EL EJE DE LA LIDIA

EL EJE DE LA LIDIA
"Normalmente, el primer puyazo lo toman bien los toros, y si ése fuera el único del tercio, todos parecerían bravos. En el segundo ya empiezan a dar síntomas de su categoría de bravura. Y es en el tercero donde se define de verdad si el toro es bravo o no. En el tercer puyazo casi todos los toros cantan la gallina, se suele decir". JOAQUÍN VIDAL : "El Toreo es Grandeza". Foto: "Jardinero" de la Ganadería los Maños, primera de cuatro entradas al caballo. VIC FEZENSAC 2017. Foto : Pocho Paccini Bustos.

viernes, diciembre 14, 2012

PILAR SÁNCHEZ HERNÁNDEZ "PILARÍN COQUILLA"


Ganadera Salmantina.
Que dos palabras ganadera y salmantina casi nada. Mucho se ha escrito sobre estas dos palabras pero nunca reflejaron juntas tan bien a una persona.
Deberíamos añadir además, aficionada, mujer con clase y toda una leyenda del campo charro en particular y del mundo del toro en general.

No se perdía ninguna de las faenas del campo en casa, como tampoco faltaba a un solo tentadero. Amiga y seguidora de las grandes figuras de la historia crítica y dura con los saltimbanquis y figurines como Manolete y el Cordobés. Es decir además de una buena ganadera una enamorada del toro y del que toreo bueno y de verdad. Gran tertuliana, conversadora amable y simpática.

El pasado 23 de Mayo del 2005 moría en su Salamanca querida, a los 98 años de edad. Con ella se va mucho de la historia del toreo y sobre todo una forma de vida y una manera de vivir el Toro.
Traemos a estas páginas una serie de artículos en honor de esta mujer charra que dejo una gran huella en todos aquellos que la trataron y la conocieron.

Empezamos con una breve reseña biográfica y una entrevista de Paco Cañamero.

Continuamos con extraordinario articulo de Jorge Montero. La interviú que nunca hice.

También publicamos un articulo de Vicente Sánchez López. La Niña guapa de Coquilla

Y para terminar traemos a este pequeño homenaje una entrevista aparecida en el Semanal El ruedo de D. Francisco Coquilla en el año 1946

Después de leer estos trabajos seguro que a muchos nos quedará mucho mas claro lo que era un ganader@ del campo Charro. Una forma de ser y entender tanto el toro como la vida, algo que sin duda alguna se ha perdido por aquello de que hay que vender, del mercantilismo, de la falta de cariño al toro, de la falta de romanticismo.


Adiós a una ganadera de leyenda
La Salamanca campera está de luto, tras la muerte, en la madrugada de ayer, de Pilarín Coquilla, la ganadera más conocida del Campo Charro, la que marcó una etapa que se inició mucho antes de la Guerra Civil y se acaba de cerrar ahora, en este mes de mayo, tan seco y poco 'florido', cuando ha emprendido el camino del más allá.

Paco Cañamero

Pilarín Coquilla contaba con 98 años y durante su vida se codeó con lo más granado de la sociedad española, hasta el punto de ser una de las mujeres más relevantes durante varias décadas. Siempre tuvo tratamiento de ganadera y como tal se le respetó, siendo su opinión recogida por todos como una sentencia, a pesar de que desde 1936, su familia perdió todas sus propiedades, entre ellas la finca y la ganadería, con lo que ella inició otras actividades, como dependienta de una joyería, aunque jamás fue apeada de su tratamiento, pues seguía al corriente de todo cuanto sucedía en la Tauromaquia.

