EL EJE DE LA LIDIA

EL EJE DE LA LIDIA
"Normalmente, el primer puyazo lo toman bien los toros, y si ése fuera el único del tercio, todos parecerían bravos. En el segundo ya empiezan a dar síntomas de su categoría de bravura. Y es en el tercero donde se define de verdad si el toro es bravo o no. En el tercer puyazo casi todos los toros cantan la gallina, se suele decir". JOAQUÍN VIDAL : "El Toreo es Grandeza". Foto: "Jardinero" de la Ganadería los Maños, primera de cuatro entradas al caballo. Corrida Concurso VIC FEZENSAC 2017. Foto : Pocho Paccini Bustos.

sábado, abril 16, 2011

EL DESJARRETE OPROBIO Y VERGÜENZA DE "LIDIADORES"

EL DESJARRETE O MEDIA LUNA

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Fuente: Semanario gráfico de los toros El Ruedo, Año VI, nº 280, Madrid,03 de noviembre de 1949.
Colaboración de Germán Urrutia Campos

viernes, abril 15, 2011

LA PIEDRA FILOSOFAL DE LAS FIGURAS

FERIA DE BILBAO                                        
 El toro lelo
JOAQUÍN VIDAL, - Bilbao - 20/08/1996
Se lidió el toro lelo.Que lidiaran el toro lelo es un decir. En realidad, lo que apareció por los chiqueros era un especimen gordito que tenía cierto parecido con el toro de lidia, pegaba una carrera, se caía al tomar los capotes que le presentaban los diestros, recibía un puyacito, se volvía a caer, aceptaba resignadamente que le prendieran unas banderillas y se quedaba pasmado. Entonces los diestros aludidos le daban unos pases, moría el especimen no se sabe si de estocada, de agotamiento o de disgusto, y aquí paz, después gloria.

Y a cobrar, que es lo bueno.Cobrar seguro, a buen dinero y encima darse aires de figura es lo que justifica al toro lelo.

 Con el toro lelo en plaza las figuras pueden torear cien corridas, hacerse millonarias, coger lustre, sobornar a quien haga falta, depravar el oficio; y, por cuatro chavos más -a veces basta una mariscada- llevar una corte de aduladores que las canten gestas, las proclamen toreros de época y de paso añadan que Joselito y Belmonte, a su lado, eran unos pobres de pedir.

 El toro lelo es lo que les conviene a los tres figurones de ese circo patético que montaron ayer en la plaza de Bilbao, a los que aún están por venir, a su corte de aduladores y a ese contubernio de taurinos que pretende controlar la fiesta.

 El toro lelo ha tomado carta de naturaleza en España y es ya una institución, como el perro del hortelano, la burra de Balam, el buey Apis, la gallina piruleta.

 De todos los mencionados, a lo que más se parece el toro lelo es a la gallina piruleta. No tan fiero. Pero si pusieran juntos al toro que torean las figuras y a la gallina, uno no sabría precisar cual de los dos le llegaría a infundir mayor respeto.

Hay toros y toros, naturalmente, como hay gallinas y gallinas. Y determinadas figuras, con el apoyo de sus gacetilleros áulicos, se valen de esta diversidad para utilizar un ingenioso truco: permiten que los toros legales, los toros verdaderamente peligrosos y auténticos, se los echen a los toreros modestos, con lo cual les condenan a permanecer indefinidamente en el escalafón de los marginados; y si por una siniestra pirueta de la fortuna sobreviene la desgracia, les sirve para legitimar su condición de figuras.

 El domingo ocurrió esa desgracia: un serio, cuajado, astifino, íntegro toro de Palha le pegó un cornadón tremendo al torero modesto Pepe Luis Martín, y a los aduladores sopistas les faltó tiempo para echarse las manos a la cabeza, exigir un respeto a las figuras, proclamar los enormes riesgos que corren toreando el toro lelo.

Tontos hay en todas partes, con especial incidencia en el mundo taurino -donde llegan a formar multitud- si bien la demagógica argumentación es demasiado estrafalaria para que pase inadvertida. El toro Palha que torearon el domingo los modestos y el toro lelo que torearon el lunes las figuras no tenían nada que ver. Llega a salir el toro Palha el lunes, y a lo mejor a las figuras les da un soponcio; llega a salir el toro lelo el domingo y los modestos se lo comen con patatas.
Las figuras, al toro lelo del lunes -primer día grande del Aste Nagusía y de la octava del 6-1 en San Mamés, festividad de san Juan Eudes presbíterono le dieron ni un pase digno de tal nombre. Las figuras, al toro lelo ni lo lidiaron, ni le hicieron bonitas las suertes. Las figuras se limitaron a poner posturas flamencas, aburrieron al personal, cobraron fuerte y se marcharon a dar en otra parte el timo de la estampita.

