EL EJE DE LA LIDIA

EL EJE DE LA LIDIA
"Normalmente, el primer puyazo lo toman bien los toros, y si ése fuera el único del tercio, todos parecerían bravos. En el segundo ya empiezan a dar síntomas de su categoría de bravura. Y es en el tercero donde se define de verdad si el toro es bravo o no. En el tercer puyazo casi todos los toros cantan la gallina, se suele decir". JOAQUÍN VIDAL : "El Toreo es Grandeza". Foto: "Jardinero" de la Ganadería los Maños, primera de cuatro entradas al caballo. Corrida Concurso VIC FEZENSAC 2017. Foto : Pocho Paccini Bustos.

domingo, diciembre 16, 2012

¿QUIENES SE QUEDARON CON LA PLATA DEL MUERTO?


LA IZQUIERDA NO SÓLO ES POBREZA Y MISERIA
ALFONSO NAVALÓN
Cuando ya arranca el mes de enero de un año bisiesto, repaso la montaña de mensajes y me sobrepongo a la pereza de agradeceros esa indignación que os produce mi ausencia de las páginas de Tribuna. Sólo por vuestra respuesta valía la pena volver a escribir porque ahora tengo la verdadera medida de que mi trabajo no caía en saco roto y disfrutabais leyendo tanto como yo escribiendo. No es lo malo que me cortaran la cabeza. Lo peor es que han roto el futuro. Los jóvenes cronistas están en la escuela pancista de Molés, Palabrero, Cáceres y demás golferas. Muy pocos se han atrevido a seguir mi camino. Por ejemplo Rosa se estaba abriendo un merecido prestigio y también la han dejado muda.
De entre todos los mensajes me hace gracia la polémica entre Alberto y Montemayor sobre mi condición política. Montemayor me juzga por los hechos y creo que está clarísimo que desde niño he sido un republicano convencido. Incluso escribiendo de toros mi conducta no ha podido ser más de izquierdas. Cuando nadie se atrevía a escribir nada en contra de los empresarios opresores de los abusos de las figuras…

Está claro que desde el principio estuve en defensa de la integridad del toro, de los derechos del público y de que se cumpla el reglamento caiga quien caiga. Cuando las familias terratenientes de los Domecq o los Pérez Tabernero gozaban de bula especial entre los críticos y tratamiento servil yo empecé desde El Ruedo y sobre todo en Informaciones a sacar todas sus vergüenzas a relucir. Tuve la suerte de estar a las órdenes de directores inteligentes que se dieron cuenta del cambio político y social que se avecinaba cuando ya el franquismo empezaba a ser una dictadura insostenible con los intelectuales y los estudiantes abiertamente en contra y las primeras huelgas de obreros en las calles.
Así Jesús de la Serna en “Informaciones” rechazó con decencia una visita de los cuatro grandes empresarios dispuestos a pagarle al periódico lo que hiciera falta para quitarme de en medio. El director los puso en la calle, sin dejarlos hablar de millones: “No hay dinero para comprar la independencia de este periódico”.
Pero era más difícil atacar a don Álvaro Domecq desde un periódico del movimiento, como Pueblo. Nadie se había atrevido a descubrir el origen de la fortuna de don Alvarísimo, poderoso fascista y militante del Opus. Don Alvarísimo era intocable. Yo conté desde Pueblo la falsa versión del supuesto incidente de Manolete en Méjico, cuando dicen que se negó a torear si no quitaban la bandera de la república.

Todo aquello fue una maniobra del franquismo para convertir a Manolete en torero del Régimen, como harían luego con El Cordobés. No hubo tal incidente de la bandera sino todo lo contrario. Ese día al terminar la corrida Manolete cenó en casa de un millonario catalán. Se llamaba Dalmau y vivía en la Avenida de Insurgentes. Cenó en compañía de Indalecio Prieto y brindaron por la caída del Franquismo cuando por aquellos días retiraron sus embajadores las naciones libres. Franco tuvo la suerte de tener el apoyo de Eisenhower a cambio de cederle territorio español para las bases americanas. Manolete y el ministro republicano Prieto brindaron aquel mes de diciembre: “Nos veremos en agosto en la feria de Bilbao”. ¡Se equivocaron en más de veinte años!
En Pueblo conté como Álvaro Domecq estaba sin un duro en los años cuarenta y como tenían una cuenta conjunta con Manolete. Camará y el jerezano, al morir Manolete, se quedaron con el dinero del muerto. Sólo lo sabía Lupe Sino, por eso Álvaro Domecq no la dejó entrar en la habitación del torero, cuando Manolete moribundo quería casarse con Lupe. Al año siguiente Don Alvarísimo compró “Los Alburejos”. Creo que para escribir esto en los años setenta desde un periódico del franquismo hay que tener unas convicciones republicanas muy arraigadas. Lo publiqué también en “El Correo Español” de Bilbao y la derechona vasca convenció al ganadero para que me pusiera una querella criminal. Fuimos a juicio y Álvaro Domecq no se presentó para “defender su honra” entre otras razones porque yo llevaba cuatro testigos y pruebas inapelables de lo que había escrito. 
Cuando Luis Angel de la Viuda fue sucesor de Emilio Romero como director de Pueblo recibió la visita de Rodríguez Valcárcel, presidente de Las Cortes, llevaba el encargo de Álvaro Domecq de ponerme en la calle. Luis Angel dependía políticamente de Valcárcel. Pero antes de expulsarme me llamo a su despacho y cuando le conté todo lo de Manolete en Méjico y en el hospital de Linares, llamó al presidente y le dijo que no podía echarme. 
Creo que con estos detalles basta para saber muy claro por donde han ido mis ideologías desde muy niño. Me hace gracia que Alberto diga que he vivido siempre como un “señorito del pueblo” con todas las prevendas de la derecha de toda la vida… A mucha gente le pasa lo mismo que a Alberto: Piensan que para ser de izquierdas hay que ir en alpargatas y ser un muerto de hambre. Al menos esa es la idea que tienen los de la derechota de los “rojos”. Y como se me ha ido la mano escribiendo os contaré más cosas mañana. Al que me pasó con Fermín Bohórquez en el lujoso Hotel Cristina de San Sebastián: “Vosotros los comunistas no tenéis derecho a estar en un hotel de lujo, comer langostino y estar en barrera en los toros”… Os lo contaré.
Fuente: www.alfonsonavalon.com

viernes, diciembre 14, 2012

PILAR SÁNCHEZ HERNÁNDEZ "PILARÍN COQUILLA"


Ganadera Salmantina.
Que dos palabras ganadera y salmantina casi nada. Mucho se ha escrito sobre estas dos palabras pero nunca reflejaron juntas tan bien a una persona.
Deberíamos añadir además, aficionada, mujer con clase y toda una leyenda del campo charro en particular y del mundo del toro en general.

No se perdía ninguna de las faenas del campo en casa, como tampoco faltaba a un solo tentadero. Amiga y seguidora de las grandes figuras de la historia crítica y dura con los saltimbanquis y figurines como Manolete y el Cordobés. Es decir además de una buena ganadera una enamorada del toro y del que toreo bueno y de verdad. Gran tertuliana, conversadora amable y simpática.

El pasado 23 de Mayo del 2005 moría en su Salamanca querida, a los 98 años de edad. Con ella se va mucho de la historia del toreo y sobre todo una forma de vida y una manera de vivir el Toro.
Traemos a estas páginas una serie de artículos en honor de esta mujer charra que dejo una gran huella en todos aquellos que la trataron y la conocieron.

Empezamos con una breve reseña biográfica y una entrevista de Paco Cañamero.

