EL EJE DE LA LIDIA

EL EJE DE LA LIDIA
"Normalmente, el primer puyazo lo toman bien los toros, y si ése fuera el único del tercio, todos parecerían bravos. En el segundo ya empiezan a dar síntomas de su categoría de bravura. Y es en el tercero donde se define de verdad si el toro es bravo o no. En el tercer puyazo casi todos los toros cantan la gallina, se suele decir". JOAQUÍN VIDAL : "El Toreo es Grandeza". Foto: "Jardinero" de la Ganadería los Maños, primera de cuatro entradas al caballo. Corrida Concurso VIC FEZENSAC 2017. Foto : Pocho Paccini Bustos.

domingo, mayo 22, 2016

La QUIETUD, no es lo mismo que el "Tancredismo" actual.

"Por el temple hacia el mando, y por el mando hacia la quietud"

Frente al tancredismo y pegapasismo, que en el San Isidro actual venimos padeciendo, resultan necesario difundir este excelente artículo de Luis Bollaín escribiera allá por el año 1967, y que resulta necesario difundirlo, para que se reafirme que "celeste imperio" o el "toreo al revés" ya sea con capote o con muleta, son solo "cuentos chinos".
 
 

 

En EL RUEDO escribía Juan León un Pregón de Toros sobre el "tópico" --así́ lo calificó él--  "parar, templar y mandar”, con promesa de seguir ocupándose del tema en otros números.
Y yo, que llevo mucho tiempo sin pisar las arenas de este RUEDO, y he permanecido callado ante otros muchos sugestivos temas de toros que me han pasado por la cabeza y casi por las cuartillas, salgo ahora de mi rincón silencioso. Mas no por encender polémica. No --menos aún-- para soltar eI rollo de mi "sapientísima lección". Vengo, sencillamente, a decir cómo veo esa cosa tan fundamental en Tauromaquia --y tan lejana del tópico, si se encauza bien-- que es el macizo e imperecedero soporte del arte de torear
Son pocos los que ignoran que "parar", "templar" y "mandar" forman la trilogía del buen hacer torero. Pero son menos aún los que saben que la tal trilogía, así presentada, puede inducir al error de creer que torear es "parar", más "templar", más "mandar"; como si esos tres infinitivos fueran, a modo de sumandos independientes, de idéntico rango. Y no es así.
Parar
Cuando al artífice de la quietud torera le recomendaron --allá en sus tiempos novilleriles-- que fortaleciese sus piernas para poder correr, resumió en una apreciación tímida toda la honda significación del arte del toreo:
--¡Pero si yo creí que el único que tenía que correr en la plaza era el toro!

Exacto. El toro tiene que "correr"; el torero tiene que "parar". Porque "parar" es, en esencia --como antes dije--, torear. "Parar" es, "quitar" al toro sin "quitarse" el torero. Es... el toreo
Puntualización importante. Pudiera parecer lógico que, arrancando de esta verdad --irrebatible, a mi modo de ver--, razonásemos de esta manera: si torear es "parar", el que aspire a ser torero --o el que se precie de serlo-- ha de vivir bajo la idea obsesiva de la quietud. Y, sin embargo --justamente porque "parar" nada tiene que ver con "tancredear"—, ¡pobre del que, deslumhrado por el estatismo, se obstina en permanecer sin moverse ante el toro! Más aún: sólo puede haber quietud torera si el artista se despreocupa de la idea de estarse quieto.
Y esto es así, sencillamente, porque el "parar" no puede "atraparse" por captación directa, por acción inmediata sobre unas piernas... que no han de moverse. La quietud, para el torero --como la gloria para el cristiano--, no se coge; se gana. No viene a la mano en rectitud, sino que llega por la curva de la consecuencia. Se "para", no porque el torero deje "quietos los pies", sino porque "mueve los brazos"; porque, "moviendo los brazos", se ha ganado la "quietud".
Luego "parar" --infinitivo primero-- no es "estarse quieto", sino "poder estar quieto". 
Templar
Lo dije antes:
—Por el "temple", hacia el "mando", y por el "mando", hacia la "quietud".