El toro lelo es, para las figuras, la piedra filosofal.

jueves, abril 14, 2011

EL TORERO GITANO: FRANCISCO VEGA DE LOS REYES (I)

De la fragua a la gloria taurina
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Continuará..........

Fuente: Semanario gráfico de los toros El Ruedo, Año VI, nº 280, Madrid, 03 de noviembre de 1949
Colaboración de Germán Urrutia Campos

miércoles, abril 13, 2011

EL MAESTRO Y LOS OTROS

FESTIVAL EN LAS VENTAS

JOAQUÍN VIDAL, - Madrid - 23/02/1998

Llegó Antoñete, ejecutó unas cuantas suertes esenciales con el fundamento propio de los toreros caros y ahí quedó eso. Luego vinieron los otros.Los otros, que sumaban cinco -siete, si se cuentan rejoneadores- no eran maestros sino alumnos, por cierto bastante poco aventajados. Lo de torear ejecutando las suertes con el fundamento propio de los toreros caros no iba con ellos. Lo suyo consistía en pegar pases. Eran, por tanto, unos consumados pegapases. Eran, principalmente, unos pelmazos de mucho cuidado.
Y con el frío que hacía.
Se ponían a pegar pases y no veían el fin. A todos les dieron avisos. Todos, sin excepción, escucharon avisos; se dice pronto. A Ponce los avisos le llegaron por partida doble -y aún pudieron ser los tres reglamentarios- pues en lo que concierne a la tauromaquia pegapasista contemporánea es el paradigma, el campeón, el líder indiscutible.
Años atrás (tampoco han transcurrido tantos) a un torero le enviaban un aviso y sentía tanta vergüenza que se pasaba un mes retirado del mundo, sus pompas y vanidades. Ahora, en cambio, los toreros reciben los avisos como quien oye llover, y si son por partida doble, les da por ponerse arrogantes y se pavonean cual si se trataran de la Reina del Chanteclaire.
El toro del doblemente avisado y sencillamente orejeado Enrique Ponce estaba moribundo. El toro se derrumbaba con sólo mirarlo y en las primeras tandas de derechazos que le instrumentó Ponce se desplomaba tan estrepitosamente que parecía fulminado por el rayo.
Tiempo adelante se cayó menos. Embestía rendido, babosito y mortecino, y Enrique Ponce le pegó cuantos pases le vino en gana, por la izquierda y por la derecha; por alto y por bajo; ligados o sin ligar, según el gusto y la ocasión; armonioso y relajado. Así da gloria: relajarse y, armonizarse con un toro que se está muriendo a chorros.
Mientras se encontraba Ponce sumido en plena producción seriada sonó un aviso; tras la estocada vino otro; se amorcilló el toro y aunque pasó el tiempo señalado para el tercero, no se lo dieron. En cambio le dieron una oreja, que parte de la plaza protestó.
Los restantes colegas no anduvieron más finos. El prólogo ecuestre a cargo de, los hermanos Domecq resultó mediocre. Niño de la Capea muleteó con demasiados movimientos y crispaciones al de Parladé. José Tomás, que suele ser torero de clasicismo y hondura, se había convertido en un tosco y aburrido pegapases.
Miguel Abellán, que recibió con una valiente larga cambiada de rodillas a su novillo, mostró buen estilo capoteador tanto al instrumentar unas apretadas verónicas, como al ceñir un quite por gaoneras. Luego realizó una faena de muleta larguísima, vulgar y destemplada en la que sufrió dos desarmes y una voltereta.
Dos de las más grandes ovaciones de la tarde se las ganó Roberto Domínguez. Una cuando al brindar a la Condesa de Barcelona -en cuyo honor se celebraba la función- dijo con el más exquisito acento vallisoletano aquello de "Viva España y sus tradiciones"; otra, al descabellar certero al toro, que había estoqueado dignamente y muleteado sin reposo. La gente recordaba aquellos descabellos de Roberto Domínguez, con sus ringorrangos, que le dieron fama, y agradeció que los reverdeciera en su mejor versión.
Pero el descabello es suerte marginal, mera anécdota, y no valió para borrar del recuerdo las bellísimas pinceladas que plasmó Antoñete horas antes. En realidad. había transcurrido una eternidad desde que el veterano maestro cuajara tres verónicas y media de altos vuelos, una trincherilla solemne, algunos redondos y naturales sueltos al torillo que le embestía incómodo, y de que cobrara con impecable ejecución una esto cada honda por el hoyo de las agujas. No es que fuera mucho, si bien se mira; mas al lado de lo que hicieron los otros después parecía un monumento a la tauromaquia.