Continuamos con extraordinario articulo de Jorge Montero. La interviú que nunca hice.

También publicamos un articulo de Vicente Sánchez López. La Niña guapa de Coquilla

Y para terminar traemos a este pequeño homenaje una entrevista aparecida en el Semanal El ruedo de D. Francisco Coquilla en el año 1946

Después de leer estos trabajos seguro que a muchos nos quedará mucho mas claro lo que era un ganader@ del campo Charro. Una forma de ser y entender tanto el toro como la vida, algo que sin duda alguna se ha perdido por aquello de que hay que vender, del mercantilismo, de la falta de cariño al toro, de la falta de romanticismo.


Adiós a una ganadera de leyenda
La Salamanca campera está de luto, tras la muerte, en la madrugada de ayer, de Pilarín Coquilla, la ganadera más conocida del Campo Charro, la que marcó una etapa que se inició mucho antes de la Guerra Civil y se acaba de cerrar ahora, en este mes de mayo, tan seco y poco 'florido', cuando ha emprendido el camino del más allá.

Paco Cañamero

Pilarín Coquilla contaba con 98 años y durante su vida se codeó con lo más granado de la sociedad española, hasta el punto de ser una de las mujeres más relevantes durante varias décadas. Siempre tuvo tratamiento de ganadera y como tal se le respetó, siendo su opinión recogida por todos como una sentencia, a pesar de que desde 1936, su familia perdió todas sus propiedades, entre ellas la finca y la ganadería, con lo que ella inició otras actividades, como dependienta de una joyería, aunque jamás fue apeada de su tratamiento, pues seguía al corriente de todo cuanto sucedía en la Tauromaquia.

Mujer singular
Fue una mujer singular, muy adelantada a su tiempo, que no tuvo reparos en manifestar la admiración -más allá del aspecto profesional- que sentía por el torero gitano Joaquín Rodríguez 'Cagancho', que sería el gran amor de su vida.
Rompió con todas las normas sociales de la época ya que, en aquellos tiempos, era una mujer moderna que, como ejemplos, conducía, fumaba, cazaba y mantenía estrechos vínculos de amistad con los principales referentes del mundo taurino y de la cultura.
Testigo privilegiado de una época dorada del mundo del toro, Pilarín Coquilla fue todo un referente en el Campo Charro y era una mujer querida y apreciada por todo el mundo taurino salmantino con el que, pese a su edad, mantenía un contacto casi diario estando al día de toda la actualidad.
Ahora, para siempre quedará el recuerdo de esta ganadera, una mujer genial que, en su casa del doctor Piñuela, cada día recibía numerosas visitas de amigos. Así, hasta la tarde del jueves 19 de mayo, cuando tanto disfrutó con los toros de El Pilar. Aquel día, tras despedir a los amigos, lentamente comenzó a apagarse la llama de su vida. También de la última superviviente de la etapa más importante y glamurosa que vivió la Salamanca ganadera.
Nieta de Andrés Sánchez, su padre Francisco Sánchez de Coquilla y Gracialiano Pérez Tabernero compraron a principios del pasado siglo, sobre el año 1910, la mitad de la ganadería del Conde Santa Coloma. Inmediatamente, la ganadería de "Coquilla" se convirtió en el hierro de moda de las figuras de los años 20 y 30. Décadas en las que la finca salmantina se convirtió en el centro del panorama taurino y social de la época, pasando por ella nombres tan destacados como Marcial, Cagancho, Antonio Márquez, GItanillo de Triana o Concha Piquer que dedicó a Pilarín la canción "Ganadera salmantina".

PILARÍN COQUILLA: "AÑORO LA FIESTA DE MI JUVENTUD"
Entrevista publicada en TRIBUNA el 5 de febrero de 2003
Paco Cañamero
Es la única superviviente de una generación de ganaderos históricos que llevaron el nombre de Salamanca a lo más alto. Personaje de leyenda y charra universal, Pilarín Coquilla pasea sus recuerdos desde la atalaya de casi un siglo de señorío.
Por las ventanas de su casa de doctor Peñuela entran unos luminosos rayos de luz que son el contraste de una gélida mañana. Allí, sentada en su sofá se encuentra Pilarín Coquilla, con una energía y facultades impropias de quien está a punto de alcanzar el siglo, sobre todo al hablar tanto de sus recuerdos como de la pasión por el toro y el toreo: "Lo más grande que me ha pasado es haber sido ganadera".
A la hora acordada llegamos a su casa, que es todo un museo; enseguida el crítico le comenta la ilusión que le embarga al conocer a una charra de leyenda como ella; entonces, con serenidad contesta: "Bueno, lo importante es la amistad y ser querida. Por cierto, que yo también tenía ganas de conocerte, he oído hablar de ti y desde hace tiempo que leo tus artículos".
Tras los saludos iniciales visitamos la vivienda, en cuyas estanterías se acumulan infinidad de recuerdos. En el pasillo sobresale la descomunal cabeza disecada de un buey y del que Pilarín se emociona al recordarlo. Hay también una preciosa escultura del Toro de Oro que ganó en laSemana Grande de San Sebastián de 1931 el toro Madroñito, del que existen fotografías repartidas por las paredes; así como del semental Jabato, que hizo su ganadería.

De ayer a hoy 
Enseguida sale a relucir el actual estado de la Fiesta y para Pilarín, "nada tiene que ver ni el toro ni el toreo de ahora con el de mi época, pues antes de la Guerra se toreaba con una variedad y verdad como no la ha habido nunca. Por si fuera poco, el toro de ahora está fuera de tipo y no tiene casta, ni fuerza. A mí me gusta el toro bravo, que se arranque de largo, que no se caiga y transmita emoción".

No tiene reparos al decir quién fue su torero preferido: "el gitano Cagancho, con diferencia; además de la clase que tenía era buena persona. A mí, los toreros gitanos me han gustado mucho, por eso no olvido tampoco a Gitanillo de Triana. Y de esa época, aunque éste sea payo, Fernando Domínguez, que toreaba muy bien y era muy amigo, como sucedía con Antonio Márquez, Vicente Barrera y no te digo nada del dominio de Domingo Ortega o de Marcial...".

Sorprende la lucidez de Pilarín al analizar tiempos tan lejanos: "Luego, tras la Guerra llegó Manolete y él tuvo la culpa de los males que llegaron a la Fiesta. Yo era muy amiga suya, pero las cosas hay que decirlas como son".








Añora su juventud: "Claro, porque Coquilla era un finca modelo, allí si había diez maletillas en la tapia toreaban todos y si, por ejemplo estaban Marcial y Barrera en el tentadero, al final les decía yo que les dieran ¡20 duros! de entonces a los muchachos para que pudiesen comer caliente. Ahora, todo eso se ha perdido. Como también el estilo de los antiguos mayorales y los vaqueros, que querían a la ganadería como propia y nada tienen que ver con los de hoy". 
Llegó 1936, el padre de Pilarín debe desprenderse de su ganadería: "Fueron momentos durísimos, España estaba en guerra, llegó la ruina y perdí lo que tanto quería. Toda mi infancia y juventud fue en Coquilla. A raíz de aquello nunca más volví; ahora me han dicho que la casa se ha caído y es algo que no podría ver".
A lo largo de la entrevista recuerda infinidad de anécdotas, como una tarde que su padre Paco Coquilla lidiaba en Madrid, recién estrenada Las Ventas, Pilarín vio cómo a un toro le daban dos vueltas al ruedo y a otro, una. Al finalizar el festejo y antes de abandonar su localidad, toda la plaza le recibió con una larga ovación, ella se emocionó ante aquel espontáneo arranque de cariño y al día siguiente, Corrochano tituló la crónica: Las lágrimas de Pilarín.
Como tampoco olvida la tarde que Álvaro Domecq, en Jandilla la invitó a montar la famosa jaca Espléndida. Son, sin duda, algunas anécdotas de las muchas que jalonan la biografía de esta salmantina universal, la misma que habla con la experiencia de un siglo de señorío.