De modo que la "quietud" arranca del "temple".
Entiendo que "templar" es armonizar, hacer concorde, poner al mismo ritmo el movimiento del engaño y la embestida del toro. Mas para que la definición de temple --concordancia de movimientos-- sea completa, es preciso añadir a ella estos dos ingredientes fundamentales: los movimientos concordados de engaño y toro han de ser "lentos"; esa lentitud ha de venir "impuesta" por el torero, el cual, en acto de soberanía artística --y cuando de toro pronto se trate--, "rompe" la marcha de su enemigo. En pocas palabras: pienso que hay, en el torero que templa, algo de poder mágico del hombre sobre la fiera, en el sentido de hacer qué ésta "frene" su embestir, ponga su acometida a un ritmo más lento. El diestro que torea con temple mueve sus brazos --y con ello, el engaño--  a velocidad inicialmente menor que la desarrollada por el toro. Este, por una especie de fascinación, "se pone al compás" del capote o de la muleta. Una vez lograda esta sincronización de movimientos del engaño y del toro --impuesta por aquél a éste--. viene la necesidad de mantener el ritmo, el compás, hasta el final de la suerte. Que es el temple en su sentido más tangible.
Claro que el temple así entendido no es explicable "científicamente"..., ¡gracias a Dios! Eso de "tirar de un toro que no quiere ir”, o de --"más difícil todavía"-- rematar con limpieza un lance que se inició a menor velocidad que la desarrollada por el toro al arrancarse, es algo inaprehensibíe que sólo puede salir --pero que sale no pocas veces --del rincón misterioso de los embrujos. Por eso pudo decir confidencialmente Juan Belmonte:
—Yo toreé lentamente --con "temple belmontiano"--, empujado a ello por mi modo de sentir el arte de torear. Moví el engaño a la velocidad que me dictaba mi sentido del toreo, y luego..., ya veía usted: unas veces el toro pasaba despacio y limpiamente, embebido en mi capote o en mi muleta, y otras, "no me hacía caso", derrotaba en la tela o me cogía, y el temple no asomaba por parte alguna. Pero no puedo explicar ni el por qué del éxito, ni el por qué del fracaso. No sé decir qué hacía yo para que aquello saliera bien..., cuando salía bien; o para que no saliera bien… cuando salía mal.
Mandar
Si existe en el mundo algo que merezca ser repetido machaconamente y hasta voceado a grandes gritos por la calle, ese algo es la verdad irrebatible de que no hay más que un toreo, diversificado después --variedad en la unidad-- por el distinto acento que en él pone cada artista. Pero sólo un toreo: el toreo; el de "parar" a base de "temple" y "mando"
Un hombre que ordena...; un toro que obedece... ¡Yaestá! Ante nosotros, el "mandar" torero: aquel verbo que nos faltaba para dejar completa la trilogía indeclinable.
Lo digo una vez más: Por el "temple", hacia el "mando´*..,
¡Naturalmente! Como que es el movimiento "templado" de la tela lo que permite "mandar", lo que marca el camino que el toro ha de seguir.
¿Ustedes no han "toreado" nunca a un perro con un pañuelo? La "técnica" está en mover el pañuelo a una velocidad tan perfectamente sincronizada con la "embestida" del chucho en ansias de morder, que pañuelo y perro estén separados en todo instante por los mismos escasos centímetros. Si el pañuelo se mueve rápido, la golosina se aleja y el perro, al perderla, se para. Si se mueve lento, el perro alcanza el "bombón" y lo muerde. Todo está, pues, en dar con el ritmo justo, con la pulsación precisa, con la sincronización exacta. Si se consigue, el perro irá... por donde el pañuelo lo lleve.
En pocas palabras: el "torero" del pañuelo hace lo que quiere con el perro; lleva por donde quiere al perro; "manda" en él. Pero manda gracias al ritmo del "temple". Porque cuando el pañuelo no "templa" hay parón... o mordedura. No hay "mando". No hay "toreo".
Y si del pañuelo blanco pasamos a la muleta roja o al capote bicolor y del perro al toro, nos hallaremos ante un fenómeno de idéntico trazo. El ansia de morder, en el perro, y de comear, en el toro, lanza a estos dos animales en persecución, con celosa ceguera, de una presa codiciada, que siempre llevan al alcance de su boca o de sus cuernos, pero que nunca logran alcanzar. Y es justamente ese instinto de cornear o de morder, hábilmente explotado por la técnica del "temple", lo que hace que germine el "mando", y, con el "mando", el "toreo".
La rotación queda cerrada
Vemos, pues, que el "mando", servido por el "temple", hace posible la "quietud".  Pero aún falta algo; quizá lo más trascendente. Me refiero a la "quietud" en su proyección, no sobre las “suertes” aisladas, sino sobre las verónicas en serie unida,  sobre los pases de muleta ensamblados en "faena" ligada.
Quiero decir que, para hacer una conjugación perfecta del verbo "parar", no basta con estar quieto --con poder estar quieto, gracias al "mando"-- mientras el toro "pasa": es preciso poder mantener esa quietud... entre pase y pase. Y esto sólo se consigue rematando, a la perfección las suertes; dejando al toro, en cada remate, a la distancia justa para que, sin enmienda del torero, sea posible provocar la nueva embestida del toro.
Y ahora es cuando ya podemos decir que la trilogía torera ha completado su rotación. 
El toreo, técnicamente, es quietud.
Quietud, mientras el toro pasa.
Quietud, entre pase y pase.
"Quietud", que sirven los brazos, conjugando, con "temple", el verbo "mandar".
¡Y si todo esto lo aderezamos con el "duende" del "arte", con la sal y la pimienta del "sentimiento" y de la "pasión"...! 
© Luis Bollaín/1967. Publicado en El Ruedo, 28 de marzo de 1967. 
El autor
Luis BOLLAÍN ROZALEM (1908-1989) notario de profesión, está reconocido como uno de los grandes aficionados y escritores del siglo XX. Emparentado directamente con el mundo ganadero de Colmenar Viejo, según confesó años mas tarde uno de sus hijos se trasladó a Sevilla "por Belmonte, porque por encima de todo mi padre era amigo de Belmonte”. Residenciado en la capital andaluza, su amistad con el Pasmo de Triana le permitió conocer de cerca de uno de los más grandes de todas las épocas; fruto de esta amistad fueron algunos de sus libros como “Los dos solos”, “La tauromaquia de Juan Belmonte” o  “Los genios, de cerca. Belmonte, visto por un belmontista”. Conferenciante por toda la geografía taurina y colaborador en distintos medios informativos, donde llegó a ejercer como cronista taurino, escribió, entre otras obras, “El decálogo de la buena fiesta” y “El toreo”.



