EL EJE DE LA LIDIA

EL EJE DE LA LIDIA
"Normalmente, el primer puyazo lo toman bien los toros, y si ése fuera el único del tercio, todos parecerían bravos. En el segundo ya empiezan a dar síntomas de su categoría de bravura. Y es en el tercero donde se define de verdad si el toro es bravo o no. En el tercer puyazo casi todos los toros cantan la gallina, se suele decir". JOAQUÍN VIDAL : "El Toreo es Grandeza". Foto: "Jardinero" de la Ganadería los Maños, primera de cuatro entradas al caballo. VIC FEZENSAC 2017. Foto : Pocho Paccini Bustos.

jueves, julio 26, 2012

Tertulia 8.º Los subalternos en el toreo




Escrito por ELCHOFRE   
jueves, 25 de noviembre de 2010
Es cierto, y conviene insistir en esta cuestión, que el toro experimenta muchas variaciones durante la lidia.
Los hay que  salen   cobardones   y luego se crecen con el castigo; por el contrario, algunos parecen muy valientes de salida pero al sentir el hierro se vienen abajo y comienzan a defenderse, a gazapear.
Es relativamente frecuente que a bichos bravísimos cueste mucho trabajo hacerles entrar la primera vez al caballo. Esto ocurría mucho cuando aún no se utilizaban los petos, seguramente porque recordaban el color del pelo del caballo de su mayoral, recordaran que en aquellos casos acostumbraba el matador a ordenar que se cambiara el caballo por otro de distinto pelo, y esos toros, tardos en su pri­mera arrancada al caballo, terminaban toman­do cuatro o cinco varas y tumbaban para el arrastre cuatro o cinco caballos.
Otros toros acusan algún defecto y ten­dencia, o son peligrosos porque pegan más con un pitón que con el otro —costumbre adquiri­da en sus reyertas en la dehesa— y por ese lado es expuesto torearlos.
Los hay que, de una manera instintiva, des­pués de arrancar, cuando llegan a la reunión con el torero, se frenan —porque presienten la presencia del hombre— y derrotan.
En fin, dificultades, más o menos posibles de vencer, presentan casi todos los toros —aun­que pasen inadvertidas para la mayoría— pero observamos, sobre todo en las buenas corridas, que a medida que avanza la lidia van desapareciendo esas dificultades y los toros se van corrigiendo. Esto no sucede por casualidad, sino que es obra de los toreros.
Por ejemplo al toro que se vence por un pitón y busca por ese lado, hay muchos buenos toreros que acostumbran a hacerles pasar va­rías veces seguidas por el lado contrarío, lo encelan por ese lado. Así, cuando luego les hacen pasar por, aquel cuyo pitón ofrecía peli­gro, resulta que ya se les ha corregido el defec­to porque el torero ha hecho que se les olvide.
El toro que se queda en la mitad de la suerte, también tiene su lidia o manera de evitarlo: unos toreros les hacen arrancarse de lejos y con fuerza, para que no puedan frenar­se con facilidad; otros no les dejan parar, para que no se emplacen; otros les torean dándole la salida hacia el centro del anillo y el animal tiene ante sí más campo abierto y libre.
Para cada caso existen muchos recursos o maneras. Pero todo es arriesgado, requiere conocimiento y valor en el torero. Es lo que clá­sicamente se conoce con el nombre de «lidiar», cosa que hoy se hace por muy pocos toreros. Lo corriente es que si el toro no es de «carril», para empezar desde el primer momento com­poniendo la figura, se le den los consabidos cuatro trapazos y un sartenazo para que lo arrastren pronto.
Pero cuando el artista es además maestro, torea todo lo que le echan: primero lidiando y fregando, y después, cuando ya ha corregido y atemperado al toro —casi siempre bastan seis o siete muletazos— es cuando hacen la faena artística.
Ese toro que parece totalmente imposible de corregir, se le haga lo que se le haga, no suele ser así por su propia naturaleza, es por consecuencia de la mala lidia que se le ha dado, si no por el matador, sí por los subal­ternos.
Los colosos del toreo siempre han cuidado mucho la forma de llevar la lidia; esto es, «cui­dar del toro». ¿Quién no recuerda a Cayetano Ordóñez? En sus toros, los peones no podían ni rascarse si él no lo mandaba.
Y es que a los peones no se les debe dejar que sean ellos quienes toreen, su labor es secundaria, de aquí la denominación de «subal­ternos». Pero resulta cómodo para el espada que aquellos se lo hagan todo. Que sean sus peones los que le den al toro los cuarenta ca­potazos —y no comprenden que cada arranca­da que gaste la res embistiendo a un peón des­pués le faltará a él en su faena— y sobre todo que como el peón no torea tirando del toro, ni pasándoselo, ni corriéndole la mano —sino que lo hace por la cara y enseñándole siempre el sitio por donde se va el torero— lo que re­sulta es que vician al toro a embestir mal y a buscar la salida.
Porque todo esto trae malas consecuencias para el matador, y porque éste es el maestro —que como tal cobra— los peones no deben actuar nada más que en su cometido estricto.
El Reglamento vigente dice, en su artículo 78; «los peones tienen por misión: correr los toros, pararlos y ponerlos en suerte, y para ello no puede haber en el redondel mas de tres peones con los matadores, debiendo permanecer en el callejea los demás individuos de las cuadrillas».
De como deben torear los peones trata el artículo 79, que dice: «Los peones deberán torear cogiendo el capote con una sola mano; y cuidarán de correr los toros por derecho; quedando terminantemente prohibido recortarlos, empaparlos en el capote para que “choquen contra la barrera y hacerlos derrotar delibera­damente, en ésta o en los burladeros, con in­tención de que pierdan su pujanza, se lastime o inutilicen. Por excepción, únicamente podrán torear a dos manos, cuando el matador, por la condición del toro, así lo ordene”.
Una vez más tenemos que concluir que en el toreo, como en casi todas las cosas de la vida, todo está legislado. Lo único que hace falta es que se cumpla la Ley.
Fuente autorizada por  http//:www.elchofre.com

1 comentario:

  1. Pocos toreros - llamados figuras - hay actualmente que conjugen estas virtudes esenciales en tauromaquia.Ahora al toro lo sacan del caballo los peones y algunos le dictan del burladero la faena a la "figura" de turno.Si no hay la lidia como debe ser,mal vamos.
    El buen aficionado se fija en todos los detalles de la lidia,es algo que no hace la mayoría del público.
     
    E.A.V.

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