La interviú que nunca hice
Jorge Montero
Recientemente falleció a sus 98 años Pilarín Coquilla, el amor de la Salamanca del toro. Y cuando lo leí en esas letras con olor a tinta y madrugada en el periódico, volví la cara con resignación intentando olvidarme que era la segunda persona que dejaba de conocer con la excusa de entrevistarle.
La primera era Julio Robles. Ese torero que me impactó en mi infancia, y aún continua haciéndolo desde el recuerdo más intimo. Precisamente porque desprendía aroma a torero con sus zahones y traje corto entre las dehesas de bravo cercanas a Vecinos y La Fuente de San Esteban, como vestido de azabache en Salamanca o Madrid.
A Pilarín me hubiera gustado escucharla al calor de la lumbre en enero, cuando las vacas embastecen el pelo y buscan la brigada de la alquería o de las pizarras que asoman en la Sierra como "garras de diablo".
No le habría preguntado, ni conducido a mi terreno. Simplemente hubiera disfrutado al entregarle mi confianza, para que una persona con su intensa y larga vida me condujese en ese viaje en el tiempo hacia ayer.
Seguramente, me habría contado sus éxitos como ganadera hasta que le expropiaron la finca en el 36, la manera en como siguió siempre seducida por la pureza de la Fiesta que aniquiló Manolete. También, me hablaría de su predilección por los toreros gitano y aquellos grandes capoteadotes de los 40.
Incluso desde la seguridad de la franqueza me podría haber confesado como conoció a Cagancho, su gran amor. Aquel gitano de ojos verdes con torería para encumbrar a 20 trabajadores del derechazo de los de ahora.
Pilarín habría mirado más allá del horizonte, en un intento vano de buscarlo en un disimulado vistazo. Acariciando en su memoria los días en que se enamoraron en el bullicio de la cocina de su finca después de una tienta. Y cuando estuvieron solos, se dijeron aquellas palabras que ambos esperaban mientras se abrazaban con lo ojos.
Y probablemente se le habría escapado alguna lágrima al acordarse de aquellos tiempos. Lágrimas como aquellas que propiciaron la crónica de Corrochano "Las lágrimas de Pilarín", tras la ovación de toda la plaza de Madrid al terminar, aquella tarde, la solemne apoteosis que resultó ser su corrida.
Se nos ha ido aquella belleza universal tan querida, la honra y orgullo de haber sido una ganadera de rancio abolengo del campo charro.

La niña guapa de Coquilla
por Vicente Sánchez López.
Seguro que tu entrada a La Gloria ha sido más multitudinaria que tu despedida en la tierra. Me imagino tu recibimiento allí arriba. Seguro que en primera línea se encontraban tus padres, tus abuelos, toda tu familia, alegres porque volvían a ver a la niña guapa de Coquilla.
Los ganaderos que pasearon el nombre de Salamanca por toda España te habrán besado la mano. El primero D. Graciliano Pérez-Tabernero Sanchón, gran amigo de tu padre, junto al que compró la mitad de la ganadería del Conde de Santa Coloma. Después seguirán sus hermanos Antonio, Alipio y Argimiro, también D. Manuel Arranz, los de Carreros, los de Terrones, los de Terrubias, los de Campocerrado, ninguno girará la cabeza para negar el saludo a la niña guapa de Coquilla.
¡ Y cómo no iban a inclinarse ante tí los grandes toreros que te conocieron!. ¡ Y qué TOREROS!. Belmonte, El Gallo, Marcial, Márquez, Gitanillo, los Bienvenida, y para el final el que más ganas tienes de besar, esos ojos verdes que te cautivaron: Cagancho.
Mientras todos te saludan, Concha Piquer te cantará esa copla tan hermosa que te dedicó. Y volverás a ver a tus queridos toritos de casta brava, tus "coquillas", y seguro volverás a llorar como cuando en la primera plaza del mundo te aplaudieron a ti, la niña guapa de Coquilla, después de dar la vuelta al ruedo a dos de tus toros, a Tramillero le dieron incluso dos.
Disfrute Doña Mª del Pilar Sánchez Hernández, mientras nosotros seguimos añorando(aunque no la viviésemos) la época de mayor resplandor de la Salamanca ganadera y taurina, de la que usted, la niña guapa de Coquilla, fue protagonista principal.
Disfrute señora ganadera de lo que hay allí arriba, mientras nosotros sufrimos lo que hay aquí abajo.

Paco Coquilla.... Ganadero
Entrevista publicada en el semanario El Ruedo el 15 de agosto de 1946.
Hubo una época que los toros de Coquilla eran muy solicitados por las Empresas y los toreros, y don Paco Coquilla gozaba de un gran prestigio como inteligente y escrupuloso ganadero. Su casa de Coquilla estaba siempre abierta para todo el mundo porque don paco era el señor, el caballero de Castilla. Cuando un mal día se presentó en Coquilla la adversidad, alguien le insinuó a don Paco cierta formula de arreglo que no respondía a la verdad. "Yo no puedo mentir" respondió serenamente el caballero. Y si la hacienda y la vida hubieran dependido de aquella mentira don Paco Coquilla no sabia ¡no podía mentir!... Esta es la contextura moral del caballero que ahora dialoga conmigo en Salamanca.
                   
--En aquella época-me dice-cuando yo tenia mi ganadería, hubiera sido interesante, pero hoy, desgraciadamente...
--Hoy, como ayer, representa usted la honradez y la caballerosidad, y como ganadero tiene usted una historia y ha figurado preponderantemente.

Y le pregunto al prestigioso ex ganadero: 

--¿Heredó usted la ganadería de sus padres?