miércoles, mayo 18, 2016

En el IV Centenario de la muerte de Cervantes. Don Quijote y los toros (II)

"—¡Ea, canalla —respondió don Quijote—, para mí no hay toros que valgan, aunque sean de los más bravos que cría Jarama en sus riberas"
Gustave Doré (1832 - 1883), ilustraciones para El Quijote

CAPÍTULO LVIII (2ª parte)

Que trata de cómo menudearon sobre don Quijote aventuras tantas, que no se daban vagar unas a otras  


    Y con gran furia y muestras de enojo se levantó de la silla, dejando admirados a los circunstantes, haciéndoles dudar si le podían tener por loco o por cuerdo. Finalmente, habiéndole persuadido que no se pusiese en tal demanda, que ellos daban por bien conocida su agradecida voluntad y que no eran menester nuevas demostraciones para conocer su ánimo valeroso, pues bastaban las que en la historia de sus hechos se referían, con todo esto, salió don Quijote con su intención, y puesto sobre Rocinante, embrazando su escudo y tomando su lanza, se puso en la mitad de un real camino que no lejos del verde prado estaba. Siguióle Sancho sobre su rucio, con toda la gente del pastoral rebaño, deseosos de ver en qué paraba su arrogante y nunca visto ofrecimiento.

Puesto, pues, don Quijote en mitad del camino, como se ha dicho, hirió el aire con semejantes palabras:

—¡Oh vosotros, pasajeros y viandantes, caballeros, escuderos, gente de a pie y de a caballo que por este camino pasáis o habéis de pasar en estos dos días siguientes! Sabed que don Quijote de la Mancha, caballero andante, está aquí puesto para defender que a todas las hermosuras y cortesías del mundo exceden las que se encierran en las ninfas habitadoras destos prados y bosques, dejando a un lado a la señora de mi alma Dulcinea del Toboso. Por eso, el que fuere de parecer contrario acuda, que aquí le espero.

Dos veces repitió estas mismas razones y dos veces no fueron oídas de ningún aventurero; pero la suerte, que sus cosas iba encaminando de mejor en mejor, ordenó que de allí a poco se descubriese por el camino muchedumbre de hombres de a caballo, y muchos dellos con lanzas en las manos, caminando todos apiñados, de tropel y a gran priesa. No los hubieron bien visto los que con don Quijote estaban, cuando volviendo las espaldas se apartaron bien lejos del camino, porque conocieron que si esperaban les podía suceder algún peligro: sólo don Quijote, con intrépido corazón, se estuvo quedo, y Sancho Panza se escudó con las ancas de Rocinante.

Llegó el tropel de los lanceros, y uno dellos que venía más delante a grandes voces comenzó a decir a don Quijote:
—¡Apártate, hombre del diablo, del camino, que te harán pedazos estos toros!

—¡Ea, canalla —respondió don Quijote—, para mí no hay toros que valgan, aunque sean de los más bravos que cría Jarama en sus riberas! Confesad, malandrines, así, a carga cerrada, que es verdad lo que yo aquí he publicado; si no, conmigo sois en batalla.
No tuvo lugar de responder el vaquero, ni don Quijote le tuvo de desviarse, aunque quisiera, y, así, el tropel de los toros bravos y el de los mansos cabestros, con la multitud de los vaqueros y otras gentes que a encerrar los llevaban a un lugar donde otro día habían de correrse, pasaron sobre don Quijote, y sobre Sancho, Rocinante y el rucio, dando con todos ellos en tierra, echándole a rodar por el suelo. Quedó molido Sancho, espantado don Quijote, aporreado el rucio y no muy católico Rocinante, pero en fin se levantaron todos, y don Quijote a gran priesa, tropezando aquí y cayendo allí, comenzó a correr tras la vacada, diciendo a voces:
—¡Deteneos y esperad, canalla malandrina, que un solo caballero os espera, el cual no tiene condición ni es de parecer de los que dicen que al enemigo que huye, hacerle la puente de plata!

