EL EJE DE LA LIDIA

EL EJE DE LA LIDIA
"Normalmente, el primer puyazo lo toman bien los toros, y si ése fuera el único del tercio, todos parecerían bravos. En el segundo ya empiezan a dar síntomas de su categoría de bravura. Y es en el tercero donde se define de verdad si el toro es bravo o no. En el tercer puyazo casi todos los toros cantan la gallina, se suele decir". JOAQUÍN VIDAL : "El Toreo es Grandeza". Foto: "Jardinero" de la Ganadería los Maños, primera de cuatro entradas al caballo. VIC FEZENSAC 2017. Foto : Pocho Paccini Bustos.

viernes, marzo 04, 2011

Brindis a Rafael Ortega

Alfonso Navalón Grande.
Publicado en Tribuna 19/11/97.

"El torero más clásico y profundo que conocí"

Todavía recuerdo su presentación en Madrid. Fue un 15 de agosto de finales de los cuarenta. Esa tarde también debutaba en Las Ventas el malogrado Manolito Santos, muerto en Casillas de Flores cuando ya estaba derrotado, y completaba el cartel un sudamericano apodado 'Trujillano' que tampoco llegó a nada.
Nadie podía sospechar que aquel gaditano de la Isla de San Fernando iba a ser uno de los grandes toreros de la historia. Iba a una de esas novilladas anodinas y desesperadas del verano, cuando todos los críticos de fuste estaban en La Semana Grande de San Sebastián y sólo los aficionados más modestos acudían a los tendidos.
A Rafael Ortega se le estaba ya pasando la edad. Un caso muy parecido al otro Ortega de Borox cuando se presentó en Barcelona en pleno mes de octubre a despachar un saldo de la barrida de corrales. Los dos empezaron muy tarde, a la edad que otros toreros llevaban ya diez años de alternativa y los dos han quedado ahí como grandes mitos del toreo.
Domingo, con aquel poderío de lidiador al que se entregaban todos los toros, con los andares parsimoniosos de un maestro de ceremonias. Rafael parecía más un botijo que un junco. Y además prematuramente calvo. Había que ser un pedazo de torero como él para despertar la admiración de los públicos, con aquellas hechuras. Y para ser reconocido como el favorito de los aficionados puros y el más admirado por todos los toreros de su época.
Asombró en Madrid por su clasicismo, por su entrega a las normas eternas, por la profundidad con que ejecutaba todas las suertes. Fue el contraste inesperado con aquellos novilleros que iban a jugarse la vida desesperadamente y salían heridos con la taleguilla destrozada de las veces que iban por los aires.
Rafael Ortega causó respeto desde esa tarde hasta en su última reaparición, como en aquella corrida del escándalo de Romero cuando se dejó vivo un toro de Cortijoliva y Rafael cuajó acto seguido la mejor faena de San Isidro sin que apenas se enteraran aquellos críticos y aquella afición 'del clavel' que ya empezaba a perderse en frivolidades, olvidando la seriedad de la primera plaza del mundo.
Imaginaos la clase de torero que ha sido este gaditano que un día estábamos tentando en 'El Berrocal' con un cartel de lujo: Manolo Escudero, Rafael Ortega, Manolo Vázquez, Antoñete, Curro Vázquez y Ángel Teruel. A pesar de ser ése el año glorioso de la reaparición de Manolo Vázquez y cuando Antoñete, también reaparecido, era el ídolo de Madrid, tuve el atrevimiento de sacarle otra vaca a Rafael Ortega cuando los demás sólo torearon una.
Pasó que la de Rafael era de esas chatitas de Arranz, tan excesivamente brava que se revolvía en un palmo de terreno. Rafael llevaba ya varios años retirado y le pesaban los años. Anduvo decoroso pero a ratos le faltaba el resuello. Y yo no quería que se marchara de esta plaza sin verlo torear como yo sabía que podía hacerlo. Así que me fui a los chiqueros y elegí una a su medida. Rafael, que siempre fue muy tímido, no quería aceptar aquel distingo.
La erala salió templada y con clase y, cómo estaría el de la Isla que todos los demás toreros le tocaron las palmas emocionados. Pero todavía hay algo más grande para dar una medida de su forma grandiosa de torear.
La vaca siguiente le tocaba a Curro Vázquez, el último torerazo de esta época. Y Curro no quiso salir: "Después de haber visto torear a este pedazo de maestro, yo no me atrevo a hacer el ridículo porque no he visto torear así jamás". No olvidemos que Curro Vázquez está emparentado nada menos que con Luis Miguel (que no tiene mayor importancia) ¡Y con Antonio Ordóñez! que es el gran mito del toreo al que siempre se pone como ejemplo de arte y empaque.
Por eso no me voy a entretener en contar la historia de un matador sin suerte al que no se le hizo justicia en su época. Tuvo la mala fortuna de llegar a las grandes ferias cuando la rivalidad entre Luis Miguel y Ordóñez estaba en la cresta de la ola. Cuando Hemingwuay escribió 'Verano sangriento' con pasión ordoñista, mientras Luis Miguel era un play-boy internacional y se paseaba con Ava Gadner o Romy Snaider.
En medio de dos figuras con tanta personalidad a Rafael Ortega, gordo y calvo, le pusieron el sello de estoqueador. Del mejor matador de su época. Además lo apoderaba el viejo zorro del señor Domingo Dominguín, padre de Luis Miguel, suegro de Ordóñez y también apoderado de los dos. El sabio Domingo no podía correr el riesgo de poner a Rafael Ortega en un cartel de lujo junto al hijo y al yerno porque podría cuajar un toro y ya no se hablaría de otra cosa.
A Rafael lo metía en otros carteles más modestos, muchas veces con Ángel Peralta delante de las cuadrillas. Luego vinieron aquellas cornadas tremendas, como la de Pamplona que le destrozó la vejiga. Le pusieron el sello de gran matador. Y los grandes críticos de la época (Corrochano y compañía) se limitaron a cantar sus estocadas.
Cuando llegué a la crítica me dolía la injusticia que se había cometido con este hombre. Hemos sido grandes amigos y antes de reaparecer, ya mayor, lo iba a ver a los tentaderos y pedía a los ganaderos amigos que lo invitaran para disfrutar con aquella pureza que tenía al ejecutar todas las suertes ¡cómo bamboleaba el capote citando en el primer tiempo de la verónica! y cómo cargaba la suerte! y no digamos aquella forma de citar al natural con el medio pecho, adelantando la muleta plana y llevándosela luego a la cadera.
Un día me llamó desde Jerez Alfonso Lacave para tentar cuarenta vacas en dos días y cuando supe que iba el 'gordito' ya ni lo pensé. Salí el jueves de Corpus de Madrid después de hacer la crónica de la corrida. Llegué a los Montes de Jerez cuando clareaba el día. Dormí hasta las once en 'La Alcarria' y luego, aquel tentadero durísimo con las vacas gozalonas después de pasar la primavera y bajo un sol abrasador en aquella plaza metida en el embudo de dos cerros.
Cómo sería aquello que el segundo día ya no me entraban los botos y tuve que torear en zapatillas. El domingo de madrugada volví a Madrid para hacer la crónica de esa tarde. Imaginaos la ilusión que hace falta para darse este palizón, uno que odia los viajes, adora la siesta y le gusta la noche. Pero el lujo de ver torear dos días seguidos a un torero así, bien valía el sacrificio. A veces, cuando llegaba mi turno de ponerla al caballo, Rafael tenía que recordármelo "¡Pero sal ya, que te toca a ti!". Y es que me quedaba embobado viéndolo lidiar con el capote y se me olvidaban los deberes.
Recuerdo una sobremesa con Antonio Ordóñez en 'Valcargado' cuando estuve cinco días viviendo en su casa con Miguelín y Andrés Vázquez, que estaban preparando su temporada. Ordóñez entonces estaba retirado, rumiando ya su reaparición del 65, donde ya no fue ni su sombra.
Debajo del cristal de una mesa camilla había muchas fotos suyas toreando y algunas de Pepe Luis y de Rafael Ortega. Me picó la curiosidad de saber lo que pensaba el rondeño del torero de la Isla y le señalé una foto toreando con el capote a aquel 'miura' al que le cortó un rabo en la feria de Sevilla. Ordóñez ni se lo pensó: "Rafael Ortega es el que mejor ha toreado de todos nosotros".