 Fuente: http://www.elpais.com/articulo/cultura/CHENEL/_ANTONIO/_/26apos/ANTONETE/26apos/

martes, abril 12, 2011

UNA HORA CON JULIO PEREZ "VITO"

"Recordando lo que fue la suerte de banderillas"

ALFONSO NAVALÓN GRANDE
"Amedia mañana sonó una voz en el teléfono que se ha hacía familiar a pesar de los veinte años que llevamos sin vernos. Estuve dejándolo hablar hasta que soltó el: «¡Mi arma! ¿Pero ya no te acuerdas de tu amigo ‘Vito’?». Y de pronto saltaron un montón de recuerdos, de los muchos días que vivimos en entrañable armonía nuestra pasión por el toreo. Los que me siguen saben de sobra la profunda admiración que siento hacia este personaje singular, al que pongo siempre como ejemplo del más completo banderillero que he conocido. En la distancia, Julio ‘El Vito’ va recogiendo las crónicas que le mandan sus amigos o las que le pasaba un pariente que maneja Internet. El hombre ya no pudo aguantarse más y me llamó para contar lo feliz que se sentía con este reconocimiento, cuando los aficionados de ahora no saben lo que significó en la historia del segundo tercio. «¡Mi arma! ¡Guardo tus crónicas de ahora con más cariño que las que me hacía Corrochano en el ‘Abc’!». En mi larga historia de aficionado práctico no he disfrutado con nadie haciendo tentaderos como con este andaluz que derrocha gracejo y talento en sus chispeantes charlas. Para Julio es un vicio hablar de toros. No se parece a José Tomás ni a los toreros de ahora que se quitan el traje de luces y se convierten en ciudadanos anodinos, la gente que nos conoce dirá que estuve también muchos inviernos andaluces tentando al lado de Pepe Luis Vázquez y que no voy a comparar a un genio del toreo con un simple banderillero. Ya lo sé, pero Pepe Luis es más tímido y más reservado. Pepe Luis da muchas largas cambiadas porque no quiere complicarse la vida. A Pepe Luis hay que oírle después de las doce de la noche, cuando ya tiene encima media docena de güisquis. Como aquella madrugada en ‘El Toruño’ de los Guardiola, cuando andaba escribiendo ‘Los Toros del Sol’ y Don Salvador me reservó una sorpresa emocionante: «Usted habrá toreado cientos de vacas, pero seguramente no se habrá puesto delante de un cinqueño». Así que tragué paquete y afronté la prueba. Era un toro que no se podía lidiar porque tenía un bulto en el costado. Y allí estaba Julio ‘Vito’ con el capote pronto por si pasaba alguna ‘esaborisión’, y Pepe Luis con su discreción de siempre. Esa noche nos dieron las tantas hablando de toros. Los hijos de Pepe Luis (todavía unos niños) dormían en los divanes mientras el maestro de San Bernardo, sabiéndose entre los cabales, derrochaba sabiduría. Domingo Ortega siendo también seco en palabras, era más abierto cuando sabía que tenía auditorio digno de su sabiduría. Una noche después de tentar en su finca de Segovia nos quedamos de sobremesa con Antonio Bienvenida, el escultor Sebastián Miranda y Luis ‘El Estudiante’. Faltó Cañabate, que por entonces ya estaba muy malito, mientras el trepa de Zabala rezaba para que le dejara cuanto antes la tribuna de las hipocresías del ‘Abc’. Fue una de esas noches inolvidables donde el viejo filósofo de toros sentó cátedra de lo que debe ser un buen torero. El toreo por dentro Pero lo del ‘Vito’ era distinto a todo. Conocía el toreo por dentro y desde abajo, había sido figura de los novilleros, matador a la sombra de su padrino Carlos Arruza, luego el mejor banderillero de esta época y después también maestro en el arte de escoger en el campo la corrida que mejor le iba a cada torero, a cada plaza y a cada empresario. Entre Domingo Ortega y ‘El Vito’ hay la misma diferencia que entre una conferencia de Don Miguel de Unamuno y la vida del Lazarillo de Tormes. Por mucha gloria que alcance Unamuno, las aventuras de Lázaro quedarán para siempre en el alma del pueblo. Una hora me tuvo al teléfono. Un torrente de recuerdos. Entre lo mucho que habla Julio y lo poco que me gusta estar callado, había que recuperar el tiempo perdido. Lo conocí un invierno a principios de los sesenta cuando yo acababa de entrar en ‘El Ruedo’ y paramos a comer en el Parador de Bailén con Luis Miguel, Jaime Ostos y Luis Segura. Lo más curioso de aquella reunión fueron las ocurrencias de Lucía Bosé (todavía bellísima) traduciendo al idioma casero los tecnicismos de Luis Miguel. Su conclusión fue gloriosa: «O sea, que según Luis Miguel, el secreto del toreo está en la altura y la distancia que debe llevar la muleta durante la faena». Eso es lo que nos había querido explicar su marido en media hora de pontificar. De pronto, nos quedamos sorprendidos ante dos hombrones que estaban pegando carreras y saltando los setos del jardín. Eran ‘El Vito’ y Luis González que entonces iban de ‘pareja-espectáculo’ en la cuadrilla de Ostos. Iban a torear un festival en Andújar y aquella tarde Luis Miguel dijo que me fijara en un muchachote fornido de Zaragoza: «Ése acabará cuajando en un gran banderillero». Y no se equivocó. Aquel mañico era Pepito Gracia, hijo del conserje de la plaza de Zaragoza y padre de ‘El Tato’, el inesperado nuevo ‘manager’ de El Juli, que de pronto ha olvidado todo el cariño que siempre me ha tenido su familia y de la sorprendente memoria de su padre que se sabía algunas de mis crónicas y las soltaba de golpe en las muchas noches de juerga que pasamos juntos. Aquellos tentaderos No puedo reflejar en esta crónica la historia de esa hora telefónica anotando cuando íbamos a los tentaderos de Urquijo en el Cortijo de ‘Juan Gómez’. Allí se tentaba después de la feria de Sevilla cuando ya el sol achicharra. Empezábamos al amanecer y tentábamos diez vacas hasta que empezaba a calentar. Luego volvíamos a las siete hasta que se hacía de noche. Entonces probamos aquel semental ‘Dominó’, un prototipo de Murube que salió extraordinario. Se lo compró Litri en un millón de los de entonces (cuando las corridas valían sesenta mil duros) y fue un desastre de semental porque no ligó con ninguna vaca. Otro día fui a tentar a lo de Joaquín Buendía, cuando aquellos Santa Coloma salían rabiosos de casta y los toreros decían que tenían ojos de locos cuando los miraban. Mi sorpresa es que al empezar en la placita de la ‘Hacienda Bucare’ se presentó de improviso ‘El Vito’: «Mi arma, m’enterao de cazualidá que venías a lo de Buendía en la Venta de Antequera y m’a fartao tiempo pa’vení. No te vayas a equivocá que ezto no lo conoces, que aquí una vaca te pué rajá encuantito te encantilles...». «¡Julio!, si yo estuve ya en los de Isaías y Tulio Vázquez, en lo de Albaserrada y en los gracilianos de Arranz. Pero Julio seguía en sus trece: «Y que no te vayas a equivocar, que aquí te puede pasar de todo cuando más descuidado estés». No pasó nada. Las vacas salieron muy picantes pero manejables si se les tapaba bien la cara con la muleta. Mi amigo ‘Vito’ no respiró tranquilo hasta que no le dimos puerta a la última. Entonces comprendí el gran respeto que les tenían los toreros a los torillos terciaditos de Santa Coloma. Y por qué las figuras de ahora no han descansado hasta quitarlos de todos los carteles. Prefieren los borregos de Domecq porque ¡Dios te libre de un Santa Coloma listo! Amigo leal Julio defendió siempre mi amistad. Cuando el taurinismo empezó a odiarme por ‘derrotista’ siempre sacaba la cara por mí. Una noche en los premios de ‘Río Grande’ en Sevilla un grupo de cronistas andaluces empezaron a despotricar contra mí. Julio pegó un puñetazo en la mesa y los cortó en seco: «A los buenos toreros le hacen falta muchos críticos como Navalón, que sabe de esto y no cuenta mentiras como todos ustedes». Y desde entonces, cuando está él delante nadie se atreve a soltar una guasa contra mi persona. Algo parecido ocurrió años después con Antonio Ordóñez, también en los premios de ‘Río Grande’ cortó en seco a los difamadores y se extrañaron que siendo enemigos de muchos años sin hablarnos, el rondeño se pusiera de mi parte: «Entre todos vosotros no le llegáis a la suela del zapato». Seguimos otro par de años sin hablarnos hasta que un día hicimos las paces en la feria de Albacete, cuando Danielico Ruiz era solo el corralero de los Choperitas. Dios te guarde Julio’Vito’, flor de los banderilleros, rumbo y señorío de los toreros viejos, de los pocos que vivieron enamorados del traje de luces como la ilusión suprema de su vida. Y que sirva de ejemplo cómo un crítico maldito y un grandioso torero pueden ser amigos hasta la muerte."