--Pero la vendí mas tarde y compré el año 17, cien vacas de desecho procedentes de Albaserrada y Santa Coloma, y trabajando con gran entusiasmo conseguí un toro de tiro uniforme que, creado por mi, respondió a mis mayores esperanzas. Un tipo de toro que, sin ser grande, llegaba a los 280 ó 300 kilos con las cabezas bien hechas y tan iguales que apenas se distinguían unos de otros.
--En aquella época su ganadería gozaba de gran fama y se lidiaban mucho sus toros.
--Hubo temporadas en que solo Marcial Lalanda toreó unas catorce corridas de mi ganadería; unos cien toros. Y hubo un año que en todas las corridas cortó orejas. El año 26, en la corrida del Montepío de Toreros de Madrid, actuando como espadas Marcial, Valencia II, Antonio Márquez, y el Niño de la Palma, se lidió una corrida mía de ocho toros que me dio gran fama. Durante cinco años seguidos he enviado corridas para el Montepío. En el Sanatorio, hay una lápida de azulejos que lleva mi nombre, como prueba de gratitud. Siempre tenia yo una corrida a disposición de los toreros, que disponían de ella a su antojo y marcaban ellos mismos el precio. Tengo también gran motivo de agradecimiento de todos los toreros.
--Alguno de los que fueron mas tarde celebres, tal vez empezaría a torear en su finca.
--Recuerdo perfectamente a Granero cuando llegó a Salamanca con su visera a cuadros y nadie le hacia caso; a mi me pareció un muchacho muy educado y me lo llevé a la finca, llegando a ser considerado luego como de la familia. Por mi casa han desfilado todos los toreros de esa época incluyendo también a los mejicanos. Todos...A Joselito no alcancé yo a conocerle. En cambio, Belmonte toreó la primera corrida de mi ganadería en Salamanca el año 21, en la que torearon también Sánchez Mejías y Granero. Recuerdo también a Gitanillo de Triana, Curro Puya, pues a éste de ahora, a Rafael Vega, no lo he conocido... Lo pasábamos muy bien. De día se toreaba, se cazaba, y por la noche, para distraernos, cada uno lucia sus habilidades. Como yo tenia prohibido que se jugara dinero, aprovechaban el momento que yo me iba a la cama y se quedaban jugando, ¡quien sabe hasta que hora! Lo cierto es que como no había calefacción eléctrica, había noches en que se consumía una encina entera, pues había que preparar también braseros para todas las habitaciones.
--Alguna vez también acostumbraban a gastar bromas ¿no es cierto?
--La broma de los gamusinos.
--¿En que consistía?
--Al incauto a quien se le va a aplicar la broma se le hace creer que se va a cazar gamusinos y que este es un animal que posee una piel muy bonita y de gran valor; cuando más confiado está esperando la presa, se le suelta un manso a un novillo y el susto que se lleva se lo puede usted figurar.
--¿Y que otras personas iban a la finca además de los relacionados con la fiesta?
--Un día se presento Fleta, y estuvo cantando después de haber toreado también. Aquella vez se reunieron en la finca cerca de doscientos coches.
--¿Y gente del extranjero?
--Venían algunos franceses empresarios y aficionados, pues yo mandaba a Francia todos los años dos o tres corridas.
--¿Cuándo cree usted que ha habido más afición a los toros?
--Afición lo que se llama afición, creo que cuando más ha existido ha sido desde la época de Joselito y Belmonte, hasta el año 36, que ha sido la época de oro del toreo. Ahora van muchos a la Plaza porque tiene dinero y van como irían a otro sitio.
--En aquella época ¿qué otros ganaderos estaban en boga?
--Muy en boga Santa Coloma, Parladé, empezaba con buen éxito el conde de la Corte, Murube, Miura, Pablo Romero, Saltillo... Aquí en Salamanca los hermanos Pérez Tabernero: Graciliano, Antonio, Alipio, Argimiro, que éramos los que copábamos el abono de Madrid y todas las extraordinarias. Ibarra era ya de Parladé.
--¿Y los toros de entonces?
Me gustaba más que el de ahora aquel tipo seleccionado de toro de 280 a 300 kilos. El ganadero, entonces, lo era por afición, no por mercantilismo, como el de ahora; por eso, como no era negocio, tenia más escrúpulo en el desecho y era más consciente de su responsabilidad y se llevaba el reglamento a rajatabla, y no se daba el caso que se desechara ningún toro.
--Pero también había multas.
--Existía la multa, pero se daba muy pocas veces el caso de que esta tuviera que aplicarse. Hoy el toro parece mas bien un juguete que el publico acepta; pero si no tratan de arreglar esta acaban con la fiesta, pues el verdadero aficionado empieza a quedarse en el café para no tener que pasar berrinches.
--¿Y en usted perdura la afición?
--La misma afición corregida y aumentada, y si me fuera posible volvería enseguida al palenque. También por Pilarin, mi hija, que no puede vivir sin el campo: acaba de venir estos días y ya está preparando los cartuchos para irse de caza.
--¿Cuánto cobraba usted por una corrida don Paco?
--Una corrida de seis toros, para plazas de primera 18.000 pesetas, y más arreglada, de 12 a 15.000 en plazas de segundo orden.
--¿Qué opina usted de la suerte de varas?
La suerte de varas, aunque parezca un poco bárbara, está bien hecha para ver si el toro es bravo y para que acuda a la muleta, pero con toros que se pueden picar, ya ahora es un crimen, pues el ochenta por ciento de los toros de hay son más propios para novilladas sin picadores.

miércoles, diciembre 12, 2012

SI SE QUITA EL PELIGRO EN QUÉ QUEDA LA FIESTA


PANORAMA DEL TOREO HASTA 1979
Por : Antonio Díaz - Cañabate
Fuente: Los Toros.Tratado Técnico e Histórico. Tomo V. José Maria de Cossio. Espasa_ Calpe.  Madrid, 1981. Tercera Edición. Pp 68-76.

martes, diciembre 11, 2012

FELIZ CUMPLEAÑOS, MAESTRO "TONI"


Le toca a Ud., Maestro
Eneko Andueza y Pedro García Macías, aficionados
“Hay gente que con solo decir una palabra enciende la ilusión y los rosales, que consólo sonreír entre los ojos nos invita a viajar por otras zonas, nos hace recorrer toda la magia….hay gente que con sólo dar la mano rompe la soledad, pone la mesa, sirve el puchero, coloca guirnaldas, que con sólo empuñar la guitarra hace una sinfonía de entrecasa…hay gente que con sólo abrir la boca llega hasta todos los límites del alma, alimenta una flor, inventa un sueño, hace cantar el vino en las tinajas y se queda después…como si nada. Y uno…, uno se va, de novio con la vida, desterrando la muerte solitaria, porque sabe que a la vuelta de la esquina hay gente que es así, como vos, tan necesaria”. (Hamlet Lima Quintana)
No, no vamos a empezar dando su nombre, no porque quisiéramos darle misterio como si de un relato detectivesco se tratara, sino porque queremos que a lo largo de estas palabras juntas vosotros mismos deduzcáis de quien se trata, porque sus rasgos que conforman su perfil lo identifiquen.
Aprovechando que el Deva pasa por Eibar y el Guadiana por Mérida, queremos modestamente rendir un homenaje con estas palabras a alguien que lo merece y MUCHO, aunque nos tememos que esto nos costará una cariñosa reprimenda, lo entenderemos, porque es persona que le gusta más estar en segundo plano sin protagonismo, el justito, el que ineludiblemente le dan los hechos y a ser posible ninguno.
Sin embargo, aún a riesgo de esa reprimenda amigable, creemos que llegó el momento. Hay situaciones en las que si se viene una idea, por otra parte que ya “barruntaban” nuestros alrededores sentimentales y de justicia hace tiempo, hay que sacarla a pasear de una vez para que no se “oxide”, de la manera que se sepa y pueda y no dejarlas en ese rinconcito especial.

Simplemente es un ejercicio de lealtad y reconocimiento con alguien que da mucho y no exige a cambio nada más, ni menos, que ética y coherencia en planteamientos y actitudes. Por supuesto es algo que quienes lo tienen como él, lo desarrollan en el día a día, en eso que machaconamente definimos como “ser y estar”, simplemente de forma natural siendo sin pretenderlo ni hacer ostentación de ello y actuando consecuentemente, que algunos confunden, desde nuestro punto de vista, de forma equivocada aunque no exenta de intereses espúreos, con aquello de “purismo”, “integrismo”, “talibanismo”, lo que sencillamente calificamos como honradez, integridad, claridad, compromiso y lealtad con el ideario personal y del colectivo al que pertenece, en este caso al de los aficionados a la Fiesta de los Toros.
Esta persona a la que nos referimos siempre ha tenido a gala, y a fe que lo cumple, no confundir ni mezclar lo personal, respetando al máximo a sus amigos y la intimidad de los mismos, con lo que se refiere a actitudes en lo concerniente a nuestra querida Fiesta de los Toros. Eso sí, no le hacen especial “gracia” las faltas de coherencia de quienes nos llamamos aficionados, aunque procura no airearlas en público para no dar carnaza a quienes, de los taurinos, taurinillos y palmeros, están a la que salta y a la que no salta pero quieren hacer saltar poniendo la muletita “retrasá”, para que ello genere desunión entre nosotros lo que les viene de perlas para debilitar y echar balones fuera de los objetivos serios y prioritarios que como aficionados debemos tener meridianos.