Mujer singular
Fue una mujer singular, muy adelantada a su tiempo, que no tuvo reparos en manifestar la admiración -más allá del aspecto profesional- que sentía por el torero gitano Joaquín Rodríguez 'Cagancho', que sería el gran amor de su vida.
Rompió con todas las normas sociales de la época ya que, en aquellos tiempos, era una mujer moderna que, como ejemplos, conducía, fumaba, cazaba y mantenía estrechos vínculos de amistad con los principales referentes del mundo taurino y de la cultura.
Testigo privilegiado de una época dorada del mundo del toro, Pilarín Coquilla fue todo un referente en el Campo Charro y era una mujer querida y apreciada por todo el mundo taurino salmantino con el que, pese a su edad, mantenía un contacto casi diario estando al día de toda la actualidad.
Ahora, para siempre quedará el recuerdo de esta ganadera, una mujer genial que, en su casa del doctor Piñuela, cada día recibía numerosas visitas de amigos. Así, hasta la tarde del jueves 19 de mayo, cuando tanto disfrutó con los toros de El Pilar. Aquel día, tras despedir a los amigos, lentamente comenzó a apagarse la llama de su vida. También de la última superviviente de la etapa más importante y glamurosa que vivió la Salamanca ganadera.
Nieta de Andrés Sánchez, su padre Francisco Sánchez de Coquilla y Gracialiano Pérez Tabernero compraron a principios del pasado siglo, sobre el año 1910, la mitad de la ganadería del Conde Santa Coloma. Inmediatamente, la ganadería de "Coquilla" se convirtió en el hierro de moda de las figuras de los años 20 y 30. Décadas en las que la finca salmantina se convirtió en el centro del panorama taurino y social de la época, pasando por ella nombres tan destacados como Marcial, Cagancho, Antonio Márquez, GItanillo de Triana o Concha Piquer que dedicó a Pilarín la canción "Ganadera salmantina".

PILARÍN COQUILLA: "AÑORO LA FIESTA DE MI JUVENTUD"
Entrevista publicada en TRIBUNA el 5 de febrero de 2003
Paco Cañamero
Es la única superviviente de una generación de ganaderos históricos que llevaron el nombre de Salamanca a lo más alto. Personaje de leyenda y charra universal, Pilarín Coquilla pasea sus recuerdos desde la atalaya de casi un siglo de señorío.
Por las ventanas de su casa de doctor Peñuela entran unos luminosos rayos de luz que son el contraste de una gélida mañana. Allí, sentada en su sofá se encuentra Pilarín Coquilla, con una energía y facultades impropias de quien está a punto de alcanzar el siglo, sobre todo al hablar tanto de sus recuerdos como de la pasión por el toro y el toreo: "Lo más grande que me ha pasado es haber sido ganadera".
A la hora acordada llegamos a su casa, que es todo un museo; enseguida el crítico le comenta la ilusión que le embarga al conocer a una charra de leyenda como ella; entonces, con serenidad contesta: "Bueno, lo importante es la amistad y ser querida. Por cierto, que yo también tenía ganas de conocerte, he oído hablar de ti y desde hace tiempo que leo tus artículos".
Tras los saludos iniciales visitamos la vivienda, en cuyas estanterías se acumulan infinidad de recuerdos. En el pasillo sobresale la descomunal cabeza disecada de un buey y del que Pilarín se emociona al recordarlo. Hay también una preciosa escultura del Toro de Oro que ganó en laSemana Grande de San Sebastián de 1931 el toro Madroñito, del que existen fotografías repartidas por las paredes; así como del semental Jabato, que hizo su ganadería.

De ayer a hoy 
Enseguida sale a relucir el actual estado de la Fiesta y para Pilarín, "nada tiene que ver ni el toro ni el toreo de ahora con el de mi época, pues antes de la Guerra se toreaba con una variedad y verdad como no la ha habido nunca. Por si fuera poco, el toro de ahora está fuera de tipo y no tiene casta, ni fuerza. A mí me gusta el toro bravo, que se arranque de largo, que no se caiga y transmita emoción".

No tiene reparos al decir quién fue su torero preferido: "el gitano Cagancho, con diferencia; además de la clase que tenía era buena persona. A mí, los toreros gitanos me han gustado mucho, por eso no olvido tampoco a Gitanillo de Triana. Y de esa época, aunque éste sea payo, Fernando Domínguez, que toreaba muy bien y era muy amigo, como sucedía con Antonio Márquez, Vicente Barrera y no te digo nada del dominio de Domingo Ortega o de Marcial...".

Sorprende la lucidez de Pilarín al analizar tiempos tan lejanos: "Luego, tras la Guerra llegó Manolete y él tuvo la culpa de los males que llegaron a la Fiesta. Yo era muy amiga suya, pero las cosas hay que decirlas como son".