Pero no por eso se detuvieron los apresurados corredores, ni hicieron más caso de sus amenazas que de las nubes de antaño. Detúvole el cansancio a don Quijote, y, más enojado que vengado, se sentó en el camino, esperando a que Sancho, Rocinante y el rucio llegasen. Llegaron, volvieron a subir amo y mozo, y sin volver a despedirse de la Arcadia fingida o contrahecha, y con más vergüenza que gusto, siguieron su camino. 

José Segrelles (1885 - 1969), ilustraciones para El Quijote

---o---
Es curioso cómo en tiempos ya históricos, el toro se crió asociado a las cuencas de los ríos principales y a algunos de sus afluentes, y también a ciertas serranías. Los límites de la crianza del toro han sido Duero y Ebro hacia el Norte, Tajo en el Centro y Guadiana y Guadalquivir en el Sur...
En los siglos en que el toreo caballeresco predominaba, solíase mencionar la procedencia del ganado bravo adscribiéndolo a un lugar geográfico, hidrográfico más bien, toda vez que a los nombres de ciertos ríos se asociaba la bravura y la acometividad de los ejemplares que en sus riberas se criaban.
Para la entrada en Madrid de la Reina Margarita, esposa de Felipe III, en el mes de octubre de 1599, mandó el concejo de la Villa se compraran cuarenta toros "procurando sean muy buenos, así de los que suelen traer otras veces de Zamora como los de la ribera del Jarama". 
Jarama tuvo, en efecto, gran predicamento entre los buenos aficionados. Y los caballeros alanceadores y rejoneadores los preferían. En Madrid, por su cercanía se lidiaban muchos jarameños. 
Nuestros literatos citan con frecuencia esos lugares geográficos e hidrográficos en sus escritos.
[Francisco López Izquierdo; Historia del toro de lidia (De la Prehistoria a nuestros días); edición Agualarga; página 91]

Fuente:http://dominguillos.blogspot.pe/2016/04/en-el-iv-centenario-de-la-muerte-de.html

jueves, mayo 12, 2016

En el IV Centenario de la muerte de Cervantes. Don Quijote y los toros (I)

"Bien parece un gallardo caballero a los ojos de su rey, en la mitad de una gran plaza, dar una lanzada con felice suceso a un bravo toro"
Retrato apócrifo de Miguel de Cervantes
Eduardo Balaca y Orejas, hacia 1877
(Museo del Prado)

CAPÍTULO XVII (2ª parte)
De donde se declaró el último punto y estremo adonde llegó y pudo llegar el inaudito ánimo de don Quijote con la felicemente acabada aventura de los leones


   En todo este tiempo no había hablado palabra don Diego de Miranda, todo atento a mirar y a notar los hechos y palabras de don Quijote, pareciéndole que era un cuerdo loco y un loco que tiraba a cuerdo. No había aún llegado a su noticia la primera parte de su historia, que si la hubiera leído cesara la admiración en que lo ponían sus hechos y sus palabras, pues ya supiera el género de su locura; pero como no la sabía, ya le tenía por cuerdo y ya por loco, porque lo que hablaba era concertado, elegante y bien dicho, y lo que hacía, disparatado, temerario y tonto. Y decía entre sí: «¿Qué más locura puede ser que ponerse la celada llena de requesones y darse a entender que le ablandaban los cascos los encantadores? ¿Y qué mayor temeridad y disparate que querer pelear por fuerza con leones?».

Destas imaginaciones y deste soliloquio le sacó don Quijote, diciéndole:
—¿Quién duda, señor don Diego de Miranda, que vuestra merced no me tenga en su opinión por un hombre disparatado y loco? Y no sería mucho que así fuese, porque mis obras no pueden dar testimonio de otra cosa. Pues, con todo esto, quiero que vuestra merced advierta que no soy tan loco ni tan menguado como debo de haberle parecido. Bien parece un gallardo caballero a los ojos de su rey, en la mitad de una gran plaza, dar una lanzada con felice suceso a un bravo toro; bien parece un caballero armado de resplandecientes armas pasar la tela  en alegres justas delante de las damas, y bien parecen todos aquellos caballeros que en ejercicios militares o que lo parezcan entretienen y alegran y, si se puede decir, honran las cortes de sus príncipes; pero sobre todos estos parece mejor un caballero andante que por los desiertos, por las soledades, por las encrucijadas, por las selvas y por los montes anda buscando peligrosas aventuras, con intención de darles dichosa y bien afortunada cima, solo por alcanzar gloriosa fama y duradera. Mejor parece, digo, un caballero andante socorriendo a una viuda en algún despoblado que un cortesano caballero requebrando a una doncella en las ciudades. Todos los caballeros tienen sus particulares ejercicios: sirva a las damas el cortesano; autorice la corte de su rey con libreas; sustente los caballeros pobres con el espléndido plato de su mesa; concierte justas, mantenga torneos y muéstrese grande, liberal y magnífico, y buen cristiano sobre todo, y desta manera cumplirá con sus precisas obligaciones. Pero el andante caballero busque los rincones del mundo, éntrese en los más intricados laberintos, acometa a cada paso lo imposible, resista en los páramos despoblados los ardientes rayos del sol en la mitad del verano, y en el invierno la dura inclemencia de los vientos y de los yelos; no le asombren leones, ni le espanten vestiglos, ni atemoricen endriagos, que buscar estos, acometer aquellos y vencerlos a todos son sus principales y verdaderos ejercicios. Yo, pues, como me cupo en suerte ser uno del número de la andante caballería, no puedo dejar de acometer todo aquello que a mí me pareciere que cae debajo de la juridición de mis ejercicios; y, así, el acometer los leones que ahora acometí derechamente me tocaba, puesto que conocí ser temeridad esorbitante, porque bien sé lo que es valentía, que es una virtud que está puesta entre dos estremos viciosos, como son la cobardía y la temeridad: pero menos mal será que el que es valiente toque y suba al punto de temerario que no que baje y toque en el punto de cobarde, que así como es más fácil venir el pródigo a ser liberal que el avaro, así es más fácil dar el temerario en verdadero valiente que no el cobarde subir a la verdadera valentía; y en esto de acometer aventuras, créame vuesa merced, señor don Diego, que antes se ha de perder por carta de más que de menos, porque mejor suena en las orejas de los que lo oyen «el tal caballero es temerario y atrevido» que no «el tal caballero es tímido y cobarde»