Es defensor sin resquicios, aunque con las legítimas dudas que hay que tener en todo en la vida, de aquello tan manido, pero no por ello menos cierto y prioritario cada día más, de que NADA TIENE INPORTANCIA SI NO HAY TORO y de que LA SUERTE DE VARAS ES EL EJE DE LA LIDIA.
Es persona imprudentemente prudente. Especialmente se “desborda” cuando le tocan la fibra sensible de sus postulados básicos, que deben ser intocables, bien referidos a la amistad o bien a las esencias base de la Fiesta de los Toros.
Es persona que tiene una fina sensibilidad para separar el grano de la paja. Espersona que cuando se entrega, después de una “lidia” acorde, va a tope, con “casta y bravura”.
Es persona persistente, combativa, luchadora, inasequible al desaliento pero humano con sus luces y sus sombras, sus momentos de desánimo de los que sale fortalecido, más proclive a echar una mano que a pedir ayuda, a guardar lo chungo salvo cuando le tocan los “costaos”, y a resaltar lo bueno, a veces le puede su bonhomía.
Es persona beligerante, de frente y por derecho, con el engaño, el fraude, la manipulación, la hipocresía, la doblez, el si pero no, entre “Pinto y Valdemoro”, el aparecer y desaparecer como el Guadiana, con Dios y con el Diablo, con el “aficionado y vividor” de lo taurino al “rebujón”.

Es persona con capacidad y conocimiento, sentido de la oportunidad, que no del oportunismo, que valora en mucho el legado de quienes fueron en la historia de la Tauromaquia en los diversos terrenos, especialmente en uno muy desvalorizado y falto de verdad hoy como es la crónica taurina, sus maestros en esto D. Joaquín Vidal y especialmente D. Alfonso Navalón.

Es persona que piensa y lo dice que hay que apoyar sin entreguismo, pero con firmeza, a los ganaderos que como tales buscan en la selección y el manejo, la integridad, la casta y el poder en sus reses de lidia y la lidia, el valor y la torería delante de esos toros del torero y por ello, consecuentemente atiza “mamporros” cuando encuentra “ganaduros”, figuritas de mazapán destoreadores con el medio toro y soplagaitas.
Es persona que predica con el ejemplo y por ello durante un tiempo presidió festejos y por ello habla con conocimiento de causa cuando enjuicia a quienes deben ser los máximos valedores de la defensa del aficionado.

Como vamos llegando al final, y nos da que le habéis puesto cara y su nombre por los datos aportados, no obstante, por si acaso, ahí va el definitivo: es buen “arretratero” con amplio conocimiento de la fotografía taurina, para hacernos llegar lo que pasa en el ruedo, lo que su ojo ve y nos traslada su cámara, toro y torero. Es charro, de Lumbrales, residenciado en el norte, en Irún, en donde tiene un barcito lugar de encuentro de amigos y aficionados. Amante de las fiestas populares tradicionales y especialmente de las de los pueblos salmantinos, sobre todo el Noveno de San Felices.
Es simplemente, ni más ni menos, un AFICIONADO, así con mayúsculas. Un ejemplo a seguir, de ese reducido grupo de los imprescindibles. JUAN ANTONIO HERNÁNDEZ, el maestro Toni para los amigos, creador y bastión de esa web de referencia que es “EL CHOFRE”.
Gracias maestro Toni, por todo lo que nos aportas, en amistad y sabiduría. No cambies. Y nuestras disculpas porque sabemos que esto no te gusta. En todo caso sabes que se han quedado muchas cosas en el tintero.
Queremos finalizar con unas hermosas palabras de Mario Benedetti “La gente que me gusta”, que le dedicamos a Ud. maestro Toni, todo ello enténdalo en prural “nos gusta” :
“Primero que todo, me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y lo hace en menos tiempo del esperado.
Me gusta la gente con capacidad para medir las consecuencias de sus acciones, la gente que no deja las soluciones al azar.
Me gusta la gente estricta con su gente y consigo misma, pero que no pierde de vista que somos humanos y nos podemos equivocar.
Me gusta la gente que piensa que el trabajo en equipo, entre amigos, produce más que los caóticos esfuerzos individuales. Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría.
Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos serenos y razonables.
Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza de reconocer que no sabe algo o que se equivocó.
Me gusta la gente que al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volverlos a cometer.
Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente; a éstos los llamo mis amigos.
Me gusta la gente fiel y persistente, que no fallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.
Me gusta la gente que trabaja por resultados. Con gente como esa, me comprometo a lo que sea, ya que con haber tenido a esa gente a mi lado me doy por bien retribuido.”…y Ud. es una de “esa gente”

Fuente: Cerro de San Albín. Revista de la Asociación Cultural Cerro de San Albín, N° 15, Año 2011.
Foto:  elchofre.com

lunes, diciembre 10, 2012

ACHO, ÚLTIMA DE LA TEMPORADA

En cuanto al "ganado":

En relación al infumable encierro de la corrida anterior del ganaduro peruano  Roberto Puga , los toros colombianos de Esteban de la Ovejas, estuvieron igualmente impresentables  para Acho y cualquier plaza que se precie ser de "primera", pasados igualmente por el barbero, aunque acudieron a los caballos donde se los masacró (entiéndase barreno e incluso al primero se le descordó y fue reemplazado), quedaron moribundos y faltos de transmisión para la muleta ( en realidad estos "toros" no transmitirían ni enfermedades)

Sobre este  tema angular es necesario que los empresarios recapaciten y pongan las barbas en remojo. si no hay TOROS la fiesta carece de importancia, y en Acho ya se ha empezado a escribir  las primeras letras de la crónica de una muerte anunciada. 

En cuanto a los "matadores" : 

Padilla: Estuvo en Padilla, más no se le puede pedir. Torero tremendista que ciertamente agrado al público de aluvión. Toreo despegado, de expulsión, de pierna retrasada, un tomo completo de lo que es toreo de ventaja o mejor dicho cómo no se debe torear, aunque no faltará alguien por ahí que  sostenga la tesis que adelantar la pierna de salida es un "recurso" en el toreo. Convendría recordarle a Padilla maravilla  que el mismo rasero es exigible a los tres espadas. 


Fandiño:  En  ambos toros estuvo decente, con vergüenza  torera, sufrió un varetazo que gracias a las bondades del afeitado no tuvo consecuencias lamentables. Es de reconocer que es el único torero que en esta plaza, se ha traído  al toro de lejos con la muleta planchada, aunque lo que siga de ahí para adelante sea otro cantar. Por lo general, irreprochable la forma como él entra a matar: en corto y por derecho. 


Luque: Se podría decir que capoteó atolondrado ( sin mando y ligazón en las verónicas y medias que ejecutó), pero caló en los tendidos. A su primer toro le  recetó trincherazos y trincherillas que parecieron interminables. De ahi para adelante un torero cuyo destoreo no me trasmitió el más mínimo interés, ¿¿será su falta de empaque y personalidad, y el hecho de traer la faena preconcebida desde el hotel, lo que causa esos efectos?. Dos orejas que en mi concepto fueron un exceso y que la autoridad, una vez más, se encargó de recordarnos que en Acho,  vale todo. 


