y recreándose en aquel alarde de quitarle los resabios al manso y meterlo en la muleta hasta lograr el recorrido adecuado para una faena donde todo fue autentico, y profundo, desde los derechazos sin dejarse rozar la muleta hasta los naturales templados, abrochados con esos pases de pecho magistrales echándose el toro entero por delante del corbatín. Y para remate, la vieja tauromaquia de las trincheras a dos manos. Por eso cuando el presidente denegó justamente esa segunda oreja por haber pinchado dos veces nadie reparó en la cuantía del premio porque Santiago Martín había puesto en el albero de la Maestranza una encina en vez de un clavel. Una encina recia y solemne, que es un bello contraste con este aroma del azahar que emborracha a los sevillanos. Porque El Viti toreando es como una encina, por eso no podía plantar claveles en esta plaza. Sevilla se rindió a la sombra seria de la encina, pero rechazó de plano esos gritos improcedentes de unos vitistas que confundieron la categoría de esta plaza con una feria de pueblo. Cada cosa en su sitio.
Publicado en el Diario Pueblo  el 23 del 4 de 1974,  por Alfonso Navalón Grande