CUANDO LOS CORUCHES MATARON 25 CABALLOS, Y VICENTE PASTOR LES PUDO



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Fuente: Semanario de los toros El Ruedo, Año VI, nº282,Madrid 17 de noviembre de 1949 

lunes, abril 11, 2011

"RIBETE", de Celestino Cuadri

Toro más completo de la temporada 2010 lidiado en Las Ventas, el toro de la ganadería de Celestino Cuadri, de nombre Ribete, Nº 45, castaño, 597 kg, nacido el 12/05 lidiado en 5º lugar el día 23 de mayo de 2010.
Fuente:

domingo, abril 10, 2011

A 09 AÑOS DE LA PARTIDA DEL HOMBRE QUE ESCRIBIÓ LOS TOROS

"Con su permiso, don Joaquín"
“Sus lectores lo hemos sabido siempre: la figura de Joaquín Vidal trascendía el mundo taurino para adentrarse en el terreno de la creación literaria. La legión de seguidores, muchos de ellos ajenos a la Fiesta, que tenían sus escritos así lo atestigua. Una riqueza expresiva deslumbrante, el uso de la ironía, el manejo de un vocabulario a la vez ajeno e inventado son las características de la maestría y versatilidad de la obra de Joaquín Vidal.”
Joaquín Vidal, en su abono del tendido bajo del 10, en la fila 6, asiento 17, en Las Ventas