Eso es todo, muchas gracias.

POCHO PACCINI BUSTOS

jueves, diciembre 06, 2012

ALGUNOS PORQUÉS DE CARGAR LA SUERTE

 Tauromaquia para postmodernistas.por Rafael Cabrera

Antonio Bienvenida
Don Antonio Bienvenida, cargando la suerte. Ortodoxia, pureza, ética y estética del toreo

curro2bpuya
Curro Puya, “Gitanillo de Triana”, cargando la suerte en una verónica

38 Emilio Muñoz
Emilio Muñoz cargando la suerte en un soberbio derechazo
“Algunos porqués de cargar la suerte”, por Rafael Cabrera. Artículo publicado en el blog “Recortes y galleos”:
“En un meditado estudio, titulado Elementos técnicos del arte de torear (en Tauromaquias vividas. Aula de Tauromaquia 8. Madrid, CEU Ediciones, 2011) abordábamos el complejo asunto de cargar la suerte. Para ello, y con objeto de no centrarnos en nuestro propio parecer, traíamos a colación las palabras que diferentes tauromaquias y maestros han vertido sobre el tema. Así pues, no son ideas nuestras, sino de quienes -desde la práctica y la teoría- se han vestido de luces y han alcanzado el grado de Maestro. Critiquen pues, quienes de ustedes no estén de acuerdo con los asertos vertidos, a Paco Camino, Antonio Ordóñez, Rafael Ortega, Domingo Ortega, Marcial Lalanda, o Antoñete (cuyas palabras presiden este blog, por cierto), entre otros muchos a los que podríamos citar. No es pues una elucubración más de un aficionado más o menos práctico, sino las opiniones de quienes han alcanzado la maestría en el arte de torear, de forma indiscutible.
El estudio es mucho más amplio de lo que ahora les reproducimos, pero permítanme resumirles los siguientes párrafos:
     Rafael Ortega. Imagen de su tauromaquia

Rafael Ortega, uno de los diestros que más cosas interesantes ha dicho en los últimos tiempos, es claro al respecto: “Todo toreo es bonito y bueno, lo mismo toreando de frente con los pies juntos que haciéndolo con el compás abierto. Sin embargo, en mi con­cepto lo más puro es dar medio pecho, con el compás abierto lo justo -ni mucho ni poco- para cargar la suerte apoyando el peso sobre la pierna con­traria” (José Luis RAMÓN, Todas las suertes por sus maestros, Espasa, Madrid, 1998, pág. 261). (…)
Pero el concepto sigue vigente en la tauromaquia actual, e incluso ha sido la base para el toreo de figuras como Paco Camino, que ha llegado a afirmar que “Hay una secuencia muy clara: cuanto más lejos se cogiese al toro, y cuanto más lejos se le dejase, mejor que mejor. La au­sencia de verticalidad implica que el torero, al ejecutar un natural, se en­cuentre vencido (incluso podríamos decir que un poquito echado hacia adelante) en la dirección en la que está embistiendo el toro. Es decir, su figura está levemente inclinada hacia el lado y sobre la pierna en la que se está cargando todo el peso de la suerte” (José Luis RAMÓN, Todas las suertes por sus maestros, Espasa, Madrid, 1998, pág. 256). (…)

Joselito el Gallo, cargando la suerte a la verónica al toro de Santa Coloma al que le cortó la primera oreja de la historia de la Maestranza
Cargar la suerte
Pero sigamos con otro de los aspectos verdaderamente importantes a la hora de valorar el mérito de un lance, o de subrayar ese componente ético que debiera estar presente en el mismo. Cargar la suerte. Cargar, no sólo supone adelantar la pierna correspondiente a la mano con la que se cita al toro –o moverla hacia el camino que ha de seguir éste-, obligándole así, al haber ganado terreno el diestro, a realizar una trayectoria todavía más forzada de lo que su embestida natural le obligaría, sino también a apoyar el peso del cuerpo sobre la misma. El notable escritor y crítico, Pepe Alameda, afirmaba al respecto de diestros que el viera cargar ortodoxamente la suerte: “Con el pie del cite adelantado se colocaba el portugués Manolo dos Santos y también en sus principios Paco Camino, que ligaba extraordinariamente el toreo en redondo, sobre todo con la izquierda, y Manuel Benítez «El Cordobés», y varios toreros mexica­nos, muy notoriamente Manuel Capetillo y Manolo Martínez” (El hilo del toreo, Espasa, Madrid, 1989, págs. 127 y ss.). (…)
Vayamos por partes. En primer lugar, al adelantar la pierna de la mano del cite, se le gana terreno al toro. La pierna pasa a ocupar un espacio por el que habría de transitar la res momentos después, y por ello, el diestro se obliga a sí mismo a forzar –de nuevo y todavía más- el recorrido que ha de llevar el toro durante el lance, desviándolo aún más de esa embestida recta, paralela, o con un amplio radio de curvatura, que seguiría si no fuera sometido a los vuelos de capote o muleta. Si, ya al citar con la muleta por delante, se obligaba al toro a describir una curva para evitar con ello el cuerpo del espada, ahora, al adelantar la pierna sobre el terreno del toro, se le obliga todavía más a recorrer una curva más pronunciada en torno al lidiador.
El momento en el que debiera adelantarse la pierna se discute en varias de las tauromaquias consultadas, o más que discutido, se apuntan diferentes momentos. Hay quien afirma que la pierna debiera adelantarse en el momento de realizar el cite, y, sin embargo, otros afirman que la pierna debiera adelantarse en el momento en que el toro resulte embarcado. ¡Qué duda cabe que, siendo el momento del embarque posterior al del cite, mayor mérito tiene adelantar la pierna y cargar la suerte cuando se embarca definitivamente al toro en el engaño! Al adelantar la pierna, en ese momento y no antes, el espada tiene menos tiempo y probablemente menos recursos para conseguir desviar la trayectoria del animal, mientras que, por el contrario, dispone de unos instantes preciosos para poder corregir y modificar la trayectoria del toro, mediante el movimiento de la muleta o del capote, si se cargó la suerte al provocar esa misma embestida.
Pero, como decíamos, cargar la suerte no estriba tan sólo en adelantar la pierna de la mano del cite sobre el terreno que ha de ocupar el toro a continuación, sino que también consiste en afianzar el peso del cuerpo del espada sobre esa misma pierna. Al apoyar el peso del cuerpo sobre ese pie, el espada queda, hasta cierto punto, inmovilizado y clavado en ese terreno donde residen las virtudes máximas del toreo. Se disminuye con ello la posibilidad de que pueda, fruto del temor, de las dudas, o incluso de una embestida destemplada o descompuesta del animal, rectificar el terreno “echando la pata atrás”, como suele decirse en el argot taurino.