Añora su juventud: "Claro, porque Coquilla era un finca modelo, allí si había diez maletillas en la tapia toreaban todos y si, por ejemplo estaban Marcial y Barrera en el tentadero, al final les decía yo que les dieran ¡20 duros! de entonces a los muchachos para que pudiesen comer caliente. Ahora, todo eso se ha perdido. Como también el estilo de los antiguos mayorales y los vaqueros, que querían a la ganadería como propia y nada tienen que ver con los de hoy". 
Llegó 1936, el padre de Pilarín debe desprenderse de su ganadería: "Fueron momentos durísimos, España estaba en guerra, llegó la ruina y perdí lo que tanto quería. Toda mi infancia y juventud fue en Coquilla. A raíz de aquello nunca más volví; ahora me han dicho que la casa se ha caído y es algo que no podría ver".
A lo largo de la entrevista recuerda infinidad de anécdotas, como una tarde que su padre Paco Coquilla lidiaba en Madrid, recién estrenada Las Ventas, Pilarín vio cómo a un toro le daban dos vueltas al ruedo y a otro, una. Al finalizar el festejo y antes de abandonar su localidad, toda la plaza le recibió con una larga ovación, ella se emocionó ante aquel espontáneo arranque de cariño y al día siguiente, Corrochano tituló la crónica: Las lágrimas de Pilarín.
Como tampoco olvida la tarde que Álvaro Domecq, en Jandilla la invitó a montar la famosa jaca Espléndida. Son, sin duda, algunas anécdotas de las muchas que jalonan la biografía de esta salmantina universal, la misma que habla con la experiencia de un siglo de señorío.

La interviú que nunca hice
Jorge Montero
Recientemente falleció a sus 98 años Pilarín Coquilla, el amor de la Salamanca del toro. Y cuando lo leí en esas letras con olor a tinta y madrugada en el periódico, volví la cara con resignación intentando olvidarme que era la segunda persona que dejaba de conocer con la excusa de entrevistarle.
La primera era Julio Robles. Ese torero que me impactó en mi infancia, y aún continua haciéndolo desde el recuerdo más intimo. Precisamente porque desprendía aroma a torero con sus zahones y traje corto entre las dehesas de bravo cercanas a Vecinos y La Fuente de San Esteban, como vestido de azabache en Salamanca o Madrid.
A Pilarín me hubiera gustado escucharla al calor de la lumbre en enero, cuando las vacas embastecen el pelo y buscan la brigada de la alquería o de las pizarras que asoman en la Sierra como "garras de diablo".
No le habría preguntado, ni conducido a mi terreno. Simplemente hubiera disfrutado al entregarle mi confianza, para que una persona con su intensa y larga vida me condujese en ese viaje en el tiempo hacia ayer.
Seguramente, me habría contado sus éxitos como ganadera hasta que le expropiaron la finca en el 36, la manera en como siguió siempre seducida por la pureza de la Fiesta que aniquiló Manolete. También, me hablaría de su predilección por los toreros gitano y aquellos grandes capoteadotes de los 40.
Incluso desde la seguridad de la franqueza me podría haber confesado como conoció a Cagancho, su gran amor. Aquel gitano de ojos verdes con torería para encumbrar a 20 trabajadores del derechazo de los de ahora.
Pilarín habría mirado más allá del horizonte, en un intento vano de buscarlo en un disimulado vistazo. Acariciando en su memoria los días en que se enamoraron en el bullicio de la cocina de su finca después de una tienta. Y cuando estuvieron solos, se dijeron aquellas palabras que ambos esperaban mientras se abrazaban con lo ojos.
Y probablemente se le habría escapado alguna lágrima al acordarse de aquellos tiempos. Lágrimas como aquellas que propiciaron la crónica de Corrochano "Las lágrimas de Pilarín", tras la ovación de toda la plaza de Madrid al terminar, aquella tarde, la solemne apoteosis que resultó ser su corrida.
Se nos ha ido aquella belleza universal tan querida, la honra y orgullo de haber sido una ganadera de rancio abolengo del campo charro.