"Muere Joaquín Vidal, gran renovador de la crítica taurina y escritor deslumbrante
Creador de un gran español, fue un feroz defensor de la integridad de la fiesta"

MIGUEL MORA - Madrid - 11/04/2002


“Ayer 10 de abril, murió en Madrid el maestro Joaquín Vidal. Había nacido en Santander en 1935, y desde muy joven volcó su vocación periodística en el mundo de los toros, su gran pasión. Como informador y crítico, se convirtió en una referencia de independencia, rigor y criterio para la afición y los lectores, incluso los no taurinos. Gente como José Bergamín o Eduardo Arroyo admiraron sus crónicas, marcadas por una honradez a prueba de amenazas, una escritura irónica y deslumbrante, la constante denuncia del fraude taurino y la búsqueda de la verdad de la fiesta. Trabajador incansable -escribió más de 5.000 artículos para EL PAÍS-, fue un compañero cabal y encantador, un auténtico caballero dotado de un colosal sentido del humor.

La Maestranza guardó ayer un minuto de silencio en memoria de Joaquín Vidal. El maestro que dignificó la crónica taurina y la convirtió en una de las bellas artes había caído enfermo el pasado mes de octubre. Los médicos le descubrieron un cáncer. Desde entonces no cesaron de llegar llamadas de sus lectores a la redacción de EL PAÍS interesándose por su salud y añorando los artículos que escribió generosamente desde el 4 de mayo de 1976, día de salida del diario a la calle, con la crónica (inserta en la sección de Deportes) de una novillada en Las Ventas titulada Sánchez Puerto, todo un torero.

Todo lo hacía siguiendo las tres reglas básicas del toreo puro: parar, templar y mandar

Vidal murió ayer a las 8.30 en la Fundación Jiménez Díaz, de Madrid, en la que ingresó reiteradas veces en los últimos meses. Su cuerpo fue llevado al tanatorio de la M-30, donde hoy habrá una misa a las 8.15. Después será enterrado en la Almudena.

Su brillante carrera periodística empezó en Hierro, de Bilbao. Luego fue colaborador de La Codorniz durante nueve años. "Aquel era un humor fetén", contaba el creador de la sección taurina Las vacas enviudan a las cinco: "Un humor muy distinto al de los caricatos de ahora: lo vulgar, lo chabacano, lo pornográfico, lo escatológico y los lugares comunes, todo eso estaba prohibido por una ley no escrita". Y ésa fue una de las máximas de su labor: no caer nunca en la vulgaridad ni en el topicazo.

En aquellos años sesenta Vidal cumplió el protocolo del pluriempleo: compaginaba La Codorniz con su puesto de funcionario en el Instituto Social de la Marina, las crónicas taurinas en Pueblo (con Navalón) y las colaboraciones en Radio Madrid y TVE. Después fue informador y crítico taurino de Informaciones. De ahí, a EL PAÍS, donde vivió 26 años de infatigable peregrinaje por las ferias.

Empezaba el año en Valdemorillo y, hasta la Feria de Otoño, pasaba por Valencia, Sevilla, San Isidro, San Fermín, Bilbao, San Sebastián, Guadalajara, Arganda del Rey y San Sebastián de los Reyes, pero encontraba tiempo para algunas actividades complementarias: sus jugosas entrevistas a escritores, la crónica anual desde el Salón de la Lotería Nacional (que hizo incluso este último año), el coleccionable de la Tauromaquia, su artículo semanal en la sección de Madrid y sus colaboraciones en la SER.

El pintor Eduardo Arroyo, gran aficionado a la fiesta, lamentó profundamente la pérdida de Vidal, "seguramente la pluma más brillante en el mundo de los toros". Destacó su independencia, su gran cultura, su ingenio -"su sentido del humor era prodigioso", dijo-, y recordó cómo cubrió una conferencia suya en el Museo del Prado. "Fue sorprendente, convirtió un acto sobre cuestiones artísticas en una apasionante crónica taurina, al estilo de las suyas".