Marcial, cargando la suerte en una gaonera
Así que, no sólo se gana terreno y con ello queda clara la posición dominante del valor, la inteligencia y la técnica del matador, sino que también existe menor capacidad para la rectificación, la retirada o la huida, y se obliga al astado a seguir una trayectoria mucho más forzada, y por ende mucho más toreada, en torno al cuerpo del espada. Ello obliga, en definitiva, a mandar mucho más sobre la embestida de su oponente, de ahí que el mérito y el valor que suponemos al diestro que lo ejecuta sea superior al de aquel de hurtar la pierna, esconderla o retrasarla, cuando llega el toro a su jurisdicción.
Y, sin embargo, es vicio corriente el que hoy retrase el matador esa pierna que debería adelantar y cargar, cediendo así su terreno al toro, cediendo así parte de la ética del lance, y permitiendo que el toro siga un recorrido mucho menos obligado y forzado que de otra manera, con el único objeto de ligar. Al retirar esa pierna el lidiador, es verdad que al toro se le obliga mucho menos, que va más cómodo y no tan forzado, porque sigue una trayectoria más rectilínea o en todo caso con un radio de curvatura superior, pero no lo es menos que en un arte como el de la tauromaquia, en el que un hombre se enfrenta a una fiera en arriesgada pero valerosa lid, el retroceder, como sucedería en cualquier batalla, es un hecho vergonzoso que sólo debería quedar relegado a casos de verdadero apuro, cuando el toro se venza o se ciña al espada en demasía. No obstante, parece práctica habitual en los tiempos que corren que, con objeto de ligar mejor los muletazos, el espada pierda ese terreno. Esto es, que no sólo no adelante la pierna ganando el mismo y cargando sobre ella la suerte y el cuerpo, sino que la retrase en práctica constante para ir cediendo terreno al toro y conseguir ligar así una serie de derechazos o naturales. Todo ello lo aplaude el público, es cierto, pero no es menos verdad que la ética y el riesgo que asume el lidiador es notablemente inferior al que se produce cuando se carga la suerte, adelantando la pierna de la mano del cite. Por otro lado, dado que el espada reconsidera su posición constantemente, casi nunca suele estar bien colocado en el siguiente lance y, una de dos, o bien cita absolutamente descolocado, o le deja la muleta en la cara, sin terminar de rematar el pase, para hacerlo girar en su derredor, sin pasarse nunca los pitones por la faja, cual de si de un eje de peonza se tratara.
Por el contrario, cuando se carga la suerte, el toro ha de describir todavía una curva más pronunciada que la que, de por sí, trazaría cuando la muleta le embarcase por delante del cuerpo del lidiador, al haberse producido el cite en las circunstancias más ortodoxas. Y al desviarlo todavía más de su trayectoria natural, ¿no tendrá más mérito el lance llevado a cabo? ¿No será aún más valeroso y técnico el pase? Y, sin embargo, cuántas veces se aplaude precisamente lo contrario, ¡vivir para ver!
Y como al principio de este epígrafe citábamos a Pepe Alameda, no nos resistimos ahora, tampoco, a traerlo a colación para que, en parte, se desdiga y ahonde en el concepto de la suerte cargada, mencionando la corrida de los siete toros de Martínez toreada por Joselito en Madrid, en 1914: “Cuál no sería mi asombro al ver de pronto que Gallito citaba con la muleta en la izquierda y, en vez de mandar al toro hacia afuera, lo hacía venir por su línea natural, sin «expulsarlo»; reunido hacia su pierna izquier­da, que permanecía fija sobre su punto de apoyo inicial. Luego, José llevaba la muleta atrás, para marcar el viaje en redondo. Y, una vez consumado el pase, sin quitar la muleta de la cara y sin mover de su sitio aquella pierna izquierda -la pierna «eje»-, volvía a tirar del toro y repetía la suerte, logran­do el toreo en redondo”(José ALAMEDA, op. cit., pág. 179). Con ello, no hace sino recalcar dos cosas: primero la importancia de la cargazón del peso del cuerpo sobre la pierna de entrada, fija en su terreno, inmóvil; y segundo que para ligar no es necesario atrasar la pierna cargada, sino que “la pierna eje” permanece en su lugar, afianzada sobre el terreno conseguido, para, al generar el lance siguiente volver a volcar el peso del cuerpo, como lo hizo en la primera ocasión, sobre la misma. (…)
Otros mucho más ortodoxos, como Rafael Ortega, han sido explícitos en sus comentarios: “Hay que colocarse a la distancia adecuada, y desde ahí traerle en­ganchado, citando con la voz y con la muleta, echar la pierna delante para cargar la suerte, muy despacio y prendido para, finalmente, rematar el pase detrás. No hay que llevarse la muleta al costado, porque entonces lo que le pegas es medio pase” (José Luis RAMÓN, Todas las suertes por sus maestros, Espasa, Madrid, 1998, pág. 261). (…)
El cargar la suerte pese a que muchos se lo atribuyen directamente a Juan Belmonte, también es un concepto que pasa más allá de los dos siglos de vida. Se encuentra perfectamente detallado en la tauromaquia de José Delgado publicada en 1796, y desde entonces se ha repetido de manera habitual en la mayor parte de las tauromaquias escritas. Es verdad que, una cosa es mencionarlo en un texto escrito, y otra, como siempre, llevarlo a la práctica. Probablemente con Juan Belmonte se pusiese, no ya de moda, sino en práctica habitual con aquellos toros que por aquel entonces lo permitían, y que tanto Domingo Ortega, como Rafael Ortega, o Marcial Lalanda, por citar tres de las más importantes tauromaquias contemporáneas, lo subrayan como componente imprescindible del lance, imponiéndolo como requisito imprescindible en el buen toreo. Otro de los defensores de la cargazón, entendiéndola en su doble acepción, de adelantar la pierna y volcar sobre ella el peso del cuerpo, ha sido el madrileño Antonio Chenel, Antoñete: “El natural, uno de los pases más puros y fundamentales, es un per­fecto resumen de mi manera de entender el toreo: en él hay que avanzar la pierna contraria, dar el pecho al toro, adelantar la muleta y, finalmente, lle­varle atrás lo más despacio posible”, y añade más adelante “No haría falta decir que al echar la pierna adelante te obligas a cargar el peso del cuerpo en el muslo izquierdo, produciéndose en este momento un cambio ya que antes, en el cite, todo el peso se había cargado sobre la derecha. Lógicamente, tienes que meter los riñones” (José Luis RAMÓN, Todas las suertes por sus maestros, Espasa, Madrid, 1998, pág. 252). (…)
Tauromaquia contemporánea: Domingo Ortega
Y así, fruto de una conferencia pronunciada en el Ateneo de Madrid, el 29 de marzo de 1950, surgirá El Arte del Toreo de Domingo Ortega (Madrid, Revista de Occidente, 1950; aunque para la ocasión hemos utilizado la edición de Valencia, Diputación Provincial de Valencia, 1985). (…)
Una buena parte de la culpa de no ver torear se encuentra, y es su opinión aunque yo la comparta en buena medida, en que “los aficionados… no han sido consecuentes en sus convicciones, probablemente porque han sido partidarios de las personalidades de los toreros, pero nunca, o casi nunca, conscientes de las buenas normas de practicar el arte” (pág. 13).