4 comentarios:

  1. ¡¡La pureza del toreo.!!
    Hoy en día el toreo clásico,se ve muy poco,se limitan a un único quite y mal dado,lo que más abunda es el perfilero,pegapases y toreo bufo,cómo los circulares invertidos y manoletinas.Citan fuera de cacho,echan al "toro" hacia afuera con medios pases.
    Matan citando fuera de la cuna y saliéndose de la suerte.
    Pensar que más de uno de los actuales,no le hubieran servido ni para alcanzarle el agua,son los grandes del toreo hoy en día.
    Los malos cronistas venden la idea,que esto es lo que hay.
    Buen artículo del maestro Navalón.

    Le Romo.

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  2. Y todo ello frente a "mierdatoros".
    Interesante la línea del blog,remembrando el toreo de siempre para que la audiencia pille a los falso profetas.

    Un aficionado desde Málaga

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  3. Más de un cronista taurino,zascandil y jalufo,alaba él tocomocho del "julipié"y lo denominan estoconazo.El artículo es bueno,porque les para los pies a estos desaprensivos.

    Afición de Surco.

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  4. " !como bamboleaba en capote citando en el primer tiempo de la verónica! y ¡ cómo cargaba la suerte! y no digamos aquella forma de citar al natural con el medio pecho, adelantando la muleta plana y llevándosela luego a la cadera"

    A todo ello agregaría Yo: !con qué naturalidad y frente a miuras, ibanes, o pablitos de aquellas épocas¡. No frente a Cubillos, ni babosones juan pedritos de hoy.

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