Todo lo hacía con un entusiasmo, una puntualidad y una profesionalidad ejemplares. Durante sus viajes procuraba comer bien y alejarse todo lo posible de los hoteles taurinos. En una reciente entrevista concedida a la revista www.talavera-toros.org lo explicaba con su sorna habitual: "Hospedarse donde están los toreros, los ganaderos, los empresarios, los apoderados, los mozos de espadas, los ayudas de los mozos de espadas, los partidarios de las figuras, los aficionados de hotel, los aduladores, los gorrones y los trincones es una lata. Los taurinos han experimentado un enorme cambio. Aquellos taurinos que conocí en mis primeros años de informador y cronista, con quienes departí muchas horas hablando de toros, la mayoría de ellos imaginativos, ocurrentes, que conocían la fiesta y la amaban de veras, también han desaparecido. Los taurinos actuales son, sinceramente, bastante ineptos y aburridos. O sea, como los pegapases, pero en taurino".

Muchos de ellos, acostumbrados al éxito fácil, el toro inválido y las críticas halagadoras, no perdonaron su rectitud. Pero Vidal se crecía con el castigo. Contra la presión, más casta y más calidad; contra los insultos, más rigor y más ironía.

En su último artículo, publicado el 19 de marzo en la sección de Madrid y titulado Temporada (su última crónica, del 22 de octubre, se titulaba Un animado final), demostró que le resbalaban las cornadas: "Sabe un servidor que le llamarán derrotista y enemigo de la fiesta. En esta cuestión (y en otras, no se crea) tiene amplia experiencia. También dirán, por lo mismo, que no sabe escribir de toros. Sin embargo, tampoco conviene ser tan radical. Algunas veces sí sabe (más o menos). Dicho sea sin ánimo de ofender y mejorando lo presente".

Así fue haciéndose un hueco en el corazón de los lectores, a base de lenguaje, elegancia, humor y un dominio prodigioso del idioma. Mucha gente compraba sólo el periódico por leerle y otros muchos buscaban con avidez su página empapándosela antes que nada. Decenas de ellos mandaron ayer telegramas de condolencia y mensajes electrónicos al foro de elpais.es lamentando la desaparición del escritor torero.

Su diagnóstico del estado de la fiesta era radicalmente negativo. No por nostalgia, sino por una defensa feroz de la integridad del espectáculo. Por eso daba leña a los isidros, los figurones que torean con el pico de la muleta y a base de derechazos, los subalternos que dan consignas absurdas desde el burladero ("toca, toca"), los empresarios golfos, los picadores que tapan la salida y hacen la carioca, los ganaderos que crían toritos que caían yertos en el ruedo.

Lo cierto es que Vidal disfrutaba como un niño hablando y escribiendo de toros, sobre todo si eran buenos (lo cual sucedía poco). También le gustaba el café solo frío, el Ducados, el Atleti de Madrid, las mujeres, los amigos y la noche. Afrontaba la vida siguiendo las reglas básicas del toreo puro: parar, templar y mandar, cargando la suerte. Con una faena de arte a un toro con peligro y trapío se emocionaba hasta las lágrimas.

Escribía las crónicas de Las Ventas en condiciones lamentables, metido en el chiscón de un garaje cercano, con poca luz y menos tiempo, entre coches y humos. Decía "gajes del oficio", mandaba la ficha y luego un texto impecable y un pie de foto editorializante.Solía recordar una faena de Antonio Bienvenida en San Sebastián de los Reyes, años sesenta, como la mejor que había visto. Saboreaba el toreo clásico, hondo y breve ("la faena ideal no puede durar más de cuatro minutos"), de inspiración, pellizco y poder. En su corazón estaban Curro Romero y Rafael de Paula, a quienes dedicó memorables crónicas (a favor y en contra). Tuvo debilidad por los novilleros y los toreros modestos, como El Fundi, Víctor Puerto o Domingo Valderrama.

También por las dotes lidiadoras de Luis Francisco Esplá, que ayer dijo: "Joaquín tuvo la virtud de interesar a los intelectuales por el mundo del toro. Mucha gente a la que no le gustaban como espectáculo leía sus crónicas. Él creó esa complicidad de la que estaba huérfana el toreo. Aunque sólo coincidí con don Joaquín un par de veces, me sentía identificado con él por su escepticismo y recelo hacia el taurino profesional. Su sorna castiza me recordaba a Ramón Gómez de la Serna, incluso escribiendo. Esa pluma voraz captaba y resumía cualquier situación en un par de renglones. Me reí mucho con sus crónicas en las que, sin faltar nunca el respeto a los toreros, era capaz de convertir en jocoso lo que no tenía remedio. Añoraremos mucho su pluma, porque no aburría nunca", informa Daniel Gil.