Y es que, en su opinión, “Los aficionados tienen mucha culpa por no haber seguido fieles a las normas clásicas: Parar, Templar y Mandar. A mi modo de ver, estos términos debieron completarse de esta forma: Parar, templar, Cargar, y mandar; pues posiblemente, si la palabra cargar hubiese ido unida a las otras tres desde el momento en que nacieron como normas, no se hubiese desviado tanto el toreo” (pág. 15). Véase como Domingo Ortega, por caminos diferentes, llega a postular los elementos del toreo tal y como se hiciese antes en tantas ocasiones, desconociendo, eso sí, que el cargar la suerte estaba ya postulado casi desde sus mismos inicios, desde la tauromaquia de Pepe-Hillo. “Sin cargar la suerte, no se puede mandar, y, por lo tanto, en este término iban incluidos los dos”, añadirá a continuación en detalle muy apreciable. Y explicará su significado en las siguientes palabras: “Cargar la suerte no es abrir el compás, porque con el compás abierto el torero alarga, pero no se profundiza; la profundidad la toma el torero cuando la pierna avanza hacia el frente, no hacia el costado” (pág. 15). Cargar la suerte, por tanto, es adelantar la pierna de la mano del cite ganando terreno al toro, poniendo sobre ella el peso del cuerpo de manera que impida retroceder, que el mérito del lance sea mayor porque hay que desviar aun más la trayectoria del toro. En estos tiempos que tan frecuente es el toreo de perfil, con el compás muy abierto en ocasiones, y donde la pierna de la mano del cite se separa hacia atrás para alargar el pase, pero en definitiva retrocediendo, ¡cómo resuenan las palabras de Domingo Ortega en la conciencia del buen aficionado! (…)
De un Ortega a otro, Rafael, el tesoro de la Isla
Años más tarde, y fruto de la meditada actividad de otro diestro singular, Rafael Ortega, uno de los más grandes lidiadores y estoqueadores del siglo XX, vería la luz otra obra imprescindible en el panorama de las tauromaquias contemporáneas. Se trata de El Toreo Puro, una sentida y espontánea charla en torno a la autenticidad y las bases del arte de la tauromaquia (utilizo la edición de Valencia, Diputación Provincial de Valencia, 1986)… Se trata, por tanto, de una obra nacida y concebida en las dos últimas décadas del siglo XX, y por ello con el telón de fondo de la más palpitante actualidad del toreo, algunos de cuyos diestros siguen placeándose por los cosos de este mundo. (…)
Su concepto del toreo, en buena medida, está ligado al del maestro de Borox: “Citar, parar y mandar. Se le echa al toro el capote o la muleta para adelante, y es el cite. Luego, usted para al toro. Y luego, usted lo manda, lo lleva y lo despide. Yo sé que en la tauromaquia de Belmonte se dice: parar, templar y mandar, y también sé que Domingo Ortega añadió: parar, templar, cargar y mandar, que es lo que da mayor pureza al toreo. Pero para mí es importante algo previo, citar, o sea, echarle el trapo para adelante al toro. Llamarlo con la muleta quieta no es citar. También es malo llamarlo con la zapatilla. El torero que lo da no es buen torero porque eso es robar el pase, es la muleta la que tiene que adelantarse y citar. Así que lo que yo veo, para hacer el toreo puro, es esta continuidad: citar, parar, templar y mandar, y a ser posible cargando la suerte” (págs. 39-40). (…)
Y sin embargo vean que claramente explica la importancia de un lance como la gaonera: “Por el contrario, sí “he sentido” el echarme el capote a la espalda, que ahora no lo hace nadie [escribe en 1986, cuando el lance era excepcional]; ese es un toreo también muy puro, porque yo me echaba el capote a la espalda, citaba, echaba la pierna para adelante y cargaba la suerte, así que era un toreo de más exposición, pues tiraba del toro con medio capote como si estuviese toreando con la muleta [pero con el toro vivito y coleando]” (pág. 43).
Y dentro de su concepción artística de los lances no podía faltar la descripción de la verónica: “La verónica pura, la que rompe y domina al toro, es la que se da con las manos bajas, cargando la suerte y ganándole terreno al toro. El toro tiene más fuerza que tú, y si no comienzas a dominarlo con el capote, como digo, se te impone, y el torero va a la deriva… Así que a los toros yo procuraba ligarles la verónica honda, con el capote recogido, cargando la suerte y arrastrándolo, para que el toro humillara” (págs. 43-44). (…)
“Como ya he dicho antes, el torero tiene que dominar siempre al toro, pero llevándolo largo; el torero que se va a la oreja del toro, para castigarlo, no torea” (pág. 47). Y añade: “El pase debe darse,cuanto más largo mejor, pero con cite y con remate, y quedándose uno colocado para ligar el siguiente. El toro tiene que venir humillado, metido en la panza de la muleta y con la suerte cargada. La mayor parte de los toreros lo que hacen es descargar: tú citas por un lado o por otro y, en vez de echar para adelante la pierna contraria, lo que haces es echar la otra para atrás; y eso no es cargar, es descargar. El toreo bueno es aquel en que cargas la suerte y apoyas el peso sobre la pierna contraria; y la última parte del pase ha de permitir que el toro te deje colocarte de nuevo sin modificar el terreno, pues lo más clásico y lo más puro es que, en la faena, cuanto menos andes, mejor” (pág. 47). (…)
Marcial Lalanda, dictando, también era el más grande
Contemporánea a ésta, aunque nacida de una más prolongada trayectoria vital, es otra tauromaquia escrita –más bien dictada- por otro matador de toros universal: Marcial Lalanda del Pino. Marcial se la dictó a nuestro buen amigo Andrés Amorós, que supo darle la forma literaria adecuada. Conste que en el proceso previo, Marcial mantenía con nosotros, cuando éramos jóvenes aficionados, largas charlas sobre el toreo, donde pudimos escucharle muchas de las cosas que resumiría en su tauromaquia, incluso invitándonos a ayudarle en la labor de redacción. (…) La Tauromaquia de Marcial Lalanda vería la luz en 1987, en la editorial Espasa Calpe (manejamos la de Madrid, Espasa Calpe,1988; Colección La Tauromaquia nº 11).
Para Lalanda un concepto básico de la tauromaquia en esa pequeña recta final del siglo XX, es el de ligar. Pero, aclarará “No hay que confundir ligar los muletazos con dejar el engaño, tapando la cara al toro. Ligar una suerte con otra supone terminarla, de una a otra. Mucha gente lo confunde, pero no es lo mismo” (pág. 75). Y añade nuevos conceptos: “Cada lance tiene su distancia justa, para que el toro tenga su acometida. A partir de ahí el torero ha de parar, templar, mandar y cargar la suerte. Incluso una serie de pases no debe confundirse con esa noria en la que el toro no ve lo que embiste y el torero ha citado y está situado en la pala del pitón. Debe estar de frente o un poco oblicuo, pero a la distancia precisa” (pág. 75). Comentarios muy interesantes para evaluar el mérito de los espadas modernos, como el que añade a poco: “Con frecuencia vemos ahora cómo el toro da un paso o dos, nada más, y se queda en la misma tripa del torero, con el pitón a tres dedos de él, pero fijo en la muleta, que tiene a treinta o cuarenta centímetros. Y es a la muleta a la que embiste, claro. El toro acude al movimiento o al ruido” (pág. 76), en clara crítica a arrimones absurdos. Y es que, a su juicio, “este toreo encimista es uno de los grandes males de la forma actual de interpretar el toreo, sin duda, porque desvirtúa la pureza de la Fiesta. Quizá ese ha sido uno de los secretos del éxito de Antoñete, aparte de su gran calidad: muchos espectadores han descubierto la emoción que supone llamar al toro de lejos, darle su distancia, verle venir, aguantarle, darle la salida adecuadamente. Para muchos nuevos aficionados, resultaba, por desgracia, algo insólito” (pág. 76). E insiste: “el encimismo suele ir unido al parón, a torear en la pala del pitón, al toreo paralelo” (pág. 78). Y junto a ello defiende, junto a su gran amigo Domingo Ortega, el cargar la suerte, “absolutamente fundamental”, nos dirá, y se lamentará de lo contrario: “Hoy, por desgracia, lo habitual es lo contrario: descargar la suerte, echar la pierna atrás” (pág. 76).
Mucho más se podría traer a colación, pero con lo expuesto en ese trabajo Elementos técnicos del arte de torear, creo que por el momento es más que suficiente. Muchas gracias.”
Magistral lección de tauromaquia. Muchas gracias a usted, Don Rafael.
Fuente : http://malagatoro.blogspot.com/2012/05/tauromaquia-para-postmodernistas.html