EL EJE DE LA LIDIA

EL EJE DE LA LIDIA
"Normalmente, el primer puyazo lo toman bien los toros, y si ése fuera el único del tercio, todos parecerían bravos. En el segundo ya empiezan a dar síntomas de su categoría de bravura. Y es en el tercero donde se define de verdad si el toro es bravo o no. En el tercer puyazo casi todos los toros cantan la gallina, se suele decir". JOAQUÍN VIDAL : "El Toreo es Grandeza". Foto: "Jardinero" de los Maños, primera de cuatro entradas al caballo. VIC FEZENSAC 2017

jueves, junio 13, 2013

JAVIER CASTAÑO Y CUADRILLA : GENEROSIDAD, PROFESIONALIDAD, TORERÍA Y VERDAD


GENEROSIDAD, PROFESIONALIDAD, TORERÍA Y VERDAD

Escrito por Eneko Andueza
Lunes,03 de junio de 2013.

Volvió a coger los palos enrabietado tras caerse uno del par anterior. Despacioso se fue a la cara del toro. Provocando su atención. Lo fijó. Fue andándole con torería, achicando las distancias. Y allí, en un palmo de terreno, le ganó la cara, levantó los brazos, reunió los palos, se asomó al balcón y colocó un par de antología que fue un canto glorioso a la suerte de banderillas.
Fue la chispa que terminó de detonar toda la emoción contenida de la tarde. Con ese par, David Adalid, rubricó una lidia perfecta ejecutada junto a sus compañeros que fue, ni más ni menos, un precioso fruto de la generosidad de su jefe de filas: Javier Castaño.
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Sería injusto, subjetivo y sesgado poner en un pedestal a la cuadrilla sin dar lo que se merece a un matador de toros curtido en el banquillo y en las tardes donde sale el toro que vende muy cara su muerte y premia su bravura a quién le puede.
Javier Castaño ha decidido devolver a la afición lo que la mayoría, por no decir todos, los de su escalafón niegan a la afición: disfrutar de la lidia de un  toro bravo.

A este torero que se viste por los pies le ha podido la afición y el amor a la fiesta. No le importa sacrificar su triunfo, mecerse en el egoísmo y centrase en lo suyo. Eso no va con él.
Este torero ha decidido salirse de lo común  para devolvernos la normalidad. Así, como se lo cuento. Vuelvan a leer la frase si no la entiende, o, si lo prefieren atiendan a lo que les digo a continuación: Javier Castaño ha decidido no seguir la senda que impone el sistema, la de privar a la afición de la lidia para centrar todos los esfuerzos en la labor con la muleta. Ha decidido hacer una excepción de lo que debería ser la norma de cada tarde. Simple y llanamente ha puesto cordura y ha querido devolverle a la fiesta gran parte de su sentido. 

Los toros tienen su lidia, y esa lidia, en si misma, por su belleza, por su espectacularidad cuando se hacen bien las cosas, por su variedad dependiendo del toro que tengas delante, supone una obra de arte que no se puede desperdiciar. Javier Castaño es, ante todo, generoso y complaciente. Es generoso con la afición, porque nos genera ilusión por ir a la plaza y nos ha devuelto parte esencial del sentido de la fiesta: la lidia como concepto en toda su acepción. Es generoso con los ganaderos, porque luce a sus toros y demuestra con absoluta transparencia las cualidades de sus toros. Y es generoso con su cuadrilla, a la que mima, da rienda suelta para que expresen lo que llevan dentro y permite hacer las cosas como se deben hacer en una plaza de toros. Su gesto de satisfacción mientras los suyos daban la vuelta, el detalle de estar sujetando al toro mientras la daban, sus gestos de cariño hacia ellos no dejan de ser el  reflejo de su personalidad y el espejo de su alma.
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Lo del sábado, como lo de tantas tardes, nunca será posible sin la generosidad del jefe de filas. Y eso, señores aficionados, se merece, además de nuestro respeto, nuestra gratitud y la debida recompensa.
¿Que el sábado pudo estar mejor con ese quinto? Muy probablemente. Pero al César lo que es del César. Una vuelta con su cuadrilla tampoco hubiera estado de más. Creo, sinceramente, que hubiera sido una buena manera de decirle: este es el camino, gracias por elegirlo, y que sepas, que estamos contigo. Nada más y nada menos.

