EL EJE DE LA LIDIA

EL EJE DE LA LIDIA
"Normalmente, el primer puyazo lo toman bien los toros, y si ése fuera el único del tercio, todos parecerían bravos. En el segundo ya empiezan a dar síntomas de su categoría de bravura. Y es en el tercero donde se define de verdad si el toro es bravo o no. En el tercer puyazo casi todos los toros cantan la gallina, se suele decir". JOAQUÍN VIDAL : "El Toreo es Grandeza". Foto: "Jardinero" de la Ganadería los Maños, primera de cuatro entradas al caballo. VIC FEZENSAC 2017. Foto : Pocho Paccini Bustos.

miércoles, abril 06, 2011

!!!!!! Y NO SE EQUIVOCÓ MAESTRO ¡¡¡¡¡¡

"Antonio Bienvenida: Cinco años de la muerte de un maestro"
JOAQUIN VIDAL 10/10/1980
Hace cinco años que murió Antonio Bienvenida. Una vaca de la ganadería de Amelia Pérez Tabernero le volteó de mala manera una tarde de octubre de 1975. Pocos días después, el diestro fallecía en la residencia sanitaria La Paz, como consecuencia de la gravísima lesión cervical que le ocasionó la cogida. Con Antonio Bienvenida perdió la fiesta el último maestro en tauromaquia.

Cinco años después continúa el vacío. El arte de torear decae. Bienvenida lo había mantenido en plenitud y pureza durante más de treinta años. Sus actuaciones, incluso aquellas que resultaban desafortunadas, eran una lección, porque practicaba todas las suertes, desde el arabesco al recurso, y dominaba su técnica.El taurineo no siempre supo apreciar la influencia que podía tener un Antonio Bienvenida en los ruedos, y así le ha ido a la fiesta. El taurineo, preferentemente aquel que desde la posguerra ha tenido en sus manos el negocio taurino, buscaba y mantenía fenómenos y llegó a implantar una especie de axioma, que aún sigue vigente: «El torero que vale es el que sale todas las tardes a hombros y con estas en las manos». Estas son las orejas, por supuesto.

Tal axioma es peligroso en tauromaquia, donde la regularidad poco significa. El toreo es técnica, y es dominio, y es valor pero también es arte y el arte no puede ser programado ni mecanizado. El toreo se hace en función del toro, que no siempre, ni siquiera la mayor parte de las veces, se presta al lucimiento. La trayectoria de los grandes toreros nunca se hizo, ni podrá hacerse en el futuro, en base a la regularidad, sino que está jalonada de triunfos apoteósicos y sonados fracasos.

Antonio Bienvenida, desde la gravísima cornada de Barcelona, no fue jamás un torero de regularidad ni un fenómeno. Fue algo mejor y sin precedentes en la historia de la tauromaquia: el ejemplo permanente del arte de torear, en todas sus variantes y facetas, durante las generaciones de toreros que se sucedieron a lo largo de tres décadas.

A excepción de la suerte de matar, en todas las demás era modelo de pureza. No había repertorio más amplio que el suyo. Un taurinismo inteligente lo habría convertido en «cátedra ambulante», sobre todo, en su última etapa en activo. Como no hubo taurinismo inteligente, se hizo exactamente lo contrario: le cerraron el paso. Cuando el toreo caía en la pendiente de la vulgaridad y la monotonía, cuando se perdía el sentido de la lidia, tendían a desaparecer las suertes de capa, se reducía el repertorio de muleta a su mínima expresión, se desnaturalizaba la técnica de torear y se iba a un uniformismo en lo que fue multiplicidad de estilos, al único diestro en activo que mantenía en plenitud toda la riqueza y toda la teoría del toreo le costaba horrores firmar contratos. No tanto la edad como el hastío le hicieron cortarse la coleta definitivamente.

En cambio, los aficionados, y entre ellos en primer lugar los madrileños, dieron a Bienvenida el puesto cimero que merecía. Le exigían como a nadie porque tenían la certeza de que nadie podía hacerle sombra cuando se sentía inspirado, y le reconocieron, sin reservas, su categoría de maestro. Su colocación en la plaza ya era un modelo a seguir. La amalgama de hondura, arte y naturalidad en la interpretación de las suertes ponían en la cumbre su toreo, y varias de las faenas que ejecutó -gran parte de ellas en Las Ventas- no han podido ser igualadas. En la dirección de la lidia, y principalmente del primer tercio, jamás tuvo competencia.

La continuidad de la tauromaquia se rompió en la trágica voltereta aquella tarde de octubre de 1975. Desde entonces no hay maestro. El vacío continúa cinco años después. Y el futuro de la fiesta no puede ser más inquietante."
(el subrayado es nuestro)

1 comentario:

  1. ¡¡¡Una más del Maestro de la crítica taurina a su par del toreo.!!!
    Que falta le hace a la fiesta y a los toreros una pluma de categoría y honradez.

    E.A.V.

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