EL EJE DE LA LIDIA

EL EJE DE LA LIDIA
"Normalmente, el primer puyazo lo toman bien los toros, y si ése fuera el único del tercio, todos parecerían bravos. En el segundo ya empiezan a dar síntomas de su categoría de bravura. Y es en el tercero donde se define de verdad si el toro es bravo o no. En el tercer puyazo casi todos los toros cantan la gallina, se suele decir". JOAQUÍN VIDAL : "El Toreo es Grandeza". Foto: "Jardinero" de la Ganadería los Maños, primera de cuatro entradas al caballo. VIC FEZENSAC 2017. Foto : Pocho Paccini Bustos.

domingo, septiembre 08, 2013

¿CUÁL ES EL TORO?


A quien esto escribe, igual que a cualquier buen aficionado, le gusta visitar al toro en su hábital natural, en la dehesa, donde su belleza es un caleidoscopio de colores que conforman su entorno y donde todos los sentidos se convierten en un observatorio a través del que analizamos, predecimos, censuramos o alabamos lo que está en el primer plano de esa pintura natural ¡el toro!. Nuestra retina se convierte en una cámara fotográfica, cuyas imágenes las mantendremos en el álbum personal que todos guardamos... Y pensamos. ¿es posible que esta escultura de la naturaleza, que es el toro, pueda caer en manos de quien no la sepa entender, modelar o respetar?.
En estas visitas, podemos conocer, si nos es posible, desde el nacimiento del animal hasta su embarque para ser lidiado, todo ello precedido del ritual de la selección y en general de las labores que conforman el devenir vital de su crianza. Entiendo, aunque no comparta, que haya visitantes que no conciban que aquellos animales que forman parte de una estampa irrepetible tengan una vida tan efímera. Dentro de nuestro deseo por aprender preguntamos y repreguntamos al ganadero, mayoral o quien se nos ponga a nuez o alcance. Sus explicaciones son consideradas artículos de fe, con la admiración hacia quienes siempre nos anteponen su vocación o descendencia más o menos ancestral en la conservación de esta especia única e irrepetible.
Una vez finalizada la visita y considerando la amabilidad con que generalmente eres tratado, pero ya con una perspectiva más o menos lejana comienzan mis reflexiones:
  1. 1a)  ¿Coincide el toro que he visto en el campo, con las características zootécnicas del encaste considerado como el que se nos quiere presentar? Difícil de explicar, puesto que si se realiza- ron en su momento cruzamientos pueden quedar reminiscencias fenotípicas de otras sangres. Tampoco, caso de que la descendencia sea pura se observa con claridad, ya que la selección del ganadero puede haber desvirtuado sus orígenes fundacionales.
  2. 2a)  ¿El toro que he visto en la dehesa es el mismo que después sale al ruedo? ¡Generalmente no! Me explico: quienes tenemos cien o interés, hemos tomado nota fotográfica, visual o mecánica, de aquella corrida apartada para su lidia, de la que el ganare o nos dio referencia de su genealogía y notas personales. Pero a su salida al ruedo, no sin cierta incredulidad, cotejamos con nuestros apuntes y muchas veces “el parecido con la realidad es pura coincidencia” ¿Qué ha pasado?. Se nos ha dicho siempre que gran parte es consecuencia del embarque, traslado y stress acumulado en el los chiqueros. A veces, que no está rematado, recurso que suele ocultar la realidad de su fenotipo. Admitiendo como ciertas y determinantes estas consideraciones, me pregunto: ¿Cuál es el toro del ganadero, aquél o éste?
  3. 3a)  ¿Por qué se producen estos comportamientos extraños? ¿No tendrán que ver en muchas ocasiones con los experimentos sanguíneos que los ganaderos, en su afán de innovación, realizan con estirpes que, a priori, son incompatibles.
  4. 4a)  Los veedores que fueron a apartar la corrida ¿no podían prever que aquella que, teóricamente, era la ideal posiblemente llegaría a ser la que los veterinarios rechazarían en su totalidad o en parte 0 que los aficionados no pudieran aceptar? ¿Qué responsabilidad les incumbe como expertos o qué responsabilidad ética si es que hayan podido ser mediatizados por otros sectores cercanos a la hora de su elección?.
    5a)  Es incuestionable que cuando vemos una corrida en el campo, sólo podemos apreciar de ella su aspecto externo y ciertos rasgos que nos induzcan a pensar que puede o no valer para ser lidiada en la plaza a que va destinada, pero hay ocasiones en que no se puede disculpar al ganadero que no haya sabido analizar sus características durante el discurrir de sus tres, cuatro o cinco años, que han debido de ser observadas en los mínimos detalles que declaren sus intenciones, aunque en un limitado porcentaje puedan errar. Me permito discrepar, en muchas ocasiones, con las explicaciones que nos aportan los criadores o conocedores, porque son de dudosa credibilidad.
    6a)  Gran parte de ganaderos y/o mayorales toman notas durante la corrida, para analizar a posteriori lo que haya podido suceder con su comportamiento en el ruedo, pero ¿no es menos cierto que esta toma de datos la debieron de hacer en el momento de la selección? Ahora es tarde y no creo que tenga mucho remedio para venideras generaciones.
    7a)  Cierto es que hay ganaderos que tienen una línea marcada en cuanto a la selección, alimentación y saneamiento, trinomio fundamental, y que, además, recurriendo a su devenir por rea- tas y notas tienen un porcentaje alto de aciertos, consideran- do que es imposible obtener la nota máxima, pero sí mantienen una regularidad que demuestra que esa pauta a seguir es la acertada, aunque al aficionado le guste más o menos el comportamiento de esos animales, en su forma o en su fondo. Estas ganaderías han sufrido idénticas vicisitudes que apunto en el segundo apartado ¿Cuál es, entonces, la lógica? ¿La de los criadores que recurren al victimismo o la de quienes preparan sus toros para que puedan superar los contratiempos lógicos? ¿Por qué existen ganaderos que no siguen esa pauta? La que a su vez a sus antepasados en su momento sirvió para hacer históricas a ganaderías que fueron legendarias y que en la actualidad son ejemplos para no imitar. Con este batiburrillo de ideas, que requeriría de más espacio para matizar, pretendo hacer constar que existen ganaderías que el toro de su dehesa es reconocible con el que se lidia y corresponde a las características de su encaste. Evidentemente son las menos y en la mente del aficionado está a cuáles nos referimos.
    En resumen, quien esto escribe seguirá visitando las ganaderías que me sea posible, pero lo haré bajo el punto de vista bucólico y observador, cuidándome de pensar que aquello que vi sea, generalicen e, la realidad de lo que algún día presenciaré en el ruedo.


    EL TORO NO TIENE LA CULPA.

    ES COMO UN NIÑO QUE HA SIDO BIEN O MAL CRIADO

    Eustorgio Gonzalo García de Castro
    Aficionado y miembro de la Asociación El Toro de Madrid .
    Fuente: LA VOZ DE LA AFICIÓN Número 42 / Mayo de 2013. Página 12. 
    Boletín de la Asociación El Toro de Madrid.
    http://www.eltoro.org/boletines/boletin42.pdf

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