—Digo, señor don Quijote —respondió don Diego—, que todo lo que vuesa merced ha dicho y hecho va nivelado con el fiel de la misma razón, y que entiendo que si las ordenanzas y leyes de la caballería andante se perdiesen, se hallarían en el pecho de vuesa merced como en su mismo depósito y archivo. Y démonos priesa, que se hace tarde, y lleguemos a mi aldea y casa, donde descansará vuestra merced del pasado trabajo, que si no ha sido del cuerpo, ha sido del espíritu, que suele tal vez redundar en cansancio del cuerpo.

—Tengo el ofrecimiento a gran favor y merced, señor don Diego —respondió don Quijote.

Y picando más de lo que hasta entonces, serían como las dos de la tarde cuando llegaron a la aldea y a la casa de don Diego, a quien don Quijote llamaba «el Caballero del Verde Gabán».

Lanzada a pie. Antonio Carnicero, "Principales suertes de una corrida", 1790

Lanzada a pie. Tordesillas, Valladolid. Torneo del Toro de la Vega
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Intérpretes esotéricos han querido sacar partido, ya en sentido alegórico, ya en alusiones claras a la fiesta. No merece la pena detenerse a reparar en tales juicios. El que formara el gran hidalgo de la fiesta taurina lo sabemos autorizadamente de sus propios labios. Dialogando con el discreto Caballero del Verde Gabán, lo dice. Y aunque esta concesión la hace para parangonar las fiestas cortesanas con los trabajos oscuros y heroicos de los caballeros andantes, el elogio, al menos en la parte de valor y gallardía de la fiesta, está patente. 
[José María de Cossío; Los Toros, literatura y periodismo; tomo VIII; edición Espasa Calpe, página 202 - 203].


martes, mayo 03, 2016

CERRO DE SAN ALBÍN Nº 19

REVISTA DE LA ASOCIACIÓN CULTURAL TAURINA CERRO DE SAN ALBIN Nº 19, EDICION  2015
Revista que no tiene desperdicio y cuya lectura recomendamos por su gran aporte a la Fiesta de los TOROS (entiéndase la INTEGRA y VERDADERA), no la "fiestecita circo" con payasos y fieras domecqs-ticadas que imperan por los ruedos de Dios, y que los trinqueros y palmeros del taurineo actual pretenden hacernos tragar como la única y oficial.
Desde Lima, Perú, felicitamos un año más a la Asociación Cultural Taurina "Cerro de San Albín" en la persona de nuestro amigo Pedro García Macías por su excelente coordinación, y les agradecemos por seguir inspirando nuestra afición.

Descarga 1 REVISTA XIX Cerro de San Albín
Descarga 2 REVISTA XIX Cerro de San Albín.

lunes, mayo 02, 2016

¡¡¡¡¡¡ VAYA MULETITA¡¡¡¡¡

ANTONIO BIENVENIDA

Decia Ortega y Gasset: " la vida es fatalidad y libertad". Pues bién, el toreo actual es la negación de esta afirmación, dado que se ha anulado la emoción que intrínsicamente supone fatalidad; y la libertad ha sido hipotecada a intereses subalternos.
Fuente: Semanario Taurino DÍGAME, Año 1963

martes, abril 05, 2016

Alfonso Navalón, un grande de la Crítica Taurina del siglo.