Lo de su cuadrilla merece capítulo aparte….

¿Qué les voy a decir de un subalterno que no lleva el capote como si fuera una carpa de circo, que no da un capotazo de más, que lleva el temple grabado en sus muñecas y “hace” a los toros en la brega? Pues que Marco Galán es un lidiador de los pies a la cabeza, un escultor de embestidas, un auténtico guía para su matador al que enseña como embisten sus toros. En definitiva, un peón, que más que un peón es un pilar para su torero y para sus compañeros. Un pilar en el que todos ellos basan su labor
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¿Qué les puedo decir de David Adalid y de Fernando Sánchez, dos banderilleros que ponen la plaza en pié demostrando que se puede clavar asomándose al balcón, cuadrando en corto, yendo a la cara con torería y despaciosidad? Pues primero, que demuestran cada tarde que para poner un buen par de banderillas no hace falta ser el correcaminos, segundo, que el alivio no va con ellos, y, tercero, que no por ser un banderillero se deben hacer las cosas de cualquier manera.
Todo esto puede resultar extraordinario, pero no deja de ser lo que debiera ser cotidiano. Todo esto es, simple y llanamente: LA LIDIA.
Este grupo humano ha decidido tirar por el camino más difícil, ha decidido emprender un camino en el que ante todo, hay que enfrentarse cada tarde al toro que exige, al toro que no perdona, al que hay que poder, LIDIAR, y torear.

Parece que hay “compañeros” a los que no les ha sentado nada bien la vuelta al ruedo del pasado sábado. Una vuelta que, para este humilde aficionado que ocupaba su localidad en el “7” fue justa, en el momento emocionalmente cumbre y cuando se debía de dar. Los que lo vivimos in situ sabemos porqué la pedimos entonces y porque la valoramos tanto ahora: porque nos emocionaron y nos devolvieron  la afición que otros se empeñan en robarnos.

No entiendo ese afán de tirar por tierra lo hecho ese día. No lo entiendo porque a buen seguro la mayoría de los que les critican se morirían por vivir algo tanto bonito en sus propias carnes. Entonces, ¿es envidia?. Puede ser. Y puede ser una buena dosis de impotencia, de la impotencia de saberse reprimidos por sus correspondientes matadores. Puede ser miedo a que el público y los aficionados les pidan lo que saben que es suyo y les exijan que lidien a los toros. Puede ser complejo, el propio de aquellos que son conscientes de que llegado el caso y la circunstancia de tener que lidiar de verdad a un toro bravo se saben incapaces de poder hacerlo…
De momento, a aquellos que lo critican sólo puedo decirles una cosa como aficionado: tomen nota de lo que quiere la afición, reivindiquen su puesto en la fiesta y hagan saber a sus matadores que con actitudes como la de Javier Castaño y su cuadrilla salimos ganando TODOS.

A aquellos que se descubren, como nosotros, ante esta actitud generosa, profesional, sincera, y, ante todo torera, sólo puedo decirles que cada tarde, cuando se sienten en su localidad de tendido, lo reconozcan y lo exijan, sólo así podremos recuperar el verdadero sentido de la fiesta de los toros: la LIDIA de un toro bravo.


2 comentarios:

  1. Bien por el reconocimiento a la recuperación de los tres tercios de la lidia.Una clara demostración que,el toreo es vocación y sacrificio,es sentirlo en el alma e interpretar con justeza las reglas del arte.
    Es transmitir la emoción y la belleza que brinda el toro,que provoca sensaciones de admiración y la capacidad de asombro en el aficionado.Así es como se recupera el interés por la fiesta,hoy que más vulnerable se encuentra.
    Desde Surco.

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  2. Eso, emoción en buena cuenta.

    Saludos,
    Pocho

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