Había heredado la afición de su padre, que se vino a Madrid cuando él tenía cuatro años. "Me empezó a llevar a la plaza y me aficioné enseguida", contaba. "Siempre he sido un elemento extraño y, cuando hacía novillos, en vez de irme al Retiro a ligar me iba a la biblioteca a leer el Cossío. Hace falta ser gilipollas".

sábado, abril 09, 2011

CÉSAR GIRÓN DÍAZ EN ACHO - FERIA DE 1954

TOREO Y CARTELES CAROS  DE LOS QUE SE DISFRUTABA  EN ACHO

Temporada de 1954 en la cual César Girón cortara un rabo en la segunda del abono, y un rabo y pata en la cuarta del abono de la feria del Señor de los Milagros 

Fuente: Semanario gráfico de los toros El Ruedo, Año XI, nº539, del 21 de octubre de 1954


Fuente: Semanario gráfico de los toros El Ruedo, Año XI, nº540, del 28 de octubre de 1954


Fuente: Semanario gráfico de los toros El Ruedo, Año XI, nº541, del 04 de noviembre de 1954


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 Fuente: Semanario gráfico de los toros El Ruedo, Año XI, nº542, del 11 de noviembre de 1954

jueves, abril 07, 2011

LOS HOBBIES DE JOSELITO ( EL VERDADERO )

Joselito, montando bicicleta en la vieja Plaza de Toros de Acho - Lima
Fuente: Semanario gráfico de los toros El Ruedo, Año VI, nº239, del 20 de enero de 1949

miércoles, abril 06, 2011

EL TORERO GITANO : FRANCISCO VEGA DE LOS REYES (III)

 "¿Dime Curro se te para el corazón cuando toreas?



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Continuará.....
Fuente: Semanario gráfico de los toros El Ruedo, Año VI, nº 282, Madrid, 17 de noviembre de 1949 

!!!!!! Y NO SE EQUIVOCÓ MAESTRO ¡¡¡¡¡¡

"Antonio Bienvenida: Cinco años de la muerte de un maestro"
JOAQUIN VIDAL 10/10/1980
Hace cinco años que murió Antonio Bienvenida. Una vaca de la ganadería de Amelia Pérez Tabernero le volteó de mala manera una tarde de octubre de 1975. Pocos días después, el diestro fallecía en la residencia sanitaria La Paz, como consecuencia de la gravísima lesión cervical que le ocasionó la cogida. Con Antonio Bienvenida perdió la fiesta el último maestro en tauromaquia.

Cinco años después continúa el vacío. El arte de torear decae. Bienvenida lo había mantenido en plenitud y pureza durante más de treinta años. Sus actuaciones, incluso aquellas que resultaban desafortunadas, eran una lección, porque practicaba todas las suertes, desde el arabesco al recurso, y dominaba su técnica.El taurineo no siempre supo apreciar la influencia que podía tener un Antonio Bienvenida en los ruedos, y así le ha ido a la fiesta. El taurineo, preferentemente aquel que desde la posguerra ha tenido en sus manos el negocio taurino, buscaba y mantenía fenómenos y llegó a implantar una especie de axioma, que aún sigue vigente: «El torero que vale es el que sale todas las tardes a hombros y con estas en las manos». Estas son las orejas, por supuesto.

Tal axioma es peligroso en tauromaquia, donde la regularidad poco significa. El toreo es técnica, y es dominio, y es valor pero también es arte y el arte no puede ser programado ni mecanizado. El toreo se hace en función del toro, que no siempre, ni siquiera la mayor parte de las veces, se presta al lucimiento. La trayectoria de los grandes toreros nunca se hizo, ni podrá hacerse en el futuro, en base a la regularidad, sino que está jalonada de triunfos apoteósicos y sonados fracasos.

Antonio Bienvenida, desde la gravísima cornada de Barcelona, no fue jamás un torero de regularidad ni un fenómeno. Fue algo mejor y sin precedentes en la historia de la tauromaquia: el ejemplo permanente del arte de torear, en todas sus variantes y facetas, durante las generaciones de toreros que se sucedieron a lo largo de tres décadas.

A excepción de la suerte de matar, en todas las demás era modelo de pureza. No había repertorio más amplio que el suyo. Un taurinismo inteligente lo habría convertido en «cátedra ambulante», sobre todo, en su última etapa en activo. Como no hubo taurinismo inteligente, se hizo exactamente lo contrario: le cerraron el paso. Cuando el toreo caía en la pendiente de la vulgaridad y la monotonía, cuando se perdía el sentido de la lidia, tendían a desaparecer las suertes de capa, se reducía el repertorio de muleta a su mínima expresión, se desnaturalizaba la técnica de torear y se iba a un uniformismo en lo que fue multiplicidad de estilos, al único diestro en activo que mantenía en plenitud toda la riqueza y toda la teoría del toreo le costaba horrores firmar contratos. No tanto la edad como el hastío le hicieron cortarse la coleta definitivamente.