ALFONSO NAVALÓN (in memoriam)
"Alfonso Navalón, la biografía comentada de uno de los grandes de la Crítica Taurina del siglo.
Antes de empezar, quiero advertir al lector que la siguiente biografía, está escrita por un admirador incondicional. Ahora bien, no hay ni un solo dato falso. Es apasionada, pero tratando de hacer justicia, a la persona que, seguramente, más y mejor ha defendido la integridad de la fiesta en toda su historia. Tampoco la he escrito para los enemigos, o mejor dicho para los que no quieren ver, la he escrito para los aficionados honrados y honestos, que quieren saber algo más de Alfonso. De todas formas la mejor forma de conocerlo es leyendo sus artículos. Y por adelantado, sirva como un pequeño homenaje, para el mejor crítico taurino de la historia del toreo, con sus defectos y sus virtudes, como no puede ser de otra forma.
Alfonso Navalón Grande, nació en Huelva por circunstancias del trabajo de su padre, un 5 de Abril de 1933, en el seno de una familia acomodada. Al año de nacer, la familia se trasladó a Fuentes de Oñoro, de donde procedían, pueblo fronterizo con Portugal, al Oeste de la provincia de Salamanca. Es el mayor de tres hermanos.
Todo en la vida de Alfonso Navalón ha sido duro, incluso en los inicios, ya que cuando faltaban solo tres años, para que se alzaran en armas los traidores a la legalidad vigente en España, este gran crítico vino al mundo. Su familia republicana fue represaliada y perseguida. Su padre, tuvo que emigrar a Portugal la misma noche que su madre traía al mundo al segundo hermano.
En este ambiente de guerra y represalias se crio Alfonso, como tantos otros niños de España en general y del Campo Charro en particular, mientras unos traidores montaban el cuartel general en una de las fincas ganaderas de Salamanca, los demás morían en las cunetas o pasaban hambre y calamidades, a pocos kilómetros del poder fascista.
No cabe duda que en este marco Alfonso se crio en la lucha contra la dictadura y la injusticia, eso por supuesto hizo que cuando eres bravo y con casta, se creciera al castigo, nunca ha hincado la rodilla, por mucho que lo han intentado desde todos los estamentos y de todas las maneras, incluso la económica.
Muchos datos nos faltan de su juventud, ya que siempre ha tenido tantas cosas que decir, del mundo de los toros, que su vida siempre la ha contado de pasada, y siempre por necesidades del guión, nunca alegremente ni para dárselas de nada.
Sabemos que estudió Derecho en la Real Universidad de El Escorial y en la de Salamanca. No llegó a buen puerto como Jurista, ya que también le gustaba estudiar torcido en las distintas cátedras que tenía en esa época las calles de Salamanca, data de esta época su afición a tocar la pandereta en la tuna, seguramente también más por “"ligar"” que por su afición a la música.
Gran intelectual, conocedor de la Historia, así como del Arte, siendo un experto en todos los estilos, es un goce verlo ensimismado ante cualquier monumento del plateresco, gótico o románico. Defensor desde sus artículos de las bestialidades, que las distintas instituciones comenten contra cualquier monumento, aunque sea en el pueblo más recóndito.
La primera vez que se puso delante de una becerra fue a los nueve años, a los catorce ya mató su primer novillo, clase y técnica eran sus cualidades, por supuesto tres fincas ganaderas con más de mil hectáreas pertenecientes a la familia como eran, “El Aguila”, “Las Carboneras” y “El Berrocal” le habían hecho conocer lo que era un toro desde que nacía.
No sabemos porque no continuo con su pasión, ni cuando decidió pasarse a ser el mejor torero aficionado de su época. No es difícil suponer que en aquella Salamanca de la posguerra, de amos y señoritos, también en esto no tuviera ninguna ayuda. Lo cierto es que como decíamos antes, como torero aficionado lidió en festivales benéficos al lado de Domingo Ortega, Ordoñez, El Viti, Manolo Vázquez, El Capea, Robles, Manzanares etc. Sin mencionar que acudía a las mejores ganaderías para hacer los tentadores, cuando esto era un privilegio, no como ahora que va cualquiera. Se retiró en 1984 con novillos de su ganadería formando cartel con Antoñete y Roberto Domínguez, cortando las orejas y el rabo.
Ni que decir tiene que todavía hoy, se le puede ver alguna vez en su finca con alguna erala, matando el gusanillo, pero claro de eso, solo pueden dar fe sus mimados toros y vacas de su ganadería, los pajarillos de la finca y posiblemente las estrellas del cielo de Salamanca.
Como ganadero, ha cosechado grandes éxitos: El toro “Caminero” fue indultado en un mano a mano entre Espla y El yiyo. Tampoco aquí ha tenido la oportunidad de seguir indultando toros, ya que una vez más las mafias que mueven este mundo, nunca le han permitido lidiar más de dos o tres novilladas y demostrar lo que es un ganadero que lo ha mamado desde niño y ya de mayor hablando y pasando horas con los mejores ganaderos de la historia.
Lo importante, Navalón crítico taurino y columnista.
Alfonso comienza su andadura de crítico taurino en “El Ruedo” en 1964. Ni que decir tiene que era la revista taurina más importante de la época y desde los primeros momentos sus crónicas atrajeron la curiosidad de los profesionales y de los aficionados. Pronto empezó a denunciar los fraudes de los toreros en el albero, así como los “sobres” de los cronistas vendidos de la época.
También empezó a denunciar el afeitado y el fraude de la edad. Fijaros que estos temas venían sobre todo de la época de Manolete, más de treinta años de crónicas de cientos de críticos sin dar la cara y sin denunciar dos de los mayores males de la fiesta. Además, les tenían comida la cabeza a los aficionados con la edad de los toros, con el tema que en el campo se habían quedado sin toros por la guerra ¡después de treinta años!
En el año 1965 recibe el “Premio a la honestidad en el ejercicio de la crítica”.
En el año 1967, empieza en el diario “Informaciones”. Siempre con la honradez y la verdad por bandera, Alfonso se ratifica como uno de los grandes de la crítica taurina, sus crónicas son sinceras y sin tapujos, llegando a doblar sus honorarios muchos toreros debido a los artículos de Navalón, también encumbró a más de un ganadero. El periódico en un año pasa de una tirada de 7.000 ejemplares hasta los 53.000, nunca antes ningún medio de comunicación había ocurrido tal cosa.