La niña guapa de Coquilla
por Vicente Sánchez López.
Seguro que tu entrada a La Gloria ha sido más multitudinaria que tu despedida en la tierra. Me imagino tu recibimiento allí arriba. Seguro que en primera línea se encontraban tus padres, tus abuelos, toda tu familia, alegres porque volvían a ver a la niña guapa de Coquilla.
Los ganaderos que pasearon el nombre de Salamanca por toda España te habrán besado la mano. El primero D. Graciliano Pérez-Tabernero Sanchón, gran amigo de tu padre, junto al que compró la mitad de la ganadería del Conde de Santa Coloma. Después seguirán sus hermanos Antonio, Alipio y Argimiro, también D. Manuel Arranz, los de Carreros, los de Terrones, los de Terrubias, los de Campocerrado, ninguno girará la cabeza para negar el saludo a la niña guapa de Coquilla.
¡ Y cómo no iban a inclinarse ante tí los grandes toreros que te conocieron!. ¡ Y qué TOREROS!. Belmonte, El Gallo, Marcial, Márquez, Gitanillo, los Bienvenida, y para el final el que más ganas tienes de besar, esos ojos verdes que te cautivaron: Cagancho.
Mientras todos te saludan, Concha Piquer te cantará esa copla tan hermosa que te dedicó. Y volverás a ver a tus queridos toritos de casta brava, tus "coquillas", y seguro volverás a llorar como cuando en la primera plaza del mundo te aplaudieron a ti, la niña guapa de Coquilla, después de dar la vuelta al ruedo a dos de tus toros, a Tramillero le dieron incluso dos.
Disfrute Doña Mª del Pilar Sánchez Hernández, mientras nosotros seguimos añorando(aunque no la viviésemos) la época de mayor resplandor de la Salamanca ganadera y taurina, de la que usted, la niña guapa de Coquilla, fue protagonista principal.
Disfrute señora ganadera de lo que hay allí arriba, mientras nosotros sufrimos lo que hay aquí abajo.

Paco Coquilla.... Ganadero
Entrevista publicada en el semanario El Ruedo el 15 de agosto de 1946.
Hubo una época que los toros de Coquilla eran muy solicitados por las Empresas y los toreros, y don Paco Coquilla gozaba de un gran prestigio como inteligente y escrupuloso ganadero. Su casa de Coquilla estaba siempre abierta para todo el mundo porque don paco era el señor, el caballero de Castilla. Cuando un mal día se presentó en Coquilla la adversidad, alguien le insinuó a don Paco cierta formula de arreglo que no respondía a la verdad. "Yo no puedo mentir" respondió serenamente el caballero. Y si la hacienda y la vida hubieran dependido de aquella mentira don Paco Coquilla no sabia ¡no podía mentir!... Esta es la contextura moral del caballero que ahora dialoga conmigo en Salamanca.
                   
--En aquella época-me dice-cuando yo tenia mi ganadería, hubiera sido interesante, pero hoy, desgraciadamente...
--Hoy, como ayer, representa usted la honradez y la caballerosidad, y como ganadero tiene usted una historia y ha figurado preponderantemente.

Y le pregunto al prestigioso ex ganadero: 

--¿Heredó usted la ganadería de sus padres?