En cambio, los aficionados, y entre ellos en primer lugar los madrileños, dieron a Bienvenida el puesto cimero que merecía. Le exigían como a nadie porque tenían la certeza de que nadie podía hacerle sombra cuando se sentía inspirado, y le reconocieron, sin reservas, su categoría de maestro. Su colocación en la plaza ya era un modelo a seguir. La amalgama de hondura, arte y naturalidad en la interpretación de las suertes ponían en la cumbre su toreo, y varias de las faenas que ejecutó -gran parte de ellas en Las Ventas- no han podido ser igualadas. En la dirección de la lidia, y principalmente del primer tercio, jamás tuvo competencia.

La continuidad de la tauromaquia se rompió en la trágica voltereta aquella tarde de octubre de 1975. Desde entonces no hay maestro. El vacío continúa cinco años después. Y el futuro de la fiesta no puede ser más inquietante."
(el subrayado es nuestro)

1966 LA DESPEDIDA DE ANTONIO BIENVENIDA

¿Porqué vuelven los toreros?
Antonio Bienvenida en Acho

Para mejor lectura pinchar sobre las imégenes
Fuente: ¿Por qué vuelven los toreros? Conchita Cintrón, Editorial Diana, México, 1978

viernes, abril 01, 2011

DE VACACIONES EN LAS AMERICAS

      "¡¡¡¿ACHO TAMBIÉN ES UN  CHOLLO?¡¡¡"
Es de conocimiento público que se han presentado para obtener en "usufructuo" la gestión de la Plaza de Acho, tres postores: el Consorcio Toros y Turismo,  Taurolima del anterior empresario de Acho don Nazario Villafuerte y su hijo el matador Freddy Villafuerte, y la del "periodista taurino" francés radicado en Perú Juan Luis Pous.

Es importantísimo que al márgen de las propuestas de remodelación y repotenciación de la Plaza de Acho, se piense en los reales intereses de los aficionados, quienes somos los que damos el sosten a la fiesta con el pago de nuestros abonos; en ese orden de ideas es de primer orden que las propuestas  entiendan de una vez por todas que el REY DE LA  FIESTA es el TORO, y que todo debe girar en torno a él. Los toreros por supuesto que son importantes, pero la medida de su portento está en función de lo que tengan delante de ellos.

Si queremos recuperar la solera de Acho, pensemos primero en el TORO, lo contrario supone un continuismo, en la línea de la fiesta circo que últimamente ha sido el común denominador en Acho, dado que se ha asimilado perritoros con TOROS DE LIDIA.

El tremendo bache por el que atraviesa la Feria del Señor de los Milagros, se evidencian con estos testimonios gráficos. En consecuencia la futura empresa que gestione la Bicentenaria Plaza de Acho, tiene un listón alto que sortear, el cual debería ser progresivamente superado, para que CORRIDAS DE TOROS, no parezcan NOVILLADAS:

"Julipie"a novillote de Roberto Puga

Gatito desmochado e inválido al que el "maestro" Ponce le planta cara

El siguiente artículo que fue publicado el 16 de diciembre de 2010 por el Periodista Crlos Ilían en el diario español Marca,  el mismo que nos obliga plantearnos la necesidad de reflexionar de cara a la futura adjudicación de nuestra Bicentenaria Plaza de Acho.

 
    LOS BOLOS DE LAS FIGURAS EN AMÉRICA
Carlos Ilían

("insignes palmeros de Acho")
"La temporada americana se encuentra en su ecuador, transcurridas las ferias de Lima y Quito en las que no se ha movido un ápice la monótona baraja de los triunfadores: Ponce y Juli se llevaron otra vez los máximos premios.

Para cualquiera que conozca mínimamente la fiesta de los toros en América y que posea un básico sentido crítico e independiente no ha de extrañarle que las grandes figuras españolas se paseen como Pedro por su casa en las plazas americanas. Desde Lima a México pasando por Quito, Cali, Manizales, Medellín, Bogotá, Maracay o San Cristóbal, se van a encontrar el medio toro, cuando no el novillote adelantado, debidamente manipulados en sus defensas para mayor comodidad de quienes van a América de bolos, a hacer caja y recibir todo tipo de halagos, homenajes y consideraciones.

América es un chollo porque desde el toro disminuido hasta la prensa de escasos conocimientos y muy mediatizada, pasando por un público que se entrega con una gran facilidad, todo para los toreros españoles es terreno abonado. Todavía se le rinde pleitesía a los poderosos y éstos saben aprovechar divinamente tanta y tan benévola rendición de las colonias taurinas en el Nuevo Mundo. Porque exactamente se trata de un coloniamismo taurino con todas las ventajas del mundo.

He sido testigo muchas veces de la forma en que los grandes del toreo español imponen su ley en América. Tal vez en México las cosas no sean tan fáciles, pero en conjunto estos bolos americanos suponen unas vacaciones de invierno pagadas a precio de oro a cambio de un esfuerzo que apenas supera en muy poco a un tentadero...pero vestidos de luces, eso sí."