Pasa posteriormente al diario “Pueblo” y a “Diario 16”. Posiblemente sea en este último diario donde Alfonso reciba la más grande humillación de su impecable recorrido profesional. En 1984 el Director del periódico (Diario16) supuestamente, vende su cabeza a las mafias taurinas por los abusos de Paco Ojeda. En esta supuesta maniobra estaban implicados dos políticos, que supuestamente debían de ser de los suyos por “republicanos y socialistas” , y que eran Ignacio Borrel y Enrique Mujica, pasando el tiempo cada uno esta donde debe estar, uno defenestrado de la política por sus propios compañeros y otro de Defensor del Pueblo por el PP “casi na”. Lo triste es que las mafias siguen intactas. Navalón, con más crédito entre aquellos que son lo importante de la fiesta, los aficionados.
En pleno franquismo, consiguió la destitución del presidente Pangua en la plaza de las Ventas por el fraude del rabo de Palomo. Acordaros que entonces los presidentes eran comisarios políticos del régimen (algunos los llamaban comisarios de policía ¡qué ilusos!).
Su único libro “Viaje a los toros del Sol” fue declarado texto oficial del idioma castellano en la Universidad de París, prueba irrefutable de su calidad literaria. Aunque sinceramente, este dato vale para los junta palabras y estómagos agradecidos que van exhibiendo títulos.
Como periodista y compañero, a sus órdenes han trabajado un gran número de profesionales, que después a la postre, se han convertido en grandes críticos taurinos, mencionar como ejemplo más destacado a Joaquín Vidal, recientemente desaparecido.
Creador de los coloquios taurinos al final de las corridas, con una capacidad de audiencia jamás igualada por ningún cronista. Ha pronunciado conferencias por todo el mundo taurino, siendo estas lecciones de tauromaquia. Hoy es el día que todavía asustan, ya que hay empresarios que se molestan en llamar a los hoteles donde se celebran, para vetarlo y que no se puedan celebrar. Gracias a la tenacidad de algunos aficionados, sigue llenando los locales donde se celebran.
Es el único crítico taurino de la historia que los aficionados de Madrid han sacado en hombros ¡dos veces!.
El único crítico taurino que ha saltado la barrera de una plaza, para intentar salvar a un espontaneo de la muerte, sin importarle nada la suya (cosa que no consiguió por desgracia) demostrando su calidad humana, hecho que ocurrió en Albacete, ante miles de personas.
Después de haber sido vendido por su director (por cierto, desde que se fue Navalón, el periódico fue en picado, a pesar de haber contratado al Molés para escribir de toros, ya no existe) deja de escribir durante cinco años dedicados a su ganadería.
Reaparece en el Adelanto de Salamanca, después, cuando se funda Tribuna, le ofrecen un sustancioso contrato, pasando a este periódico. Sus crónicas vuelven a tener resonancia, hasta el punto que sus más acérrimos enemigos (los de la mafia taurina) no fallan un miércoles, en leer el suplemento “La Glorieta”, donde Alfonso vuelve a sentar cátedra hablando de toros. Con la llegada de Internet, sus artículos llegan a todas las partes del mundo, siendo por estadísticas, el más leído de este nuevo sistema de comunicación. Sus crónicas tienen resonancia mundial, como por ejemplo “Fábula del torero triste, secuestrado por la señora gorda” ha tenido resonancia en todos los rincones del taurineo.
Reaparece también en los coloquios, donde logra superar los mil espectadores por noche, celebrándose en los más grandes locales de las ciudades donde los da, por ejemplo, soy testigo del casino de Salamanca a rebosar a las doce de la noche, en la pasada feria, fue televisado en una emisora local, desbancando en audiencia a todas las cadenas nacionales.
Datos fríos pero hay están, un Alfonso Navalón que han intentado sobornar, como aquella ocasión en 1980, donde le ofrecieron un talón de catorce millones de pesetas por temporada, para "cuidar a cuatro figuras del toreo, por parte de su apoderado y que eran ni más ni menos, Paquirri, Dámaso González, Capea, y Manzanares, Navalón siguió viviendo de las cincuentamil pesetas mensuales, de las de entonces, que recibía en el diario Pueblo.
Con sus denuncias consiguió, que en un año se sancionaran 126 toros por estar afeitados, así como la legalización de la edad de los toros , acabando con el fraude del utrero, Por todo ello ha sido perseguido por figuras empresarios y apoderados, tanto para sobornarle como para intimidarle con 27 agresiones la ultima en Ciudad Rodrigo por la espalda y a traición, por parte del padre de una seudo periodista local (Fijaros que hombres, que se atreven con una persona por la espalda, cuando esta orinando, con setenta años). Otra de ellas fue por el mal llamado V Califa y su cuadrilla, derribando la puerta del hotel Carlton de Bilbao, al negarse a ser sobornado con un cheque en blanco.
Su profesionalidad y su decencia, llegan al punto de denunciar públicamente en un programa de televisión que para vender sus toros, hasta él tiene que afeitar. Lo que pasa es que las mentes enfermas y traumatizadas por la ignorancia, no entienden que hay que tenerlos bien puestos para decir esto, cosa que muchos por su cobardía se lo reprochan, claro está que seguramente no tienen ni pajolera idea de lo que es la honradez y la honestidad, pobres enfermos.
Otros enfermos sin mas aspiraciones en la vida que seguir a la borregada, aceptan que es el mejor critico taurino de la historia, cosa que por los datos aportado es evidente, pero.... que si no insultara ...." Mierda", como si no fuera un insulto para el pueblo, todas las mentiras fraudes y demás trapicheos que envuelven este bendito arte, al que algunos se han empeñado en convertir en un circo. No os canséis en poner peros. Alfonso Navalón es el mejor crítico taurino de la historia, os guste o no, que podría no insultar ni meterse en la vida privada de las personas, decidme entonces ¿porque me insultan a mi todas las tardes que me siento en un tendido con sus engaños y sus fraudes?, ¿porque se meten en mi vida privada políticos traidores y politiquillos que se sirven de la fiesta, solo por sus intereses?.
¿Cómo se le puede pedir, al mejor crítico taurino, insisto, reconocido hasta por sus enemigos, después de haber sido, apaleado, insultado, injuriado y habiendole quitado hasta el pan de sus hijos, sin contar sus primeros años de infancia con una dictadura fascista, que no insulte?¿Cómo se puede hablar de los defectos del más grande (si los tuviera, que me imagino que si, por que es humano) cuando ha dado su vida por la libertad, tanto social, como la de expresión, y sobre todo por el toro, sin pedir nada a cambio?.