--Pero la vendí mas tarde y compré el año 17, cien vacas de desecho procedentes de Albaserrada y Santa Coloma, y trabajando con gran entusiasmo conseguí un toro de tiro uniforme que, creado por mi, respondió a mis mayores esperanzas. Un tipo de toro que, sin ser grande, llegaba a los 280 ó 300 kilos con las cabezas bien hechas y tan iguales que apenas se distinguían unos de otros.
--En aquella época su ganadería gozaba de gran fama y se lidiaban mucho sus toros.
--Hubo temporadas en que solo Marcial Lalanda toreó unas catorce corridas de mi ganadería; unos cien toros. Y hubo un año que en todas las corridas cortó orejas. El año 26, en la corrida del Montepío de Toreros de Madrid, actuando como espadas Marcial, Valencia II, Antonio Márquez, y el Niño de la Palma, se lidió una corrida mía de ocho toros que me dio gran fama. Durante cinco años seguidos he enviado corridas para el Montepío. En el Sanatorio, hay una lápida de azulejos que lleva mi nombre, como prueba de gratitud. Siempre tenia yo una corrida a disposición de los toreros, que disponían de ella a su antojo y marcaban ellos mismos el precio. Tengo también gran motivo de agradecimiento de todos los toreros.
--Alguno de los que fueron mas tarde celebres, tal vez empezaría a torear en su finca.
--Recuerdo perfectamente a Granero cuando llegó a Salamanca con su visera a cuadros y nadie le hacia caso; a mi me pareció un muchacho muy educado y me lo llevé a la finca, llegando a ser considerado luego como de la familia. Por mi casa han desfilado todos los toreros de esa época incluyendo también a los mejicanos. Todos...A Joselito no alcancé yo a conocerle. En cambio, Belmonte toreó la primera corrida de mi ganadería en Salamanca el año 21, en la que torearon también Sánchez Mejías y Granero. Recuerdo también a Gitanillo de Triana, Curro Puya, pues a éste de ahora, a Rafael Vega, no lo he conocido... Lo pasábamos muy bien. De día se toreaba, se cazaba, y por la noche, para distraernos, cada uno lucia sus habilidades. Como yo tenia prohibido que se jugara dinero, aprovechaban el momento que yo me iba a la cama y se quedaban jugando, ¡quien sabe hasta que hora! Lo cierto es que como no había calefacción eléctrica, había noches en que se consumía una encina entera, pues había que preparar también braseros para todas las habitaciones.
--Alguna vez también acostumbraban a gastar bromas ¿no es cierto?
--La broma de los gamusinos.
--¿En que consistía?
--Al incauto a quien se le va a aplicar la broma se le hace creer que se va a cazar gamusinos y que este es un animal que posee una piel muy bonita y de gran valor; cuando más confiado está esperando la presa, se le suelta un manso a un novillo y el susto que se lleva se lo puede usted figurar.
--¿Y que otras personas iban a la finca además de los relacionados con la fiesta?
--Un día se presento Fleta, y estuvo cantando después de haber toreado también. Aquella vez se reunieron en la finca cerca de doscientos coches.
--¿Y gente del extranjero?
--Venían algunos franceses empresarios y aficionados, pues yo mandaba a Francia todos los años dos o tres corridas.
--¿Cuándo cree usted que ha habido más afición a los toros?
--Afición lo que se llama afición, creo que cuando más ha existido ha sido desde la época de Joselito y Belmonte, hasta el año 36, que ha sido la época de oro del toreo. Ahora van muchos a la Plaza porque tiene dinero y van como irían a otro sitio.
--En aquella época ¿qué otros ganaderos estaban en boga?
--Muy en boga Santa Coloma, Parladé, empezaba con buen éxito el conde de la Corte, Murube, Miura, Pablo Romero, Saltillo... Aquí en Salamanca los hermanos Pérez Tabernero: Graciliano, Antonio, Alipio, Argimiro, que éramos los que copábamos el abono de Madrid y todas las extraordinarias. Ibarra era ya de Parladé.
--¿Y los toros de entonces?
Me gustaba más que el de ahora aquel tipo seleccionado de toro de 280 a 300 kilos. El ganadero, entonces, lo era por afición, no por mercantilismo, como el de ahora; por eso, como no era negocio, tenia más escrúpulo en el desecho y era más consciente de su responsabilidad y se llevaba el reglamento a rajatabla, y no se daba el caso que se desechara ningún toro.
--Pero también había multas.
--Existía la multa, pero se daba muy pocas veces el caso de que esta tuviera que aplicarse. Hoy el toro parece mas bien un juguete que el publico acepta; pero si no tratan de arreglar esta acaban con la fiesta, pues el verdadero aficionado empieza a quedarse en el café para no tener que pasar berrinches.
--¿Y en usted perdura la afición?
--La misma afición corregida y aumentada, y si me fuera posible volvería enseguida al palenque. También por Pilarin, mi hija, que no puede vivir sin el campo: acaba de venir estos días y ya está preparando los cartuchos para irse de caza.
--¿Cuánto cobraba usted por una corrida don Paco?
--Una corrida de seis toros, para plazas de primera 18.000 pesetas, y más arreglada, de 12 a 15.000 en plazas de segundo orden.
--¿Qué opina usted de la suerte de varas?
La suerte de varas, aunque parezca un poco bárbara, está bien hecha para ver si el toro es bravo y para que acuda a la muleta, pero con toros que se pueden picar, ya ahora es un crimen, pues el ochenta por ciento de los toros de hay son más propios para novilladas sin picadores.

1 comentario:

  1. Un interesante artículo que nos transporta al pasado.
    Hoy en día los hierros que salen con ese punto de picante del encaste Santa Coloma están condenados por las denominadas figuras.
    La fiesta no ha cambiado,lo que ha cambiado es el toro.Hoy se dice toro y hay que dar explicaciones.Antes era de imponente lámina,preciosa estampa,poderoso y fiero.
    Desde Surco.

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