Este es a grandes rasgos D. Alfonso Navalón Grande. Un hombre que levanta pasiones a favor y en contra, hasta el punto de tener pendientes a sus enemigos, para que el día de su cumpleaños, en los primeros minutos del día 5 de Abril le “feliciten” por teléfono.
Alfonso Navalon Grande, Critico Taurino, Ganadero y Persona (“casi na”) la afición esta en deuda con Él, yo por mi parte, te digo en voz alta y clara “Olé Maestro y muchas gracias.
Esta biografía se termina de escribir un cinco de Abril de 2003."
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Juan Antonio Hernandez Sánchez

A las sentidas palabras que en su momento "Toni" le dedicó al Maestro, sólo me queda agregar que en efecto la afición está en deuda con don Alfonso, quien se merece en reconocimiento a su labor de defensor del TORO y del AFICIONADO, un Azulejo en la Plaza de Madrid, de donde fue sacado en hombros hasta en dos oportunidades ("casi na").

Pocho Paccini Bustos.

martes, marzo 29, 2016

30-01-1966: BICENTENARIO DE LA PLAZA DE TOROS DE ACHO

Queda para el recuerdo, aquella histórica temporada del año 1966, en la que se celebraron los 200 años de la Plaza de Toros de Acho. En esa ocasión destacó la actuación de Antonio Ordoñez Araujo, quien ejecutó una magnifica faena al TORO "Carnaval", de la ganadería mexicana de Javier Garfias. También se celebró un festival en el que actuaron Fermín Espinoza Armillita, Joaquín Rodriguez Cagancho, Silverio Perez y Gitanillo de Triana; asimismo hubiera sido deseable la presencia, aunque sea en el tendido, de Rodolfo Gaona y Domingo Ortega, casi ná.


Fuente: Tendido 5 Barrera 25,  30 Años de Historia Taurina . Manuel Solari Swayne "Zeño Manué", Lima,Veamos Editores S.A.

Divisa del Toro "Carnaval" de Javier Garfias, Año 1966, 30 de febrero.